Pandemia nubla el sueño laboral a 17.590 graduados universitarios

Estrategia país deberá orientarse a generar puestos de trabajo para paliar el desempleo y crear opciones para miles de estudiantes que han recibido su título en 2020 o que ya estaban buscando trabajo.

Años de estudio, inversión económica, horas destinadas a desarrollar trabajos e incorporar todos los conocimientos necesarios para desempeñar una profesión no fueron suficientes para superar una pandemia generada por el COVID-19. Ahora, el sueño de 17.590 nuevos graduados universitarios de obtener un trabajo se ve lejano en estos momentos.

En lo que llevamos del 2020, las universidades privadas han entregado 10.762 títulos a graduados universitarios y se espera que para finales de julio se emitan unos 2.000 mil más, según el Consejo Nacional de Educación Superior (Conesup).

A julio, la Universidad de Costa Rica entregó 3.432 diplomas y la Universidad Nacional graduó 1.288 personas, que incluyen todos los niveles académicos. Por su parte, a marzo, la Universidad Estatal a Distancia emitió 1.179 títulos y el Instituto Tecnológico, 929, de los cuales 181 corresponden a programas de maestría.

“Los jóvenes tienen elementos a favor como la habilidad para manejar la tecnología y ahí se verán oportunidades”.

María Luz Sanarrusia

La situación para esos jóvenes no es muy halagüeña, pues la crisis generada por la pandemia ha afectado directamente el empleo en la mayoría de los sectores productivos, lo cual implica que las empresas deberán pasar por un período de recuperación importante, algo que podría significar la no contratación de nuevo personal en buen tiempo.

Desde la perspectiva de Nuria Garita, directora del Conesup, a este grupo de graduados —entre ellos jóvenes que estudian su primera carrera y otros que superan los 30 años y están en proceso de mejora— se les hará un poco difícil colocarse en el mercado laboral. Es probable que muchos lo logren, pero tendrán que buscar su propio acomodo.

“La dificultad se presentará sobre todo en aquellas carreras que ya están saturadas: como arquitectura, biología, enfermería, periodismo o derecho; en contraste con aquellos que se inclinaron por profesiones como las ingenierías. Con el COVID-19 la pérdida de empleo se disparó y es posible que los atestados tengan que ir de la mano con variedad de competencias”, analizó.

Garita consideró que es posible que las empresas recontraten luego de la pandemia, pero no lo harán bajo el mismo salario y esperarán que las personas, a pesar del título que tengan, también cuenten con habilidades blandas, que se adapten al cambio, que sepan hacer análisis de datos o que estén dispuestos a moverse de su zona habitacional y ser flexibles.

Claro que la limitación en cuanto a oportunidades no será exclusivamente para este segmento poblacional, pues hay muchísimas personas que han tenido que enfrentarse a despidos, suspensión de contratos o reducción de jornadas y por ende, de salarios.

De acuerdo con el economista Fernando Rodríguez, en general es un mal año para la incorporación laboral de cualquier persona. En el caso de los jóvenes, la complicación crece si se trata de personas ubicadas en zonas rurales, sobre todo en las periféricas como la región Pacífico Central y la Brunca, que ya venían atravesando problemas desde hace varios trimestres, según la Encuesta Continua de Empleo del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC).

“Es más complicado aún si es mujer, porque el desempleo y el acceso al mercado laboral se han ensañado fuertemente con este sector poblacional. Habría una mayor oportunidad de emplearse para jóvenes que estén vinculados al nicho de servicios, particularmente en Zonas Francas, pero estas opciones laborales son limitadas y no podrán absorber toda la oferta”, indicó el experto.

Además, las empresas multinacionales estarán muy marcadas por las dinámicas internacionales, lo que incidiría en una búsqueda por reducir tamaño y costos, por lo que el país deberá crear un nuevo motor productivo para introducir a la juventud y en especial a la población de las regiones donde el desempleo es más marcado.

Desempleo con fibras juveniles

Una de las mayores preocupaciones a nivel mundial es la creciente tasa de desocupación que se experimenta producto de las medidas de contención por el COVID-19, que solamente en la región latinoamericana alcanza los 41 millones de desempleados, de acuerdo con cifras de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Los jóvenes tienen una importante participación en estas cifras.

María Luz Sanarrusia, Coordinadora de la Encuesta de Empleo del INEC, dijo que la tasa de desempleo de los jóvenes, previo a la pandemia, ya duplicaba a la del resto de la población.

Investigaciones de la OIT señalan que la crisis probablemente será más grave para los jóvenes en tres áreas: la educación, mayores dificultades para encontrar empleo o la pérdida de trabajos y de ingresos.

Incluso en los mejores tiempos, los jóvenes ya se enfrentaban a una situación difícil en el mercado de trabajo. A escala mundial, los que se encuentran en edades entre 15 y 24 años tienen tres veces más probabilidades de estar desempleados en comparación con los adultos que están en el apogeo de la edad productiva, de 25 años o más.

Precisamente, son los jóvenes quienes representan un gran porcentaje de los nuevos solicitantes de empleos, y se incorporan por primera vez entre los 15 y 24 años. Además, la OIT prevé que la reacción inmediata de una empresa que enfrenta una caída en la demanda de sus productos o servicios es reducir o interrumpir la contratación de solicitantes pertenecientes a ese grupo de edad.

“Despedir a los trabajadores jóvenes es menos costoso: las recesiones conllevan también un aumento de la reducción de personal, y los jóvenes, en promedio, han pasado menos tiempo en el empleo que los trabajadores de más edad”, indicó el organismo internacional en uno de sus estudios.

Costa Rica no es la excepción. El más reciente informe del INEC, con corte a marzo de este año, reveló que 119.672 jóvenes se encuentran desocupados; en contraste con los 268.069 ocupados, de los cuales 229.055 son asalariados y el resto corresponden a personas ubicadas en el sector informal o son auxiliares no remunerados.

Pero de esos ocupados 146.591 tienen una ocupación calificada media y 91.527 son no calificados; además la mayoría (185.780 personas) se ubican en el sector de servicios, uno de los más afectados en medio de la pandemia. De la población joven desempleada un 42,9% corresponde a hombres y un 57,1% a mujeres.

De los jóvenes desempleados, destaca el INEC, el 41,7% tiene secundaria incompleta, 29,2% secundaria completa y un 21,3% es universitario con o sin título (muchos continúan estudiando).

María Luz Sanarrusia, Coordinadora de la Encuesta de Empleo del INEC, explicó que la tasa de desempleo de los jóvenes, previo a la pandemia ya duplicaba a la del resto de la población, superando el 30,9%.

“La situación se agravará para todos los desocupados y es posible que los más afectados sean los jóvenes y las mujeres. Aunque aún no tenemos los datos, hemos notado una baja en la ocupación, aumento en el desempleo y aumento del subempleo, y con la ya de por sí condición diferenciada de los jóvenes es probable que se dé una tendencia negativa”, indicó la especialista.

Eso sí, rescató Sanarrusia, los jóvenes tienen elementos a favor como la habilidad para manejar la tecnología y ahí se verán oportunidades; asimismo el nivel educativo del inglés, factores que serán determinantes en las nuevas contrataciones y las tendencias del teletrabajo.

Además, hay muchos jóvenes que están tratando de crear sus propios negocios y ofrecer productos innovadores, esta podría ser una alternativa que permita minimizar el efecto del desempleo en la juventud.

Luis Fernando Sánchez, analista de la Encuesta Continua de Empleo, coincidió con este criterio y señaló que la población joven tiende a querer superarse y ser más diversa, polifuncional en los trabajos, y tienen como plus que nacieron en la era tecnológica, lo que les permite adaptarse mejor al mercado laboral, donde las habilidades blandas pueden pesar más que un título.


“La titulación facilita la incorporación al mercado laboral”

Aunque el Observatorio Laboral de Profesionales (OLaP) del Consejo Nacional de Rectores (Conare) se basa en estudios para determinar las condiciones de la oferta de talento humano y la demanda que tiene el sector empleador, los datos históricos presentan una tendencia que resultaría trascendental en este nuevo normal del empleo, luego de la pandemia.

UNIVERSIDAD conversó con Karen Pamela Corrales Bolívar del OLaP, quien fue enfática en que la forma de conseguir empleo puede cambiar mucho luego de que pase la pandemia.

¿Piensa usted que la situación laboral se puede tornar difícil para los jóvenes?

—Hacer proyecciones es muy difícil, nosotros nos basamos en los datos que obtenemos de los graduados y de los empleadores, pero podríamos prever que sí variará la manera de conseguir ese empleo.

La experiencia continuará siendo un elemento esencial, independientemente del título que tenga la persona, pero este es un tema que históricamente ha tenido una gran trascendencia. Esto es un tema que tendría un peso importante luego de la crisis, lo que afectaría a ciertos jóvenes.

Por ejemplo, para las empresas es muy valioso que un recién graduado haya realizado horas asistencia o prácticas, porque les da el conocimiento de cómo se manejan los procesos.

Está claro que en esta nueva normalidad no se podrán realizar ferias de empleo, sino que se buscará trabajo mediante sitios de Internet y claro que habrá afectación en materia laboral.

La afectación es muy probable, pero siempre tener un título facilita que los jóvenes se incorporen al mercado laboral. En estos días vemos como toma mayor peso los contactos entre personas cercanas y el uso de Internet, pues hay empresas buscando profesionales con ciertas habilidades.

¿En esta coyuntura, tienen oportunidades los jóvenes, con respecto al resto de la población laboral?

—En estas fechas lo que hay que tener claro es que se podrá competir si se tienen habilidades como manejo del inglés, el uso de softwares básicos relacionados con la disciplina en que se desenvuelve la empresa, así como los programas informáticos básicos. Tener eso adelantado abrirá las puertas al trabajo.

¿Cuáles podrían ser los principales obstáculos para conseguir empleo según los datos previos al COVID-19 y desde su perspectiva que se acentuarían con la pandemia?

—Usualmente los graduados consiguen trabajo esencialmente por recomendaciones de un amigo, familiar o profesor o porque aplican en anuncios en diversos medios. Con la pandemia, esta tendencia podría incrementarse.

En el caso de los empleadores, tanto públicos como privados, usualmente toman en cuenta el desempeño de la persona en la entrevista, la personal, el grado académico, y además en la empresa privada priorizan a quienes tienen disponibilidad de horarios y experiencia laboral.

Hemos detectado que, a mayor grado académico menor desventaja tendrá el estudiante para insertarse en el mercado laboral. También buscan personas que tengan ciertas competencias y habilidades, como la capacidad creativa, innovadora, la facilidad para formular proyectos, adaptarse a situaciones nuevas, identificar y resolver problemas.


Las cifras juveniles

En materia laboral, tanto a nivel internacional como nacional se evidencia que los jóvenes enfrentan mayores problemas para conseguir empleos; muchos continúan graduándose y deberán enfrentar los retos para ingresar a un trabajo formal.

UCR: 3.432 diplomas a julio 2020.

UNED: 1.179 diplomas a marzo 2020.

Universidades privadas: 10.762 diplomas a julio 2020.

67,6 millones de jóvenes del mundo: desempleados en 2019.

OIT estima pérdida mundial de 305 millones de empleos a tiempo completo.

145 millones de trabajadores jóvenes del planeta viven en pobreza.

A marzo 2020: 119.672 jóvenes desempleados en Costa Rica.

41,7% de jóvenes desempleados tienen secundaria incompleta.


En la voz empresarial

Los sectores empresariales señalan que el problema del desempleo y las proyecciones negativas luego de la pandemia no se centran únicamente en los jóvenes, sino que será una situación que incidirá en la vida de muchos trabajadores y empleadores.

Alonso Elizondo

Director Ejecutivo

Cámara de Comercio de Costa Rica

“El tema del desempleo ha afectado a todos por igual. La reducción de las ventas, y consecuentemente de los ingresos, ha provocado que las empresas se vean obligadas a prescindir del personal, indiferentemente de su edad o experiencia.

La pregunta no es ¿quiénes serán los elegidos para emplearse?, sino más bien, ¿cómo evitar que las empresas tengan que despedir más empleados?”.


Flora Ayub

Directora

Cámara Costarricense de Hoteles

“No se trata solo de jóvenes, el sector no está contratando a nadie, ni tiene perspectivas de contratar. Los hoteleros tienen al 80% de sus colaboradores, ya sea con suspensión de contrato, reducción de jornadas o despedidos. No podríamos esperar que las empresas del sector vuelvan a contratar, porque el objetivo es reactivar a los que tienen suspendidos legalmente y la expectativa es lograr una reactivación al 2022.

En turismo estamos, poco a poco, con un 50% de aforo y esas condiciones no permitirán generar nuevos empleos. El asunto es que previo a la crisis las contrataciones estaban dirigidas a todo tipo de personal, jóvenes y personas con experiencia, todos ellos se han visto afectados. Incluso muchas personas mayores de 40 o 50 años también tendrán problemas para volver a conseguir empleo”.


José Salas

Asesor de Talento Humano

Cámara Industrias de Costa Rica

Antes de la crisis, en el primer trimestre de este año hubo un incremento de 22.000 jóvenes en la fuerza laboral del país. Este incremento representa un 8,8%, y es el resultado de una mayor especialización educativa de este grupo y de los programas gubernamentales de ayuda a los núcleos poblacionales en situación de riesgo. Ahora, en la crisis y ante ausencia de datos de parte del INEC, los jóvenes sí han sido afectados, pero no en mayor medida que los otros grupos etarios. El sector transversal que más se ha desarrollado durante la crisis es el de las tecnologías, los jóvenes han lanzado empresas propias y ayudan a compañías ya establecidas a desarrollar nuevas estrategias de negocios basados en el desarrollo tecnológico.

Efectivamente la crisis ha golpeado a los jóvenes en el país; sin embargo, este impacto se ha minimizado a través de las competencias y habilidades tecnológicas que ellos poseen, desarrollando nuevos tipos de negocios, o bien especializándose aún más en el sector servicios, que son los que utilizan la tecnología en forma continua.


 

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