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Padres describen agresiones físicas y psicológicas a menores en escuela evangélica de Ciudad Neily

Los niños eran encerrados en salones de la escuela, además se orinaban y defecaban en sus uniformes por el impedimento de los tutores para ir al baño. Padres afirman que escuela incitaba a castigar a sus hijos con faja. Pastor que lidera el centro educativo alega desconocer estas situaciones.

“Mi hija llevaba ropa interior extra porque muchas veces se orinaba o defecaba en la clase, no les permitían ir al baño. Ella venía y lavaba su ropa. Ella nos contó eso mucho después”, señaló Luis, nombre ficticio para proteger su identidad.

Ese es solo uno de los testimonios que UNIVERSIDAD obtuvo tras entrevistar a ocho padres de familia que tuvieron a sus hijos matriculados en centro educativo His Wonders Christian Academy en Ciudad Neily, quienes relataron —en su mayoría de forma anónima—  la pesadilla que vivieron los niños al estar matriculados en este centro educativo asociado y ubicado en la iglesia evangélica Casa de Oración y Alabanza.

En este lugar, según aseguran algunos padres de familia, los líderes también les incitaban a reprender a sus hijos mediante el uso de la faja; todo esto bajo un discurso religioso acompañado de versículos de la Biblia como Proverbios 29:15 “La vara y la reprensión dan sabiduría, pero el niño consentido avergüenza a sus padres”.

Esta institución educativa opera bajo el modelo Accelerated Christian Education (ACE), el cual se basa en la interpretación de la Biblia y enseña otras materias académicas, pero con un enfoque evangélico conservador.

Además de las agresiones relatadas por sus padres, el centro educativo no se encuentra acreditado por el Ministerio de Educación Pública (MEP), razón por la cual salirse de allí se convierte en un suplicio para los estudiantes, quienes no pueden insertarse fácilmente en el sistema formal. A esto se suma el hecho de que no son supervisados por ninguna entidad estatal ni por el MEP.

El pastor de la iglesia y líder de His Wonders Christian Academy, Christian Espinoza, alegó desconocer las quejas de estos padres de familia y negó que en el lugar se promueva el castigo físico a los menores.

Los encerraban en salones

Encerrar a los niños en los salones de la escuela formaba parte de los castigos aplicados por la directora del centro educativo y esposa del pastor, Maegan Hoeffel, aseguraron dos padres de familia entrevistados.

“Había una actividad y yo llevé a mi hijo. No habían pasado ni 45 minutos y ya me estaban llamando para que fuera por él porque se había portado mal. Cuando llegué, salió corriendo hacia donde yo estaba y me dijo que nunca más lo llevara ahí. Él lloraba tanto que se le reventaron los vasos capilares en los ojos y en la cara. Me dijo que Maegan (la directora) lo había agarrado de los brazos, lo empujó, lo metió a un cuarto y le apagó las luces”, relató Ana, nombre ficticio para proteger su identidad.

Esta situación hizo que Ana expusiera la situación ante las autoridades de la escuela y sacara a su hijo. El hecho sucedió en el 2012, cuando el niño apenas tenía cinco años; sin embargo, a la fecha le sigue afectando, pues le da miedo dormir con la luz apagada (pese a que antes lo hacía).

Ingresar al CEN-Cinai también fue difícil para el menor, quien tenía miedo a que lo volvieran a encerrar. “Le costó familiarizarse. Durante 15 días yo me quedaba afuera del aula mientras él estaba adentro, él se fijaba por la ventana para ver si yo estaba”.

La hija de Mónica, nombre ficticio para proteger su identidad, también fue encerrada en un salón como medida de castigo luego de orinarse en el aula.

“Mi hija tenía cuatro años. Ella se orinó en el aula, después de eso hizo un berrinche y la metieron en un cuarto sola, orinada y con aire acondicionado. Eso fue a las 10 a.m. y esa niña pasó así hasta el mediodía que la recogieron. Ella me dice que no volvería a ese lugar”, comentó Mónica.

A su hija también le costó adaptarse al nuevo centro educativo al que entró pues era temerosa, aislada e incluso le costaba pedir permiso para ir al baño.

Sin permiso para ir al baño

La falta de permisos para ir al baño es quizá la agresión física más recurrente que narraron los padres de familia. Ellos, en muchas ocasiones, tuvieron que ir al centro educativo a recoger a sus hijos o llevarles ropa interior.

Ese es el caso de Erick, quien comentó que en cuatro oportunidades lo llamaron para decirle que su hija se había orinado.“Me llamaban para decirme que le llevara un calzón y un short. La última vez que ella se orinó, cuando la voy a recoger le digo “ya estás muy grande, tenés 8 años, y no te orinas ni en la cama. ¿Cómo te orinas en el aula?” Ella me vio y me dijo que no la dejaban ir al baño durante las clases”.

“Una vez necesitaba ir al baño y Maegan no me dejaba. Yo me oriné en la clase. Yo salía al baño porque a mí me daba mucho frío y tomo mucha agua. Infinidad de veces la profesora no me dejó ir al baño y yo me tenía que aguantar hasta ir al recreo. Si uno está en clase como hora y media, ¿cómo no me van a dar ganas de ir al baño?”, externó la niña a UNIVERSIDAD.

Erick asistía también a la iglesia Casa de Oración y Alabanza y comentó que, en su caso, fue manipulado por los líderes, quienes le incitaban a él y a su esposa a castigar físicamente a su hija cada vez que ella recibía llamadas de atención.

“Yo me sentía amenazada. Igual contaba cosas en la casa pero mis papás no me creían. Eso era como santa palabra, por eso yo no contaba mucho. Mi papá solo una vez me pegó pero mi mamá todos los días me daba faja. Me castigaban físicamente. Mi mamá fue criada en esa iglesia y le creía más a la iglesia”, recordó la menor, quien estudió durante cinco años en este centro educativo ubicado en Ciudad Neily.

“Yo me sentía como en una cárcel. No tengo resentimiento. Yo ya los perdoné pero no quiero volver ahí”, finalizó la niña de diez años.

No podían darse vuelta y ver hacia atrás

En las aulas de esta escuela convivían tanto niños de preescolar como adolescentes de secundaria, quienes trabajaban en cubículos separados y cumplían diariamente sus propias metas de estudio. Los padres narraron a UNIVERSIDAD que los menores no podían darse vuelta y ver hacia atrás porque recibían “deméritos” y la suma de tres de estos implicaba una acción correctiva por parte del padre.

Luis comentó que en el centro educativo tampoco aplicaban adecuaciones curriculares a los niños pese a tener dificultades con las materias; además, en dos oportunidades a su hija no la dejaron comer su merienda, pues no era “saludable”.

“Si ella (su hija) tenía un error en el pace (libro de texto), la hacían borrar el libro una y otra vez. A mi hija en dos ocasiones la devolvieron con la comida a la casa. No comió, porque a criterio de la directora, las meriendas que llevaba no eran sanas. Uno por necesidad de que los niños sean buenos profesionales comete errores de meterlos en esos lugares. Ella lloraba todos los días por llenar folletos y aprenderse los versículos de la Biblia”, externó el padre.

Por su parte, María, nombre ficticio para proteger su identidad, señaló que en los recreos los niños no podían correr, mancharse la ropa, ni sudar. “Había hasta temática para hablar en el recreo. Además, el receso era limitado, tenían pocos minutos para comer”.

Los padres entrevistados en este reportaje aseguraron que en varias ocasiones expusieron ante el centro educativo las agresiones que recibían sus hijos.

Para el psicólogo y exdecano de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Costa Rica, Manuel Martínez, los castigos o el temor a las represalias no corrigen ni edifican a los menores de edad; por el contrario, hacen que las autoridades terminen sin ser respetadas.

“Se debe tratar de que (los menores) reflexionen sobre la actitud para así descubrir otras maneras de resolver el conflicto. No es necesario ofender, pegar o gritar, basta con dialogar”, explicó Martínez.

Asimismo, el especialista comentó que estas agresiones pueden generar inseguridades, resentimientos, y enojo en los menores, quienes podrían alejarse de la religión y la escuela.

UNIVERSIDAD consultó al Patronato Nacional de la Infancia (PANI) si conocía sobre las agresiones que ocurrían en este centro educativo cristiano; sin embargo, desde la Oficina Local de Corredores respondieron que no habían recibido ningún tipo de denuncia y que tampoco tenían conocimiento sobre los hechos denunciados.

Sin acreditación

Otra razón que motivó a muchos de los padres a sacar a sus hijos de este centro educativo es el hecho de que nunca se concretara la acreditación ante el MEP, pese a que fue una promesa de los líderes.

“Al principio lo ponen tan bonito que a uno lo convencen. El programa es un método de agresión hacia los niños. Yo decidí sacarla porque la promesa era que se iba a dar la acreditación para que así ellos se incorporaran al sistema universitario, pero eso es falso”, comentó Carlos, nombre ficticio para proteger su identidad.

Tras salir de His Wonders Christian Academy, la hija de Carlos tuvo que realizar exámenes de primaria y secundaria mediante educación abierta para así ingresar al sistema educativo formal; todo esto debido a que sus estudios no se encontraban reconocidos por el MEP.

A esta crítica se suman todos los padres entrevistados, quienes también externaron que cuando sus hijos entraron a estudiar a otros centros educativos, los ubicaron en un año inferior al que estaban, pues no tenían buenas bases académicas.

“En la escuela pública me dijeron que mi hija sabía Matemáticas, Ciencias, pero en Español y Estudios Sociales mi hija estaba muerta. Mi hija escribía más en inglés. A ella le hicieron exámenes de diagnóstico. La maestra dijo que si por ella fuera la pondría en tercero pero, el sistema la iba a reventar, por eso la pusieron en segundo”, destacó Erick.

Los tutores de los menores tampoco eran docentes como tal, sino que eran personas que daban una especie de apoyo a los niños y dominaban muy bien el Inglés.

Consultado por UNIVERSIDAD sobre la acreditación de este centro educativo, el MEP respondió que hasta el momento no ha ingresado ninguna solicitud de acreditación por parte de la escuela His Wonders Christian Academy.

Además señalaron que no hay ninguna modalidad aprobada por el Consejo Superior de Educación denominada ACE, por lo que a nivel nacional no se podría acreditar ninguna institución con esas características curriculares.

“En futuros procesos de inspección, se tomará en consideración de manera diligente recabar información de esa institución, para entregar los instructivos de acreditación con el objetivo de ordenar la actividad que están desarrollando en nuestro país en materia educativa”, respondió la Dirección de Centros Privados del MEP.

Denuncias en otras escuelas evangélicas

En agosto del 2019, UNIVERSIDAD denunció que la iglesia Generación 3:16, fundada y dirigida en Costa Rica por el pastor Carlos Manuel Chavarría Fonseca, fomentaba y enseñaba a los padres de familia darles golpes a los niños con una paleta de madera para así “disciplinarlos”.

La iglesia que fue liderada por Chavarría, conocido popularmente como “el pastor de los ricos”, contaba con al menos tres centros educativos en San José que operaban bajo el modelo ACE, y a los cuales acudían estudiantes de primaria y secundaria, según la publicación de UNIVERSIDAD.

Estas escuelas y colegios eran fiscalizados por Carolina Malavassi, quien era reconocida como la mano derecha del pastor Chavarría en el tema educativo. El dirigente de His Wonders Christian Academy, Christian Espinoza, aseguró que Malavassi los visita una vez al año y negó alguna relación con Chavarría.

Consultada sobre el tema, Malavassi respondió que no realiza ninguna fiscalización en His Wonders y que la misma no está ligada al pastor Chavarría. “Ellos compraron un sistema de aprendizaje, y como facilitadores colaboramos en caso de que tengan dudas en la forma en que se llevan los archivos o la documentación que se requiere presentar para cuando sea la graduación”.

Chavarría fue detenido el 5 de agosto del 2019 en Asunción de Belén, en Heredia, luego de que cinco mujeres lo señalaran por supuestas agresiones sexuales. En esa ocasión se le dictó una medida cautelar de dos meses de prisión, la cual posteriormente se prorrogó. Actualmente se le investiga por los presuntos delitos de violación, abuso sexual y corrupción agravada.


El centro educativo His Wonders Christian Academy se encuentra ubicado en las instalaciones de la iglesia evangélica Casa de Oración y Alabanza en Ciudad Neily. (Foto: Miriet Ábrego).

“Nunca hemos sugerido a nadie cómo corregir a sus hijos”

UNIVERSIDAD conversó con el pastor y director del centro educativo His Wonders Christian Academy, Christian Espinoza. Enseguida un extracto de la entrevista.

 Los padres de familia entrevistados por UNIVERSIDAD aseguran que en el centro educativo que usted lidera los niños son agredidos física y psicológicamente. Señalan que en muchas ocasiones no los dejaban ir al baño y que ustedes incitaban al castigo físico, que habían gritos, entre otros. ¿Estas afirmaciones son ciertas?

—Yo me sorprendo de ver este tipo de inconformidad, cosa que nunca nos comentaron a nosotros. Siempre abrimos con una reunión y cerramos con una reunión y se mantiene la escuela en una constante apertura a cualquier duda, inquietud, molestia, o lo que sea. Hasta el día de hoy no ha habido de parte de algún padre ninguna disconformidad. Me sorprenden este tipo de testimonios, son muy serios. Son testimonios que de tener un sustento, cada padre está en todo su derecho inclusive de denunciarlo. No son situaciones que ellos nos hayan manifestado, ni aquí se les ha dado este tipo de trato. Es la opinión de ellos.

Nosotros lo que ofrecemos es un acompañamiento en un proceso que tiene que ver con la formación educativa y el acompañamiento en la vida. Todos también saben que nosotros no somos una entidad acreditada por el MEP. Ellos lo saben y está en el contrato.

¿En qué basan ustedes su modelo educativo?

—Hay un currículo que se utiliza, que viene de los Estados Unidos. Nuestro programa se llama ACE.

¿De qué trata?

—Es un tipo home school. Es un programa de atención individualizada y se adapta a la capacidad de cada uno de los estudiantes. Los padres participan continuamente en cuál es la carga que quieren para sus hijos.

Pero también utilizan la Biblia…

—No es una religión, enseña pasajes bíblicos. Los paces contienen pasajes bíblicos, principios y valores de vida, pero no es una forma de interpretación. Yo no lo considero así. Hay niños de iglesias católicas y otras denominaciones. Cada día ellos aprenden a ponerse sus propias metas. El programa está hecho para ser autodidacta. Las personas que están alrededor no enseñan, no se trata de cómo enseñamos, sino de cómo aprende el niño.

¿Qué son los deméritos?

—Un demérito es una forma de decirle al niño no te estás concentrando, presta atención. No le quita nada, es una notificación que le dice que debe concentrarse, no estar hablando. Hoy por hoy son los padres los que deciden si aplican o no este sistema.

Después de los deméritos se aplican las acciones correctivas, ¿cierto?

—Después de los deméritos cada padre elige qué hace con su hijo. Nosotros no somos nadie para decirle a un padre cómo debe corregir a sus hijos. Nunca hemos sugerido a nadie cómo corregir a sus hijos. Cada padre es dueño de su hijo, me parece a mí. Ahí no nos metemos.

Una acción correctiva indica que el niño está teniendo alguna situación y está recayendo, necesita ayuda en casa, un acompañamiento. (La acción correctiva) ese es el nombre que tiene en el programa, pero no implica una forma de castigo sino una forma de decirle que hay que ayudar al niño a corregir algo o acompañarlo. No es una incitación a que vea a ver qué hace con el niño o darle palo, jamás.

¿Está relacionado el centro educativo His Wonders Christian Academy con el pastor Carlos Chavarría?

—Para nada. No tenemos ninguna relación con don Carlos. He escuchado de él y en algún momento lo he visto.

Los padres aseguran que Carolina Malavassi fiscalizaba el centro educativo. ¿Es esto cierto?

—Ella es la persona asignada para revisar el programa aquí en Costa Rica, la forma en que se registra el diario. Viene una vez al año. No le debemos nada a Carolina ni ella a nosotros, solo respeto.


 

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