Daniel Muñoz, exjefe investigación económica de la CCSS

El ojo experto e incómodo de la Caja

Daniel Muñoz persiste en denunciar lo que llama “maquillaje financiero”.

Con un inseparable maletín repleto de documentos, el exjefe del Área de Investigación Económica del Seguro Social persiste en denunciar lo que llama “maquillaje financiero”. Sus últimos seis años han sido “un Vietnam”, dice. Sabe que puede perder.

Hay momentos del relato en que Daniel Muñoz Corea se restriega la cabeza con gestos de angustia. Parece que habla de una tragedia personal y quizás así sea.

Resulta que en los últimos seis años su historia de vida ha sido poco menos que la historia de los cuestionables manejos financieros en la Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS).

Lo ha contado a los fiscales del Ministerio Público, a periodistas, a diputados, a la Contraloría y lo contaría a cualquiera que se interese por la salud financiera de la institución donde él fungía como jefe del Área de Investigación Económica.

Lo cuenta con la propiedad de quien estuvo adscrito a la Dirección Actuarial, en oficinas centrales, aunque ahora desempeñe en una minúscula oficina en el pequeño hospital Chacón Paut en Tres Ríos, como consecuencia de seis años de denunciar lo que cree son irregularidades internas.

Para contar lo que ha vivido entre un cargo y otro tarda unas tres horas.

Daniel Muñoz es el denunciante principal de lo que él llama “el maquillaje” de cifras las financieras -entre 2008 y 2009- para las decisiones que derivaron en un fuerte incremento en el rubro de remuneraciones en la seguridad social.

Sus armas son una colección de incontables informes, oficios, estudios, actas y hasta audios de reuniones importantes. Los documentos los carga, hasta donde quepan, en un maletín que lo hace parecer que viene de entrenar en un gimnasio.

Hasta porta unos parlantes por si alguien quiere repasar alguna conversación controvertida del Comité de Inversiones del Fondo de Pensiones de Invalidez, Vejez y Muerte (IVM). Otras veces lleva una valija repleta de fotocopias porque cada palabra la lleva respaldada, señala Roberto Mora, el llamado “cobrador de la Caja” por su popular blog de denuncia contra morosos.

Muñoz tiene 52 años y es graduado de una maestría en Argentina con apoyo institucional, con una especialidad en Economía del Sector Público.

Teme represalias desde hace años pero sostiene que su defensa es la verdad de sus denuncias y el apoyo de quienes quieren creerle a él o a los documentos que enumera.

Asegura haber sido acosado laboralmente, haber recibido amenazas y hasta alguna agresión física una vez en un supermercado.

De ser candidato a un puesto en el círculo gerencial de la CCSS pasó al ostracismo, a años de incapacidades por psiquiatría y ahora a un puesto de logística con funciones como las que cumplía cuando apenas hacía carrera en la institución, cuenta.

Todo comenzó en mitad del 2008, cuando la Junta Directiva pidió un estudio que sirviera para tomar decisiones sobre la política salarial institucional en el contexto de la recesión económica internacional que daba sus coletazos sobre Costa Rica.

A Muñoz el encargo se lo dio el director actuarial Guillermo López, su jefe directo, tras lo cual convocó a una comisión intergerencial que trabajó varios meses en el documento, hasta mediados de octubre.

La conclusión fue tajante: no se podían hacer incrementos salariales especiales, no convenía romper el tope de cesantía y no había sustento económico para ampliar la planilla.

El informe estaba listo para “subir” a la Junta Directiva y, cuenta Daniel, solo quedaba hacer una presentación en computadora, pero algo ocurrió.

“Entró el Gerente Administrativo, habló 20 minutos con el Director Actuarial y después me pidieron cambiarlo por algo favorable. Yo me negué”, relata Daniel.

Luego, exigió que le recibieran el estudio de casi 90 páginas y le pusieran el sello de “recibido”.

Es parte de la obsesión documental de este funcionario que tiempo después supo lo que pasó: en lugar del informe que él había elaborado junto a sus colaboradores, la Junta recibió un documento de solo cinco páginas con algunas proyecciones optimistas que un par de años después se habían desvirtuado por completo.

La Dirección de Recursos Humanos y la Dirección Actuarial “entregaron un informe light y sobre eso decidieron”, añade Muñoz llevándose las manos a la cara en señal de fatalidad.

Esto lo contó el pasado jueves después de haber hecho un relato semejante ante los diputados que investigan el manejo financiero de la CCSS. “Lo que hicieron fue un maquillaje de cifras”, sostiene señalando al cuerpo gerencial de la institución.

En 2011 empezó a ser explícito con las críticas contra el manejo financiero que “presuntamente con dolo” se hacía en detrimento de la CCSS, por decisiones inconvenientes que fueron señaladas por una comisión legislativa, por un informe de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), la prensa y después por una comisión de notables.

Paradójicamente, los responsables seguían en sus puestos y él lo había perdido.

“Yo estuve 11 años de interino y de repente en el 2012 me dijeron que no había dinero para seguirme pagando. Me asignaron unas tareas de logística, pero yo entré en mucho estrés. Pedí vacaciones acumuladas para escribir todo este caso y recoger los documentos necesarios para denunciarlo porque era injusto hacerle esto a la Caja”.

El 24 de mayo del 2012, un jueves, llegó al Ministerio Público con una valija de documentos, la valija de gimnasio. Después comenzó sus jornadas maratónicas para escribir la relación de hechos y dar el trabajo lo más avanzado posible a los fiscales, pero acumulaba presión arterial y ansiedad, trastornos de sueño y la idea de volver a Oficinas Centrales lo ponía peor.

Lo incapacitaron por psiquiatría y hasta le recomendaron internarse, pero se sentía presionado por escribir completo el caso. Todo esto lo cuenta sin borrarse de la cara la angustia.

“Está mal de salud”, subraya Roberto Mora, quien lo ha acompañado en alguna que otra reunión. “Es producto de su sacrificio personal, del estrés de enfrentarse a un grupo de mucho poder.

De su lado tiene unos principios inquebrantables hasta el punto de preferir el sacrificio personal antes que la cosmética financiera de la institución.

“Es un fuera de serie porque no sé quién arriesga una carrera de 27 años en una institución; lo normal habría sido acomodarse para seguir teniendo un buen sueldo”, añade el “cobrador de la CCSS”.

Muñoz asegura haber perdido el carro, dos nichos y la posibilidad de casarse con la que fue su pareja. Su salario es ahora casi un 40% menor al que tenía cuando fue jefe del Área de Investigación Económica y representante de la Dirección Actuarial en el Comité de Inversiones del IVM de donde quisieron sacarlo de una manera poco ortodoxa: “Hágase el enfermo y renuncie”, dice que le dijeron.

Su puesto estaba bajo la jefatura de uno de los denunciados, Gustavo Picado.

Quiso colocarse en otro cargo, pero estaba mal de salud y las puertas se le cerraron. “Balmaceda (presidenta de la CCSS en el gobierno de Laura Chinchilla) siempre me la complicó”, dice Muñoz sobre la jerarca a quien escribió un total de 51 notas, relata.

Solo después de un recurso de amparo pudo salir con trabajo de Oficinas Centrales. Así llegó al Chacón Paut, donde ahora se siente subutilizado, pero al menos tiene trabajo y está fuera de San José.

“Una vez quise hablar con la presidenta actual (María del Rocío Sáenz), pero me atendió un asesor suyo que me ofreció ayudar a irme a trabajar fuera de la CCSS porque cualquier concesión que se me hiciera iba a provocar que se rompiera el equilibrio político en la Junta Directiva. Yo le dije que no, que los que se tienen que ir son los que tanto daño le han hecho a la institución”.

Y así puede seguir contando su caso. Lo hizo ante los diputados y ante otras personas que mueven el tema ahora que ha vuelto a cobrar vigencia. Tiene gráficos listos y acceso a documentos que lo respaldan. Tiene fe en el Ministerio Público porque cree que ha habido falsedad ideológica y fraude, como cree demostrarlo en más de 1.500 folios escritos en tantas jornadas. A eso se dedica, esa es su causa y asegura que también ha sido “un Vietnam personal”. Sabe que podría perder la batalla.

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