País

Mujeres tienen una carga más pesada en la casa con el coronavirus

Están asumiendo una sobrecarga de tareas domésticas, más el agotamiento físico y emocional de tener a los hijos en casa, y también asumen el cuido de los adultos mayores

La emergencia generada por el COVID-19 le está pasando una factura muy cara a las mujeres, quienes ahora se echan al hombro más tareas domésticas, asumen el papel de maestras, cuidan a los hijos en la casa 24/7 y, en muchos casos, asumen la atención de las personas adultas mayores.

Las mujeres que realizan trabajo formal en el sector público y privado cargan también con la tarea de seguir laborando desde sus hogares; las que lo hacen en el sector informal viven la angustia de salir de sus casas para sostener con algo a la familia o de mantenerse sin ingresos ante el temor de exponer a todos los que la sociedad patriarcal deja a su cargo.

Andrea Cuenca Botey, psicóloga e investigadora social, destacó que efectivamente “el cierre de las escuela, de los colegios y kinders hace que las mujeres trabajadoras tengan que realizar mucho más trabajo doméstico”.

“Incluso aquellas que tienen trabajos fijos y las mandan a hacer teletrabajo, porque están en casa pero están atendiendo a la familia, lavando la ropa, que además se genera más para lavar porque hay que cambiarse cada vez que alguien entra o sale; y en la coyuntura se incrementan todos los cuidados de limpieza, que generalmente recaen sobre las mujeres”, señaló Cuenca.

Una encuesta sobre el usos del tiempo del Instituto Nacional de Estadística y Censo (INEC) revela que las mujeres asumen aproximadamente 35,49 horas por semana de trabajo doméstico en condiciones regulares, mientras que los hombres dedican 13,42 horas; es decir, ellas suman 22 horas más.

“Ahora, en estas condiciones en que hay que extremar los cuidados de limpieza y la atención a todas las personas de la familia, se generan más complicaciones. Evidentemente en estas mujeres va a recaer el cuidado de las personas que presenten cualquier síntoma”, añadió Cuenca.

La carga es tan grande que Yanet Martínez, investigadora y directora del Centro de Investigación en Comunicación (Cicom) de la Universidad de Costa Rica (UCR), hace un alto en el camino y advirtió a las madres trabajadoras no sentir culpa, ni mucho menos exigirse al límite.

“No caer en este discurso de la eficiencia, de que la tarea tiene que estar en tiempo, que la foto con el niño haciendo la tarea tiene que salir, y que, además, tenemos que tener lista la comida. En medio de todo esto, podemos cuidarnos y no angustiarnos en la medida de lo posible”, recordó.

Responsabilidad compartida

Patricia Mora, ministra de la Condición de la Mujer y presidenta ejecutiva del Instituto Nacional de las Mujeres (Inamu), dijo que hay que establecer una red de cuido, que pasa por el núcleo familiar, familia extendida, la institucionalidad pública y el sector empresarial privado, para que se pueda compartir la responsabilidad de atender no solo a niños y niñas, sino también a las personas adultas mayores.

Ella está consciente del nivel de la zozobra que viven aquellas mujeres que no pueden dejar de trabajar fuera de sus hogares y que siempre dejaron a sus hijos al cuido de abuelas o abuelos, que ahora por el riesgo de contagio del virus se torna inviable.

“Hay que establecer otros mecanismos para que todo el tejido social se incorpore a las labores de cuidado, en términos amplios, pues de esto depende que logremos superar la situación grave que vive el país. No podemos permitir que solo recaiga sobre las mujeres, pues esto genera agotamiento, tanto físico como emocional”, condenó la jerarca.

Protección laboral

El Inamu demandó el principio de igualdad de género cuando se aplica la reducción de jornadas laborales para evitar que se discrimine en el proceso de selección de personal.

“Primero, (hay que) recordar que es el Ministerio de Trabajo el que tiene que aprobar esta reducción… Logramos establecer que se prohíba aplicar la reducción de jornadas, salarios o suspensión de contratos a mujeres embarazadas o en período de lactancia. Las medidas no pueden afectar a mujeres que reciban licencias por maternidad, incapacidades médicas, por riesgos del trabajo o que tengan licencias para el cuido de personas dependientes enfermas”, explicó Mora.



Marisol Thompson con tres de sus seis hijos. (Foto: Cortesía).

Seis hijos y todos en la casa

Marisol Thompson Huertas vive en Tierra Blanca, de Concepción de San Rafael de Heredia, y tiene seis hijos de 12, 9, 7, 5, 2 años y 10 meses. En este momento “los seis chiquillos”, ella y su esposo están metidos en la casa, porque a su esposo le suspendieron las jornadas de trabajo hasta nuevo aviso y a los menores les cancelaron las lecciones en la Escuela El Palenque.

“Yo a ellos les hago prácticas a puño y letra mía, o los pongo a que me ayuden con el quehacer de la casa. La casa mía tiene un campito de jardín, primero tienen que dejar todo recogido para poder salir al patio, luego tal vez se ponen a ver tele pero no les hace mucha gracia. La escuela hizo un convenio con la Fundación Omar Dengo y tuvieron la oportunidad de traerse la computadora a la casa”, dijo.

Marisol se encarga de la cocinar, lavar y limpiar. Ahora que su esposo está en casa, atiende a los bebés.

“En mi caso continúa la rutina, lo que pasa es que como ya estamos todos, si quiero poner a uno a estudiar, no puedo porque la otra también quiere estudiar y el bebé está llorando; entonces no puedo. Me cuesta porque no tengo el tiempo suficiente para cada uno. Cuando están todos juntos, sí se vuelve tedioso”, expresó.



(Aclaración: en el momento en que se realizó esta entrevista, Isaura todavía salía a trabajar)

Isaura, madre trabajadora, tres hijos

“Estos días es de ‘levántese a las tres de la mañana, haga todo lo que tiene que hacer, cocine y esto y lo otro; deje todo listo en la casa’. Cuando llego en la noche tengo que ver qué puedo dejar listo para el día siguiente”.

Eso cuenta Isaura Morales, de 34 años, madre soltera quien vive en Desamparados con sus tres hijos de 16, 14 y 5 años, y su madre, con discapacidad. Trabaja en una empresa que da servicios de limpieza y ahora asume las tareas domésticas pues ya no cuenta con la persona que le ayudaba. Su hijo menor va al Jardín de la Sotero González Barquero y los adolescentes a la Unidad Pedagógica del mismo nombre; pero ahora todos están en casa por la suspensión de clases.

“Yo vivo con mi mamá, que es discapacitada, tiene 56 años, tiene una enfermedad, no camina, hay que bañarla, hay que vestirla; entonces yo tengo que pagarle a una persona para que me los vigile, para que cuide a mi hijo y a mi mamá mientras yo no estoy. Ella prácticamente hacía todo en la casa. Ahorita esa persona no está yendo porque ella también tiene hijos y tiene que cuidarlos. A mi hermana la mandaron del trabajo para la casa; entonces ella es la que me los está cuidando”.

Antes de salir para el trabajo, Isaura deja a su madre y a su hijo menor bañados, cocina y les deja la comida lista, luego trabaja ocho horas fuera. A las cinco de la tarde sale del trabajo y llega a su casa aproximadamente a las siete y media.


Confinadas en casa bajo amenaza de violencia

El proceso de aislamiento puede resultar un verdadero calvario para muchas mujeres en Costa Rica, pues conviven con personas agresoras, violentas o abusadoras, y está demostrado que en momentos de confinamiento la tendencia probablemente se incremente.

En Costa Rica miles de mujeres se enfrentan día a día a situaciones de violencia, así lo demostró la Encuesta Nacional de Percepción de los Derechos Humanos de las Mujeres (2017). Nueve de cada diez de las entrevistadas reconocieron que este es un grave problema social.

Según los informes policiales sobre violencia doméstica del 2016 (estadísticas disponibles), un 94,9% de las personas ofendidas son mujeres y el 86,6% de las personas imputadas son hombres. Además, para el año 2017, en cuanto a delitos sexuales, el 87% de las víctimas fueron mujeres y el 94% de los victimarios fueron hombres.

Peor aún son las estadísticas de muerte, pues el 2019 cerró con un total de 14 femicidios, 14 mujeres que perdieron la vida a manos de personas en las que confiaban.

De acuerdo con Marcela Arroyave, del departamento de Violencia de Género del Inamu y miembra de la Subcomisión Nacional Prevención de Feminicidios, en lo que va del año se contabilizan un total de diez muertes violentas de mujeres.

“Cinco de ellas fueron femicidios, cuatro están en investigación por parte de la Fiscalía para determinar si son catalogadas como femicidios y otra fue descartada, por deberse a otras razones”, indicó Arroyave.

Frente a estos datos y de cara a la situación de emergencia, la ministra de la Condición de la Mujer, Patricia Mora, confirmó que se han reforzado los servicios de atención a las mujeres en condición de violencia.

“Está documentado que, dolorosamente, en nuestro país somos las mujeres quienes corremos mayores riesgos de ser víctimas de violencia. Sabemos que en una situación donde se exacerban los temores, aumentan las preocupaciones, no solo por el estado de salud de la familia, sino porque estamos a las puertas de enfrentar los embates de una crisis económica, pues cierran negocios y las personas se quedan sin fuentes de ingreso”, indicó Mora.

Todas esas condiciones disparan a lo interno de los espacios domésticos e intrafamiliares los casos de violencia contra las mujeres y las autoridades del Inamu lo tienen como un verdadero foco de preocupación. Por ello han destinado a una serie de profesionales, entre ellas, abogadas, trabajadoras sociales y psicólogas (cerca de 50 funcionarias) —que no pueden atender de forma presencial— para reforzar los servicios de atención telefónica.

Adicionalmente se habilitaron una serie de números telefónicos, así como la dirección de correo electrónico cio@inamu.go.cr para que las mujeres que lo requieran soliciten ayuda. También se coordinó con el Ministerio de Seguridad y la Fiscalía para reforzar los protocolos existentes y garantizar que esta población reciba la atención y protección necesaria.

Mora fue enfática en que cualquier mujer que sienta que su vida está en peligro por motivos de violencia puede dirigirse a la Delegación de la Mujer o bien llamar de inmediato al 911, esta llamada es gratuita y confidencial.



Si está en situación de violencia puede llamar a estos números:

  • Servicio de Atención de Emergencias 911
  • Delegación de la Mujer: 2527-3761
  • Centro de Información y Orientación en Derechos: 2527-1911
  • Unidad Regional Huetar Norte: 2527-3700
  • Unidad Regional Huetar Caribe: 2527-3749
  • Unidad Regional Pacífico Central: 2527-3736
  • Unidad Regional Chorotega: 2527-8573
  • Unidad Regional Brunca: 2527-3725
  • Unidad Regional Central sede Oriente: 2527-1922
  • Unidad Regional Central sede Occidente: 25271980


COVID-19: impactos son diferentes para mujeres

De acuerdo con informe de ONU Mujeres, las implicaciones e impactos de la epidemia mundial provocada por el Coronavirus COVID-19 son distintos entre hombres y mujeres. Todas hay que tomarlas en cuenta a la hora de decidir las medidas de contención y atención:

  • Están en primera línea de respuesta, asumen mayores costos físicos y emocionales, y mayor riesgo de infección.
  • Es indispensable asegurar acceso a servicios y atención sexual y reproductiva, debido a que los recursos se desvían a la epidemia.
  • Son las más afectadas por el trabajo de cuidados no remunerado por saturación de cierre sanitario y centros educativos.
  • Empleo femenino y servicios de cuidado se ven afectados..
  • Reducción de actividad económica afecta en primera línea a trabajadoras informales.
  • La migración irregular de mujeres y niñas genera mayores riesgos asociados, como la violencia de género y la trata de personas.
  • Sobrevivientes de violencia pueden enfrentar obstáculos adicionales para huir o acceder a órdenes de protección, debido a restricciones de circulación o aislamiento.
  • Los mensajes de salud pública deben llegar a las mujeres en su diversidad y en sus diferentes roles.
  • Gobiernos deben adoptar medidas directas de compensación a trabajadoras informales, incluyendo sanitarias, domésticas, migrantes y de los sectores más afectados por la pandemia.

Fuente: ONU Mujeres.


 

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