País COVID-19

Menos “baile y martillo” y más atención comunitaria, recomiendan expertos

La evolución de la pandemia hace que se requiera de una estrategia sanitaria contra el COVID-19 enfocada en las comunidades. Alcaldes y municipalidades deberían participar más activamente en la contención del virus.

Una mayor participación de las autoridades locales y la atención comunitaria de los casos debería ser el siguiente paso en la atención de la pandemia del COVID-19, según indicaron expertos a UNIVERSIDAD.

La estrategia de “el baile y el martillo” parece haber sido rebasada con la gran cantidad de contagios reportados durante las últimas semanas, lo que ocasionó que el Ministerio de Salud le perdiera el rastro a buena parte de los casos y ahora luche por recuperarlo.

Tras declarar la transmisión comunitaria del virus el pasado 2 de julio, las autoridades han intentado contener los contagios con la declaración de las alertas naranja en gran parte del país, testeos masivos en comunidades vulnerables, el diagnóstico por nexo, entre otros; sin embargo, la cifra de hospitalizados y la pérdida del rastro nos marcan un escenario terrorífico.

Al martes 28 de julio, el país registró un total de 16.344 casos positivos por COVID-19 y 125 muertes. Por otra parte, 323 pacientes se encuentran hospitalizados, de los cuales 53 luchan por su vida en una unidad de cuidados intensivos.

Estrategias comunitarias

Para el coordinador de la maestría en Epidemiología de la Universidad Nacional (UNA), Juan José Romero, la estrategia sanitaria fue “aceptable” al inicio de la pandemia (primeros 90 días); no obstante, es oportuno que se revise.

De acuerdo con el experto, las estrategias comunitarias debieron aplicarse antes de que se diera la transmisión comunitaria. Eso implicaba trabajar con focos de infección tanto en muestreo como en educación.

En esta misma línea, considera que los alcaldes son responsables de la explosión de contagios en muchos cantones del país. Ejemplo de esto es la Zona Norte y San José.

Romero señaló también que se ha perdido el rastro al virus y esto está vinculado con los tiempos que pasan entre realizar la prueba y emitir la orden sanitaria. Esta situación ha sido aprovechada por “irresponsables” que han salido a las calles aún contagiados.

“Por más que se ha intendo aumentar la cantidad de personal, continúa habiendo un retraso. El Ministerio de Salud no contaba con un sistema ágil, es como andar en bicicleta, pues no permite tomar decisiones en tiempo real”, comentó.

Indicó también que se debió de testear más personas desde el inicio de la pandemia, pues la estrategia en ese momento fue pasiva; es decir, se esperaba que el paciente sospechoso llegara al centro de salud para realizarle la prueba.

Quitar el martillo y la danza

Por su parte, la exministra de Salud, Giselle Amador, explicó que los alcaldes deberían tener un mayor involucramiento en la estrategia sanitaria. En esa misma línea, criticó que no existe educación comunitaria para la salud.

“No se han tomado en cuenta, para atacar la pandemia, determinantes de la salud que, en este caso, al ser altamente inequitativos, dan lugar a diferencias en los resultados; tales como la educación, la atención local y la colaboración con los más necesitados. En este último punto, iría la organización desde los municipios con la participación activa de los alcaldes”, mencionó Amador.

“Estamos en aumento de casos y nadie le da importancia a lo que ocurre en lo local en el barrio o en el municipio”, acotó.

La exjerarca de Salud destacó que se debería quitar la estrategia de “el martillo y la danza”, pues se están levantando medidas a pesar del aumento de casos. “Hay más casos y hay más apertura debido a las necesidades que hay”.

Además, hizo hincapié en que el Ministerio posee poco personal, un problema que arrastra desde hace 15 años, que en medio de esta pandemia ha ocasionado que se pierda el rastro del virus.

“Obtener el rastro es imposible. Eso es por la falta de personal del Ministerio. La Asamblea Legislativa piensa que Salud puede salir adelante sin funcionarios. Eso ha debilitado la función rectora”, señaló.

Se debe descentralizar

Para el sociólogo, Miguel Sobrado, la estrategia sanitaria que pone en práctica el Ministerio de Salud debería descentralizarse. De esta forma se haría un control comunal más efectivo, como el que se ha dado en países como Uruguay y Paraguay.

“A nosotros esto se nos salió de control, hay que descentralizar, yo no veo otra alternativa. Se tiene que colaborar entre las instancias organizadas existentes, la CCSS le debe trasladar información de EDUS a municipios, centros de salud, ebais, asociaciones de desarrollo, todo esto con el fin de disminuir la propagación en los cantones”, señaló.

“También hay que conseguir recursos para atender el desempleo, sino la gente está entre el COVID-19 y el hambre. La estrategia está erosionada porque se mantiene centralizada y no unifica la acción curativa y preventiva con la repartición de las ayudas. Esto es un mismo proceso. Si la gente se quedó sin comida, es fundamental que tenga al menos un ingreso mínimo”, agregó.

Sobrado destacó la experiencia del Hospital sin Paredes fundado en 1955, la cual considera que se debe “aprovechar”. En su plan de trabajo, esta dinámica  involucraba tanto a médicos como a comunidades, quienes participaban de manera activa en el diagnóstico de la salud.

Mayor protagonismo

Por su parte, Luis Bernardo Villalobos, salubrista y exdecano de la Facultad de Medicina de la Universidad de Costa Rica, consideró que la estrategia planteada por el Ministerio de Salud no está agotada, pero debe ser revisada.

Desde su punto de vista, las autoridades locales deberían tener mayor protagonismo en la emergencia sanitaria nacional.

“Yo me atrevería a decir que se necesita mayor protagonismo y creatividad de las comisiones municipales de emergencias, que desde adentro de cada municipio establezcan líneas de trabajo que coadyuven al Ministerio de Salud en su labor. Ellos son los que conocen la comunidad”, destacó Villalobos.

En esa misma línea, Villalobos opina que es necesario que incluso los alcaldes que estén implementando buenas prácticas o que estén teniendo problemas en sus comunidades participen en las conferencias de prensa.

Uruguay y Cuba

En América Latina existen dos países que que mantienen números favorables en cuanto a contagios y muertes: Cuba y Uruguay.

En el caso de Cuba, una de las estrategias que se ha utilizado para contener la dispersión del virus es aislar a los pacientes asintomáticos y buscar posibles enfermos casa por casa.

Según un reportaje de la agencia France Press (AFP), en este país se le hace pruebas para detectar la COVID-19 a todos los contactos de un caso confirmado, con o sin síntomas.

«Hay veces que el estudio da negativo, pero se mantiene una vigilancia por si acaso apareciera algún síntoma», detalló el director de Epidemiología del Ministerio de Salud de Cuba (Minsap), Francisco Durán a AFP.

Quienes presentan síntomas de inmediato reciben un tratamiento «como si tuviera» la enfermedad, hasta que se confirme.

Hasta el martes 28 de julio, Cuba reportó un total de 2.555 casos positivos y 87 muertes.

Uruguay también ha hecho diferencia en su lucha contra la COVID-19, situación que se ve reflejada en sus números. Al martes 28 de julio, este país contabilizó 1.202 casos positivos y 35 decesos.

Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el éxito de la estrategia sanitaria de Uruguay se basa en la implementación «muy temprana» de medidas de salud pública recomendadas: el distanciamiento social, el cierre de escuelas, las cancelación de eventos masivos, y las restricciones de viajes internacionales.

“Al confinamiento voluntario de la población  se sumaron otros factores, como la capacidad ampliada del país de hacer pruebas diagnósticas, y el hecho de disponer de una ‘plataforma sólida’ de atención hospitalaria”, señaló AFP en un reportaje en el mes de julio.

La OPS indicó también que el secreto para conservar estos logros está en los ajustes graduales a las medidas de salud pública en un contexto de detección y rastreo de contactos muy fuerte, y de una capacidad de laboratorio expandida que responda rápidamente a las necesidades de investigación.

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