Análisis del IRET:

Más de 20 agroquímicos contaminan la laguna Madre de Dios

Investigaciones de la Universidad Nacional evidenciaron las nocivas consecuencias de la agroindustria en cuerpo de agua que aloja riqueza natural tanto de agua dulce como salada.

De acuerdo con expertos del Instituto del Instituto Regional de Estudios en Sustancias Tóxicas (IRET) de la Universidad Nacional (UNA), agroquímicos como los herbicidas ametrina, diuron y el insecticida etoprofos “superan los niveles que representan un alto riesgo para la biodiversidad de los ecosistemas acuáticos de la laguna, por lo que urge intervenir para protegerla”.

Se trata de la laguna Madre de Dios, en Bataán, Limón. Un sitio de relevancia biológica por la biodiversidad de especies de flora y fauna que aloja, incluidas las llamadas microalgas, organismos microscópicos importantes en aspectos como fijación de dióxido de carbono o el aprovechamiento de la energía solar.

Freylan Mena, biólogo investigador del IRET, explicó que el sitio es “bastante importante” pues se trata de un estuario, que ecológicamente tiene la relevante función de ser un sistema intermedio entre agua dulce y salada.

“Hay muchos procesos que ocurren específicamente en estos sitios, especies que los usan específicamente; por ejemplo las especies marinas de peces o crustáceos que tienen alguna etapa de la vida o reproducción que ocurre ahí”, detalló. Dijo además que se trata de especies que “suben del mar a aparearse y reproducirse en agua dulce, también algunas especies de agua dulce que bajan a los estuarios o salen al mar a reproducirse, entonces son sitios bastante importantes en ese intercambio”.

La laguna se nutre de aguas de los ríos Madre de Dios, Pacuare y del canal de Bataán. Son cuerpos de agua que atraviesan cultivos de banano, piña y arroz.

Contaminación permanente

La información del IRET apunta que la laguna Madre de Dios constituye un caso de “contaminación permanente”. Al respecto, Mena informó que a lo largo de cinco lustros en que equipos científicos del IRET han estudiado la laguna, “en cualquier momento que hayamos tomado muestras, siempre se encuentra algún contenido de plaguicidas, ya sabemos que hay algún nivel de contaminación que permanece constante, no se da el caso que tomemos una muestra que esté limpia”.

En efecto, a lo largo de los años en reiteradas oportunidades se ha denunciado las consecuencias de la contaminación en este sitio.

El IRET inició su trabajo en esta laguna en 2003, luego de un episodio de muerte masiva de peces.

En esa oportunidad, denuncias de ambientalistas apuntaron a a la United Fruit Company como causante del desastre, pero ello fue finalmente rechazado por el Tribunal Ambiental Administrativo (TAA), lo cual generó el rechazo y malestar del entonces ministro de Ambiente Carlos Manuel Rodríguez, quien actualmente de nuevo ocupa el puesto.

Desde entonces el Instituto no sólo documentó el hecho sino que se abocó a una investigación continua del sitio que se ha sostenido durante más de 15 años.

Valga mencionar que el año antepasado y de nuevo el año pasado la Federación Ecologista (Fecon) denunció la muerte masiva de peces.

En mayo de 2018, Fecon divulgó videos que mostraban el derramamiento de agroquímicos en el suelo según se informó en la finca piñera Saint Peter. “Equipos de fumigación son evacuados y lavados de los restos agroquímicos que luego termina en el río y posteriormente en la laguna Madre de Dios”, señaló la organización en un comunicado.

“Este tipo de prácticas son muy comunes en las fincas piñeras y ya es conocido por diversos expertos que esto representa un alto riesgo para la salud de las personas y ecosistemas”, añadía por entonces la denuncia.

En la información enviada por la UNA destaca el testimonio de Henry Knight Mclean, lugareño quien llegó hace más de medio siglo a la zona de la laguna, en Matina.

“Llegaron las bananeras y llegó la contaminación. Uno viajaba por el río, pasaba la avioneta y el aire se ponía como cuando llueve un poquito, y eso lo tocaba a uno. Poco a poco va enfermándolo a uno”, recordó.

Su comunidad, ubicada en Bataán de Matina, alberga unas 100 familias, dedicadas a la actividad turística, la pesca y la producción de coco.

Efectos negativos

Mena apuntó que la cuenca que nutre a esta laguna presenta “mucha riqueza en la parte baja y actividad agrícola en la parte media”. Añadió que los primeros trabajos realizados en el sitio detectaron la presencia de plaguicidas, y que hoy en día se cuenta con el apoyo de otras instancias de la UNA como el Departamento de Física, el Instituto de Investigación y Servicios Forestales (Inisefor) y la Escuela de Ciencias Biológicas, para estudiar la biodiversidad de la laguna, la hidrografía y los cambios en el uso de suelo.

Sobre ese punto en particular, el investigador del Inisefor Mauricio Vega, realizó entre 2005 y 2019 un muestreo basado en interpretaciones visuales, con imágenes de alta resolución. Según ese estudio, en la zona el área boscosa se redujo en 1.592 hectáreas y los usos de la tierra que más ganaron terreno fueron los pastos y cultivos.

Desde 2014 el IRET estudia además en el sitio las llamadas microalgas, microscópicas que se adhieren a las plantas y pueden dar indicios de lo que ha ocurrido en el agua en un lapso de meses y las especies más abundantes encontradas son consideradas indicadoras de contaminación orgánica.

Rocío Ugalde, del IRET, explicó que la toxicidad de los herbicidas puede afectar a las microalgas al inhibir o limitar su crecimiento por afectación de la fotosíntesis u otros procesos.

“En algunos casos, a concentraciones bajas de herbicidas, el crecimiento de algunas especies de algas verdes puede verse estimulado, pero la persistencia de estas sustancias y mezclas de estas con otros plaguicidas, pueden tener un impacto negativo en especies muy sensibles si se mantienen expuestos durante periodos de tiempo considerables o si las concentraciones del tóxico son elevadas”, detalló.

Un estudio de la fauna acuática entre 2014 y 2018 identificó 36 especies y encontró que en algunos casos la presencia de herbicidas tiene consecuencias a nivel del sistema nervioso.

Además Seiling Vargas y Clemens Ruepert, también del Iret-UNA, monitorearon residuos de plaguicidas en la laguna entre 2016 y 2018 y encontraron la presencia de más de 20 plaguicidas.

Mena expresó su preocupación ante “todo el riesgo para el ecosistema”, ya que “desde los primeros estudios se conoce que hay una contaminación casi constante del agua pues se encuentra todo el tiempo residuos de plaguicidas”.

Apuntó que otros estudios en estos quince años, han determinado la afectación a insectos y los organismos fotosintéticos, e insistió en que “la contaminación más constante representa un riesgo”.

“Ahora lo que nos interesa, el enfoque del último proyecto que es el que estamos cerrando, es los efectos de esa contaminación constante sobre la biodiversidad, por eso revisamos qué pasa con grupos de microalgas, peces y la vegetación de la rivera”, aseveró.

El científico reconoció que en muchos de los casos de mortandades masivas, es el personal del Sistema Nacional de Áreas de Conservación (Sinac) quien recoge las muestras y las lleva a los laboratorios, pero dijo que todo se complica ante “la misma maraña que existe respecto a quién puede colectar la muestra, quién la puede analizar, qué pasa con los resultados”.

Reconoció por otra parte que de hecho es muy difícil establecer responsabilidades directas en esos casos, porque según explicó se trata de un tipo de contaminación que no es puntual, es difusa, “entonces el hecho de que usted encuentre peces muertos en un punto dado, no quiere decir que la contaminación está específicamente ahí, puede que el contaminante se haya movido por el agua o que los peces se hayan movido a un punto diferente”.


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