Los problemas que se esconden bajo la cifra del empleo

Cientos de miles de mujeres costarricenses que poseen trabajo sufren porque solo laboran unas horas, porque no encuentran otra opción o porque pertenecen al creciente sector informal. Para ellas, el castigo es mayor.

Técnicamente, Josué no es parte del 11,3% de la población desempleada. Sentado sobre su moto comprada con un crédito grosero y cubierto por un traje plástico para protegerse de la lluvia, este joven de 23 años asegura que tiene trabajo y eso es una buena noticia cuando los datos oficiales dicen que vivimos el mayor desempleo en 10 años.

Josué muestra su mochila púrpura con el logo de Hugo una de las plataformas digitales de mensajería y entrega de comida. Esto lo sitúa como miembro de la fuerza laboral ubicada en la informalidad, una categoría que alcanza a casi un millón de costarricenses, casi la mitad de los trabajadores nacionales.

No tiene seguro de salud, no cotiza a ninguna pensión ni posibilidad de descanso. Trabaja los siete días de la semana y si quiere vacaciones, debe sacrificar el posible ingreso de esos días.

A esas condiciones se atiene para lo inmediato, mientras por las noches intenta sacar la secundaria por madurez y cruza dedos para que alguien considere los currículos que él ha entregado en fábricas, en cadenas de supermercados y en tiendas de teléfonos celulares. Pero al menos tiene trabajo, dice mientras toca el tanque de la moto como quien acaricia a su caballo.

Josué (herediano, soltero y sin nadie a su cargo) es solo uno de los cientos de miles de costarricenses que enfrentan dificultades de empleo aunque el porcentaje frío del desempleo no los alcanza. Sus problemas son la precariedad, la insuficiencia, la inestabilidad y la imposibilidad de encontrar otro trabajo mejor, aunque no paran de buscar.

“En algunos lugares decía que había dos vacantes y más de 500 solicitudes, pero yo igual dejé mi currículum”, dice como resignado, antes de volver a mencionar que al menos en este momento tiene trabajo.

Josué en realidad es parte otros subgrupos, más allá de la evidente informalidad. Representa bien la tasa de presión, que alcanzó el 19,4% del total de la fuerza laboral en este primer trimestre del 2019 y que consiste en la búsqueda activa de un empleo nuevo, sin importar si la persona está o no trabajando. Esto habla de la calidad de los trabajos y la insatisfacción de las personas con las condiciones de su empleo actual. Esta circunstancia es mayor en las mujeres, pues alcanzó un 22%.

Este indicador de forma aumentó 1,8 puntos porcentuales en relación con el primer trimestre del año 2018 y 4,2 puntos frente al indicador del 2017. En cantidad, las personas que buscan trabajo de manera activa pasaron en un año de 164.000 a 200.000, con especial reflejo en la zona rural, de acuerdo con la Encuesta Continua de Empleo del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC).

El efecto no es necesariamente el deseado para los trabajadores. Esta alta demanda de trabajo frena el mejoramiento de las condiciones laborales pretendido por quienes buscan ese trabajo, sea que tengan uno o que estén en el desempleo. Esto ocurre en un contexto de desaceleración económica en la mayoría de los sectores, lo que ha llevado a que bandos políticos y gremiales presionen al Gobierno por políticas de “reactivación económica”.

El presidente Carlos Alvarado ha prometido impulsar la economía, pero priorizando en los sectores que mejor podrían absorber a la población desempleada, por su relativa baja calificación. Es decir, el énfasis estaría en sectores como el agro, el comercio o la manufactura, que además presentan bajo dinamismo.

Este es el barco de otra condición que se solapa entre la población que reporta tener trabajo: el subempleo. Esto ocurre cuando una persona trabaja menos de 40 horas por semana, pero tiene el deseo y la disponibilidad de trabajar más horas.

Esta condición aumentó también en el primer trimestre del 2019 en relación con ese mismo período del 2018. Ahora alcanza al 8,6% de la población ocupada, casi una quinta parte más de lo que el INEC registraba en el 2018.

Al desglosar esta cifra, las mujeres vuelven a salir perdiendo. Por cada varón que trabaja menos horas de las que quiere y puede, hay dos mujeres en esa misma circunstancia. En ellos esta tasa ronda el 6% y en ellas, el 12,5%.

Estas personas, que están en el subempleo o que incluso están trabajando jornadas completas y buscan una mejor opción, podrían estar en el sector formal o en el informal, lo cual hace que no tengan garantizados algunos beneficios básicos, como el seguro. Este lo goza ahora solo el 68,3% de los trabajadores activos, aunque el porcentaje baja si se incluyen solo las mujeres: 61,5%.

En números absolutos, son 689.000 personas las que están incorporadas al mercado laboral y aún así carecen de un seguro. Es decir, de cada 3 trabajadores, 1 está desprotegido.

Esto tiene que ver con el carácter informal de buena parte de los trabajadores. En este primer trimestre del 2019 el porcentaje de informalidad llegó a 46,1%, la cifra más alta desde que el INEC hace estas mediciones, en 2010.

En ese año la informalidad rondaba el 40% de los trabajadores, pero ha venido subiendo hasta alcanzar ahora el equivalente a casi un millón de pobladores, quienes no pagan impuestos y no cotizan necesariamente a la seguridad social ni a un sistema de pensiones.

Este el caso de Josué, que dice estar consciente de la necesidad de conducir su motocicleta con mucha prudencia, aunque reconoce que ya se ha salvado de lesiones. La moto sí evidencia algunos raspones, pero eso es lo de menos.

Los trabajadores informales son los asalariados no inscritos ante la seguridad social, los ayudantes no remunerados, los trabajadores por cuenta propia y los empleadores cuyas empresas no están inscritas ante el Registro ni poseen una contabilidad formal.

La informalidad castiga con más dureza, de nuevo, a las mujeres. El INEC indica que 50% de ellas están en ese sector, mientras en los varones la cifra es 43%.

Los trabajadores informales también representan un grupo mayor en el área rural, donde son más que los formales. La tasa ahí es de 56,3% de los ocupados, casi 14 puntos por encima del porcentaje de informalidad que se registra en las ciudades (42,6%).


¿Bajó el desempleo? No tan rápido

Algunas autoridades informaron con alegría que la tasa de desempleo pasó de 12% a 11,3% y que eso, si bien no es para celebrar, representa un pequeño paso positivo.

Esa cifra, sin embargo, deja por fuera a decenas de miles de personas que siguen sin hallar un empleo que les genere ingresos, pero que no han hecho algún acto concreto para buscar trabajo en las semanas recientes. Son los “desalentados”, personas que se pudieron haber rendido en su búsqueda de trabajo.

“Tienen interés de trabajar pero no tiene dinero para buscar trabajo, se cansó de buscar, no le dan trabajo por edad, sexo, raza, discapacidad, no hay trabajo en la zona o sabe que en esta época del año no hay trabajo”, especifica el INEC en sus documentos.

Si se les considera a ellos como desempleados se forma “la tasa de desempleo ampliado”, que en este primer trimestre del 2019 alcanzó al 13,4 de la población en edad de trabajar. Esto significa que aumentó 2 puntos en relación con el primer semestre del 2018 y 3 puntos en relación con ese mismo período del año 2017.


 


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