Fabricio Alvarado, candidato presidencial opositor en Costa Rica

Entrevista a Fabricio Alvarado: “Los homosexuales pueden estar tranquilos”

El representante de Restauración Nacional admite una cuota de casualidad en su postulación y su raíz religiosa, pero rechaza haberse aprovechado de ella.

Fabricio Alvarado Muñoz (San José, 1974) podría o no ganar el 1º de abril la segunda ronda de la elección presidencial, pero ya es parte de la historia política de Costa Rica.

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Quedará, cuando menos, como el candidato inesperado que ganó la primera vuelta (25% de los votos) al encabezar un movimiento electoral de base religiosa con el cual abrió más interrogantes que certezas sobre un electorado cada vez menos aferrado a los partidos políticos.

Alvarado Muñoz, un periodista de sucesos en televisión, reconvertido en predicador y cantante evangélico, pasó de ser el único diputado del pequeño Partido Restauración Nacional (RN) en 2014 a representar en 2018 una avanzada que trasciende ideologías o estructuras políticas.

Esta es una edición de la entrevista con Fabricio Alvarado realizada el miércoles 8 de marzo para el diario español El País, que autorizó esta reproducción. El otro candidato, Carlos Alvarado, sí fue entrevistado de manera directa para este semanario, en su edición del 7 de febrero, después de la primera ronda electoral.

Aunque niega haber mezclado política y religión, sabe que no estaría acá si no fuera por “los valores de defensa de la vida y la familia”, como prefiere llamarlo dentro de su ideología de “cristianismo social”, con un discurso de populismo conservador y la compañía de figuras de la derecha empresarial.

El candidato outsider de febrero es ahora el rostro de sectores políticos y económicos que quieren evitar a toda costa la reelección del oficialista Partido Acción Ciudadana (PAC).

Además, es el elegido por la Costa Rica más conservadora, que lo ve como un defensor contra la “ideología de género”. Incluso, es, como él mismo se ofrece, representante de una clase popular que lo apoya en masa sin importar demasiado su falta de atestados o su inexperiencia como líder político. “Ya hemos tenido doctores, académicos y caudillos, pero el país sigue mal encaminado”, dijo un vendedor de jugos a pocos metros de la sede de Restauración Nacional donde empezó esta entrevista.

¿Cómo es que alguien que nunca ambicionó la política ni se relacionó con ella llega a las puertas de la Presidencia de la República?

–Bueno, en realidad me lo pregunté yo también en algún momento. Diay, la pasión mía era la televisión y así entré a uno de los principales noticiarios del país, pero en 2009 salí para hacer trabajos como autónomo y me pidieron unos videos para el Partido Restauración Nacional (RN) en 2010 o 2011. Ellos me habían pedido que yo trabajara con ellos en la comunicación en la campaña del 2014, que fuera como la voz del partido, acompañando a los candidatos.

¿Nunca quiso entrar a la política?

–No era mi deseo, pero faltando una semana para definir las listas de diputados (2013) renunció el que iba primero en la lista por la provincia de San José. Era un pastor que prefirió no meterse en esa bronca y entonces, ¿a quién ponían? Hubo varios nombres y alguien mencionó el mío. A don Carlos (Avendaño, pastor y fundador de RN) y al Comité Ejecutivo les pareció bien. Quedé electo en 2014 y, diay, aquí estamos, ya en la política tratando de hacerlo bien. Como parte de ese esfuerzo, la gente del partido pensó que yo debía ser el candidato a la Presidencia en este 2018 y dije «bueno, vamos a entrarle al asunto». El primer objetivo era crecer.

Nadie se creyó que usted pasaba a segunda ronda, ni ustedes.

–No, había pocas probabilidades, lo tenemos claro, pero dijimos «vamos a trabajar para eso» y ahí veremos. Era también para motivar a nuestra gente y decirle que veníamos en serio.

Después del fallo sobre matrimonio igualitario de la Corte Interamericana (9 de enero) usted se catapultó y ahora algunos lo llaman “favorito”. ¿Es un designio divino?

–A ver, yo creo en Dios profundamente y creo que muchas cosas suceden porque son su voluntad, pero también creo en que las cosas suceden porque nosotros trazamos el camino. Esto es parte de un proceso de situaciones, algunas ellas circunstanciales y otras trabajadas.

¿Siente haberse preparado para esto?

–Yo considero que sí. Desde que llegamos a la Asamblea Legislativa (2014) nos hemos esforzado por ejercer un liderazgo en algunos temas. Nos hemos metido de lleno en conocer la situación del país, además de los 11 años como periodista. Ciertamente esto no es una preparación política, pero sí me permitieron tener una visión más amplia.

¿Por qué mezclar religión y política?

–Bueno, desde mi punto de vista nosotros no hemos mezclado religión con política. Se ha visualizado más que otros casos porque mi vínculo con la religión ha sido mucho más fuerte, siendo cantante y predicador.

Usted se ha construido como político sobre esa idea.

–Sí, pero yo quiero que si alguien toma la decisión de votar por Fabricio sea porque considere que somos la mejor opción para traer desarrollo al país.

Muchas iglesias evangélicas han sido operadores de su propuesta política. ¿No es eso mezclar religión con política?

–Sí, habría que hacer una medición exacta de si todos los evangélicos votaron por nosotros el 4 de febrero (una encuesta de la UCR indica que el 70% de votos de Restauración Nacional vino de población evangélica y el 20% para Carlos Alvarado). Todos creemos que Dios nos ha escogido para algo, pero eso se aplica en todas las áreas de la vida, pero no estamos pidiendo votos con base en la religión.

Cuando usted propuso sacar a Costa Rica de la Corte IDH lo justificó diciendo que ellos hicieron una intromisión en el país. Más allá de lo correcto de esta afirmación, ¿no cree que también las iglesias, que son parte de redes internacionales, cometen intromisión en la campaña electoral?

–Yo no veo iglesias a nivel internacional influyendo sobre la población nacional, no veo ninguna organización internacional ahí. Cuando hablamos de soberanía, hablamos de un tema muy específico y es lo que hemos reclamado; no es la Corte Interamericana la que debe tomar decisiones de tipo legislativo. Nosotros deberíamos poder avanzar por nuestra cuenta.

¿Avanzar hacia dónde? ¿Hacia el reconocimiento del matrimonio igualitario?

–Mire, no pareciera que el matrimonio sea un derecho establecido para parejas del mismo sexo.

Usted habló de la posibilidad de «restaurar a las personas homosexuales» y su candidato a la Vicepresidencia dijo «si tenemos que escoger, escogemos al que es heterosexual». ¿Lo mantienen?

–Lo que hablé fue en un contexto de iglesia, no en un contexto político. ¿Por qué no puedo pensar así? Mi fe la baso en una Biblia que establece el tema, pero no vengo a imponerlo a la política diciendo que vamos a establecer desde el Gobierno espacios para restaurar a estas personas (homosexuales). He sido claro en decir que no pensamos  discriminar a nadie, los que hoy son funcionarios públicos y son homosexuales pueden estar tranquilos.

Si usted dice a una persona que hay que restaurarla, lo que usted le está diciendo es «usted está mal» o “usted está enfermo”, como si se hablara de alcoholismo.

–Quisiera no entrar en ese tipo de discusión. Yo creo que en la posición actual en la que estoy, con posibilidades de ser Presidente de la República, tengo la responsabilidad de tratar con el mismo respeto a estas personas, independientemente de si yo en lo personal pienso que lo que ellos hacen está bien o está mal. Ellos saben qué es lo que piensa la iglesia y qué es lo que piensa el cristianismo sobre la homosexualidad.

¿El modelo de desarrollo que quiere impulsar en Costa Rica se parece a cuál país?

–Yo no he hecho el ejercicio de pensarlo, porque hay países cuya realidad del todo no conozco, pero sí quiero un país desarrollado, con nuevas tecnologías, con gobierno digital, que la gente se sienta segura, que la policía llegue de manera inmediata.

Usted reclutó después de la primera ronda a un grupo de economistas como asesores (después de que se le señalaron grandes vacíos). ¿Coinciden con la ideología que ustedes llaman “cristianismo social”?

–En este momento el país necesita un gobierno de unidad nacional; en la línea económica, necesitamos buscar gente para soluciones, pero la prioridad es la gente que más necesita.

¿Tiene algún líder político como referente o un presidente a quien usted admire?

–Yo realmente debo decir que no. Creo que todos han tenido sus cosas buenas

Ni un referente ético, de vida, de pensamiento…

–Ahí sí me dejaste pensando; no veo tanto a la persona porque creo que todo se construye a través de equipos.

Pero en todo equipo, homogéneo o mixto, hay un líder. ¿Qué tipo de líder es usted?

–Aspiro a un tipo de liderazgo que inspire a las personas a hacer un trabajo pensando en los más necesitados, que provoque que las cosas se hagan. Si me tocó estar en esto, quiero dejar huella.

¿Es un objetivo suyo entrar a la Alianza del Pacífico de Chile, Colombia, México y Perú?

–Es un objetivo negociarlo, cosa que en este gobierno no se hizo del todo. Queremos revisar las condiciones y, sobre todo, eso sí, proteger al sector agrícola que siente que se vería afectado si entramos en las condiciones actuales.

Considerando que la Alianza del Pacífico es la que es, ¿sí o no?

–Yo lo que creo es que debemos sentarnos, ver las condiciones; no estaríamos del todo cerrados.

¿Hay que devaluar el colón para mejorar las condiciones del sector exportador? 

–La meta no puede ser solo la inflación. Las exportaciones usted sabe lo que representan para la economía del país, más del 30% del PIB…

¿Entonces sí devaluaría el colón?

–Aquí tenemos que tener una posición responsable: un tipo de cambio neutro. Yo obviamente no soy especialista en economía; estamos con nuestro equipo económico trabajando en este tema porque sabemos las sensibilidades que hay en el sector exportador y turismo.

En Costa Rica el arroz es de los productos que más consume la gente, sobre todo en sectores populares. ¿Liberaría el precio del arroz por ellos o prefiere proteger a los productores?

–En honor a la verdad… usted sabe que el presidente no lo sabe todo. Me falta información para tomar una determinación al respecto. Hay preocupaciones en el sector arrocero; estamos claros en que el tema hay que atenderlo y lo vamos a atender.

¿Hace falta mano firme en la política de seguridad?

–Totalmente. Hacen falta muchas cosas: tecnología, helicópteros, policías… Los cuerpos policiales deberían unificarse y deberíamos intervenir algunas comunidades con los oficiales de seguridad y los cuerpos de atención social. La mayoría de los 603 homicidios en 2017 se dio entre bandas narco de pequeña escala y esas entran ahí donde hay una situación social difícil.

¿Mantendrá el convenio de patrullaje marítimo antidrogas con Estados Unidos aunque haya motivado a los narcotraficantes a ir por tierra en su ruta hacia el norte?

–Sí, más bien vamos a fortalecer la posibilidad de algunas alianzas que nos permitan mayor capacitación para nuestra policía contra el narcotráfico internacional por tierra.

¿Estados Unidos sería aliado clave ahí?

–Totalmente, Estados Unidos. Creo que Panamá tiene algo que aportar, Colombia tiene algo que aportar; tenemos en nuestro equipo a expertos.

Expertos de línea dura, ¿no?

–De una línea dura, exacto.

¿Hay que aumentar las penas para narcotráfico?

–En algunos delitos hay que aumentar las penas: delitos contra la vida, delitos contra la niñez, delitos contra la mujer…

¿Cree necesario establecer para algunos casos la cadena perpetua?

–Bueno, ese tema hay que valorarlo, el tema de la cadena perpetua… recuerde que también hay conceptos y criterios en relación con derechos humanos que deben ser valorados en este caso.

¿Hay que devolver la embajada de Costa Rica en Israel, de Tel-Aviv a Jerusalén? 

–No, mire, ese es un tema que nosotros realmente no nos hemos sentado a discutir. Nadie nos lo ha pedido y, por tanto, no es algo que haya entrado en nuestra agenda de discusión.

Estados Unidos lo decidió y Guatemala lo plantea también. ¿No tiene una opinión?

–La situación comercial que tenemos con el mundo árabe, con el Medio Oriente, nos provoca dejar la situación como está hasta tanto no se entre en una discusión seria del asunto; no es un tema personal, no es lo que piense Fabricio o lo que piense equis persona.

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