Llega el IVA y casi todo es incertidumbre

Los nuevos impuestos entrarán a regir a partir de julio para alivio de Hacienda. Mientras tanto, los contadores se frotan las manos y el sector productivo se encoge de hombros. Arranca el experimento.

A partir de este 1 de julio, el sistema tributario costarricense sufrirá una de sus transformaciones más drásticas en la historia. Los servicios —casi en su totalidad— pasarán a gravarse con el Impuesto de Venta, a partir de ahora Impuesto al Valor Agregado (IVA). Este es un movimiento que Hacienda espera con ansias para aliviar sus tensiones financieras, pero que desde ya enciende las alarmas y genera incertidumbre en el sector productivo.

No se trata de un nuevo impuesto. Hacienda ya cobraba un 13% del Impuesto de Ventas a cada bien que se transaba en el mercado; sin embargo, el cambio es que ahora también se gravarán los servicios: esos “productos” intangibles que todos consumimos, desde los ofrecidos por profesionales liberales (los servicios profesionales) hasta las plataformas electrónicas como Netflix o Spotify.

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En el ambiente priman las expectativas; y mientras el Gobierno espera el cambio con optimismo para mejorar su situación financiera, el sector productivo (e incluso una buena parte de los consumidores) dudan sobre cómo les cambiarán sus vidas a partir de este “nuevo” impuesto (que en realidad es solo la expansión de uno viejo).

Las dudas, en parte, responden a que las versiones finales del reglamento del IVA no llegaron sino hasta menos de 20 días antes de su entrada en vigencia, algo que muchos critican como un grave error de comunicación, pero que Hacienda señala como el trámite regular de cualquier decreto que empieza en consultas y queda en firme hasta el filo de su firma

No obstante, los efectos de la tardanza sí son reales y generan incertidumbre, según resumen los principales involucrados en la aplicación del impuesto, desde el sector empresarial hasta los representantes del sector contable.

“El error más grande es que les agarró muy tarde para los reglamentos y eso está causando mucha incertidumbre e inseguridad sobre cuáles son los procesos”, resumió Álvaro Sáenz, vicepresidente de la Unión Costarricense de Cámaras y Asociaciones de la Empresa Privada (Uccaep) y vocero de esa entidad, en relación con el proceso de implementación del IVA.

‘No estamos preparados’

Para el presidente del Colegio de Contadores Privados de Costa Rica, entidad que reúne a 19.400 contadores, el cambio se trata de una transformación cultural para la cual —sobra decir— no estamos preparados.

“Es una revolución”, asegura José Alberto Mora, quien además subraya que el cambio será “abrupto”. “¿Que si estamos preparados? Creo que no lo estamos. Esta es una cultura que hay que implementar, un cambio muy abrupto”.

Algo similar afirmó el subdirector de Tributación, Giovanni Tencio, quien calificó la transición como “un cambio de paradigma”, aunque fue claro en que —como la mayoría de cambios de paradigma— es un proceso de transición, que conllevará resistencia y adaptación.

Para él, Hacienda buscará hacer todo lo que esté a su alcance para aumentar su recaudación y para conseguir sus objetivos fiscales, aunque también recordó que estamos hablando de un proceso que será de aprendizaje para ambas partes: el contribuyente y la administración.

“No podemos decir que estemos totalmente listos. Tenemos un importante porcentaje de evasión y una administración tributaria, solo estaría lista cuando esté en capacidad de enfrentar ese porcentaje, de modo que sea ínfimo, a niveles internacionalmente aceptables, pero hoy no podemos decir eso y nos falta mucho trabajo. Nosotros estamos listos para las cuestiones básicas que empiezan ingresar y que empiezan a operar, pero luego, sobre la marcha, habrá muchas cosas que empiecen a suceder”, reconoció.

En esa línea, habló de un papel de Hacienda que deberá ser más bien paulatino y de acompañamiento, a través de inspecciones y otros mecanismos que permitan afinar el proceso. “Decir que estamos totalmente preparados sería decir que nuestro nivel de evasión es pequeño, pero no. Nosotros estamos preparados a nivel de que tenemos procedimientos, sistemas de información y demás herramientas; pero a lo largo del tiempo se van a empezar a presentar discusiones y eso lo sabemos”, subrayó.

‘No hubo tiempo para capacitar’

El IVA es un impuesto que deberá ser retenido por cada actor que brinde servicios. Su tarifa general es del 13%; sin embargo, propone tarifas diferenciadas del 4% para servicios médicos privados; del 2% para medicamentos, primas de seguros y compras estatales, entre otros; y de un 1% para los productos de la canasta básica (que empezarán a gravarse desde junio de 2020).

Esto quiere decir que cada persona que venda un servicio deberá retener el impuesto y luego deberá trasladarlo a Hacienda, a través de un proceso de declaraciones mensuales, en las que además podrá deducir de su pago los porcentajes que ya haya pagado a otros proveedores por productos necesarios para sus propias ventas.

No obstante, este proceso cuenta con especificidades muy técnicas que quedaron plasmadas en los reglamentos recién presentados, algo que, según el vicepresidente de Uccaep, no permitió capacitar a todas las personas que lo requerían a tiempo.

“Cuando usted publica tan tarde los reglamentos y genera incertidumbre jurídica, tampoco hay tiempo de capacitar”, aseguró Sáenz, no sin antes agregar que este tipo de situaciones tienen un efecto perverso en la economía, pues “el premio de la informalidad crece”.

“Lo que pasa es que usted, sin querer, puede convertir a decenas de miles de personas en delincuentes tributarios de la noche a la mañana, porque no cobraron o porque no presentaron la declaración o no saben cómo hacerla. Además, en una economía informal, con más del 40% de informalidad, mucha gente que podría querer empezar a tributar en el futuro no sabrá cómo hacerlo o cómo conseguir los sistemas informáticos, y eso hace más atractivo ni siquiera intentarlo”, describió.

Este tipo de críticas las intentó aplacar Hacienda en los últimos días con la planificación de charlas informativas, habilitando líneas telefónicas y con transmisiones en vivo a través de sus redes sociales; sin embargo, poco ha logrado debilitar el discurso de quienes alegan que la información es insuficiente.

En este ambiente, los que se frotan las manos son los contadores y otros profesionales que brindan soluciones informáticas, como indicó que el presidente del Colegio de Contadores, José Alberto Mora, quien reconoció que en su gremio ya intentan colocar la coyuntura como una oportunidad de oro para hacer negocios y “poner a la profesión en su sitio”.

‘Prácticamente todos van a necesitar un contador’

La incertidumbre de unos es el capital de otros. Así lo describió el presidente del Colegio de Contadores, quien sí señaló que la confusión que generarán este nuevo tipo de trámites fiscales será una oportunidad para su gremio.

“Desde el colegio, que reúne a una 19.400 personas, hemos tratado de darle a nuestros agremiados ese mensaje, que para el contador privado esto es una oportunidad de mejora, porque ahora prácticamente todos los contribuyentes van a necesitar un contador casi obligatoriamente, y es nuestra oportunidad volver a ser partícipes importantes en la economía nacional”, apuntó.

Según Mora, esto además se relaciona con un sistema del IVA que se conceptualizó de una forma muy complicada en Costa Rica, pues “muchos otros países lo han hecho diferente, con una tarifa estándar y no como en Costa Rica”, donde los diputados establecieron “tarifas diferenciadas e incluso tenemos diferentes tiempos de ingreso”.

Estas características complejizan la aplicación del impuesto, pues entonces las declaraciones parten de distintos porcentajes, tanto los que debe cobrar cada oferente como los que luego recibe por parte de sus compradores.

Para contrarrestar todas estas dudas, el Colegio de Contadores ya realiza capacitaciones regionales internas: la intención es entender los procesos para luego ofrecerlos. Incluso los contadores se saben desubicados y Mora acepta que siguen existiendo dudas incluso dentro del mismo gremio: “Creo que incluso dentro de la profesión hay mucha gente que no sabe exactamente lo que viene”, comentó.

No obstante, para el subdirector de Tributación, Giovanni Tencio, lo más importante es echar a andar la maquinaria y corregir sobre la marcha. Aprender andando.

Además, señaló que es obligación de cada contribuyente ponerse al día y estudiar las normas que le aplican, y recordó que el mercado ya ofrece varios sistemas de facturación accesibles, los cuales deberán integrar el cobro del IVA a partir de julio y cuentan con las herramientas necesarias para apoyar la confección de las nuevas declaraciones mensuales.

“Es cuestión también de ver qué me ofrece el mercado y probar algunas que incluso tienen ventajas sobre las que tiene Hacienda”, concluyó. Eso sí, subrayó que en Hacienda ya trabajan para mejorar sus sistemas, el único totalmente gratuito del país.

Pase lo que pase, el experimento arrancará en julio.

“Ya el impuesto a las ventas existía y era básicamente un IVA, que ahora es perfeccionado y mejorado, entonces tenemos los sistemas de información, declaraciones, procesos de control, y lo que tenemos ahora es un aumento de clientela muy significativo. Es hacer los mismos procesos que estábamos haciendo antes, pero ante un universo mucho más amplio de contribuyentes”, Giovanni Tencio, subdirector de Tributación

¿Qué es el IVA y qué cambios incluye?

El Impuesto al Valor Agregado (IVA) es un gravamen del 13% que llegará a suplir el actual Impuesto General Sobre Ventas (IGV), que tenía esa misma tarifa. Se trata de un impuesto en cadena; es decir, que cobra el 13% sobre cada venta de bienes y servicios que se realiza.

Por ejemplo, si una persona vende zapatos debe cobrar un 13% sobre el costo final de cada uno de ellos; del que puede descontar en sus declaraciones los gastos que tuvo que pagar antes para ofrecerlos, como su transporte, su envoltorio o su compra a su proveedor original (precios menores, por los que también se cobra parte del IVA).

Estos cálculos deben hacerse a través de declaraciones mensuales, en las que cada persona deberá explicarle a Hacienda cuánto cobró del impuesto y cuánto pagó, de modo que traslade la diferencia a las autoridades.

No realizar la declaración, que estará disponible en el portal de declaraciones en línea de Hacienda, acarrearía sanciones de medio salario base (unos ¢230.000). Dichas declaraciones deben presentarse en los 15 días posteriores a cada mes, y sus resultados deben pagarse durante el mismo período.

No obstante, el trámite se complejiza cuando el vendedor de productos o servicios ofrece tarifas diferenciadas (menores al 13%), pues entonces tiene que calcular los montos que puede deducir a partir del promedio del porcentaje que cobra por sus ventas.

Para resolver este tipo de situaciones, Hacienda recomienda buscar asesoría, pues —según el subdirector de Tributación, Giovanni Tencio— pagar adecuadamente los impuestos es parte del margen de negocio que debe contemplar cada contribuyente.

Eso sí, existen también productos y servicios totalmente exonerados, como los arrendamientos de inmuebles destinados a viviendas, pymes, garajes y anexos que no superen los 1,5 salarios base (¢670.000); así como los servicios formales de educación privadas, y los suministros de energía eléctrica que no superen los 280 kw/h y de agua residencial que no sobrepasen los 30 metros cúbicos, entre otras especificidades.

El reglamento completo sobre la aplicación del IVA puede encontrarlo en la dirección: bit.ly/2KeWxgC.


 


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