Limón: la provincia que se le esconde al COVID-19

Las condiciones geográficas, la atención médica, la coordinación interinstitucional y la vigilancia en zonas de alto riesgo han contribuido para que haya menos casos de coronavirus en la provincia del Caribe.

La provincia del “rice and beans” mantiene su alegría aún en medio de la pandemia. Las calles del centro de Limón son todavía transitadas por gran cantidad de personas, e incluso sus vecinos sacan las sillas de sus casas y conversan en las aceras, sin mantener el aislamiento social recomendado.


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Con todo eso, esta es la región del país con la menor cantidad de casos de COVID-19 y abre la pregunta de qué pasa en Limón para que lo números de la pandemia apenas se asomen.

En el CAIS de Siquirres, personal médico toma la temperatura a los usuarios antes de entrar a las instalaciones y, además, les suministra mascarilla en caso de tener síntomas respiratorios. (Foto: Katya Alvarado)

La provincia del Caribe costarricense reportó hasta el 19 de mayo apenas 16 casos acumulados de COVID-19 (1,8% del total del país), muy atrás de San José, que lleva la delantera, y ya suma 421. Del total de contagios, 9 se encuentran en el cantón de Pococí, 3, en Limón; 2, en Siquirres; 1, en Talamanca; y 1, en Guácimo; mientras que Matina se mantiene invicto.

El primer caso fue detectado el pasado 19 de marzo. En esa ocasión se trataba de una estudiante de Marina Civil de la Universidad de Costa Rica quien había estado formándose en Panamá.

Por sexo, 7 mujeres y 9 hombres fueron infectados por el virus en Limón, mientras que su edad promedio es de 36 años. Además, 9 personas ya están recuperadas.

Aislados y fronteras cerradas

Si bien el aislamiento social no pareciera tan estricto en Limón, parece que a la provincia la favorece un factor que tiene mayor peso: el distanciamiento con la Meseta Central del país.

Así piensa el director de la Red Integrada de Prestación de Servicios de Salud de la Dirección Regional Huetar Atlántica, Wilman Rojas, sobre los elementos que tienen al Caribe como la zona con menos casos del país.

En esa misma línea, el salubrista y exdecano de la Facultad de Medicina de la Universidad de Costa Rica (UCR), Luis Bernardo Villalobos, señaló que Limón tiene una de las menores densidades poblacionales, además de que tiene un aislamiento relativo “en el sentido de que hay un acceso más difícil para llegar a unos sitios de Limón que para otras provincias”.

A esto se suma también que las fronteras y playas se encuentran cerradas, lo que mantiene alejados a los visitantes; sin embargo, las autoridades de Salud prevén que cuando se empiece a reactivar la economía, se dé un aumento de casos en la provincia, debido a un aumento en la migración y el turismo.

“Nosotros hemos tenido control de todos los pacientes, pero con gente ilegal es difícil. Ahorita que empiecen a abrir Puerto Viejo, Caribe Sur y Tortuguero, la gente se va a devolver y va a venir a trabajar, y es sumamente complicado ahí atajar a gente ilegal”, añadió el director de la Regional Huetar Atlántica.

Por su parte, Villalobos afirmó que existen lugares en Limón que tienen confluencia de tráfico de drogas, y que eventualmente podrían verse afectados por contagios que vienen de otros países y que son difíciles de rastrear.

Estrategias de la Caja

Otro de los factores que influyen son las estrategias que emplea la Caja para contener el virus, pues en los centros médicos, desde su entrada, preguntan sus síntomas a las personas que desean ingresar, las envían a lavado de manos, les suministran mascarilla en caso de síntomas respiratorios y les toman la temperatura. Así lo comprobó UNIVERSIDAD en el CAIS de Siquirres y en el Área de Salud de Hone Creek, en Talamanca.

Estos centros médicos mantienen también sitios de atención diferenciada para problemas respiratorios (carpas), en los cuales se realizan pruebas de diagnóstico de COVID-19 con personal médico dotado del equipo de protección especial.

Para Carla Alfaro, de la Unidad de Vigilancia Epidemiológica de la región, una medida muy importante que se ha tomado en ese lugar es la vigilancia en zonas calientes. Estas son comunidades que se escogieron por la presencia de circulación de extranjeros o situaciones sociales de vulnerabilidad, tal como Barra de Parismina en Siquirres, donde se hacen 30 tamizajes por semana.

El director del Área de Salud en Hone Creek, Mauricio Solano, indicó también que están coordinando con las compañías bananeras para así muestrear a los trabajadores.

Aunado a esta estrategia también se encuentra el tamizaje en puertos. Por ejemplo, este martes 19 de mayo, a las 6 a.m., arribó un crucero a la Terminal Hernán Garrón con 97 personas, de los cuales 55 son limonenses, la mayoría trabajadores de cruceros.

A los 97 costarricenses se les realizó la prueba de COVID-19. Los limonenses se quedaron en la provincia; mientras que el resto se trasladó a sus lugares de residencia en autobuses.

La provincia también cuenta con una Unidad Centinela en el Área de Salud de Talamanca, la cual permite que se realice el tamizaje a personas con síntomas respiratorios que no cumplen con la definición del caso sospechoso. Más allá de casos de COVID-19, esta vigilancia permite captar casos de influenza, rinovirus, entre otros.

De acuerdo con el director de la Región Huetar Atlántica, el país tuvo un promedio de 90 mil casos de enfermedades respiratorias entre agosto del 2019 y febrero del 2020; sin embargo, la campaña de lavado de manos y aislamiento social hizo que se vinieran abajo estos casos y disminuyeran las diarreas.

Además, en la pequeña localidad fronteriza de Sixaola se realiza muestreo a los transportistas que intentan ingresar al país; mientras que también se da atención a poblaciones indígenas.

Por otra parte, los casos que requieren de hospitalización no son vistos en la provincia, sino que son enviados a la red de hospitales nacionales de la Caja Costarricense de Seguro Social.

Organización interinstitucional

Otro de los factores que puede incidir en la baja cantidad de casos, según las autoridades de salud, es la coordinación interinstitucional que se realiza para atender la emergencia.

De acuerdo con el director de la Región Huetar Atlántica, en la provincia existen comités municipales de emergencias, a los cuales califica de “fuertes”.

“Cuando se dio alerta amarilla luego del decreto del Gobierno, se activaron comités municipales; entonces, hay un comandante del incidente (máxima autoridad) que es el Ministerio de Salud, y todas las instituciones estamos bajo el mando. Todos los cantones activaron comando, todos directores de instituciones se reúnen de manera virtual y por medio de instrucciones del Ministerio de Salud se toman decisiones en el cantón”, aseguró Rojas.

“Como siempre tenemos tantas emergencias, nuestros comités municipales están muy bien preparados. Hay una fuerza que no es así en todo lado. Muchas decisiones que se toman a nivel local vienen depuradas con las acciones de los comités municipales”, añadió.

También existe un Comité Regional de Emergencia, compuesto por directores regionales de las instituciones estatales de primera respuesta que tienen establecida su dependencia regional en la zona, así como los representantes de los organismos no gubernamentales: la Benemérita Cruz Roja, el cuerpo de Bomberos, la Fuerza Pública, la Policía de Tránsito, entre otros.

Entre sus funciones se encuentran organizar a la población, capacitarla y planificar actividades para la reducción del riesgo y la atención de emergencias.

Sin casos en Matina

Cada día, el país suma más casos de COVID-19; sin embargo, cantones como Matina –a más de 35 km del centro de Limón– se mantienen aún en cero.

De acuerdo con Rojas, una de las razones que ha influido para que este cantón continúe sin casos es que la enfermedad ha atacado –hasta el momento– a hogares de clase media-alta del país. Incluso, en los vuelos de repatriados que se han realizado la mayoría de gente es residente de Guápiles y Pococí.

No obstante, aunque el panorama aún es alentador, las autoridades de Salud temen que el virus se desate en las poblaciones de menos recursos, pues es más difícil de contenerlo en localidades donde las personas viven amontonadas y las casas son de 40 m2. “Ahí hay muchos proyectos de bienestar social, las casas están pegaditas”, afirmó Rojas.

Agregó también que el hecho de vivir “pared con pared” podría facilitar los contagios. “Aquí al limonense le gusta jugar en la acera, comer en la acera. Aquí a la gente le gusta, es cultural. Si usted tiene que hacer aislamiento aquí, téngalo por seguro que el contagio va a ser más masivo”.

Aunque el COVID-19 aún no ha llegado a Matina, las autoridades se encuentran preocupadas por el aumento de casos de dengue en este cantón, así como en Guácimo y Pococí.

Según datos del Ministerio de Salud, la región Huetar Caribe tiene 820 casos de dengue. Para Rojas, el aumento se debe a que las personas ahora se encuentran en sus casas, por lo que están más expuestas al mosquito.


Comercios de Limón afectados

La otra cara de esta pandemia es el comercio, el cual –al encontrarse en una zona turística– ha sido duramente golpeado. Todo esto pese a que las calles mantienen gran cantidad de transeúntes y carros circulando.

Frente al extinto “Black Star Line” se encuentra el Taylor’s Restaurant, el cual tuvo que disminuir su horario de atención, pasando de operar de 14 a 5 horas diarias. Según una de sus empleadas, Sandra Taylor, las ventas han estado muy malas, aunque esperan que con las nuevas medidas sanitarias el negocio mejore.

Otro de los locales que se mantuvo cerrado hasta hace pocas semanas fue Gio’s Barber Shop, una barbería en Limón donde sus empleados ahora utilizan careta para atender a los clientes. “A la gente le da miedo venir, hay gente que se corta el pelo sola, y entonces han bajado los ingresos. Aquí tenemos alcohol, jabón y careta”, mencionó uno de los barberos.

En Bribri de Talamanca, a la par de una parada de autobuses, Randy Romero, quien vende pulseras tejidas con hilo, comentó que el comercio se encuentra abierto, pero “está muy malo”.

“Pasé de vender de un 100% a 15%, si antes vendía ¢30 mil, ahora si acaso hago ¢8 mil por día. A las tiendas la gente no está yendo. Además, la salida de los indígenas de la reserva es restringida y esto afecta el comercio”, destacó.


 

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