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Límites de la Ley de usura disminuyeron altos intereses en 80% de todas las tarjetas de crédito

La cantidad de tarjetas en circulación se redujo en un 12% desde 2020, pero el saldo de la deuda total aumentó un 27%.

El balance en el mercado de las tarjetas de crédito (todos los plásticos) a dos años de que se aprobara la llamada Ley de usura es de mejores condiciones de pago para aproximadamente un 80% de estos servicios de crédito, tanto en colones como en dólares, que estaban sobre los límites que se definieron como usura.

El restante 20% de los plásticos en dólares y colones estaban por debajo de los topes que establece la nueva normativa vigentes. Los plásticos se refieren a todo los tipo de tarjetas, incluyendo las principales y secundarias, que pueden estar a nombre de personas que designen los dueños del contrato principal.

“…Antes había muchos clientes que debían pasar al cobro judicial. Parte de lo que se adujo era la sostenibilidad de la rentabilidad, pero era una rentabilidad sostenida por un abuso con los clientes”, Leiner Vargas.

En el caso de las tarjetas en colones, quiere decir que alrededor de 1.600.000 propietarios de plásticos estaban en esos segmentos que desaparecieron en la actualidad, al definirse el límite de usura en una tasa de interés de 39%. En el caso de los plásticos en dólares, alrededor de 1.500.000 titulares de estos plásticos estaban en categorías que quedaron dentro del límite de tasa de usura, un 31,3% en este ámbito.

Según el segundo estudio trimestral de tarjetas de crédito y débito del Ministerio de Economía, Industria y Comercio (MEIC), con corte a abril del 2022, estaban circulando en Costa Rica 2.533.790 tarjetas de crédito, de las cuales existían 1.888.829 plásticos titulares para colones y 1.657.155 plásticos titulares para dólares.

Pero hace solo dos años, el paisaje de este mercado era muy diferente al actual, al agrupar estos productos por el pago de intereses.

En el 2020, más de un 80% de los usuarios de tarjetas de crédito en colones estaban en los segmentos de pago de intereses entre 40% y 49%. Menos de un 10% estaban en el grupo entre 30 y 34,9%.

Para la medición del 2022, un 90% de los plásticos de las tarjetas de crédito en colones están en el segmento entre 30 y 34,9% (ver gráfico)

Una situación muy similar se presentó con el mercado de las tarjetas de crédito en dólares. Para el 2020, más de un 80% de estos plásticos estaban entre las categorías de pago de intereses entre 30% y 38%. Apenas un 6,1% estaban entre los que pagaban entre 25% y 29,9%.

En el reporte del 2022, un 86,6% de las tarjetas de crédito en dólares aparecen en el grupo que paga intereses entre 25% y 27,9% (ver gráfico).

El gran detonante de este cambio fue la Ley de la Promoción de la Competencia y Defensa Efectiva del Consumidor, 9859, conocida como Ley de usura, que entró en vigencia el 20 de junio del 2020, y que obligó a eliminar los cobros de intereses nominales, que en el caso de colones llegaban hasta un 50% y en dólares hasta un 38%.

De la exclusión al reacomodo

Este proyecto de ley fue presentado por los entonces diputados Welmer Ramos, del Partido Acción Ciudadana (PAC), y David Gourzong, del Partido Liberación Nacional, y en su momento generó un intenso debate, ante el alegato de que, pretendiendo beneficiar a usuarios del sistema financiero, provocaría una exclusión de gran parte de ellos.

Incluso Rocío Aguilar, superintendente de Entidades Financieras, expuso ante la Comisión de Hacendarios en la Asamblea Legislativa, en enero de este año, que la ley creó beneficios para 1,2 millones de créditos en el país, pero que el tope a las tasas desplazó a deudores que no lograron compensar el riesgo, generando exclusión financiera.

En el caso del mercado de tarjetas de crédito, las cifras del MEIC indican que la cantidad de tarjetas en circulación bajó un 12% en este período de abril del 2020 a abril del 2022, pero el saldo de la deuda total, en colones, aumentó un 27%.

Sin embargo, el economista Leiner Vargas, director del Centro Internacional de Política Económica (CINPE) de la Universidad Nacional, considera que no se puede hablar de una gran exclusión. “Creo que el argumento no es muy válido, antes había muchos clientes que debían pasar al cobro judicial. Parte de lo que se adujo era la sostenibilidad de la rentabilidad, pero era una rentabilidad sostenida por un abuso con los clientes”, comentó.

Otra es la posición del ministro Francisco Gamboa, titular del MEIC, al comentar el estudio. Aunque advierte que su referencia es el estudio actual y el anterior, advirtió que la reducción en las tarjetas en circulación de enero a abril (115 mil, un 4,3% del total) podría ser una señal de exclusión.

“Pareciera que sí hubo efectos, que muchas personas que eran sujetos de crédito, con la Ley de usura, lo dejaron de ser. Porque al poner un tope máximo, hace que unas personas, por su perfil de riesgo, solo les puedan prestar cobrándole cierta tasa”, manifestó Gamboa.

Con respecto al aumento del saldo total, lo que hablaría de la buena salud del negocio, mencionó que podría ser resultado de que los tarjetahabientes con menor nivel de riesgo aumentaron su nivel de endeudamiento. “Podríamos tener un aumento de la exclusión y un aumento del negocio, por los que estaban por debajo del límite de usura. Ambas situaciones podrían coexistir”, dijo.

Empero, también hay otra visión. Vargas considera que estos cambios están relacionados con la evolución que muestra el sistema financiero. “Para mí, más allá de los ajustes en los precios, el efecto fue un reacomodo del mercado, los bancos y emisores dejaron de pensar tanto en el precio y empezaron a centrarse en el cliente. Al final, la Ley de usura benefició al sistema financiero, al ocuparse de modernizar su rentabilidad y mejorar su competitividad”, opinó.

Según Vargas, los límites de usura habrían obligado a los participantes del sistema financiero a tener mejores condiciones ante una dinámica de innovación obligada, con una irrupción de nuevas formas de pago como el SINPE móvil, mecanismos de pagos internacionales y formas de pago electrónico.

En este punto, Gamboa coincide, en el sentido de que el sistema financiero está enfrentando una fuerte transformación, con mecanismos que se mueven hacia el ámbito digital. “Es la tendencia, no solo en el sector financiero, pero en este es uno de los que más se ve. Por ejemplo, la pandemia volcó a la digitalización de los servicios financieros. La cantidad de clientes digitales de los bancos, los montos de las transacciones digitales aumentaron enormemente”, mencionó.

Pero independientemente del cristal con que se mire, es innegable que la ley de usura transformó las condiciones del mercado de tarjetas de crédito, sin minar su sobrevivencia. Y alrededor de ocho de cada diez usuarios del producto tienen hoy mejores condiciones de pago.

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