Ciska Raventós, socióloga

“Las segundas vueltas han venido para quedarse”

Hay menor apego con los partidos y las elecciones entre quienes no crecieron bajo el Estado de Bienestar, explicó la experta.

¿Puede definirse un perfil de la persona abstencionista?

-Más que un perfil de persona abstencionista, se puede decir que votan menos los hombres, los jóvenes, las personas que viven en las periferias, las personas de menor nivel socioeconómico y de menor escolaridad. Así, si se quiere pensar en perfiles, se podría decir que la probabilidad de abstenerse es mayor si se es hombre, joven, de baja escolaridad que vive en las costas o fronteras del país. Un dato interesante, que hemos constatado quienes hemos investigado este fenómeno es que la abstención se da en patrones sociales relativamente estables en el tiempo. Los cambios en la participación electoral no suelen ser coyunturales, salvo momentos extraordinarios, como la elección de 1998, cuando el rechazo a los partidos del bipartidismo se expresó en un fuerte aumento de la abstención.

Las mujeres, ¿siguen siendo más interesadas que los hombres en ejercer el derecho al voto o generacionalmente tiende a borrarse la memoria histórica al respecto?

-Las mujeres votamos más que los hombres de forma más bien reciente, desde 1994, y la diferencia en la participación de hombres y mujeres se ha ampliado desde entonces. Por otra parte, las mujeres jóvenes votan mucho más que los hombres de su edad. De hecho, el único grupo de edad donde votan más los hombres es entre las personas adultas mayores, aquellas generaciones que se socializaron antes de la tematización de los derechos de las mujeres. Por otra parte, en promedio, los jóvenes votan menos que las personas mayores y cada nuevo grupo de jóvenes vota menos que el anterior. Ronald Alfaro ha investigado cómo el votar es un hábito que se adquiere (o no) en la juventud. Por ello es previsible que tienda a aumentar el porcentaje de abstención en la medida en que vayan muriendo las personas que tenían muy arraigado el hábito de votar y se vayan reemplazando por generaciones que votan menos (recambio generacional).

¿Cuál es su interpretación de la ocurrencia de este fenómeno en Costa Rica?

-En términos generales, el aumento de la abstención a partir de 1998 está asociado al malestar con la política y los políticos, que se expresa también en el distanciamiento de los partidos. El malestar a su vez estaría asociado a la recurrencia de los casos de corrupción que han generado la percepción de que los políticos actúan para su beneficio personal. Pero, también hay causas asociadas a la participación electoral de distintas poblaciones. En el caso de las mujeres, pienso que votamos más (o nos abstenemos menos) por la construcción de ciudadanía asociada a la conquista de derechos.

Habría un antes y después de la Ley de Igualdad Real a principios de la década de 1990. En sentido contrario, las personas de las costas y fronteras, de menor escolaridad y de menor nivel socioeconómico, votan menos por la combinación de exclusión social con autoexclusión política. En este caso, la abstención expresa una ciudadanía política y social disminuida.

¿Cuál es su interpretación del comportamiento que registró el abstencionismo en esta ocasión?

-Los resultados de la elección del domingo muestran un aumento de un 2,5% en la abstención (34,3%) con respecto a la primera ronda de 2014 (31,8%). Es menor del que pensé que se daría dado el desánimo y la indecisión ciudadana que privó durante la mayor parte de esta campaña. Dos factores pueden haber contribuido a que no haya sido mayor son: la masiva campaña publicitaria del TSE llamando a votar, y la polarización que se dio en torno al matrimonio igualitario entre los dos ganadores, que posiblemente tuvo un efecto movilizador. Una vez que tengamos los resultados definitivos y las estadísticas que produce el TSE podremos saber si hubo cambios en los patrones de abstención. Sospecho que las brechas entre los lugares de alta y baja participación se incrementaron. Hay cantones en Limón, Puntarenas, Guanacaste y en el norte de Alajuela en los que la abstención se acerca al 50%, en tanto que hay cantones de la GAM que tienen niveles de abstención inferiores al 30%. También habría que analizar si la presencia de candidatos jóvenes contribuyó a movilizar a la juventud.

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