Las muertes por cáncer se duplicarán en Costa Rica. ¿Estamos preparados?

  • El cáncer afecta a miles de familias en todo el país y se prevé que matará al doble de personas al año 2038. Incluso ahora, las posibilidades de tratamiento en el sistema de salud son limitadas por distintos obstáculos.
  • La Asamblea Legislativa asestó un golpe a los recursos disponibles para la lucha contra el cáncer, los cuales ya venían reduciéndose desde hace años.
  • Los recursos ante la Sala Constitucional se han convertido en el mecanismo para tener acceso a tratamientos que la Caja niega.
  • Como si llevar un cáncer a cuestas no fuese suficientemente difícil, tener acceso a la infraestructura adecuada para su tratamiento es toda una proeza para los pacientes en zonas alejadas del país.

 

“El cáncer es un estilo de vida”, dice Deyanira Zúñiga, sentada en el cuarto donde alberga las decenas de pelucas que ahora se dedica a donar a mujeres que padecen esa enfermedad.

Han pasado 15 años desde que, con 15 días de embarazo, un tumor maligno fue detectado en su seno. Son 15 años en los que Deyanira ha cargado 17 operaciones y múltiples tratamientos en su cuerpo.

Ahora, esa mujer de 51 años se dedica a dar apoyo a un grupo de mujeres con cáncer. Desde la organización no gubernamental Metamorfosis, y con apoyo de la organización Elige Vivir, ella atiende a más de 60 pacientes; pero no son las únicas.

Solo este año, más de 13.000 personas habrán sido diagnosticadas con algún tipo de cáncer en Costa Rica, y 4.500 habrán muerto por esa causa al llegar diciembre, según proyecciones del Proyecto de Fortalecimiento de la Atención Integral del Cáncer de la Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS).

Sin embargo, las muertes por cáncer en el país se duplicarán en el año 2038. Ese es el pronóstico de la Organización Mundial de la Salud (OMS), según datos publicados por la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IACR) en la plataforma Cancer Tomorrow.

Gonzalo Azúa, director del Proyecto Fortalecimiento de la Atención Integral del Cáncer indicó que en Costa Rica se presentan una mayor cantidad de casos conforme aumenta la edad, principalmente a partir de los 50 años.

Por eso, el envejecimiento poblacional es la razón que coloca al cáncer en el segundo lugar de mortalidad en Costa Rica, antecedido solamente por las enfermedades del sistema circulatorio, advirtió Azúa.

Actualmente, Costa Rica se encuentra en el puesto número nueve en incidencia a nivel mundial en cáncer de tiroides si se toma en cuenta ambos sexos. Sin embargo, la cifra nos coloca en el puesto siete en el caso de cáncer de tiroides en mujeres.

El país también está entre los primeros lugares de incidencia en cáncer estomacal, pues es el número diecinueve a nivel mundial en este tipo de cáncer, tomando en cuenta ambos sexos.

¿Está Costa Rica preparada para un aumento de padecimientos y muertes por cáncer? Según la información documentada en registros de la CCSS y en más de una docena de entrevistas con especialistas médicos, investigadores de cáncer y pacientes sobrevivientes, el país presenta síntomas de que esa enfermedad puede ganarle la batalla al sistema de salud pública.

Tendencias distintas en cada cantón

La OMS, en su plataforma Cancer Tomorrow, estima que Costa Rica verá una duplicación en los casos de muerte por cáncer por año, que pasarán de 5.709 a 11.575 en las próximas dos décadas.

Los datos disponibles del Registro Nacional de Tumores también revelan que, entre el 2012 y el 2017, el cantón con la tasa más alta de mortalidad por cáncer de mama en promedio es Dota. Ese cantón también lidera las tasas de mortalidad por cáncer de estómago, pulmón, ovario y leucemias.

Las altas tasas de mortalidad en Dota pueden deberse a que este cantón cuenta con una población pequeña, por lo que el cálculo puede dar un resultado más elevado, explicó Adriana Torres, encargada de las enfermedades no transmisibles en la Dirección de Vigilancia de la Salud del Ministerio de Salud.

“Para establecer una causalidad necesitamos estudios clínicos más complejos que en el Ministerio de Salud no se realizan, no tenemos un estudio específico para Dota”, explicó Torres.

Por otro lado, Gonzalo Azúa indicó que la CCSS ya tiene identificada a la zona Central Norte como un territorio de alta incidencia y mortalidad por cáncer de colon. “Tenemos un programa de diagnóstico temprano”, aseguró.

Azúa afirmó que también es preocupante la alta incidencia de cáncer de cérvix en la región Chorotega. Por esta razón, en marzo de este año la CCSS comenzó un programa de tamizaje que detecta la presencia de cepas del virus del papiloma humano (VPH), responsables del desarrollo de ese tipo de tumores.

Los recursos se estrechan

El pronóstico sobre las personas que padecen y mueren por cáncer en el país es poco alentador para las finanzas de la Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS).

El porcentaje de recursos que esa institución destina a medicamentos contra cáncer ha crecido gradualmente en la última década. Solo en el 2018, el sistema de salud pública destinó ₡39.542 millones a la compra de antineoplásicos y agentes inmunomoduladores —medicamentos para tratar cáncer—, más de un cuarto del presupuesto total para la adquisición de medicamentos de la CCSS.

La inversión general para el tratamiento de cáncer también ha crecido durante la última década: de ₡3.181 millones ejecutados en 2010 a ₡56.720 millones el año pasado. La mayoría de ese aumento se ha reflejado en las partidas de desembolsos financieros y de maquinaria y equipo.

Por otra parte, la única fuente directa que tiene el sistema de salud para financiar el tratamiento de cáncer proviene de la  ley N° 9028, “Ley General de Control del Tabaco y sus efectos nocivos en la salud. Desde el 2012, esa ley creó un impuesto de ₡20 por cada cigarrillo, cigarro, puros de tabaco y sus derivados. La ley estableció que el 60% de esos recursos debían ingresar a la CCSS para la lucha contra el tabaquismo y el fortalecimiento de la Red Oncológica Nacional, que está a cargo de la prevención, el diagnóstico, el tratamiento, la rehabilitación y los cuidados paliativos del cáncer.

El resto del tributo se reparte entre el Ministerio de Salud, el Instituto sobre Alcoholismo y Farmacodependencia (IAFA) y el Instituto Costarricense del Deporte y la Recreación (Icoder).

Entre el 2013 y el 2018, ese impuesto significó ₡122.372 millones para que la CCSS luchara contra el tabaquismo y el cáncer, de los que se gastaron ₡51.503 en inversiones como la compra de equipo médico especializado, la remodelación o la construcción de infraestructura y la compra de medicamentos. El resto del monto recaudado está en reserva como parte del plan global de la institución para el periodo 2019-2023.

El dilema para la CCSS con ese impuesto es que está diseñado para disminuir el consumo del producto del cual proviene. Adaptado a valor actual, dicho tributo brindó casi ₡24.000 millones a esa entidad en su primer año de vigencia en el 2013, mientras que la recaudación ha disminuido hasta llegar a ₡16.641 millones el año pasado.

Dictamen técnico de la CCSS sobre los ingresos por la Ley de Control de Tabaco a esa institución (2013-2018)

Aún así, la Asamblea Legislativa aprobó en setiembre un recorte de 5% a los fondos que recibe la CCSS por la ley de control de tabaco para redirigirlos hacia el Icoder. La iniciativa ya fue votada en segundo debate y el presidente de la República, Carlos Alvarado, descartó frenar el rebajo por medio de un veto.

“Si nos recortan recursos, como lo que quieren recortar de la Ley del tabaco, no sé si tendremos los recursos suficientes (para la atención de cáncer al 2038)”, dijo Mario Ruiz, gerente médico de la CCSS, en una entrevista a inicios de julio, antes del corte asestado por la Asamblea Legislativa.

El gerente médico indicó que la CCSS propondrá que se incluya el impuesto del tabaco a los dispositivos electrónicos de fumado por vapor, conocidos como “vapeadores”, para generar fondos frescos. Gonzalo Azúa comentó que la institución también evalúa la aplicación de un tributo a las bebidas altamente azucaradas para la financiar la compra de medicamentos.

Muchos pacientes, poco personal médico

En el Hospital México, una de las principales sedes de tratamiento de cáncer de todo el país, solamente hay siete oncólogos encargados de atender a más de 22.000 consultas por año.

“En el caso de la consulta externa, cada oncólogo ve más de 28 pacientes por día. Eso hace que uno tenga que ver al paciente rápido: es explicarle al paciente y a los familiares todo lo que tiene, dar contención, hacer las recetas…Todo en un periodo de 15 minutos”, explicó el médico.

Para dar abasto con dicha demanda, el hospital tuvo que abrir un segundo turno para el tratamiento de quimioterapia, al mismo tiempo que aumentaron la capacidad de radioterapia a tres turnos completos.

El especialista reconoció que, en ocasiones, ni 30 minutos son suficientes para negociar con el paciente un cambio en su tratamiento, pero que cada minuto en que se alarga la consulta puede reflejarse luego como un aumento en las listas de espera.

“En este momento nosotros necesitamos tres oncólogos más para solventar la necesidad actual. Proyectando a diez años necesitaríamos tres más, de aquí a cinco años deberíamos tener alrededor de 12 oncólogos en total solo en el México”, enfatizó Landaverde.

Según datos de la Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS), aunque la cantidad de especialistas en oncología aumentó considerablemente del 2010 al 2014, pues pasaron de 31 a 54 médicos en el área, desde entonces el aumento ha sido de alrededor de un especialista por año. Incluso, entre el 2017 y el 2018 hubo un médico oncólogo menos en planilla de la CCSS.

Una tendencia similar se ha dado con las especialidades de ginecología oncológica, donde había 16 plazas el año pasado para todo el país. El servicio de radioterapia sí ha crecido de forma más sostenida en la última década, disponiendo 30 especialistas al 2018.

Landaverde indicó que espera que el Hospital México restablezca una plaza adicional de oncología, aunque la institución no le ha brindado una fecha exacta aún.

El problema no es exclusivo de la cantidad de especialistas de oncología. Landaverde aseguró que, de tener más personal trabajando en el Hospital México, necesitarán también de infraestructura apta para que los mismos puedan atender.

Desde la conclusión del edificio de Radioterapia anunciada por la CCSS en el 2013, el Hospital México contó con la construcción de tres nuevos consultorios médicos para la sección de Hemato-Oncología, así como la remodelación de sus salones de internamiento y sala de espera; esta nueva infraestructura se obtuvo por donación del proyecto “Moviembre” de la cerveza Pilsen.

“La CCSS no ha financiado eso, solamente dio los permisos. En el Calderón desde hace más de diez años se plantea la construcción de un edificio pero no se ha concretado. También en el San Juan”, señaló el especialista.

Otro punto a considerar es la falta de balance en el equipo multidisciplinario en los turnos de la tarde y la noche. “El cáncer no se trabaja solo; hay que trabajar con cirujanos, radioterapeutas, psicólogos, trabajadores sociales, enfermeros… Es un paciente que necesita ser visto por nutrición, que se le coloque una sonda y solo luego de eso se puede comenzar el tratamiento”, describió Landaverde.

Consultado sobre la disponibilidad de personal de oncología en los hospitales del país, el gerente médico de la CCSS, Mario Ruiz, aseguró que conoce la necesidad de formar a nuevos especialistas en oncología. Sin embargo, subrayó reiteradamente que los recursos de la institución son limitados.

“De aquí al 2038 se va a duplicar la cantidad de pacientes que padecen de cáncer, por eso necesitamos más recursos, para formar personal, para prevenir, para hacer procedimientos diagnósticos”, afirmó el jerarca.

Medicinas en manos de jueces: los reclamos aumentan contra la CCSS

A inicios de junio, minutos antes de una entrevista para este reportaje, Denis Landaverde, jefe del área de oncología del Hospital México, revisaba en su computadora un recurso de amparo que interpuso un paciente de cáncer contra la CCSS.

La negativa a dar ciertos medicamentos contra cáncer en la Caja “se da en la mayoría de veces por falta de dinero”, dijo Landaverde, pero agregó que esa justificación no suele quedar explícita en las respuestas que la institución brinda a la Sala Constitucional.

Uno de los tratamientos de cáncer que la CCSS ha negado a todos sus pacientes es la inmunoterapia, la cual reactiva al sistema inmunitario para que encuentre y destruya algunos tipos de células tumorales. Básicamente, el medicamento estimula el sistema inmune para que sea este el que destruya el tumor.

“Aquí hemos estado tratando de curar a los pacientes con inmunoterapia, pero también se ha dado como método paliativo. Actualmente, casi treinta personas con melanoma han recibido el tratamiento en el país; todos han sido por recursos de amparo”, dijo el especialista Landaverde.

Cada vez más personas en Costa Rica recurren a la vía judicial para acceder a los medicamentos que necesitan. Entre el 2014 y el 2018 se triplicó la cantidad de recursos de amparo de ese tipo que fueron interpuestos ante la Sala Constitucional, al pasar de 160 a 500 casos anuales.

La mayoría de medicamentos que se reclaman judicialmente son requeridos para el tratamiento de cáncer. Según el último análisis que hizo el Estado de la Justicia, 39% de los recursos por negación de medicamentos en la CCSS entre el 2006 y el 2013 eran por cáncer, y más de 79% de esos casos fueron declarados a favor de los denunciantes.

“Este dato es llamativo, especialmente cuando se considera que el 75% de todos los recursos de amparo es rechazado”, recalcó el Estado de la Justicia en aquel momento.

Deyanira Zúñiga sostiene algunas de las pelucas que brinda a pacientes de cáncer que han perdido su cabello debido a sus tratamientos, por medio de la organización Metamorfosis, en el cantón de Coronado, en San José. (Foto: David Bolaños)

Además, la Sala Constitucional vio quintuplicarse la cantidad de recursos sobre temas de salud en general —listas de espera, cirugías, citas, etc.— que han sido declarados con lugar en su totalidad o parcialmente del 2014 al 2018: se pasó de 989 a 4.916 casos de salud con lugar.

Aunque aseguró que no puede dar un detalle de cuán numeroso es el cáncer en las denuncias por negación de medicamentos actualmente, la magistrada suplente de la Sala Constitucional, Martha Esquivel, reconoció que “la tendencia puede andar muy cercana” a la que identificó el Estado de la Justicia en el 2014.

La magistrada coincidió en que, en muchas ocasiones, la Caja niega los medicamentos contra cáncer porque su costo económico es muy alto. “Son variadas las respuestas pero, básicamente, el precio. Muchas veces dicen que el medicamento no va a beneficiar el estado de salud del paciente”, comentó Esquivel.

La aprobación de un medicamento contra cáncer en la CCSS tiene varias etapas, tal como lo describió el jefe de Oncología del Hospital México.

En primer lugar, el médico tratante identifica el medicamento más apropiado para cada paciente. Ese diagnóstico debe ser evaluado en una sesión con los otros especialistas de oncología del centro médico, con base en la evidencia científica disponible.

“Si todos los oncólogos o la gran mayoría están de acuerdo, entonces se pasa a un comité local de farmacoterapia. Ese comité local hace un checklist de que el caso cumpla con todos los requisitos y, luego, se pasa al comité central de farmacoterapia”, dijo el Jefe de Oncología del México.

Landaverde explicó que el comité central de farmacoterapia de la CCSS tiene la última palabra para cada medicamento, pero advirtió que “ahí no hay oncólogos asesores en este momento”. “Yo fui asesor de ese comité durante muchos años, hasta el 2017. Durante muchos años se analizaba con un médico oncólogo. En la actualidad, eso no existe”, señaló.

“El comité se basa en un criterio técnico que hace un tercero, que es el área de terapéutica médica, pero ellos tampoco son oncólogos ni le piden opinión a ningún oncólogo. Ellos generan una opinión, todo mundo vota ahí y entonces deciden no ofrecerle el medicamento al paciente”, agregó el jefe de oncología del Hospital México.

“Cuando la Caja envía información a la Sala IV, pareciera que es algo científico, que lo rechazan (el medicamento contra cáncer) bajo un fundamento científico, pero el fundamento ya lo ha dado el médico y la sesión oncológica, y este es claro. Ellos deberían decir que lo rechazan por un tema económico”, afirmó el especialista.

Por su parte, Mario Ruiz justificó que la institución está analizando la ampliación de su Lista Oficial de Medicamentos (LOM) para incluir tratamientos ausentes en la actualidad, como la inmunoterapia. “Cuando un medicamento no es parte de ese esquema básico tiene que pasar por un proceso de validación de que ese es exactamente el medicamento que se requiere”, dijo el jerarca.

“Las necesidades son infinitas y los medicamentos son cada vez más caros; la CCSS necesita más recursos”, añadió Ruiz.

La magistrada Esquivel aclaró que, en casos donde la Caja se apoya en justificaciones monetarias para negar un medicamento, la Sala Constitucional se inclina por declarar los recursos de amparo a favor de los pacientes “porque estamos diciendo que lo que priva es la calidad de vida”.

Esquivel detalló que la Sala Constitucional emite órdenes cautelares para la compra inmediata de medicamentos cuya aplicación es urgente, como en casos de cáncer. Sin embargo, eso ocasiona que la CCSS deba adquirir los tratamientos por medio de compra directa a mayor costo.

“Debería evaluarse el impacto de las distintas terapias y realizar las negociaciones para que puedan utilizarse y comprarse más baratos. Porque con lo que pagan para comprar un solo medicamento por recurso de amparo, podrían estar comprando cinco”, opinó Landaverde, coordinador del Hospital México.

Por ejemplo, debido a los recursos de amparo de pacientes, la CCSS debió adquirir 474 dosis de Pembrolizumab —medicamento de inmunoterapia— por ₡1.311 millones (a valor actual) entre 2017 y 2018, únicos años en que registra su compra.

“Un detalle intrínseco es el costo adicional que genera para el Estado un ciudadano que va a la Caja, que tiene que ir a la Sala Constitucional a todo el proceso de un recurso de amparo, y que tiene que regresar a la seguridad social nuevamente. Adicionalmente, si la persona gana el asunto con condenatoria en costa de daños y perjuicios, eso le genera un costo adicional a la seguridad social”, comentó la magistrada Esquivel.

A pesar de que los gastos por indemnizaciones han disminuido desde el 2013, la CCSS ha desembolsado más de ₡26.654 millones (valor presente) por daños y perjuicios a pacientes en la última década. La institución respondió que carece del detalle de cuántas indemnizaciones han sido por tratamientos de cáncer.

Viajar con un cáncer a cuestas: pacientes de fuera de la GAM enfrentan obstáculos

Ana Céspedes, vecina de la bahía de Drake, en Península de Osa, fue diagnosticada a sus 44 años con cáncer de mama. Desde entonces, las visitas de cientos de kilómetros hasta la capital se volvieron parte de su vida cotidiana.

“Yo iba a San José, me ponían la quimio (quimioterapia) y me quedaba tres días en la casa de mi suegra en San José mientras pasaba el proceso de la vomitadera. Cuando ya sentía que podía sentarme y que no me sentía tan mal, entonces ya me volvía para acá donde yo vivo”, describió Ana.

Desde que comenzó la terapia, ella debía trasladarse en lancha, bus, taxi y hasta en avioneta para atravesar la selva y los ríos que la separaban de la sala de quimioterapia del hospital San Juan de Dios, en el centro de San José.

“A usted viajar lo descompone, le da ganas de vomitar, usted no resiste los olores. El tratamiento es algo mortal; usted vomita como sangre de la garganta, a usted no le da hambre, usted no quiere ver a nadie”, relató esa sobreviviente.

Ana, además, debía trasladarse al Hospital México para recibir sus sesiones de radioterapia. La inversión en el viaje para completar el tratamiento era tal que, junto a su esposo, tomó la decisión de endeudarse para comprar una pequeña casa en las cercanías de La Carpio, en Pavas.

“Lo que todo el tiempo deseaba era estar en la playa, ver el mar, ver las olas, que el viento pasara a mi frente y pudiera borrar las cosas que estaban pasando”, relató Céspedes. Actualmente, ella es atendida en Palmar Norte por la doctora Ilcia Wallace, fundadora de la asociación Movimiento Rosa de Osa.

La incidencia y mortalidad por los diferentes tipos de cáncer es distinta en cada provincia del país, pero algunos de los principales tratamientos contra la enfermedad solo se brindan en los hospitales de la Gran Área Metropolitana, como la quimioterapia y la radioterapia.

“Nosotros tenemos una red en la que los hospitales cabecillas deben articular con los demás hospitales para atraer la atención médica y también para liberar a pacientes que ya han sido tratados para que sigan en su sitio de residencia. Desafortunadamente, esa red no funciona tan bien y los hospitales [centrales] ya no dan abasto”, advirtió el médico Denis Landaverde.

El gerente médico de la CCSS justificó que la atención de cáncer en los hospitales y centros médicos del país están distribuidos de acuerdo a la complejidad de cada caso.

“Depende de la complejidad, del estado del paciente, del tipo de cáncer, de cuál sea el pronóstico y el manejo que se le va a dar al paciente después de operado, porque hay pacientes que tienen que llevar quimioterapia y radioterapia. Algunas veces, hay pacientes que se detectan en un estadío temprano en su centro médico y simplemente se les quita el tumor y listo, no tienen que llevar ni quimio ni radio”, describió el jerarca, Mario Ruiz.

Adriana Acuña debe viajar más de 300 km con frecuencia desde Sierpe de Osa para sus citas de cuidados paliativos en San José. “Uno de los efectos secundarios de los tratamientos que te mandan es el dolor, y tenemos que ver cómo lidiar con ese dolor”, afirmó. (Foto: David Bolaños)
Sidie Morales, de 64 años y vecina de Ciudad Neily, se hospedó en la casa de la Fundación Nacional de Solidaridad Contra el Cáncer de Mama (FUNDESO) para recibir quimioterapia durante todo el mes de mayo en San José. Dicha fundación alberga gratuitamente a mujeres que deban viajar hasta la capital para ser tratadas. (Foto: David Bolaños)
Silita Quirós (izquierda, con bastón) y Ana Céspedes (derecha) son amigas en Drake, en la península de Osa. Ambas debieron tratarse por cáncer de mama en San José. Hacer largos viajes en lancha, autobús y hasta avioneta para enfrentar sus tratamientos ha sido parte de sus vidas como pacientes de cáncer (Foto: David Bolaños)
Flor Gutiérrez, de Sierpe de Osa, sostiene un retrato suyo que se tomó durante su quimioterapia; dice que ahora siente orgullo por esa fotografía. Ella admite que descuidó su propia salud por dedicarse a cuidar a su padre; su esposo la dejó a ella y sus tres hijos cuando fue diagnosticada con cáncer de mama en el 2013. Flor recibió tratamiento en San José; “Es duro porque, a veces, uno no tiene ni para los pases del bus”, dijo. (Foto: David Bolaños)

Aún así, la médica Ilcia Wallace advirtió que también hay obstáculos en la detección de cáncer en las zonas alejadas del centro del país. Por eso, ella instauró junto a otras profesionales y mujeres de la Zona Sur la asociación Movimiento Rosa de Osa, donde brinda atención psicológica, tamizaje y talleres de prevención y autocuidado a pacientes con cáncer de mama.

Según el estudio sobre incidencia en cáncer de mama realizado por Adolfo Ortiz, exviceministro de salud en la administración Chinchilla Miranda, el cantón de Golfito lideraba la lista de mortalidad por cáncer de seno para el período de 2010-2014.

La necesidad de desplazarse largas distancias, la falta de recursos económicos, el menor acceso a los servicios de salud y a especialistas son algunas de las razones que Ortiz señaló como principales obstáculos que acentúan la desigualdad entre las zonas rurales y urbanas en cuanto a diagnóstico temprano.

Además, Warner Alpízar, subdirector del Centro de Investigaciones en Estructuras Microscópicas (CIEMic), resaltó que en las zonas centrales hay una mayor conciencia sobre la importancia del diagnóstico temprano y, además, una mayor cercanía a los centros de atención en salud.

“A una persona de una zona rural le es más complicado y también tiene que ver con las costumbres: a la mujer no le gusta que vean su cuerpo, que toquen sus pechos. Yo vengo de una zona rural y sé lo que significa para una mujer ir al ginecólogo o el simple hecho de hacerse una mamografía. Entonces, también por ese lado: la gente es muy conservadora, no quiere hacerse pruebas”, señaló el investigador.

Wallace mencionó que, por ejemplo, a pesar de las altas tasas de incidencia y mortalidad en la región cercana a la península de Osa, hasta hace dos años solo contaban con un mamógrafo analógico en el hospital de Ciudad Neily, cerca de la frontera con Panamá.

Actualmente, la zona de Osa posee un mamógrafo digital donado por la Junta de Protección Social (JPS), con el que realizan tamizajes, diagnósticos y le dan seguimiento a las pacientes en la clínica de Ciudad Cortés, sin que estas deban trasladarse hasta San José o hasta Ciudad Neily.

Según Wallace, el viaje hasta el centro del país es un factor determinante en el seguimiento o aborto del tratamiento contra cáncer, ya que muchas de las pacientes no cuentan con el dinero para los pasajes, la comida y el hospedaje para un tratamiento que puede tardar años.

“En un país como el nuestro, para evitar la inequidad hay que tratar de regionalizar ciertos servicios, como quimioterapia para tumores no complejos, y que solo los tratamientos más complejos y específicos sean en zonas centrales”, agregó Landaverde, jerarca del hospital México.

Marjorie Obando, directora de farmacoepidemiología de la gerencia médica en cáncer de la CCSS, explicó que, aunque existe interés por facilitar el acceso a quimioterapia y radioterapia en la región Huetar Atlántica, Huetar Norte, Chorotega y del Pacífico, se trata de un proyecto complejo pues, además de la construcción de espacios para atender a estos pacientes, necesitarán equipo médico y recurso humano especializado.

“En los próximos seis años se tiene que definir dónde se va a construir y cómo se va a equipar”, aseguró Mario Ruiz, gerente médico de la CCSS.

Comunidad médica intenta ir un paso adelante del cáncer

A inicios de este año, la CCSS anunciaba la aplicación de la vacuna contra el virus del papiloma humano (VPH) en la generación de niñas de diez años.

“Se van a poner 37.000 dosis por año”, afirmó Alejandro Calderón, encargado del proyecto de Estudios de Tamizaje del Papiloma (Estampa). Calderón explicó que, así, la CCSS busca disminuir las lesiones en cérvix que pueden convertirse en cáncer cervical en el largo plazo.

Actualmente, esa institución realiza esfuerzos para mejorar la prevención de cáncer,  ya que puede aumentar las alternativas para una detección temprana.

Gonzalo Azúa explicó que el programa de detección temprana consiste además en realizar pruebas de tamizaje a personas mayores de 50 años para el diagnóstico de cáncer gástrico y cáncer de próstata, los dos tumores malignos con mayor tasa de mortalidad en hombres, según datos del Registro Nacional de Tumores (2012-2017).

En Cartago se encuentra ubicado el Centro de Detección de Cáncer Gástrico, donde se diagnostican tumores gástricos y se realiza tamizaje para cáncer de colon y recto.

Otros proyectos de la CCSS que buscan aumentar los índices de detección temprana son la consulta de consejo genético oncológico y el proyecto de biopsia líquida.

El Centro de Investigación en Hematología y Trastornos Afines (Cihata) desarrolla actualmente el proyecto “Marcadores Genéticos de ADN Circulante Tumoral para el Monitoreo de Cáncer de Mama en pacientes del Hospital San Juan de Dios”.

Ricardo Chinchilla, investigador del proyecto, explicó que en esa iniciativa se procura hacer uso de la biopsia líquida para encontrar ADN tumoral en pacientes con cáncer de mama metastásico.

“Además, ya la CCSS a través del Hospital Calderón Guardia tiene el equipo para ver mutaciones en pacientes con cáncer de pulmón”, agregó Chinchilla.

La biopsia líquida es un procedimiento donde, por medio de una muestra de sangre, se pueden encontrar y estudiar células tumorales circulantes o de fragmentos de ADN provenientes del tumor, que están en el cuerpo sin necesidad de extraer un trozo directamente del tumor del paciente.

El investigador explica que, en la actualidad, ese método es utilizado en el estudio de cáncer metastásico, para valorar si el tratamiento está funcionando o si hay progresión de la enfermedad.

Por otro lado, en agosto de este año el Hospital Calderón Guardia comenzó las pruebas para estimar el riesgo de padecer cáncer por causa hereditaria y establecer medidas de prevención y diagnóstico oportuno de ser necesario.

En la primera etapa el foco de atención de dicho proyecto se centrará en cáncer de mama y cáncer de colon y recto. Se dará prioridad a las Áreas de Salud de Sarchí, Belén-Flores, Santo Domingo, San Isidro, Atenas, León XIII-La Carpio, Tibás-Uruca-Merced Tibás-Uruca-Merced, Tibás Coopesaín, Goicoechea 2 y Moravia.

“La idea es ir a identificar ese 5% a 10% de la población que desarrolla el cáncer hereditario”, indicó Azúa.

Adriana Acuña, de 51 años, pidió una fotografía de la cicatriz de su mastectomía por cáncer de mama en Sierpe de Osa, donde ha vivido desde hace 32 años. “Uno pierde el miedo al cáncer porque tienes que vivir con él, pero cuando tus compañeras mueren sabes que es una sombra que todavía tienes Quiero vivir feliz; no quiero que ese fantasma me limite las cosas que todavía quiero hacer”, dijo. (Foto: David Bolaños)

 

Foto de portada: Martín Bolaños, de 54 años, es visitado por su madre, Margarita, en casa de un familiar. Martín fue diagnosticado con cáncer gástrico desde abril de este año y ha perdido más de la mitad de su peso. Él debe viajar cada semana desde Aguas Zarcas, en la Zona Norte, para recibir quimioterapia en el Hospital México, en San José.

 

*Este especial fue producido junto con Interferencia (Radios UCR), y está dedicado a Martín Bolaños Quesada y Eliseo Quesada Campos.

 

**Colaboró: Daniel Salazar, periodista.


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