Investigación sobre factores de participación electoral

Las mamás mandan a votar

Los datos muestran que el ejemplo maternal importa más que el paternal en inculcar la participación electoral en Costa Rica. Con un plus: son ellas las que más votan, a diferencia de otros países.

Este lunes, dos semanas después de iniciada la campaña electoral para los gobiernos locales, Mariana y César llegaron a la sede principal del Tribunal Supremo de Elecciones para sacar su cédula. Los gemelos cumplieron los 18 años el viernes pasado y apenas pudieron tramitaron el documento de identidad que los acredita como adultos.

Pero no iban solos. Su mamá, Johanna, vendedora en una tienda, pidió libre la tarde para llevar a sus hijos a retirar la cédula, con la esperanza de que la estrenen el domingo 2 de febrero votando en las elecciones municipales.

“Sé que no es como lo más emocionante para ellos, pero es parte de hacerse adultos, asumir la responsabilidad de votar aunque uno crea que no haya por quién”, justificaba la madre, que se ufana de haber votado en todas las elecciones desde 1994, cuando ella alcanzó la mayoría de edad.

“Yo les digo a ellos que antes era otra cosa. Creo que más bonito y uno lo vivía más. Mis papás eran muy calderonistas y uno se entusiasmaba también. Ahora es un estrés, pero yo aplico lo que todavía dice mi mamá: ‘es tonto pensar demasiado y no votar porque llegan otros que votan sin pensar y deciden”.

Las explicaciones de Johanna siguen. Habla de sus antepasados, la familia de sus abuelos, anécdotas políticas y cosas que ahora ocurren o no, lo que le espera a sus dos hijos cuando ellos “sean maduros”. Al final pregunta el porqué de esta entrevista rápida y escucha con atención, asintiendo con la cabeza.

“Es que hay un estudio que dice que son las mamás las que más influyen en la actitud de los hijos sobre la participación política”, le decimos. Y ella no puede estar más de acuerdo: “es que somos nosotras las que conocemos a los hijos; el papá puede decir misa, pero somos nosotras las que más pegue tenemos”, replica orgullosa.

Parece que Johanna se hubiera leído el nuevo libro Divide y votarás del politólogo Ronald Alfaro, investigador del Centro de Investigaciones y Estudios Políticos (CIEP) de la Universidad de Costa Rica (UCR). Su hallazgo es básicamente ese: las madres son las agentes socializadoras dominantes y eso las coloca en una posición de privilegio para moldear la conducta política de los hijos.

En su investigación final del doctorado en la Universidad de Pittsburgh, Alfaro tomó el registro de voto de todos los costarricenses desde 1994 y lo cruzó con el Registro Civil para poder ver el comportamiento por grupo familiar. Eso permite sacar conclusiones sobre datos y no sobre encuestas donde la información depende de la memoria de los entrevistados o su disposición a contestar con la verdad.

El cruce de las bases de datos permitió a Alfaro confirmar la alta relación entre el hábito de voto de los padres y el de los hijos en sus primeros procesos electorales, pero determinó que el efecto es mayor al desagregar madres de padres. “El comportamiento de las madres tiene un impacto en las hijas y los hijos que es mucho más fuerte que el de los padres”, concluyó Alfaro.

Esto se suma a un elemento adicional: las mujeres en Costa Rica son más propensas al voto que los hombres. “Esto hace que las madres tengan una situación más favorable para influir en sus hijos”, señala el libro.

Datos oficiales del TSE indican que las mujeres superan a los varones en porcentaje de votación desde 1994, justo en los comicios en que Johanna participó por primera vez. Entonces fue solo de un punto porcentual y medio, pero desde el 2006 la diferencia ronda los siete puntos porcentuales. Por ejemplo, en 2018 votó el 69,2% de las electoras del padrón y solo el 62,1% de los hombres.

“El papá de mis hijos –explica Johanna– votó en el 2018, pero no había votado en el 2014. Yo digo que las mujeres somos más responsables y tenemos que aprovechar los pocos espacios que tenemos. Uno sabe que el voto de uno no va a cambiar al mundo, pero es algo”, reflexionaba la mamá de los gemelos mientras espera las cédulas.

Por esos motivos la conducta de las madres impacta más y por más tiempo que los padres, añade Ronald Alfaro, quien advirtió que en muchos países las mujeres votan menos que los varones.

Esta conclusión está basada en la idea confirmada por los teóricos de que el hogar es determinante en la formación política de los ciudadanos, aunque esta influencia se va extinguiendo con el paso de los años. La novedad es que ese ejemplo de tener el voto como hábito perdura más cuando lo da la madre que cuando viene del padre.

Las probabilidades de que alguien vote en su primera oportunidad son de 0,90 si su madre se presentó a las urnas en esas elecciones. Cuatro décadas después, esa probabilidad bajó a 0,81, midió Alfaro.

Alfaro advirtió a este semanario que también hay una incidencia por la cuota de hogares jefeados por una mujer sola, que alcanza casi un tercio del total en Costa Rica.

Sobre la detección de la influencia materna en la propensión de los hijos a votar, señala el investigador, las políticas de promoción de asistencia a las urnas deben considerar antes las conductas de las madres al momento de emitir su voto.


El lado amable de la polarización

Más allá del riesgo que puede representar la polarización social en el contexto político, esta es una fuente de estímulos que puede provocar un aumento en la participación ciudadana en las urnas.

Esta es otra de las conclusiones del estudio del politólogo Ronald Alfaro al investigar los factores que inciden en la decisión de los costarricenses de salir a votar. Lo hizo considerando datos históricos y no se incluyeron los comicios del 2018.

Además del ejemplo desde el hogar, los momentos de polarización pueden ser claves para aumentar la participación.

“El mejor escenario para alentar a los votantes es uno caracterizado por fuertes identidades políticas que surgen en una contienda electoral profundamente dividida”, escribió Alfaro.

Las condiciones para esas identidades se facilitan cuando ocurren deliberaciones polarizadas, afirma después de analizarlo mediante modelos estadísticos. “Se vuelve evidente que aquellas personas que experimentaron o que fueron socializadas durante un episodio de polarización están fuertemente motivadas para asistir a las urnas”, afirma. Y en sentido contrario: “la ausencia de una ‘amenaza’ desmoviliza a los votantes y los aleja de las urnas”.

El investigador advierte que en la mayoría de las democracias se ha reducido la participación electoral en los últimos 60 años, lo cual muestra que la tendencia en Costa Rica no es atípica.

Por eso Alfaro sostiene que hay “un tenso y complejo equilibrio entre acuerdo y conflicto en regímenes democráticos con respecto a la participación electoral, como el yin y el yang de la filosofía china”. Se trata de buscar puntos medios que no desestabilicen al sistema y que tampoco lo sometan al letargo.


 


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