País

Las cuatro grandes pruebas de las elecciones municipales

Cada cantón es un mundo, pero hay elementos comunes que recorren todo el territorio nacional en estos comicios vecinales. ¿Qué pasará con el poder del PLN, la religión, la competencia partidaria y el abstencionismo?

Las segundas elecciones de todos los cargos municipales del país se celebran este domingo en un ambiente de aparente confusión popular, con una amplia oferta de candidatos y al menos cuatro preguntas mayúsculas que competen a la dinámica política nacional y las actitudes ciudadanas frente a los procesos electorales.

 

Es la última vez en que los partidos no deben llevar igual cantidad de candidaturas femeninas como masculinas encabezando las papeletas. Es la primera elección después de la peor derrota del histórico Partido Liberación Nacional (PLN), en los comicios de hace dos años, pero también la primera después de la detonación del factor religioso en ese proceso electoral.

 

Con una candidatura por cada 100 ciudadanos y una expansión notable de la cantidad de partidos cantonales, es también una prueba para medir el peso de estas fuerzas ante los partidos tradicionales de alcance nacional.

 

Eso ocurre en paralelo a la expectativa sobre la participación electoral, después de cuatro elecciones a alcalde separadas de las elecciones nacionales y de un promedio nacional acumulado de 27,5%, aunque con una reducción del abstencionismo, pues en el 2016 fue de 35,4%, con especial apatía en cantones populosos y urbanos.

 

Buena parte de esas respuestas solo se conocerán después de que el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) publique los resultados correspondientes a los 82 cantones en este proceso marcado por los vínculos locales y la cercanía de los ciudadanos con sus comunidades, aunque los partidos también mantienen los ojos abiertos por si aparecen pistas útiles para las elecciones generales del 2022.

 

¿Puede frenar el PLN la erosión de su hegemonía?

 

Después de que por primera vez el tradicional Partido Liberación Nacional (PLN) quedó fuera de una segunda ronda presidencial, la agrupación verdiblanca acude de nuevo a la competencia con la autoimpuesta obligación de mantener al menos su hegemonía en el plano cantonal y reconectar lazos que le permitan frenar un deterioro que viene desde varios años atrás.

Además de ganar 50 de las 81 alcaldías en los comicios del 2016, el PLN se ratificó como el partido con más escaños en los concejos municipales, con el 37% de los cargos; sin embargo, este porcentaje ha venido decayendo. En 1982, obtuvo el 60%, el punto más alto, según la base de datos que maneja el politólogo Ronald Alfaro, de la Universidad de Costa Rica (UCR).

Si se considera la totalidad de los escaños de concejales desde 1983, el PLN se ha adueñado del 47% (diez puntos menos que el porcentaje del total ganado de regidurías desde 1953) y se expone a perder más terreno por la presencia de una oferta más variada y por la creciente desafección ciudadana frente a los partidos.

Será un éxito si el PLN logra la mitad de las 82 alcaldías que están en juego, comentó el secretario general del partido, Gustavo Viales; es decir, este proceso podría resultarles satisfactorio incluso si ceden terreno, conscientes de que muchas figuras se han mudado a otras banderas para mantener posibilidades de quedar electas en sus cantones.

Es el caso de Limón, por ejemplo. El actual alcalde, Néstor Mattis, llegó a ese puesto con el PLN, pero topó con obstáculos y logró reelegirse en 2016 con el Auténtico Limonense. Ahora es uno de los principales competidores de la agrupación verdiblanca, que lleva como candidato a alcalde a un abogado que en 2016 rechazó por haberse desempeñado como defensor legal de acusados por narcotráfico, Eduardo Barboza.

¿“En esa ocasión hubo motivos de oportunidad. Yo le solicité (a Barboza) expediente de sus situaciones judiciales para ver si tiene procedimientos. No tiene causas pendientes ni proceso abierto. Como partido, no tenemos un instrumento para vetarlo”, justificó Viales.

Ese es solo uno de los cantones donde el PLN aspira a dejarse la alcaldía, incluido el más notorio de todos, el central de San José, con el veterano Johnny Araya después de su retorno al partido.

Con las propuestas de políticos que, como Araya, acumulan muchos años en sus cargos municipales, la conexión del PLN con nuevas generaciones se convierte en una tarea pendiente, un factor que preocupa al propio Viales, quien por su juventud se presenta como uno de los rostros nuevos del grupo verdiblanco.

“Es una preocupación que tengo, pero espero que la gente vea la manera en que hacemos política en la Asamblea Legislativa, de manera constructiva”, dijo el diputado Viales, hijo del alcalde del cantón Corredores, Carlos Viales, quien intenta reelegirse también.

“Estamos obligados a ganar con contundencia. Las elecciones nacionales y municipales son procesos distintos, pero no son excluyentes y esto puede dar algunas pistas sobre el 2022”, reconoció el secretario general del PLN antes de admitir también que su partido no supo en 2018 cómo aprovechar el empuje de los políticos locales reflejado en los comicios del 2016.

¿Tienen arraigo local los partidos de base religiosa?

Después de que el partido de base religiosa neopentecostal Restauración Nacional (PRN) ganó la primera vuelta de las elecciones presidenciales y ocupó uno de cada cuatro curules del Congreso, los comicios municipales de este domingo se convierten en una prueba sobre su vigencia o su fugacidad.

Las circunstancias, sin embargo, han cambiado. Ahora el PRN está disminuido porque la mitad de sus diputados y una parte de su dirigencia se alojó en el Partido Nueva República (PNR), cuyo rostro más conocido es el de Fabricio Alvarado, candidato presidencial en 2018.

Fabricio Alvarado, que conjuntó en las presidenciales del 2018 las posiciones más conservadoras y capitalizó el “shock religioso” que señalaron los analistas, es ahora representante de solo una parte del movimiento cercano a iglesias neopentecostales. Además del PRN y el PNR, está el Partido Renovación Costarricense (PRC) en la competencia, así como otras fuerzas políticas cuyo discurso trata de atraer al voto conservador.

El PRN, dirigido por los diputados Carlos Avendaño y Eduardo Cruickshank, tiene recursos financieros, pero Nueva República llega con músculo y la prueba puede ser la inscripción de candidaturas en 76 de los 82 cantones.

Aunque poco tienen que ver los Gobiernos locales con asuntos de interés de las iglesias, políticamente pesa el factor religioso en el discurso electoral. Por ejemplo, la publicidad que emitió Nueva República una semana antes de la elección en la que reafirmaba a su agrupación como la representante de los valores y defensora de la familia.

En la última parte de la campaña, pesan poco otros elementos que Fabricio Alvarado mencionó el 2 de octubre, cuando el TSE dio por inaugurada la campaña electoral. “Vamos a trabajar en reactivación económica, seguridad, transparencia en la gestión pública, en recuperar confianza ciudadana mediante un ejercicio limpio de la política”, contestó a UNIVERSIDAD ese día.

Sobre el énfasis en el discurso religioso, respondió entonces que no era necesario enfatizarlo porque ya la población sabe cuál es su pensamiento. Ahora, más cerca de la jornada electoral, sí prefiere pregonarlo: “Defendamos la vida y la familia, vote por la bandera de los valores”, publicaron en distintos espacios. 

A diferencia de otros partidos más establecidos, las fuerzas de filiación religiosa parten de casi cero. Renovación Costarricense obtuvo en 2016 solo 10 escaños de concejales (de 505 posibles), la misma cantidad que en el proceso anterior. Restauración Nacional solo logró colocar tres concejales en el 2016, y Nueva República no existía aún.

¿Será un empujón más para el sistema de partidos?

Hace 18 años competían dos partidos cantonales por cada partido de escala nacional. Ahora esa relación se duplicó y hay cuatro por cada nacional, con la diferencia de que ahora parece mayor su peso relativo.

En las elecciones de 2016, hubo 38 puestos de regidor que quedaron fuera de las manos de los partidos nacionales, en distintos cantones. En el 2002, en cambio, fueron sólo 13 las regidurías conseguidas por partidos cantonales.

Algunos de estos han nacido como movimientos de vecinos, otros como plataforma de liderazgos particulares y otros como refugio de políticos tradicionales disidentes de sus agrupaciones de origen.  Hay algunos ya consolidados, como Curridabat Siglo XXI o Yunta Escazuceña, pero otros son casi experimentos.

Ahora hay un total de 87 partidos que inscribió candidaturas para estas elecciones. Aunque la competencia es distinta en cada cantón, hay partidos nacionales que también se juegan su suerte. 

El Partido Unidad Social Cristiana (PUSC) está entre ellos. El que fuera protagonista del bipartidismo en las décadas pasadas, ahora intenta resurgir con la tendencia positiva que le deparan las elecciones recientes. En lo municipal, en 2016 alcanzó 14 alcaldías y se convirtió en la segunda bandera en esa casilla.

La politóloga Eugenia Aguirre, del Observatorio de la Política Nacional, en la UCR, recordó que el PUSC volvió a ser protagonista en las elecciones nacionales del 2018 con Rodolfo Piza como candidato y luego como contraparte del “acuerdo nacional” que firmó el actual presidente, Carlos Alvarado, antes de la segunda ronda.

“Está por verse si el PUSC continúa esa tendencia de recuperación y si capitaliza en el terreno la cuota de poder que pudo obtener con el acuerdo Piza-Alvarado”, comentó Aguirre antes de advertir que la condiciones de competencia pueden variar radicalmente entre los 82 cantones.

Montes de Oca es el único cantón gobernado por una coalición formal, llmada Gente. El PLN y Frente Amplio compiten en el cantón Montes de Oca, en donde el promedio de participación indica que ocho de cada 10 ciudadanos se han ausentado de las urnas en los procesos anteriores. (Foto: Kathya Alvarado).

“Los partidos se juegan retos distintos entre sí. El reto de los nacionales es ajustar la narrativa nacional a la lógica local. No van a hablar de la agenda OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) ni de estabilidad fiscal. Cada uno verá cómo aterriza”, apuntó.

El Partido Acción Ciudadana (PAC), después de ganar en dos ocasiones seguidas la Presidencia de la República, adolece de lazos en la política local. Solo 64 escaños de concejales obtuvo en 2016 (12%). Aunque en ese momento ya estaba en el poder presidencial, alcanzó menos que en 2010 (99), en el 2006 (141) y en 2002 (101). Y otro dato de su debilidad cantonal: logró solamente alcaldías en las elecciones pasadas.

El PAC lleva una pobre oferta electoral, en volumen, pues competirá por la alcaldía en la mitad de los cantones del país. En cantidad de candidaturas, aparece colocado como el sexto partido, por detrás del PLN, PRN, Nueva República, PUSC y Unidos Podemos (liderado por la exlibertaria Natalia Díaz).

Está por verse también el papel de los partidos provinciales, de los cuales solo uno ha logrado adueñarse de una alcaldía, como ocurrió en 2002 en Nandayure con el partido Guanacaste Independiente.

¿Alergia a las urnas?

Las elecciones municipales del 2016 convocaron solo a uno de cada tres ciudadanos. Dos de cada tres decidieron que otros decidieran en su lugar, este en un margen levemente menor que en procesos anteriores de escogencia de autoridades locales.

La participación ha ido aumentando un promedio de cinco puntos desde 2002, pero aún está muy por debajo de las elecciones nacionales. Con un 35,4% de votantes, los comicios locales atraen casi a la mitad de personas que los de presidente y diputados.

“Es posible que veamos un comportamiento inercial. Es de esperar un abstencionismo menor que en 2016, pero será interesante no solo la cifra general, sino también el porcentaje por cada cantón para ver si se repite el mismo patrón”, señaló Ronald Alfaro, politólogo del Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP) de la UCR.

¿Qué razones habría para que se reduzca la abstención? “Más votantes se van habituando a las elecciones locales, hay oferta mayor y más variada”, respondió Alfaro; ahora bien, puso en duda que el aumento de competencias de las municipalidades sea un aliciente para ir a votar.

Los datos muestran que los cantones populosos y urbanos son más reacios al voto en la escala municipal. Los promedios de las cuatro elecciones de este tipo colocan a Desamparados como el cantón más abstencionista, con un ausentismo de 83,1%. En ese “top 10” le siguen Tibás, Goicoechea, Heredia, San José, Alajuelita, Moravia, San Rafael (Heredia), Montes de Oca y Alajuela, aunque en todos estos mejoró la participación entre 2010 y 2016.

Ir al contenido