La pobreza sube en los tiempos de la incertidumbre

El adormecimiento de la economía_reduce_los ingresos y hunde en la pobreza a casi 24.000 hogares más en el último año. Los pobres suben a 21,1%. No son más por la mano del Estado, pero este no basta y el_momento_pinta mal.

Abigail cursa octavo en un colegio de Goicoechea. O cursaba, ya no sabe bien, porque este lunes cumplió seis semanas de no recibir clases y nadie sabe cómo acabará el año.

Quisiera pasarse a otro colegio, pero su mamá dice que el salario de cajera en una soda le impide financiarle los pasajes de autobús. Y, bueno, aquí está haciendo casi nada un lunes a las 11 a.m. en la casa donde vive con sus abuelos, un tío, una hermana y su mamá, en la vivienda que un tío abuelo les presta en Mozotal de Goicoechea.

Su hermana Astrid (también en vacaciones obligadas) prepara el almuerzo. La abuela Elizabeth ve televisión y nos contesta preguntas sobre la situación del hogar. Tiene 66 años, diabetes e hipertensión. No tiene seguro de salud ni los ingresos que ganaba su marido por hacer trámites en el Registro Nacional. El hogar se sostiene con lo que gane su hija en la soda y el otro hijo como instructor ocasional en un gimnasio.

Escena del precario Triángulo de Solidaridad, en Tibás. La pobreza extrema en la zona urbana presentó un aumento de 0,8 puntos (ahora es 5,6%). Es una subida significativa, según el INEC.

A este hogar de piezas prefabricadas y techo hundido, de piso de cemento y latas de zinc sostenidas por ladrillos, entra menos dinero que antes y enfrenta más gastos que el año pasado, dice la abuela. Viven seis personas con dos ingresos, uno de ellos inestable, con la casa prestada y con dos becas Avancemos que reciben Abigail y Astrid para que sigan estudiando y que puedan cumplir su sueño de ser profesional… e irse del país, confiesa.

“Hay otros países donde uno puede vivir mejor. No sé si Estados Unidos o Australia, que es más lejos. Uno aquí es pobre y cuesta superarse”. Su abuela, al lado, comienza a llorar y aquí se acaba la entrevista. Atrás queda el olor a la cebolla que freía Astrid (“hambre no pasamos”) y el portón metálico que protege una casa donde poco hay para robar.

Este es un hogar pobre. Uno entre miles en Costa Rica. Uno de los 328.848, más que hace un año. Son 23.600 adicionales en 12 meses. La pobreza en Costa Rica pasó de 20% a 21,1%, revela la última Encuesta Nacional de Hogares (Enaho), con corte a julio pasado. Algo de eso decían en la televisión mientras la abuela Elizabeth la miraba como algo ajeno.

Las noticias de la semana hablan también del adormecimiento de la economía, de la escasez de empleos y, por tanto, la reducción en los ingresos de los hogares tiene un resultado agrio e inevitable: sube la pobreza y la vuelve a colocar en un porcentaje igual al del año 2010.

Costa Rica sigue atrapada con un quinto de su población pobre, una porción que en números absolutos se proyecta en 1.142.069 personas. Ya la frase “el millón de pobres” se está quedando corta.

Dentro de la pobreza, 99.034 hogares (6,3%) no tienen ni siquiera lo más básico, comida suficiente o techo. Es la pobreza extrema, que también aumentó en el último año a pesar de la inyección fuerte de asistencia estatal que reciben las familias de menos recursos. Esas becas, subsidios o ayudas son tan indispensables como insuficientes.

“Tenemos casi dos décadas en que se logra reducir un punto y luego vuelve a subir. Es un problema estructural a pesar de los esfuerzos que se han hecho”, apuntó Eddy Madrigal, coordinador de la Enaho 2018.

Cuidados intensivos

El incremento es solo un punto porcentual, pero es estadísticamente significativo y cada familia que se hunda es ya suficientemente grave, lamenta la ministra de Planificación, Pilar Garrido. Reconoce que el objetivo lógico de un Estado, mejorar la vida de las mayorías, no se está logrando y que muchas familias en este momento están por encima de la línea de pobreza, pero son vulnerables.

“Este Enaho nos dice que debemos revisar perfiles de empleabilidad, que urge generar empleo, lo que pasa por reactivar la economía, y que tenemos que tomar decisiones pronto”, agregó Garrido este lunes. También aseguró que seguirán impulsando el programa Puente al Desarrollo aplicado en el gobierno anterior, aunque ahora con el objetivo de dar herramientas a las familias para que puedan generar ingresos por su cuenta.

De todo esto están también atentos los mercados internacionales, cada vez más reacios a colocar sus inversiones financieras en el país, o más propensos a elevar las tasas que cobran por prestarle dinero al Estado costarricense.

Los resultados de la Enaho 2018, hechos públicos por casualidad en plena discusión de la reforma fiscal, muestran dos elementos relacionados con las finanzas públicas: la importancia de la asistencia estatal para sostener que más personas caigan en la pobreza o en la miseria (pobreza extrema) y la necesidad de solventar la crisis financiera antes de que genere una crisis económica que afecte más los ingresos de los todos los hogares.

También se podrían afectar la actividad económica de las empresas y, por tanto, su capacidad de pagar impuestos, lo que afecta directamente la Hacienda pública. Ya en nueve meses de este 2018 se registró el menor crecimiento recaudatorio desde la crisis del 2009, pues fue solo de un punto porcentual en relación con los primeros nueve meses del 2017. Más incertidumbre.

El promedio de ingreso por hogar en Costa Rica está en ¢1.018.142 mensuales, levemente menor que en 2017. Esto significa que el ingreso promedio per capita es de ¢369.534, similar al del año pasado, pues también hubo una reducción en el tamaño de los hogares (de 3,24 personas a 3,20). A los más pobres también los afectó la subida de 1,6% en el costo de la Canasta Básica Alimentaria.

La diferencia más notable, según la Enaho, se da en los ingresos “autónomos” de los hogares, es decir, el producto del trabajo no asalariado: el de las empresas o los emprendimientos de sus miembros, sean dentro de la economía formal o la informal. Cayeron un 11%, pues el promedio mensual por hogar era ¢177.187 en 2017 y ahora es ¢156.945.

Esta disminución afectó “muy fuerte” en la zona urbana, donde se concentra la mayoría de la población, explicó Eddy Madrigal. Y neutralizó los efectos de los subsidios estatales, que crecieron un 5% en todo el país.

“Se ve la mano del Estado por ayudar a las familias en situación deprimida, pero la sostenibilidad es preocupante, si esto no está acompañado de un mercado laboral robusto y una economía fuerte”, explicó el funcionario del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC).

Con él coincide Luis Oviedo, estadístico del Instituto de Investigaciones en Ciencias Económicas (IICE) de la Universidad de Costa Rica (UCR). Si no hay una reactivación que genere empleo, muchas familias no podrán salir de la pobreza por sí solas. Por eso la asistencia del Estado, que depende de su capacidad financiera y de que supere la crisis fiscal, explica Oviedo.

Chocolate sin cacao

El Gobierno impulsa junto a diputados opositores la reforma fiscal que ya se aprobó en primer debate, con 35 votos. Este proyecto, de número 20.580, provocaría que unos 5.000 hogares caigan en la pobreza (casi la quinta parte de los nuevos pobres entre 2017 y 2018), concluyó un análisis del IICE de la UCR; aunque Oviedo señala la alta posibilidad de que sean muchos más los que dejen de satisfacer sus necesidades si no se aprueba la reforma.

Lo dice también la ministra Garrido: “tenemos la confianza puesta en la reforma fiscal, que dé una buena señal a los mercados para reactivar economía y generar empleo. Sin reforma fiscal se deterioraría más la situación de los hogares y el Estado no podría proveer las ayudas que permiten a muchas personas mantenerse a flote”.

Esta encuesta del INEC calza con la discusión sobre el plan fiscal, aunque estaba programada en el calendario anual y suele ser en el mes de octubre cuando se publica el estudio todos los años, explicó Pilar Ramos, coordinadora del Área de Servicios de Información y Divulgación Estadística en el INEC.

El estudio muestra que dos tercios del ingreso promedio de los hogares provienen de salarios. Un 15,4% lo aporta el trabajo autónomo, un 12% las transferencias privadas (pensiones o remesas, por ejemplo), un 6,5% las rentas de propiedades y un 2% los subsidios estatales y becas, concentrados estos en los sectores de menos ingresos.

Sin embargo, el ingreso también hay que dividirlo entre quienes viven en zonas urbanas y zonas rurales, pues en las ciudades el ingreso promedio de ¢1.149.310 supera en un 40% al del campo; aunque en ambos territorios disminuyó ese rubro en esta encuesta en relación con la del 2017.

La única región del país donde disminuyó la pobreza fue el Pacífico Central (de 29,9% a 25,7%), dice la Enaho, aunque sus encargados ni las autoridades de Gobierno se atrevieron a precisar las razones para ello. Esto porque en meses recientes se ha denunciado la pérdida de empleos pesqueros en Puntarenas por las prohibiciones para extraer pescado y camarón con técnicas de arrastre.

La región más pobre sigue siendo la Brunca (32%, de Pérez Zeledón hacia el sur), aunque en esta ocasión el mayor deterioro lo registran los cantones guanacastecos (Chorotega), con un aumento de la pobreza general de 3,6 puntos y en la pobreza extrema 2,9 puntos, hasta llegar a 8,8%. En este caso tampoco se han identificado los motivos, aunque probablemente pase por una erosión en el empleo y, por tanto, en los ingresos.

Son tiempos de incertidumbre, como la que vive Abigail en su propia escala, sin saber si podrá acabar su curso lectivo y sin ver las opciones de tener los pasajes para asistir a otro colegio y poder emigrar algún día, como hacen muchos otros jóvenes que ha visto en los noticieros de la televisión.

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