La pequeña quinta de Otto Guevara

Con el 2018 acumulará cinco candidaturas presidenciales y 20 años a cargo de un partido que le permite seguir con su libertarismo,

Con el 2018 acumulará cinco candidaturas presidenciales y 20 años a cargo de un partido que le permite seguir con su libertarismo, a pesar de las pobres votaciones recientes.

Otto Guevara Guth alcanzó este domingo el récord de más candidaturas presidenciales en Costa Rica en una convención del Movimiento Libertario (ML), más propia de un club social que de un partido político que aspira a gobernar Costa Rica en el 2018.

El diputado libertario ya sabía que iba a ganar. Estaba listo frente a los micrófonos antes del primer resultado emitido por las autoridades formales del partido que él ha manejado a su antojo durante dos décadas y que le ha permitido cuatro candidaturas presidenciales consecutivas desde 2002, a las que se sumará la de 2018.

Esta es su quinta. Es su quinta candidatura presidencial al hilo, pero serían seis si se suma la campaña que le permitió ser diputado en las últimas elecciones del siglo pasado, en 1998, cuando ni siquiera habían nacido los 165.000 jóvenes que podrán estrenar su cédula en el próximo proceso electoral.

¿Por qué insiste tanto en ser candidato?

“Hay una fuerza vital que tiene que ver con una cruzada de vida. Cuando decidí dejar a un lado el bufete y meterme en la política es porque de verdad creo que mis ideas llevadas a la práctica pueden eliminar la miseria en Costa Rica y mejorar la condición de vida de miles de costarricenses, de la gente que está jodida. Hay personas que les  dedican su vida a ciertas obras, a atender perritos, a atender pacientes en un hospital o a educar niños; yo siento que tengo habilidades especiales, una piel especial, un hígado especial y además unos talentos que Dios me ha dado para meterme en esto”.

 

Es su quinta. El Movimiento Libertario demostró ser una organización que responde a Otto Guevara sin que él se esfuerce demasiado. La diputada Natalia Díaz Quintana, también diputada y miembro de una familia relevante en la estructura del partido, dedicó tiempo y dinero a su precandidatura y aún así quedó con solo el 40% de los votos emitidos, frente a un 60% del dirigente histórico.

Es un quinta pequeña. Los números en porcentajes bastaron para nominar de nuevo a Guevara, pero las cifras absolutas no le favorecen. Había 9.000 personas inscritas que hasta habían pagado 4.000 colones para activar su membresía, pero solo un tercio de ellas hizo efectivo el derecho a votar en las 81 mesas abiertas en el país. El diputado solo atrajo 1.795 seguidores suyos a las urnas, frente a 1.215 de Díaz.

Es cierto que fue la primera vez que el ML organiza una convención, pues en las cuatro ocasiones anteriores Guevara fue nombrado directamente por la asamblea de su partido. Es cierto también que el ML ha sido uno de los cinco mayores partidos políticos en las últimas dos décadas y que convocó a su convención a una cantidad inferior a la que obtuvieron los dos finalistas de la última elección de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Costa Rica (Feucr), por citar un ejemplo.

Su acto de triunfo se realizó en un salón en el tercer piso de un hotel ante unos 25 seguidores. Uno de ellos bebía un whisky y dos, vino tinto en copa grande. A su lado, su nueva novia, Virginia Ramos, y el exdiputado Federico Malavassi, primer candidato presidencial del (ML), exdiputado, exdisidente y ahora probable candidato a diputado de nuevo.

Así quedó confirmado Otto Guevara como candidato después del batacazo que sufrió en los comicios de 2014, cuando su discurso ganador quedó aplastado por el resultado real: 11% en la elección presidencial y solo cuatro diputados, números alejados de los de 2010, cuando logró 20% y nueve curules. Igual quedó confirmado Guevara después de los comicios municipales que no le depararon ni una sola alcaldía al ML, de 81 posibles.

Guevara se ufanó este domingo de no haber dedicado mayores recursos a la precampaña por estar demasiado ocupado haciendo de diputado. Aún así le bastó para confirmarse como amo y señor del partido incluso habiéndose abierto al gesto de la competencia interna. Ganó a puro impulso y posicionamiento en sectores que comulgan con sus ideas en contra de un Estado, sí, pero también con su estilo de liderazgo a pesar de las derrotas electorales y los tropiezos del partido bajo su mando.

Ya sabía él que ganaría. Por eso se adelantó con números propios y apenas se conoció el primer corte, con la mitad de las mesas, dio su discurso de triunfador. En su caso no puede decirse que lo llevaba listo. Él no necesita papeles. Su experiencia como político le permite liberarse de los guiones porque tiene el personaje asumido como pocos: locuaz, determinado y optimista a grado extremo. “Vamos a ganar en segunda ronda”, promete ahora.

Así se extinguió la última posibilidad, si la hubo, de evitar un dominio absoluto de varones en la parrilla de candidatos presidenciales. Se extinguió también el chance de arrebatar el dominio del partido a su mandamás y de llevarlo a ver qué pasaba en un proceso electoral sin el hombre récord de las candidaturas. Nada de eso.

Otto Guevara sigue vigente a pesar del rechazo de sectores variados de la población y del aparente desgaste de su figura. Asegura arrancar con un apoyo del 11% del electorado (lo mismo que obtuvo en 2014) y tener la posibilidad de escalar en medio del pelotón de partidos políticos. Cuenta con que algún sector, quizás pequeño, valora el trabajo del ML en lo que él llama “proteger el bolsillo de los costarricenses”, que se traduce fácil en rechazar el aumento de impuestos y el gasto público. Es el enemigo que ven sindicatos del sector estatal, de los taxistas formales y algunas organizaciones más.

Otto Guevara, el viejo conocido

“Las experiencias acumuladas a lo largo de estos años me han redondeado mejor, me han hecho un mejor candidato. Hoy me siento en la versión mejorada, con una edad (cumple 57 años en octubre) y sabiduría para gobernar”, decía cuando se le preguntaba por el desgaste del personaje político que encarna. Su cara de actor de telenovela, considerada un activo ante algún sector, muestra ahora una tupida barba gris y algunas arrugas al lado de los ojos verdosos. Ya no se pinta el pelo y parece que las canas son parte de su discurso.

Ahí está de candidato el hombre que iguala el récord de candidaturas que tuvo Wálter Muñoz con su Partido Integración Nacional (PIN) que acaba de poner a disposición de Juan Diego Castro para los próximos comicios. La diferencia es que Muñoz ha sido menos protagónico.

Guevara comenzó su larga carrera presidencial en 2002 después de destacar como diputado en el cuatrienio anterior, en la última época de claridad bipartidista. Salido del PUSC, en 1997 se inscribió como candidato a diputado, cuando Natalia Díaz recién comenzaba la secundaria.

Para 1998 solo podían votar los nacidos antes de 1980, lo que indica que casi la mitad del electorado nacional ha pasado toda su vida ciudadana viendo a Otto Guevara en campañas nacionales. Quizás pocos recuerden el jingle pegajoso del 2002, el pantalón beige con el que fue a grabarse recogiendo basura en 2006, su cuerpo guindando con agilidad de un 4×4 en las giras de campaña o la imagen aquella de su novia del 2010 echándole un trozo de hostia en el bolsillo de la camisa durante la misa del día de las elecciones.

Más conocido es su discurso contrario a los monopolios públicos y a los impuestos y las formas obstruccionistas que ha aplicado para oponerse a proyectos que considera inconvenientes. Su mensaje es parecido para el 2018, centrado ahora en romper el monopolio de la Refinadora Costarricense de Petróleo (Recope) y el de la electricidad, además de cerrar algunas instituciones públicas (CNP, IFAM, IAFA) y sacar la tijera contra el gasto del Estado.

Todos sus proyectos los dice a la velocidad del rayo; se los sabe de memoria y para rematar asegura que, de ganar la Presidencia, convocaría un gran referendo para evitar que sus planes se traben en la Asamblea Legislativa por diputados tan empecinados como él mismo, reconoce pensando en José María Villalta, que probablemente vuelva al Congreso con Frente Amplio.

“Sería un referendo con muchos temas en el primer semestre del 2019 para avanzar en asuntos importantes y urgentes, como la reforma del empleo público”; Guevara confía demasiado en su arrastre electoral.

El diputado parece tener claro que el desbalance fiscal del Gobierno, el empleo y la inseguridad serán temas seguros del debate electoral. Por eso muestra ya sin disimulos su mensaje de mano dura contra la delincuencia y la insistencia en la necesidad de reducir trámites para pequeños emprendedores.

“Esperamos que los jóvenes entiendan que se les va a respetar su individualidad y en el partido encontrarán espacios para que se puedan desarrollar como millennials, trabajando por aquí y por allá. Este es el partido de los millennials”, dijo sacando su interés por atraer a los electores nacidos después de 1980, los que siempre lo han visto en campaña electoral.

Sus posiciones religiosas, sin embargo, no parecen muy acordes con la corriente mayoritaria en la juventud. Guevara se declara “provida” (rechaza el aborto por considerar que la vida empieza desde la fecundación) y dice que personalmente apoya el matrimonio igualitario y el Estado laico, pero que no lo impulsaría porque no es lo más importante ni urgente para el país.

Sí favorece la habilitación de la “píldora del día después” por considerarla anticonceptiva; incluso prefiere utilizarla en casos de violación y no habilitar el aborto en situaciones de estas, porque legalmente es difícil y lento probar que efectivamente hubo un ataque sexual y para cuando acabe el juicio “ya habría nacido la criatura”, justificó.

La política: “una cruzada”

Guevara sabe que hay quienes creen que él ha hecho de la política una fuente de ingresos, que se embolsa parte del aporte estatal para las elecciones o quizás donativos privados para el ML. Él responde que “esos son mitos entre gente de izquierda”, que ha perdido mucho dinero y propiedades y que lo suyo es pura mística, una cruzada.

“Hay una fuerza vital que tiene que ver con una cruzada de vida (…) yo siento que tengo habilidades especiales, una piel especial, un hígado especial y además unos talentos que Dios me ha dado para meterme en esto”.

Pero no solo Dios le ha ayudado. El Estado, esa megaentidad demonizada por el principio libertario más radical, también le ha ayudado a la sostenibilidad de las aventuras electorales.

Después de rechazar el aporte estatal en el período 1998-2002, el ML ajustó sus normas y abrió sus puertas al dinero público para financiar sus campañas políticas. Así pudo recibir 4.122 millones de colones en los últimos 10 años, según datos oficiales del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE), hasta marzo del año en curso.

Ese dinero no ha bastado al ML para poder alcanzar la silla presidencial, pero sí para lograr 26 curules legislativas desde 1998. Un cálculo usando los salarios promedio indica que el Estado ha pagado a legisladores libertarios 4.750 millones, más el sueldo de los asesores a su cargo.

Entre esas 26 curules, tres han correspondido para Guevara en distintos cuatrienios y diez ha quedado en manos de políticos que durante su mandato abandonaron el Movimiento Libertario. Lo hicieron por diferencias con sus compañeros de bancada, con el actual candidato presidencial o con los postulados libertarios directamente, aunque varios dirigentes fundadores más bien han criticado al candidato por deslealtad ideológica.

La fracción actual de los libertarios tiene solo tres diputados a pesar de haber elegido cuatro en 2014. La legisladora limonense Carmen Quesada renunció al partido al año de asumir el escaño y Otto Guevara la considera una muestra de por qué deben afinar los controles para elegir solo personas que comulguen con sus ideas.

“Gente de un alto perfil evita meterse y entonces el partido echa mano de  personas que están dispuestas a poner su nombre y no son necesariamente el mejor perfil. No ha sido sencillo”, declaró en abril Guevara, quien ahora podrá elegir a dedo a cinco personas para integrar sus papeletas legislativas. Ahí seguramente estará Federico Malavassi, uno de los más parecidos en pensamiento al candidato presidencial.

Uno de los desafíos de Guevara será conseguir financiamiento, después de la condena que el partido recibió en 2015 por estafa contra el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) y que tiene en la cárcel al exdiputado y extesorero de la agrupación Ronaldo Alfaro.

El partido quedó en serios problemas financieros, con un faltante de 3.500 millones de colones, pero Guevara puso a responder propiedades suyas y a noviembre el hueco rondaba los 800 millones, según publicó La Nación. En este momento, dijo entonces el tesorero Carlos Herrera, solo podrían saldarse con el candidato después de las elecciones del 2018, quizás con el dinero que quede de deuda política, pero ello depende de que los electores les respondan con los votos.

“En 2014 me llevé un piñazo muy fuerte. En ese discurso muy dolido en que acepté la derrota decía que Dios tenía otro propósito para mí. Cuando repaso mi paso ahora por la Asamblea Legislativa, creo que ha sido una escuela y una experiencia necesaria para ver la nueva dinámica partidaria y la presión para tomar ciertas decisiones”.

 


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