La estudiante nicaragüense que encara a Daniel Ortega

Madelaine Caracas tiene 20 años y es estudiante de comunicación en la Universidad Centroamericana. Desde los inicios de las protestas en Nicaragua se ha convertido en una actriz política fundamental para la oposición de Ortega.

Madelaine Jerusalem Caracas habla fuerte, firme. Las palabras que dice siempre son contundentes y han apabullado a uno que otro político, entre ellos Daniel Ortega, presidente de Nicaragua. El 16 de mayo, en el inicio del ahora inexistente Diálogo Nacional, la joven le leyó a Ortega, uno a uno, todos los nombres de las personas asesinadas en las protestas hasta ese momento. El presidente le guardó silencio.

Días después, Caracas tuvo que salir del país y continuó denunciando lo que pasa en Nicaragua a través de Europa, como parte de la Caravana Informativa de la Solidaridad Internacional con Nicaragua.

Fue escogida para representar al sector estudiantil, que ha jugado un papel vital en la insurrección de este país, por parte de la ahora llamada Articulación de Movimientos Sociales y Organizaciones de la Sociedad Civil, conformado por distintos sectores de oposición. Según Caracas, el viaje fue apadrinado por “la solidaridad de nicaragüenses en todo el mundo”.

En menos de tres meses, viajó a diez países europeos para reunirse con medios de comunicación, políticos y organizaciones independientes de cada país con el objetivo de denunciar el gobierno de Ortega y dirigir mayor atención a la situación en Nicaragua.

Durante estos meses Madelaine Caracas, junto a otras dos integrantes de la Caravana, ha vivido en más de 20 casas de nicaragüenses del grupo autoconvocado en este continente. “Hemos vivido meramente en casas de gente nica erradicada en Europa. Gente que trabaja en limpieza, cuidando ancianos y nos extienden sus brazos para poder ayudar a su país de alguna forma. En la Caravana conocimos madres de personas asesinadas en Nicaragua que no pudieron ver a sus familiares por última vez. Es duro”, cuenta.

Pero ella, afirma, no se arrepiente de nada. “Es mi deber como ciudadana nicaragüense luchar por la democracia y la justicia”, expresa.

“Hemos perdido tanto, nos han quitado tanto, que no tengo miedo”, dice mientras su voz se quiebra un poco. Desde su partida no ha logrado ver a su familia, quienes aún viven en Nicaragua y han sido víctimas de acoso e intimidación desde inicios de abril. “(Los paramilitares) Llegan constantemente a la casa donde vivía. Persiguieron a mi padre, donde resultó en un accidente. No los dejan en paz”, lamenta.

Caracas no puede entrar a Nicaragua. Si lo hace, automáticamente sería apresada o no podría volver a salir del país. El gobierno declaró hace más de un mes que ella, junto a otros líderes estudiantiles, tenían restricciones migratorias por estar involucrados en “actos terroristas” en perjuicio del Estado.

El sábado 25 de agosto, apresaron en Nicaragua a Yaritza Mairena y Victoria Obando, jóvenes estudiantes que han representado a los movimientos estudiantiles en el Diálogo Nacional y en cumbres internacionales. “Nos ven (a los estudiantes) como sus enemigos”, enfatiza la joven.

Antes del 18 de abril

Antes de los inicios de las protestas, Caracas ya era una activista diligente ante los derechos de la mujer y el medio ambiente en Nicaragua. Se declara feminista y su mayor pasión es la pintura. Desde el óleo y los acrílicos abordaba temas como los trastornos mentales y la violencia.

Ella, junto a otros jóvenes, comenzó a organizar a inicios de abril, manifestaciones exigiendo al Estado de Nicaragua tomar medidas ante el incendio de la reserva protegida Indio Maíz.

“Recuerdo que (los jóvenes) nos enfurecimos cuando el gobierno rechazó la ayuda de bomberos especializados costarricenses para combatir el fuego del incendio. Ahí supimos que algo andaba mal. Aunque salimos a protestar, los políticos nos llamaron activistas de pantalla”, dice. Entre esos políticos estaba Edwin Castro, jefe de bancada del Frente Sandinista de Liberación Nacional en la Asamblea nicaragüense.

Por eso tampoco se quedó callada. Madelaine, estudiante de comunicación en la Universidad Centroamericana (UCA), donde también Castro era profesor de Leyes, lo confrontó en las puertas de una clase que él impartía.

“¿Quién es más ladrón aquí? ¿Él (Castro) que le sirve al poder, él que sirvió ayer a la marcha que era una contramarcha de ciudadanos nicaragüenses? Nadie nos obligó a ir. Nadie nos pagó. Nosotros somos chavalos que tenemos derecho a exigir respuestas del Gobierno”, se escuchaba en videos grabados de ese día.

Castro pidió que fuera expulsada. La UCA no cedió y al contrario, no reanudaron el contrato del diputado sandinista. El día del diálogo, Edwin Castro miraba fijamente a la estudiante con desprecio, apatía. “Es gente que no está acostumbrada a que se les cuestione”, afirma Caracas.

“Mi rostro es uno de muchos”

Madelaine casi nunca habla en singular. Insiste en que ella no se representa a sí misma, sino a todo un país. Aunque la revista internacional Estrategias y Negocios la nombró una de las mujeres más desafiantes de Centroamérica, no le gusta “llevarse todo el crédito”. “Hay otras mujeres que desde un perfil más bajo están haciendo muchas cosas en Nicaragua. No nos olvidemos de las presas políticas, las activistas, otras mujeres poderosas”, explica.

Insiste que Ortega “se tiene que ir del poder”. “(Ortega) es un violador, asesino. Nunca le ha importado el pueblo”, dice. Por lo tanto seguirá cabildeando “donde sea posible” para promover espacios de condena para el gobierno de Nicaragua.

La joven, así mismo, desea darles una voz a los nicaragüenses que han escapado a otros países para salvar sus vidas.

“Se sabe que en Costa Rica está la mayor cantidad de refugiados, pero ya hay nicas que están llegando a España, Estados Unidos, México. Hay que analizar cómo los líderes estudiantiles estamos lidiando con esto. Por las condiciones tan precarias que viven nuestros hermanos. En Costa Rica ya estamos armando planes para ayudar, porque en todos lados podemos colaborar con la causa. Si yo puedo ayudarles en lo que sea, sin dudar lo haré”, enfatiza.

Si en algo ha cambiado Madelaine, es que su voz ahora es más fuerte. Explica que ha aprendido “años de vida” desde el 19 de abril. Es cautelosa en decir dónde vive, debido a que aún fuera de Nicaragua, siente que “Ortega tiene tentáculos” para perseguir a las personas. No se arrepiente de nada. Dice que sacrificaría todo lo que le queda por aportar a que se haga justicia para el pueblo nicaragüense.

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