Adriana Collado: La cultura en juego

En Universidad, convocamos a un grupo heterogéneo y les pedimos que, desde sus perspectivas, respondieran a la pregunta: ¿qué está en juego en esta elección?

Votaremos el 1 de abril sin haber conocido lo que el Partido Restauración Nacional (PRN) haría con el mundo de la cultura de llegar al poder.

En su plan de gobierno, la cultura es apenas una dimensión recreativa para afianzar la autoestima. Se acordaron del Sistema Nacional de Educación Musical y prometen concursos de bandas. No aparece la cultura como derecho humano. Nada de industrias creativas o economía naranja. Están ausentes la salvaguarda del patrimonio; la legislación e infraestructura cultural; la producción, promoción y formación artística; el fortalecimiento institucional; la gestión sociocultural y la participación comunitaria.

El PRN había anunciado la publicación de un plan de gobierno 2.0 que nunca vio la luz. Si lo publicasen días antes de las elecciones sería aún peor. Por respeto a la ciudadanía y a un voto informado, los planes de gobierno deben ser divulgados con tiempo. Pero el PRN tampoco permitió el debate en cultura.

Desde que el Partido Acción Ciudadana (PAC) publicó su Plan Gobierno, incluyó un capítulo de cultura. No lo voy a resumir aquí. Se puede leer accediendo a la página web del PAC donde lleva meses publicado. Sólo una cosa: se trata de un documento serio que está enteramente afianzado en la Política Nacional de Derechos Culturales 2014-2024, importantísimo legado de la administración anterior.

Queda claro que una gran parte de la población no irá a las urnas teniendo en mente los planes de gobierno. Entonces, para el caso específico de la cultura, ¿qué podríamos esperar si queda electo uno u otro candidato? Para ensayar una valoración pensemos a qué se enfrentarán. A lo largo de décadas se han hecho varios diagnósticos sectoriales. Al leer las principales conclusiones de uno que se hizo hace 23 años, resulta evidente que los problemas siguen siendo los mismos: una precaria regionalización y desconcentración; instituciones con serias debilidades operativas y de legislación; un organigrama sectorial inmanejable; una incomunicación y falta de planificación sistémica; un presupuesto insuficiente y una carente inversión municipal en cultura. Lo que ha cambiado es que el sector es hoy un universo más grande con menos recursos.

Aparte del tema presupuestario, cuya solución está en gran medida supeditada a políticas fiscales en media crisis, lo más urgente que deberá resolver cualquier equipo que llegue al Ministerio de Cultura y Juventud (MCJ) será emprender su reorganización y la de algunos de sus órganos desconcentrados. Esta labor es compleja y apremiante. No se presta a improvisaciones. Se debe contar con un equipo gerencial verdaderamente apto, conformado por profesionales de la gestión cultural que, además, sean líderes empáticos, negociadores y, sobre todo, ejecutivos.

Si le correspondiese al PAC esta gestión del cambio, los jerarcas que la asuman tendrían que demostrar que han aprendido la lección despojándose de cualquier prepotencia o aires de gran inquisidor al “poner en orden la casa”. El PAC no podría darse el lujo de estrenar una nueva gestión en cultura que reviva las memorias de persecución y acusación sin fundamento contra tantos trabajadores de la cultura, como aquellas emprendidas al principio de esta administración. El tono tendría que ser de consenso en torno a propósitos culturales.

Respecto al PRN, no creo que deba asumir tal encomienda, porque simplemente no podría llevarla a buen puerto. Su gestión se avizoraría entrópica: asumirían sin tener un plan socializado, se enfrentarían a una población de artistas y trabajadores de la cultura alérgicos a los fundamentalismos del PRN y, lo más riesgoso, no podrían ponerse de acuerdo entre sí porque son un equipo que no habla el mismo idioma. Muchos de quienes se han unido al equipo de cultura del PRN proceden de otros partidos. Algunos son de pensamiento liberal e, incluso, escépticos religiosos. Están ahí porque su ego pudo con ellos, porque guardan un profundo rencor contra el PAC.

Si Fabricio Alvarado le cumple a sus votantes, tendría que generar en todo el aparato estatal líneas transversales de política que reflejen sus visiones conservadoras de la familia. Entonces, si fuesen gobierno, ¿cómo reaccionarían sus autoridades ante una obra que gane un concurso público y lleve a escena, en un teatro estatal, la historia de una pareja del mismo sexo que quiere casarse en Costa Rica, pero denuncia que la misma batería ideológica del gobierno en el poder reprime sus derechos? El tema es que, al no ser todo el equipo de cultura del PRN conservador, preveo que su gestión tendría muchas fricciones. Tendrían dificultad para encontrar profesionales serios, que asuman direcciones de instituciones culturales ateniéndose a la posibilidad de tener que aplicar una censura que venga directamente de Casa Presidencial. En ese contexto, no sólo no podrían con lo cotidiano, sino que también les resultaría imposible emprender la gigante labor estructural que urge hacer en el MCJ y sus órganos.

Lo que está en juego en esta elección tiene que ver con cinco pilares sobre los que descansa la democracia cultural de nuestro país: diversidad, derechos, libertad, patrimonio y creatividad. Si tan solo uno de esos fundamentos es socavado o coartado, automáticamente todo el mundo cultural está bajo amenaza. Entiéndase: en el momento en que esos pilares deban “ajustarse” y “plegarse” a los controles de una ideología religiosa para reflejar su visión, en ese mismo instante dejan de ser verdadera expresión de la cultura de un pueblo multiétnico y plural, para transformarse en instrumentos propagandísticos de quienes ostentan el poder.

Lo que está en juego en esta elección tiene que ver con cinco pilares sobre los que descansa la democracia cultural de nuestro país: diversidad, derechos, libertad, patrimonio y creatividad.

Las creencias siempre han resonado en la producción artística y cultural de los pueblos.  Pero lo que la historia nos ha enseñado es que existe un peligro real cuando, en nombre de un discurso ético y moral, se echan las cartas de toda la producción estética de una nación. Sobran los ejemplos para recodar que en nombre de ideas religiosas y totalitarismos se han perseguido y destruido extraordinarias manifestaciones culturales por considerarlas amenazantes, peligrosas e, incluso, degeneradas. Eso va desde el patrimonio arquitectónico de la humanidad, pasando por el patrimonio inmaterial de pueblos ancestrales, hasta el legado de las vanguardias artísticas del siglo XX.

Lo que está en juego en esta segunda ronda electoral es si las grandes conquistas educativas y culturales que hemos forjado en Costa Rica seguirán construyendo nuestro modelo de desarrollo como país; si la cultura seguirá siendo el espacio para una convivencia social armónica en la diversidad; si podremos saldar la deuda con las zonas más pobres de este país para que tengan templos de cultura y espacios catárticos de expresión desde las artes, y si el espíritu creativo y el pensamiento ilustrado seguirán siendo los motores que potencien nuestra competitividad. Pero, sobre todo. lo que está en juego es si la cultura seguirá siendo el terreno fértil que nutra nuestra paz y democracia.

¿Qué está en juego esta elección? Ellos responden a la pregunta: 

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Adriana Collado

Historiadora del Arte, exdirectora del Teatro Nacional, curadora del Museo Histórico y Tecnológico del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) y gestora cultural.

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