COVID-19La Carpio:  Hacinamiento, empleo informal y marginalidad facilitan contagio

La Carpio hierve de gente. Sobre la calle principal, personas van y vienen entre ventas de ropa, zapatos, verduras, pollo frito, cartones de huevos, tortillas y bolsitas de chicharrones. Decenas de personas bajan de los autobuses rosados de Biusa en las esquinas, mientras los camiones de basura pasan a toda velocidad hacia el relleno sanitario.

En las angostas callecitas que se desmembran de la principal, las casas están lata con lata o pared con pared, y de esas viviendas oscuras salen a pulsearla todos los días miles de personas, a quienes no les queda de otra. Entrando por la cuarta parada se amontonan más verdulerías, zapaterías improvisadas y pulperías; al fondo, una mujer revuelve un caldo anaranjado en un ollón de hierro que burbujea sobre un estañón.

En esa Carpio sobrepoblada, marginal, con servicios públicos limitados, donde prevalece el empleo informal y la necesidad, el Ministerio de Salud confirmó el 18 de mayo que había detectado 20 personas con COVID-19, asociadas a dos focos de contagio o clusters. Uno de ellos tenía un nexo con otro cluster y el segundo se identificó mediante el mecanismo de vigilancia de zonas de riesgo que implementaron aquí las autoridades.

De inmediato y sabiendo que el lugar es una olla de presión al ser un territorio densamente poblado, personal del Ministerio intervino. El doctor Rodrigo Marín, director de Vigilancia de la Salud, del Ministerio de Salud, dijo a UNIVERSIDAD que algunos de los casos identificados se han aislado en sus casas y otros en centros de aislamiento, porque en sus viviendas se dificultaba cumplir las medidas sanitarias. Agregó que se les está dando seguimiento a ellos y a sus contactos y que siguen haciendo pruebas.

El director del Ebais Carpio-León XIII, dr. Sergio León Muñoz, indicó a UNIVERSIDAD que, a la fecha, tienen 22 casos positivos en La Carpio.

La zona alberga varias condiciones que hacen que se facilite un brote de COVID-19, según las autoridades y los propios vecinos consultados por este medio. El hacinamiento presente, la cantidad de personas que dependen del empleo informal para sobrevivir, el limitado acceso al agua y la falta de información la convierten en una zona de riesgo.

VIVEN 30.000 PERSONAS

En Calle Santiago, en el sector conocido como Roble Norte, vive doña Ana Estrada Valle desde hace 26 años. Ella, su esposo y sus tres hijos están en la casa desde el inicio de la emergencia, ya que su esposo perdió su empleo como maestro de obras, al igual que su hijo mayor, que trabajaba en un call center.

“Yo le pido a Dios que ya pase esto. Como mi esposo es diabético, él no puede salir a buscar trabajo”, dice doña Ana. Ella piensa que en La Carpio es más fácil el contagio porque viven “más agrupados” y “más en las cuarterías”.

El asentamiento informal de La Carpio fue creado en 1993, principalmente a raíz de tomas de tierras. Según datos del Ministerio de Vivienda y Asentamientos Humanos (Mivah), aquí viven 25.000 personas; pero una proyección aproximada de vecinos, habla de 30.000.

La única vía que lleva a esta zona marginal bordeada por los cañones de los ríos Virilla y Torres pasa frente a la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales Los Tajos y atraviesa la comunidad hasta llegar al relleno sanitario o Parque Tecnológico La Carpio, de EBI.

La Carpio forma parte de la lista de 33 localidades que el Ministerio de Salud definió como de alto riesgo por COVID-19 y que se mantienen en vigilancia por su alta densidad poblacional, riesgo de que se produzcan brotes más facilmente o por ser fronterizas o de paso de personas. Otras localidades de riesgo son León XIII, Los Cuadros, Alajuelita, Upala, Los Chiles, Sarapiquí, Canoas, San Vito, Sixaola y Filaldelfia.

HACINAMIENTO Y DESEMPLEO

Daniela Gutiérrez Centeno es asistente de investigación en el Celeq y asistente de docencia en la Escuela de Administración Pública de la UCR. (Foto: Miriet Ábrego).

Para Daniela Gutiérrez Centeno, de 27 años, La Carpio es una comunidad de gente trabajadora que quiere salir adelante. Entrando por la cuarta parada, en una calle angosta y tranquila vive con su madre Teresa desde hace 13 años.

Doña Teresa es trabajadora doméstica y cuando empezó la emergencia dejó de ir a trabajar un mes, con la suerte de que sus patronos no le redujeron ni suspendieron el salario.

“Desde que empezó la emergencia del coronavirus, en mi caso, mi familia y yo sí hemos respetado la cuarentena”, dice Daniela, “pero hay muchas personas que tienen trabajo informal y no pueden darse el lujo de decir que no pueden ir a trabajar”.

“Todo el mundo sabe que La Carpio es un lugar vulnerable por todo el hacinamiento que hay; y tras de eso, hay mucho desempleo”, dice Daniela.

“También influye no tener acceso al agua durante todo el día, no nos podemos estar lavando las manos. Durante muchas horas algunas familias no tienen agua, pueden ser cinco horas o toda la noche; entonces hay muchas personas que se levantan como a las tres de la mañana a llenar sus baldes con agua”, cuenta la joven, que es bachiller en Administración Pública y egresada en Ingeniería Química en la Universidad de Costa Rica (UCR).

Sobre esa carencia en el servicio de agua, la oficina de prensa del AyA  responde que existe un horario de abastecimiento por horas en la zona y que el servicio se brinda todos los días de 8 a.m. a 11:30 a.m. y luego de 3 p.m. a 5:30 p.m. Esto por cuanto “la mayoría de habitantes de la Carpio no cuentan con los respectivos derechos de su propiedad, lo que imposibilita a la institución darles un servicio formal, incluyendo la instalación de medidores y la facturación”.

Una Comisión Interinstitucional, donde participan vecinos de la zona, trabaja en una solución integral para titular las propiedades y poder formalizar los servicios de agua; pero mientras tanto, “el AyA, como institución responsable, brinda el servicio de forma solidaria para mantener la salud de los pobladores”, se indicó.

LA PRIORIDAD SON LOS FRIJOLES

Katy De León y su hermano Mario, llegaron a La Carpio en 1995. (Foto: Miriet Abrego)

En la esquina de la segunda parada, una se puede asomar a la tortillería donde Daleska Duarte y Luz Picado preparan tortillas, que venden con cuajada; y los fines de semana ofrecen frito y pepena de cerdo (platillo nicaragüense).

Entre la primera y la segunda parada, entrando por la Panadería Dennis, vive desde hace 26 años Katy De León. Para ella la sobrepoblación, la necesidad y el trabajo informal son las características que han ayudado al contagio.

“Respecto a lo que se ha dado aquí en Carpio con este brote es que las personas viven muy juntas, viven en cuarterías, entonces probablemente van a trabajar afuera, alguien vuelve y contagia a los demás”, considera la maestra de preescolar y profesora en la Universidad Estatal a Distancia (UNED). En su caso, ella hace teletrabajo; pero todos los días lleva y trae en carro a su mamá, quien es trabajadora doméstica, a Heredia.

“La gente dice: ¿para qué lavado de manos y jabón si no hay agua? Para muchos aquí la prioridad es la alimentación; es más importante comprar frijoles, que comprar jabón o alcohol en gel”, declara Katy.

NEGOCIOS PROPIOS

Jeffry Hernández Ruiz trabaja para el centro de servicios de la empresa Bayer y vive en La Carpio desde hace 20 años. (Foto: Miriet Abrego)

En la casa de Jeffry Hernández Ruiz vive actualmente todo su núcleo familiar: padre, madre, tres hermanos y una hermana, un tío por parte de su papá y un primo por parte de su mamá. Jeffry trabaja para el centro de servicios de la empresa Bayer y es vecino de La Carpio desde hace 20 años. Su vivienda queda como a 600 metros del río Torres, en el límite donde empiezan “las gradas”, que son filas de viviendas que están trepadas en el cañón que baja al río.

“Hay demasiadas personas viviendo en un solo territorio, en su mayoría predomina la nacionalidad nicaragüense; pero hay de muchas otras nacionalidades y también hay muchos ticos viviendo en La Carpio”, afirma Jeffry.

“Presenta características que la hacen un objetivo delicado para esto que es el COVID. En primer lugar, el diseño de las casas, además de que están pegadas unas con otras, son muy pequeñas, lo cual demanda que la gente tenga que salir casi que a fuerza, quedarse en un espacio de 5 metros por 5 metros, una familia de 5, de 7, es imposible. Y muchas personas dependen de negocios propios, ventas de frutas, verduras, tortillas, carnes, alimentos; eso hace que todos tengan su propio negocio, que tengan que salir y estarse movilizando”, dice.

SE HAN REALIZADO 520 PRUEBAS

En el Ebais Carpio-León XIII solo están dando consulta a pacientes con síntomas respiratorios. (Foto: Miriet Ábrego).

Afuera del Ebais Carpio-León XIII, alrededor de diez personas hacen fila, algunas con mascarillas o pañitos tapándose la boca y la nariz. Este Ebais ha sido epicentro de la vigilancia en la zona y es administrado por la Clínica Bíblica.

Su director, el dr. Sergio León Muñoz, explicó a UNIVERSIDAD que actualmente solo están dando consulta a pacientes con síntomas respiratorios. Si la persona cumple con los criterios de caso sospechoso, según el Ministerio de Salud, le toman la muestra para COVID-19.

“Se ha indicado a la población que, si tiene síntomas, vaya al Ebais para que la valoren y descartar que su cuadro sea compatible con el nuevo coronavirus. “En caso de ser identificado como caso sospechoso, se realizará el abordaje correspondiente de acuerdo con los lineamientos nacionales”, dijo León.

Desde el 7 y hasta el 30 de mayo se realiza un muestreo de vigilancia en el que escogen pacientes al azar, a los que se les hace la prueba, detalló el funcionario. Al 26 de mayo se habían tomado 149 muestras como parte de este muestreo. En la búsqueda activa se tomaron 335 muestras y 36 más entre casos sospechosos captados en la sede y contactos de casos confirmados. En total se han tomado 520 muestras en La Carpio.

Los días 14 y 15 de mayo se hizo una búsqueda activa, en coordinación con el Ministerio de Salud y la Caja Costarricense del Seguro Social, y se hicieron más de 300 pruebas.

Pamela Reynoza Gómez, quien vive en La Carpio desde que nació hace 25 años, participó en ese tamizaje o búsqueda activa. Ella es enfermera en el Hospital Nacional de Niños y trabaja en turno de noche. Su esposo la lleva y la trae en moto al hospital. Cuenta que cuando regresa del trabajo en las mañanas siempre ve muchos menores en la calle.

“Veo que hay mucho chiquito jugando en la calle. Las mamás no los encierran para prevenir y siento que son un medio de contagio. Las mamás tal vez no los aguantan a todos en la casa, pero sería bueno tratar de que no salgan tanto, porque están afuera jugando con otros niños y no tienen cuidado de que si me escupió, me tosió, me estornudó”, opina Pamela.

SE REGISTRAN 22 CASOS

El muestreo de vigilancia para detectar el COVID-19 se extenderá hasta el 30 de mayo en La Carpio. (Foto: Miriet Ábrego).

A la fecha hay 22 casos positivos en La Carpio, de los cuales 10 fueron detectados por pruebas realizadas por el Ebais, seis por el Hospital Nacional de Niños, cuatro por el Hospital México, uno por la Clínica Bíblica y uno por el Área de Salud de Mata Redonda.

“El mensaje es que en las familias donde hay imposibilidad de mantener las medidas extremen la vigilancia de personas con factores de riesgo y cuidarlos de exponerlos lo mínimo posible y estar pendientes de llevarlos a recibir atención oportuna”, destacó el dr. Sergio León.

“Sabemos que aquí hay muchas personas que viven al contado; si no trabajan no comen. Lo que podemos hacer es usar una mascarilla, llevar alcohol en gel, lavarse las manos más seguido y tratar de no hablar tanto con la gente, porque aquí la gente es muy sociable, usted va en el bus y te van hablando y hablando”, dijo Pamela.

“Es una comunidad muy poblada y esto se puede extender demasiado rápido si no lo logran controlar”, insistió la enfermera.

“Lo que podemos hacer es tomar las medidas de higiene, lavarnos las manos y los que tienen que salir por fuerza mayor, que usen su mascarilla. Creo que haciendo esas dos cosas va a ayudar muchísimo; y no recibir visitas ni salir tanto de compras”, dijo Jeffry.

Los estigmas contra La Carpio son claros para Katy De León y se exacerban con la situación del COVID-19. “Si decimos que somos vecinos de la comunidad ya hay una discriminación o se piensa que vamos a contagiar a los demás por el hecho de vivir en Carpio. Solo un ejemplo, la mayoría de Uber no entran acá, ni los de comidas porque tienen este miedo a ser contagiados”, contó.

Así es como una comunidad invisibilizada y discriminada durante años, y considerada por muchos como una comunidad de lucha, hoy se enfrenta al COVID-19.

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