Inversión social ataca la desigualdad pero no resuelve la pobreza

Casi 88000 hogares están en riesgo de caer bajo la línea de pobreza,pues sus ingresos no son muy superiores a los de los hogares pobres

La inversión social se mantiene como gran protagonista en la reducción de los índices de pobreza que ha experimentado el país en los últimos años, pero sigue sin atacar el problema de fondo.

Entre 2015 y 2016 se disminuyó el porcentaje de hogares en pobreza en 1,2 puntos en la medición por línea de pobreza (20,5%), y 1,3 puntos en el Índice de Pobreza Multidimencional (20,5%).

Sin embargo, durante el 2016 un 31,5% de los hogares sufría de alguno de los dos tipos de pobreza (por ingreso, multidimensional o ambas).


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La investigadora Natalia Morales comentó que durante el 2016 se registró un crecimiento de los ingresos en casi todos los hogares, sobre todo en el 10% más pobre y el 10% más adinerado, lo que hace que la desigualdad se mantenga en niveles altos.

Los ingresos de los hogares se vieron beneficiados por la reducción en el costo de la canasta básica alimentaria y la baja en la línea de la pobreza (el monto de ingreso bajo el cual se determina que una persona es pobre), pero también por un aumento en los ingresos laborales de un 1,7%.

Otro factor importante en el aumento de los ingresos fue el aumento de las transferencias que se realizan desde los programas sociales, de los cuales son beneficiarios un tercio de los hogares.

De acuerdo con Morales, un 61% de la reducción de la pobreza en 2016 se explica por estas transferencias, 22% por el cambio en la línea de pobreza y 17% por los ingresos laborales. En el caso de las contribuciones, el efecto fue mayor en las zonas rurales y en las personas que viven en pobreza extrema.

En el caso del primer decil (el 10% de la población con menos ingresos), los ingresos que reciben por la asistencia social llegan a representar el 87% del total.

En el caso de la medición de la desigualdad mediante el Coeficiente de Gini, este se mantiene estancado, pues pese a que la cantidad de hogares pobres se redujo levemente y mejoró sus ingresos, el 10% de los hogares más ricos también tuvo un crecimiento importante en su riqueza.

El informe destaca que la Inversión Social Pública (ISP) atenúa el aumento de la desigualdad, pues en 2016 el Coeficiente de Gini del ingreso familiar autónomo se registró en 0,533, pero al sumar el ingreso por la ISP, este baja a 0,403, es decir, un 32%.

Sin embargo, el informe señala que este tipo de asistencia si bien atenúa la pobreza, sigue sin atacar los problemas estructurales de la misma, al tiempo que otra gran cantidad de hogares se mantienen en un alto riesgo de calificar también como pobres.

El informe analizó el “movimiento” de los hogares por encima o por debajo de la línea de pobreza entre 2015 y 2016, y se determinó que hay unos 88.000 hogares no pobres pero vulnerables a caer en pobreza no extrema, pues sus ingresos están solo un 20% por encima de la línea de pobreza.

Existen además, en ese grupo, unos 50.000 hogares cuyos ingresos no se diferencian casi en nada de los que tienen otros 50.000 más cercanos a superar la línea de pobreza.

“Cuando una persona no es pobre gracias a la ayuda estatal, pero no desarrolló las capacidades que le permitirían acceder a un empleo de calidad, si pierde ese subsidio –dado que técnicamente ya no es pobre- recaerá en esa condición”, dice el informe.

En cuanto al comportamiento del mercado de trabajo, este mostró un mejor desempeño desde finales del 2016 e inicios de 2017, lo que permitió un crecimiento en las tasas de participación laboral y reducción del desempleo, pero con resultados dispares.

Entre 2011 y 2017 se han generado unos 35.000 empleos por año, 31.000 de ellos corresponden al sector informal, mientras que otros los 4.000 son del sector formal.

“La mayoría de los empleos se crean en el sector informal porque la gente trata de resolver su problema de desempleo por vías alternativas. Esta es una aparente mejora del mercado de trabajo, pero no se traduce en una solución de la pobreza”, afirmó Morales.



Red de Cuido: muchos actores con calidad dispar

En el Informe Estado de la Nación de este año se realizó un estudio sobre la Red Nacional de Cuido y Desarrollo Infantil, para analizar a los proveedores del servicio y el tipo de población que se atiende.

En este caso se analizaron las modalidades del Cen-Cinai, los centros privados con subsidio del IMAS (centros infantiles, hogares comunitarios) y los Centros de Cuido y Desarrollo Infantil (Cecudi).

El estudio registró un total de 1.157 centros infantiles financiados total o parcialmente por el Estado, que atendieron a 52.190 niños y niñas en todo el país.

El estudio determinó que la Red de Cuido está conformada por muchos actores de características muy distintas, con centros infantiles de tamaños, niveles de involucramiento y formas de operación muy dispares.

También refleja problemas de coordinación, ya que los miembros de la red no conocen lo que hacen los otros integrantes, sus públicos meta, capacidad, enfoque y requisitos.

Aunque la Red de Cuido se concibe como un servicio universal, en la actualidad está principalmente focalizada en familias pobres y en pobreza extrema, quienes representan el 97% de los beneficiarios.

En la Red de Cuido se atiende a hogares que en un 81% son jefeados por mujeres, cifra que baja a 76% cuando se considera solo a las mujeres sin pareja.

Por condición de actividad, un 41% de jefes de los hogares que acuden a estos servicios tiene un empleo permanente, 32,2% realiza labores estacionales, 15,8% trabaja en servicio doméstico, 5,2% está desempleado y 4,5% estudia.

El informe también revela que entre las jefas de hogar que reciben este servicio, el 81% tiene la secundaria incompleta o menos.



 

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