Herbicidas de libre distribución pueden ser cancerígenos

Se requieren más estudios, pero investigación local parece confirmar análisis internacionales sobre presencia de metales pesados en herbicidas.

Alarmado por un estudio internacional, el químico Rigoberto Blanco logró hallar un indicio de presencia de níquel en herbicidas de comercialización irrestricta en el país.

El níquel es un metal que tiene efectos cancerígenos y además se ha investigado como disruptor endocrino, es decir, que altera el funcionamiento de los órganos a cargo de la secreción de las diferentes hormonas.

Se trata de las marcas comerciales Roundup -de la multinacional Bayer- y Evigras -producida en Costa Rica por Seracsa-, las cuales fueron analizadas a instancias de Blanco por el Centro de Investigación y de Servicios Químicos y Miocrobiológicos (Ceqiatec) del Instituto Tecnológico.

En ambos casos, el ingrediente activo –componente principal– de los herbicidas es el glifosato, el cual también ha sido señalado como cancerígeno y disruptor endocrino.

Ese laboratorio halló en el Roundup 0,076 ± 0,001 miligramos por litro (mg/L) de níquel, mientras que en el Evigras 0,150 ±0,003 mg/L. Las cifras parecerán pequeñas, pero Blanco explicó que cuando se trata de sustancias cancerígenas, el solo hecho de su presencia –por reducida que sea–, implica riesgo, ya que no se trata de un componente tóxico ante el cual pueda tenerse resistencia, sino de que el cáncer consiste en un crecimiento desmedido de las células, a causa de una alteración en el ácido desoxirribonucleico (ADN).

Blanco, catedrático de la UCR, enfatizó que el hallazgo es “un indicio”, y precisamente lo que pide es que las autoridades de Gobierno lleven a cabo mayores análisis de los productos que se consiguen en el mercado, con el fin no solo de confirmar la presencia de níquel, sino la de metales pesados.

Productos a base de glifosato se utilizan en cultivos de aguacate, algodón, arroz, banano, cacao, café, caña de azúcar, carambola, cherimoya, cítricos, coco, cultivos forestales, frijol, guanábana, macadamia, maíz, mango, melón, palma africana, palma aceitera, papaya, pastos, piña, plátano, sorgo, soja, tamarindo, uva y zapote.

Riesgo y peligro

Fue el pasado 18 de diciembre cuando el científico presentó formalmente una denuncia ciudadana ante los ministerios de Salud y Agricultura y Ganadería (MAG), en la forma de un oficio dirigido a los jerarcas de esas carteras, así como la Defensoría de los Habitantes, y con copia al Ministro de Ambiente y Energía (Minae).

En ese texto, señaló que la presencia de níquel “modifica radicalmente la peligrosidad y toxicidad de los productos comerciales”, los cuales son considerados “muy poco tóxicos”, pero al contener el peligroso metal debe considerarse un mayor nivel de toxicidad, precisamente por ser cancerígeno, según lo ha analizado el Centro Internacional de Investigaciones sobre Cáncer (IARC, por sus siglas en inglés).

Los efectos en el sistema endocrino fueron comprobados en un estudio científico del 2011, que analizó los efectos del níquel en ratas.

Blanco explicó que su preocupación por analizar los herbicidas surgió tras la lectura de otro estudio publicado a finales del 2017, titulado “Toxicidad de formulados y metales pesados en herbicidas a base de glifosato y otros pesticidas”, publicado por Nicolas Defarge y otros científicos en Toxicology Reports, en diciembre del año antepasado.

El especialista, además, llamó la atención a otro estudio del 2017, publicado en la revista Frontiers in Chemestry. Ese trabajo reportó “el efecto sinérgico entre el glifosato y los metales pesados en seres vivos”; es decir, que metales pesados como el arsénico, incluso el mencionado níquel, actúan en conjunto con el glifosato para aumentar su efecto herbicida.

Consultado por UNIVERSIDAD, Blanco explicó que cuando se registra un agroquímico en Costa Rica las autoridades verifican que el principio activo –en este caso el glifosato– esté presente en la cantidad reportada por el fabricante, mientras que todo lo demás en el herbicida se considera “materia inerte”.

Detalló que el estudio de Defarge y demás se abocó a analizar precisamente esa materia inerte, y encontraron una serie de componentes que tienen una “toxicidad especial”. “Lo interesante –indicó Blanco– son los metales pesados, porque todos son tóxicos: el arsénico, el cobalto, el cromo, el níquel y el bromo”.

Ese estudio encontró, además de níquel, presencia de arsénico, cobalto y cromo en las diferentes presentaciones de Roundup.

Sobre los daños al sistema endocrino, Blanco explicó que es un tema que se ha investigado ampliamente en los últimos 20 años. Detalló que químicamente las moléculas tienen una estructura electrónica y sustancias como el glifosato “engañan al organismo” para que crea que se trata más bien de una hormona, de manera que reacciona consecuentemente y se dan casos como el de niñas de ocho años que desarrollan senos, “porque el metabolismo de la niña piensa que se está liberando la hormona”. Reconoció, sin embargo, que casos así de dramáticos no se han documentado en el país.

Además llamó la atención a que se desconoce desde cuándo Monsanto, hoy Bayer, ha incluido níquel y otros metales pesados en el Roundup, porque es hasta ahora que se estudia la llamada materia inerte de los herbicidas.

Ante ello, subrayó que el glifosato es el herbicida más utilizado en Costa Rica, abarca un 51% del mercado a través de más de 35 marcas registradas en el MAG. Su llamado es a que las autoridades nacionales hagan análisis de todas ellas.

Sobre los resultados del laboratorio del TEC, dijo que el hecho de que solo se encontrara níquel y en proporciones muy bajas se debe a la capacidad analítica del laboratorio. Si bien el Ceqiatec cuenta con todas las acreditaciones y permisos necesarios, utiliza la técnica de análisis del horno de grafito, cuyos límites de detección y cuantificación de sustancias no son tan precisos como los de la espectroscopia de masas.

El glifosato ha sido prohibido en varias regiones argentinas, Sri Lanka, El Salvador, Bélgica, Holanda, Bermuda, Malta, Togo y Francia.


El silencio de los elocuentes

Ante el hecho de que la población se podría estar viendo expuesta a peligrosos cancerígenos y disruptores endocrinos presentes en herbicidas, desde el Ministerio de Salud la única respuesta que se obtuvo –a través del departamento de prensa–, fue que “el registro se hace en el Ministerio de Agricultura y Ganadería y la denuncia en mención se encuentra en proceso de análisis”.

En el MAG no se obtuvo respuesta alguna a la gestión realizada para obtener el criterio de la institución. Por otra parte, desde la empresa Seracsa, el gerente comercial Daniel Vivero reconoció que el tema le tomó por sorpresa y dijo no poder referirse al respecto por no tener conocimiento.

El que sí se refirió al tema fue el director del Servicio Fitosanitario del Estado (SFE), Fernando Araya, quien indicó que esa institución sí recibió la denuncia de Blanco y que “los técnicos del SFE procedieron a localizar y muestrear los productos de los mismos lotes de producción para ser sometidos a análisis por parte del Estado”.

Informó que esa institución “está gestionando para que un laboratorio que disponga del método de detección del níquel debidamente validado proceda con los análisis”, y que por ello en este momento no es posible estimar cuándo estarán los resultados, aunque “se está trabajando para obtenerlos lo antes posible”.

Añadió que, una vez realizados, los análisis serán enviados al Ministerio de Salud como entidad competente cuando estén concluidos, “para determinar si los resultados representan algún riesgo a la salud humana”.

Desde el Minae se informó que se trabaja el tema “de manera interinstitucional, articulada”, y que se pronunciará al respecto “en el momento en que tengamos datos oficiales de parte del SFE”.



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