100 días en pandemia

Gravedad de COVID-19 se asocia a características del huésped

No solo pesa la edad, la genética y otros padecimientos asociados a estilo de vida están agravando el cuadro de muchos pacientes, incluso, conduciéndolos a la muerte. La COVID-19 vino a dejar en evidencia nuestras vulnerabilidades y también ha sabido_complicarlas.

En términos generales, los patógenos pueden expresar una virulencia condicional, es decir, pueden ser muy virulentos en alguna personas y menos en otras. El SARS-CoV-2, el virus causante de COVID-19, ha sabido jugar con eso y, por ello, maximiza la virulencia en algunas personas valiéndose de su edad, pero también de otros factores asociados a la genética y al estilo de vida.

Un estudio, publicado en The Lancet, analizó datos demográficos como país, sexo y edad de las personas y los cruzó con otros relativos a las condiciones subyacentes relevantes para COVID-19, utilizando la información contenida en el Global Burden of Diseases, Injuries, and Risk Factors Study (GBD) del 2017.

De esta forma, los investigadores se percataron que 22% de la población mundial tiene, al menos, un factor de riesgo y eso los hace vulnerables a COVID-19. También, los científicos calcularon que 349 millones de personas (4% de la población mundial) poseen un alto riesgo de que su cuadro se agrave de llegar a padecer COVID-19 y, por tanto, necesitarían hospitalización si llegasen a infectarse.

“Aproximadamente una de cada cinco personas en todo el mundo podría correr un mayor riesgo de padecer gravemente COVID-19, en caso de que se infectara, debido a condiciones de salud subyacentes, pero este riesgo varía considerablemente según la edad”, se lee en el estudio.

¿Qué nos hace vulnerables?

Tras analizar los datos de 1.099 pacientes diagnosticados en 552 hospitales pertenecientes a 30 provincias, regiones autónomas y municipios de China, los investigadores del Grupo de Expertos en Tratamiento Médico de China para COVID-19 notaron que los pacientes más graves eran aquellos con mayor edad.

Además, y según los hallazgos publicados en The New England Journal of Medicine, la presencia de otra enfermedad coexistente era más común entre los pacientes graves que entre los leves (38,7% frente a 21,0%).

Investigadores de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC), en Estados Unidos, hicieron observaciones similares. De un total de 7.162 casos positivos por COVID-19, el 37,6% tenía uno o más factores de riesgo subyacentes, entre las afecciones más comunes estaban diabetes, enfermedad pulmonar crónica y padecimientos cardiovasculares.

Entre las personas que requirieron hospitalización en una Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), el 78% presentaban al menos un factor de riesgo.

“Estos resultados son consistentes con los hallazgos realizados en China e Italia, los cuales sugieren que los pacientes con condiciones de salud subyacentes podrían tener un mayor riesgo de enfermedad grave o muerte por COVID-19”, señalaron los investigadores en su informe.

En el caso de Costa Rica, a lo largo de la pandemia, 241 personas requirieron hospitalización, esto según datos divulgados el pasado 5 de julio por la Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS). Los dos grupos etarios con estancias promedio de 10,8 -las más altas a la fecha de corte- son efectivamente las personas mayores de 65 años, seguido por los pacientes cuya edad se encuentra entre los 41 y 64 años.

Según las estadísticas de la CCSS, con corte al 4 de julio, las personas hospitalizadas presentaban factores de riesgo como hipertensión, diabetes, obesidad, tabaquismo, dislipidemia (colesterol o triglicéridos altos), cáncer y asma.

De hecho, la mayoría de las personas que fallecieron -datos al 6 de julio- mostraron una combinación de hipertensión-diabetes (8 de 23 personas). Según el ministro de Salud, Daniel Salas, la hipertensión, la diabetes y el tabaquismo son los factores que más han complicado a las personas ingresadas en UCI.

En cuanto a edad, 13 de las 23 personas fallecidas a la fecha pertenecían al grupo etario de mayores de 65 años.

Edad

El envejecimiento está asociado a la acumulación, a través del tiempo, de una serie de daños moleculares y celulares que van reduciendo gradualmente ciertas funciones biológicas, así como aumentando el riesgo a padecer ciertas enfermedades.

Una de estas funciones biológicas que se va deteriorando es la inmunitaria, particularmente lo relativo a la actividad de las células T. Esa es la razón detrás de que el cuerpo vaya perdiendo su capacidad para combatir infecciones y COVID-19 tiene el agravante que es una infección nueva, por lo que el cuerpo humano -independientemente de la edad- aún no sabe lidiar con ella.

Asimismo, el envejecimiento también se asocia con un mayor riesgo de presentar una o más enfermedades no transmisibles como cardiopatías, accidentes cerebrovasculares, padecimientos respiratorios crónicos y cáncer, entre otras. A esto se le conoce como multimorbilidad.

“Esto puede provocar interacciones entre los trastornos, entre una afección y las recomendaciones de tratamiento para otra afección, y entre los medicamentos recetados para diferentes trastornos. Como resultado, puede que el impacto de la multimorbilidad en el funcionamiento, la calidad de vida y el riesgo de mortalidad sea considerablemente mayor que la suma de los efectos individuales de esas afecciones”, destacó la OMS en su Informe mundial sobre el envejecimiento y la salud (2015).

De hecho, y según la OMS, el 23% de la carga mundial general de mortalidad y morbilidad se registra en personas mayores de 60 años. Gran parte de esa carga puede atribuirse a enfermedades como el cáncer, respiratorias crónicas, cardiopatías, osteomusculares (como la artritis y la osteoporosis), entre otros.

Si bien todos los grupos etarios pueden enfermar por COVID-19, lo cierto es que las personas con más edad corren un mayor riesgo de desarrollar un cuadro grave debido al deterioro en sus funciones inmunitarias y por la multimorbilidad.

Estilo de vida

En Costa Rica, el segundo grupo etario en importancia con respecto a COVID-19 es el constituido por personas entre los 41 y 64 años. En este grupo, los padecimientos subyacentes están pesando en cuanto a la susceptibilidad y gravedad de la nueva enfermedad.

Si bien estas afecciones crónicas tienen un componente genético, también se derivan de decisiones de estilo de vida: alimentación, actividad física, consumo de tabaco u otras sustancias, hábitos de sueño, estrés, etc.

Según cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS), desde 1975, la obesidad se ha casi triplicado en todo el mundo. Al 2016, más de 1900 millones de adultos tenían sobrepeso y, de estos, más de 650 millones eran obesos.

La obesidad es factor de riesgo de enfermedades como las cardiovasculares, la diabetes, los trastornos del aparato locomotor y algunos tipos de cáncer (endometrio, mama, ovarios, próstata, hígado, vesícula biliar, riñones y colon).

Según la II Encuesta de vigilancia de los factores de riesgo cardiovascular, elaborada por la CCSS en el 2014, la prevalencia de sobrepeso para la población costarricense es 36,8% y la de obesidad 29,4%. La prevalencia mayor de sobrepeso se presentó en el grupo etario de mayores de 65 años con 37,9%, mientras que la prevalencia por obesidad se presentó en el grupo de 40 a 64 años con 34,8%.

La diabetes es atribuida a la falta de una dieta saludable, inactividad física, obesidad, sobrepeso y consumo de tabaco. En el mundo, la prevalencia de diabetes en mayores de 18 años es 9%, mientras que en Costa Rica es del 12,8% en la población mayor de 19 años.

El otro factor de riesgo para COVID-19 es la hipertensión arterial, cuya prevalencia es de 34,1%, según la última encuesta sobre factores de riesgo cardiovascular realizada en Costa Rica.

El tabaquismo es otra decisión de estilo de vida que vulnera ante COVID-19. El tabaco causa ocho millones de muertes al año asociadas a enfermedades cardiovasculares y pulmonares, diabetes e hipertensión, además es factor de riesgo en infecciones respiratorias.

Para su informe científico, OMS revisó 34 estudios revisados por pares. En 27 de estos estudios se determinó que los fumadores constituían el 1,4 – 18,5% de los adultos hospitalizados.

Dos meta-análisis observaron la prevalencia de fumadores entre los pacientes hospitalizados en China. En el primero de ellos, los investigadores analizaron datos de 2986 pacientes y determinaron una prevalencia conjunta de fumadores del 7,6% (3,8% -12,4%). En el segundo estudio, se analizaron datos de 5.960 pacientes hospitalizados y se determinó una prevalencia conjunta del 6,5% (1,4% – 12,6%).

“La evidencia disponible sugiere que el tabaquismo se asocia con una mayor gravedad de la enfermedad y la muerte en los pacientes hospitalizados de COVID-19”, destacó OMS.

En Costa Rica, por su parte, el 13,3% de la población mayor de 19 años actualmente fuma. El grupo de personas entre 20 y 30 años tiene la presencia más elevada con 15,3%, seguida por el grupo entre 40 y 64 años cuya prevalencia es de 11,2%.

Genética

El papel que desempeña la genética del huésped en la susceptibilidad y gravedad de COVID-19 ha sido poco estudiado. Sin embargo, algunos investigadores consideran que pequeñas variaciones en el genoma podrían estar influyendo en la respuesta del cuerpo ante la enfermedad.

Un estudio, publicado en The New England Journal of Medicine, se dio a la tarea de analizar las características genéticas que podrían explicar que ciertas personas desarrollen formas graves de la infección. Para ello, los investigadores analizaron los datos de 835 pacientes con COVID-19 y 1255 personas sanas (grupo control) en Italia así como 775 pacientes y 950 personas sanas en España.

En total, los investigadores rastrearon 8,5 millones de variantes genéticas. Con los resultados en mano, los científicos observaron una mayor frecuencia de 26 variantes en pacientes afectados por COVID-19 con respecto al grupo control.

“Detectamos un nuevo locus (lugar específico del cromosoma donde está localizado un gen) de susceptibilidad en un grupo de genes del cromosoma 3p21.31”, señalaron los autores del estudio.

En el cromosoma 3p21.31 parece existir un grupo de genes asociados a la enzima convertidora de la angiotensina II, más conocida como ACE2, que es utilizada por el virus SARS-CoV-2 como puerto de entrada a las células humanas, cuya expresión pudiera facilitar el ingreso del virus.

Asimismo, estos genes identificados en el cromosoma 3p21.31 pudieran estar relacionados a la reacción excesiva del sistema inmunitario que presentan algunos pacientes, la cual se conoce como “tormenta de citoquinas”.

Las citoquinas son moléculas mensajeras que le avisan al sistema inmune de la presencia del virus. Se acumulan para así llamar la atención de las células inmunes. En algunos pacientes con COVID-19 se ha observado una reacción excesiva de citoquinas, causando inflamación, al punto de que las células inmunes no solo atacan a las células infectadas sino también a otras sanas, lo que conduce a la falla de los órganos.

Otro estudio, publicado en European Journal of Clinical Investigation, que se dedicó a analizar la histopatología y susceptibilidad genética en COVID-19, también sugirió el rol de la genética tanto en lo relativo a ACE2 como en la tormenta de citoquinas.

“ACE2 también podría ser fundamental en la particular susceptibilidad de los pacientes diabéticos e hipertensos al fulminante COVID-19. Si bien se sabe que los pacientes diabéticos tienen una respuesta inmunológica deficiente, la diabetes (así como la hipertensión) están asociadas con la activación del sistema renina-angiotensina en diferentes tejidos y suelen ser tratados con inhibidores de ACE y bloqueadores de los receptores de angiotensina (ARBs), lo que puede dar lugar a una mayor expresión de la ACE2, facilitando así potencialmente la captación viral”, se lee en el estudio.

Asimismo, los autores manifestaron: “es probable que una respuesta inflamatoria demasiado activa contribuya al daño de los tejidos y a los efectos sistémicos en la COVID-19, y esto puede estar relacionado con diferencias genéticamente determinadas en los mecanismos de respuesta inmunológica individual inherentes, además de estar sujeto a la influencia de enfermedades concomitantes”.

Volviendo al estudio publicado en The New England Journal of Medicine, los investigadores también hallaron un grupo de genes en el cromosoma 9q34.2 asociados al locus del grupo sanguíneo ABO.

“Nuestros datos genéticos confirman que el grupo sanguíneo O está asociado a un riesgo de adquirir COVID-19 menor que el de los grupos sanguíneos que no son O, mientras que el grupo sanguíneo A estaba asociado con un riesgo mayor que los grupos sanguíneos que no son A”, detallaron los autores.

Si bien se hallaron variantes en el gen que determina el grupo sanguíneo, la interrelación entre grupo sanguíneo y la evolución de los pacientes se desconoce.

Vale recalcar que estos estudios son primeras aproximaciones, lo cierto es que aún falta mucho por conocer sobre el rol de la genética en la respuesta que tiene el cuerpo ante esta nueva enfermedad.

Ya se están coordinando esfuerzo para ello. Por ejemplo, COVID-19 Host Genetics Initiative surgió como una propuesta colaborativa a nivel mundial que busca identificar cuáles variaciones en el ADN pudieran influir en la susceptibilidad y gravedad ante COVID-19.


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