Edgardo Araya, candidato presidencial Frente Amplio

Frente Amplio: en busca de la identidad

¿Partido o movimiento? Una investigación del CIEP muestra la naturaleza de la agrupación y los desafíos que el partido intenta solucionar para competir en 2018.

 

Como un adolescente que se apresta para cumplir 13 años, el Frente Amplio (FA) llega a este proceso electoral con un desafío vital: saber quién es exactamente o al menos saber cómo convivir con los conflictos internos propios de su naturaleza.

El único partido de izquierda con representación en la actual Asamblea Legislativa, y el único de izquierda al que alguna encuesta ha colocado en la cima de las intención de voto para la Presidencia de Costa Rica (en las pasadas elecciones del 2014), alista la campaña de la mano de su candidato presidencial Edgardo Araya, pero consciente de los desafíos vigentes que lo han puesto en serios apuros.

La agrupación se prepara para su tercera campaña presidencial, pero en esta ocasión el excandidato José María Villalta va por la opción segura de una curul legislativa. Será el probable líder de la bancada después del cuatrienio actual, en que el partido ha alojado una serie de disputas y contradicciones internas que lo hicieron dilapidar buena parte de la potencia que se les acreditaba en 2014 al pasar de un diputado a nueve.

Ha sido el lado complicado de su naturaleza de “partido-movimiento”, como lo cataloga el politólogo Rotsay Rosales en una investigación sobre esta figura y sobre el FA como ejemplo en Costa Rica de este tipo de organización política. Se caracterizan por haberse engendrado en movimientos sociales, por su afán reformista, sus reivindicaciones progresistas, organización interna e ideología de izquierda.

La investigación de Rosales, proyecto adscrito el Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP), de la UCR, subraya la necesidad del FA de buscar un mínimo común denominador entre sus sectores y corrientes representadas, que permita un consenso de acción y al mismo tiempo respete la autonomía de grupos ahí representados.

Problemas similares han debido enfrentar, con mayor o menor éxito, otros partidos-movimiento en países como España (Podemos), Bolivia con el Movimiento al Socialismo (MAS) o en Ecuador, Alianza PAIS, con la cual Rafael Correa había llegado al poder.

El Frente Amplio, a pesar de su genética aglutinadora de sectores sociales, tiene pendiente el desarrollo de estrategias de deliberación con los grupos sociales, sean estos sindicatos, organizaciones ambientalistas, feministas o de desarrollo de base de comunidades, entre otros tipos de movimientos. Si no, seguirá dependiendo de oportunidades de momento o de la inspiración que proyecten dirigentes concretos.

El partido fundado en octubre de 2004 por el exdiputado fallecido José Merino del Río parece haber asumido el diagnóstico de la investigación del CIEP. El candidato Edgardo Araya, ratificado el 12 de agosto con el voto de todos los asambleístas menos uno, admite las dificultades propias de un partido que no es partido ni movimiento, sino las dos cosas a la vez.

“Efectivamente este es un partido-movimiento con retos distintos, más complicados. No respondemos solo a una dinámica electoral y estamos sometidos a tensiones y contradicciones por esta diversidad de pensamiento, sensibilidades y visiones”, dijo el actual diputado este lunes por la noche, después de pasar horas grabando publicidad para este proceso electoral.

“Yo no era consciente de eso (de la naturaleza de un partido-movimiento), pero sí tenía certeza de que había característica distinta, porque muchos que militamos acá venimos de luchas sociales diferentes. El común denominador es la lucha social, pero poco a poco vamos a entender que no podemos quedarnos solo en la resistencia, sino que debemos someternos al juego democrático, con partido como herramienta, para cambiar la realidad desde las instituciones”.

Frente Amplio intenta aprovechar el terreno de indecisión e incertidumbre en el escenario electoral del 2018, aunque las simpatías populares por Araya aparecen en la última encuesta CIEP-UNIVERSIDAD por debajo de otros cuatro candidatos presidenciales. Aunque confían en que el ambiente está “para que cualquier cosa ocurra”, admiten también que el discurso del “cambio político” ya lo gastó el Partido Acción Ciudadana (PAC) con un resultado menor al que el electorado parecía desear en 2014.



“En el FA hemos padecido dolores de crecimiento”

Las encuestas dirían que hay que empezar presentando a este político medio desconocido. Se llama Edgardo Araya, es diputado, abogado, ecologista, sancarleño y representante del ala más moderada de Frente Amplio. O más traidora, dirían los más críticos.

Araya fue ratificado como candidato presidencial en la asamblea que celebró el partido el 12 de agosto. Dice que viene a competir en serio y a superar el apoyo que llegó a despertar en su momento José María Villalta en 2014, antes de que las baterías poderosas lo bombardearan por temor a un triunfo de la izquierda.

¿Qué hará distinto el FA después de haber sido protagonista electoral en 2014 y de los errores en estos tres años?

– En el FA hemos padecido dolores de crecimiento, pero estamos convencidos de que por nuestra naturaleza no podemos negarnos a tener discusiones internas sobre lo que queremos, lo que somos y lo que podemos. Hace cuatro años no hubo tiempo para eso.

¿Cómo buscar el equilibrio entre diversidad y cohesión?

– La fracción 2018 será tan diversa como esta pero más consciente de nosotros como partido. Siempre puede haber tensiones, pero sabemos que podemos sobrellevarlo. No renunciaremos jamás a esa diversidad. El día en que todos pensemos igual pasaremos a ser un partido corriente. Es parte del trabajo permanente de partido.

La procedencia de muchos, de luchas sociales siempre opuestas a algo, podría impedir esa conducta de partido. ¿No?

– Es cierto que el común denominador es la lucha social y la representación comunal, pero hay dos opciones: seguir resistiendo y arriesgando todo o evitar que cada cuatro años elijan a los mismos. Para eso somos partido político.

Por lo visto, no parece que lo tengan asumido.

– Bueno, vamos mejorando en el convencimiento sobre la necesidad de dar ese paso. Es ir más allá de la lucha; es tomar las instituciones para no tener que estar siempre solamente en la calle. Merino nos decía que el partido debe tener un pie en el Parlamento y un pie en la calle.

Algún sector, como su compañera diputada Ligia Fallas, cree que ustedes se entregaron al sistema que antes criticaban.

– Es que si alguien no cree en el sistema, que agarre una ametralladora y busque vida. Lo otro es eternizar el conflicto. ¿O pretenden estar en estado permanente de resistencia por la resistencia misma? Hay que usar herramientas del sistema y transformarlo. No podemos estar en una huelga general eterna y permanente. Por eso estamos en un partido y no en las montañas resistiéndonos.

Políticamente es correcto.

No creo que los principios hayan cambiado. Siempre hemos respetado la institucionalidad y hemos aportado desde allí. Desde allí hemos resuelto conflictos que de otra manera se habían dado en la calle.

Parece que ahora intentan evitar lo que pasó con el diputado Jorge Arguedas, que no militaba en el FA y entró en la lista de diputados por ese puerta abierta que tienen ustedes en el reglamento.

– Esta vez no se usó. Pudimos haberlo eliminado, pero no se eliminó y tampoco se usó. El problema no es tener la puerta abierta a gente de afuera, sino recibir gente que no sabe a qué partido llega. Esta vez todos los candidatos a diputados saben a lo que van, que no era nuestra situación cuando llegamos. Yo conocí el plenario el 1° de mayo 2014.

Bueno, y tendrán ahí presente a Villalta.

-Yo por eso quería que él estuviera ahí. No quería que, como presidente, me pasara lo que a Luis Guillermo Solís con Ottón Solís, que enfrentó oposición dura desde su propia bancada.

Recordamos ahora al candidato Villalta, que pudo haber ganado si las elecciones se hubieran hecho tres semanas antes (según las encuestas), pero está la pregunta de si usted puede superar eso.

– Yo me metí porque creemos que hoy podemos hacer más que lo que hizo José María en 2014. La imagen, las luchas, el tono que tenemos… podemos ser una opción mejor aceptada. Voy en serio a esta campaña electoral. Queremos ser protagonistas y el panorama está para eso.

Usted es desconocido.

Lo reconozco, pero eso se va a resolver. Vamos a levantar un montón y seremos protagonistas. Yo le he dicho a la gente que se prepararen para gobernar. Yo permanente les digo que se la crean.

Hace cuatro años se hablaba mucho de una alianza de partidos o una coalición. Llama la atención que ahora todos van con carro propio. ¿Por qué?

Es lamentable que no haya una coalición grande del progresismo de este país. Hemos dicho permanentemente que estamos abiertos, pero nadie baila bien si baila solo. Hasta ahora la actitud del PAC ha sido de ir envalentonados y creen que pueden repetir.

¿Les afecta a ustedes?

– Podemos ganar y una vez en el Gobierno sí vamos a abrir puertas a gente de todo lado, siempre que sean progresistas y no haber sido parte del ‘PLUSC’ (PLN más PUSC).

Abriría las puertas a gente del PAC…

A los progresistas, a los progresistas, no necesariamente pasan por esa bandera. Reconozco que en el Gobierno tienen gente que intentó un cambio pero fue cooptada por los neoliberales. Le pasó a Luis Guillermo Solís.

¿Es este un gobierno de práctica neoliberal?

– En mucho. Veamos el abordaje el ingreso a la OCDE, el abordaje de ingreso a la Alianza Pacífico, con el Ministerio de Comercio Exterior marcando la pauta y un canciller (Manuel González) totalmente de derecha, de lo más conservador del PUSC. Hay sectores que se salvan, como Justicia, Educación y Hacienda tímidamente, a pesar del paquetazo fiscal que nos mandaron a la Asamblea.

¿Cuál será su eje de discurso de la campaña?

– Queremos cambiar la forma, hacer ver que la política se puede hacer diferente. Que es una actividad noble, no una cosa sucia. La política es lo que hacemos todos los días en los barrios, en los municipios también. Además, un eje será la sostenibilidad ambiental. Nada de lo que se haga tiene sentido sin agua, aire o comida sana. Antes en Costa Rica no nos preocupaba el ambiente, pero ya no podemos dar por sentado el acceso en el futuro al agua, al aire o a alimentos sanos. Tenemos que alejarnos de sistemas económicos suicidas.

¿Cómo podrán decir que quieren cambiar la política si ese cambio ya se intentó y no satisfizo como se pensaba?

– Es que no hubo cambio realmente. Esa palabra ya se ha desgastado. Hablamos de hacer la política diferente, pero sabiendo que lo peor sería volver al pasado.



 

 

 


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