Franklin Chang, presidente de Ad Astra Rockets: “Torpeza estatal se ha incrementado a través de muchos años”

Franklin Chang tiene traje de astronauta pero espíritu de cuentacuentos: en diez minutos narró las peripecias que vivió durante los últimos siete meses, mientras

Franklin Chang tiene traje de astronauta pero espíritu de cuentacuentos: en diez minutos narró las peripecias que vivió durante los últimos siete meses, mientras intentaba iniciar la cuarta etapa del proyecto de hidrógeno que desarrollan de manera conjunta su empresa Ad Astra y la Refinadora Costarricense de Petróleo (Recope).

Por eso, el primer bloque de esta entrevista tiene más de pregunta que de respuesta: Chang tomó aliento y fue detallando, una por una, las etapas del proceso. Desde su laboratorio en Liberia, Chang habló por teléfono con UNIVERSIDAD sobre su anuncio de terminar la alianza con Recope, en el proyecto de vehículos impulsados con hidrógeno.

El proyecto de producir hidrógeno para usarlo como combustible en vehículos empezó hace años y ya cumplió tres etapas experimentales (A, B y C1). En estas tres etapas, Recope invirtió cerca de $2,1 millones.

Como resultado de este proceso, la alianza entre ambas instituciones permitió crear en Liberia una planta que produce hidrógeno de alta pureza. La última etapa del proyecto (C2) tiene un costo de $2,3 millones extra y permitirá comenzar a usar el producto en vehículos.

Sin embargo, el pasado 3 de marzo la empresa del exastronauta rompió relaciones con Recope tras siete meses de espera en la aprobación del último segmento del proyecto (C2).

Hace dos años el convenio con Recope avanzaba sin problemas. ¿Cuál era su expectativa en términos de plazos entonces?

El proyecto andaba sobre ruedas, esto que ocurrió ha sido un poco sorpresivo aunque como llevamos siete meses no es sorpresa. En agosto del año pasado notamos un cierto titubeo de parte de la nueva Junta Directiva, que no conocía el proyecto. Hubo que hacer un proceso de educación inicial y eso nos tomó como un mes donde preparamos reportes e hicimos presentaciones a la  Junta. Les dijimos que estábamos listos para arrancar con la última fase, el broche de oro donde íbamos a instalar y crear un pequeño ecosistema de vehículos de hidrógeno.

Pasaron los meses y no teníamos retroalimentación oficial, sino conversaciones entre los puntos de contacto con Recope y nosotros en Liberia. Sentimos que había que darles más tiempo, porque estaban con un estudio legal, y al final supimos que el departamento legal emitió un dictamen que daba luz verde a la junta para proceder al proyecto.

Nosotros pensamos en setiembre que en cualquier momento arrancaba, pero vimos que no había movimiento. Empecé a llamar por teléfono a doña Sara (Salazar, presidenta de Recope). Ella me dijo que había todavía dudas de parte de directivos en cuanto a la legalidad, a pesar de que tenían el dictamen y siento que no había posiciones claras.

El 10 de octubre estuvo el presidente Solís de visita aquí en la planta junto a Sara Salazar, pasaron gran parte de la mañana e hicieron un tour bastante extenso; yo les di una presentación completa y sentí que con eso era suficiente para desatascar el tapón de troncos que había en el río. Creo que después salió otro tema, parece que Recope recibió algo de la Contraloría donde les cuestionaban incursionar en biocombustibles y de alguna forma a nosotros nos encajaron en ese tranvía. Ahí se paró otra vez el asunto. El 17 de diciembre tuvimos un almuerzo en Casa Presidencial con el Presidente y el Ministro de Energía, Édgar Gutiérrez, y con doña Sara; salió a relucir que no estaba claro con la parte legal.

Fui esa noche a las 5:30 de la tarde, les presenté el proyecto de nuevo a la Junta Directiva, insté a tomar una decisión y que no podíamos seguir esperando porque Costa Rica se cerraba en la época de Navidad y les pedí que por favor tomaran una decisión. Les di una carta y dije que si no tomaba una decisión para el 31 de diciembre, teníamos que cancelar el proyecto.

Ellos me pidieron que por favor no entregara la carta, porque querían hacer que funcionara el proyecto y necesitaban un poco más de tiempo. El presidente Solís también los llamó y les dijo que era muy importante para el país.

En enero, doña Sara se fue para China y también el Presidente, entonces llegaron a finales de enero y les dije que en febrero teníamos que resolver el asunto. Les mandé una carta el 4 o 5 de febrero diciéndoles que no podía esperar más. La contestaron pidiéndome que querían un poco más de tiempo, pero no cuánto y el 17 de febrero les dije que yo estaba anuente a seguir esperando hasta el 31 de mayo si se cumplían tres condiciones: que cancelaran la factura del mantenimiento de viabilidad que les habíamos entregado (cerca de $13.000), que ellos tenían que observar un costo de mantenimiento durante los meses que ellos requerían para analizar más la propuesta (cerca de $5.500 al mes) y que tenían que tomar una decisión a más tardar el 31 de mayo. Esa fue la última carta que les mandé y nunca recibí una contestación. Al entrar marzo tomé la última decisión y anuncié que me cansé totalmente.

Eso no quiere decir que vamos a abandonar la tecnología, sino que vamos a tener que hacerlo por nuestra cuenta o con otro socio.

¿Han tenido comunicación oficial desde entonces?

– Lo último que ocurrió fue una conversación pública en el programa de Amelia Rueda, donde doña Sara me dijo que le diera hasta esta semana para poder resolver el asunto. Le dije que estaba anuente, pero que necesitaba una acción inmediata. Ya no debemos hablar más, me cansé de hablar con ellos y necesito que firmen un acuerdo de intención de acatar los puntos que les he pedido que no son extra.

¿Es complicado trabajar con las instituciones públicas en Costa Rica?

– Yo lo veo complicado, más de lo que tiene que ser. El sector público está en una situación de extrema viscosidad. Les cuesta mucho tomar una decisión, hay una gran cantidad de requisitos que tienen todos que cumplirse y con que alguien ponga un ‘pero’ se atasca todo el engranaje. Es raro, porque puede también ser fácil. Las actividades que teníamos con Recope en las primeras tres etapas se movieron rápido, porque cuando hay voluntad las cosas pasan rápido.

¿Entonces ahora falta voluntad?

-No creo que falte voluntad, pero aquí hay un deseo de que el proyecto se caiga y no he podido saber de dónde viene este interés. Si realmente hay una voluntad colectiva de que el proyecto siga adelante. Tiene que haber algo, o alguien, que está entorpecido.

Hay grupos empresariales que le critican al Estado problemas en el manejo de situaciones como esta. ¿Comparte la apreciación?

– Creo que sí hay un poco más de torpeza, el Poder Ejecutivo tal vez tiene menos capacidad de ejecución, pero eso no es algo característico de este Gobierno, sino que viene ocurriendo en los últimos gobiernos. Como llevo trabajando tantos años, he notado esta torpeza, esta viscosidad, que se ha incrementado a través de muchos años, cada vez es peor.

¿Usted dice la torpeza del Estado?

– Sí, cada vez es peor la torpeza estatal. Es como un engranaje que está lubricado con arena. Le falta aceite.

¿Qué puede ser ese aceite?

– Estamos en una situación de tantas regulaciones. El país se ha entorpecido por una excesiva cantidad de regulaciones, de remiendos legales que se establecen para contrarrestar algunas causas de corrupción. El país ha visto corrupción y ha puesto encima medidas y reglamentos que se tropiezan unos con otros, con el afán de evitar la corrupción, pero lo hace más complicado y más propenso a la corrupción.

¿Podría citar otros casos?

– En el año 2006 iniciamos un proyecto con la CCSS para instalar una planta de desintegración de desechos bioinfecciosos y procesar estos desechos de la Caja. En ese momento eran de 10 a 12 toneladas diarias, que tenían que ser procesados de forma especial porque tenían bacterias, virus. A veces esos desechos no se procesaban, pero hicimos un estudio extenso con el Incae para entender el problema. Se lo presentamos a la Caja en el 2006 y duraron tres años en decirnos que no. Lo mismo que ocurrió con Recope ocurrió en ese entonces con la Caja.

¿Cómo es de diferente este tipo de colaboración entre su plantel en Estados Unidos y el de Liberia?

– Allá existe también la burocracia y la tramitología, pero uno recibe un sí o un no. Es difícil recibir un sí, pero al menos le dice que no y rápidamente, entonces uno sabe que no y que debe buscar otros horizontes en otras áreas. La desventaja es que no dicen que no, ni que sí. Las reuniones siguen una después de la otra y es desgastante.

Su voz siempre es escuchada y creo que usted está consciente de eso. ¿Por qué era importante comunicar al país las trabas en el proyecto de hidrógeno?

– Lo hice porque tenía que hacerlo. Generalmente ante estas dificultades, no me voy a la opinión pública a poner esto, porque es como ir a llorar, prefiero trabajar los problemas en una forma profesional y entre las entidades con las cuales dialogamos. Tuvimos un diálogo extenso con Recope, pero al decidir retirar a la empresa del proyecto, por ley tengo que hacer un hecho relevante, publicarlo y enviarlo a la Sugeval porque eso afecta a nuestros accionistas. Tenía que hacer eso.

¿Usted no buscó entonces…?

– Yo no busqué la prensa, ni busqué hacer el escándalo. Sabía que eso iba a ocurrir, pero no.

Ahora que se armó el escándalo. ¿Le sirve para algo al país?

– El pueblo ha contribuido en una forma positiva en cuanto a la situación del país. Debemos darnos cuenta que el país requiere un overhaul en los procesos. Somos un país sumamente democrático, tal vez tan democrático que nos tropezamos en nuestra propia democracia. Somos víctimas de un excesivo marco de legalismo, de regulaciones, de remiendos y parches que le hemos puesto a nuestro sistema legal y es hora de ponerle un overhaul. No sé si recuerda Windows 3, pero si usted trata de usar una computadora con Windows 3, tendrá que ponerle un montón de parches para que funcione. Nuestro sistema legal es anticuado y tortuoso y para poder agilizarlo le hemos puesto parches que hasta cierto punto se tropiezan unos con otros.

¿Está perdiendo el país competitividad?

– Sí claro, no porque no tenga la capacidad. El costarricense es una persona educada, muy astuta y muy capaz. Estoy convencido de que este es el país idóneo para trabajar, no voy a abandonar el país para nada, pero sí creo que voy a arrollarme las mangas porque esto puede complicarse más en el futuro.

Usted dijo la semana pasada que necesitaba una acción pronta de parte de Recope “en los próximos días”.

– Lo que ha pasado lleva como dos o tres días desde que lo anunciamos, esto ocurrió el jueves o viernes pasado. Esta semana acaba de empezar y se nos cayó la línea de teléfonos e Internet en Liberia, seguro por incendios que ha habido por acá. No tenemos la línea activa, entonces no sé qué habrá pasado desde el viernes.

¿Cuál hubiera sido la solución ideal?

– Viendo al futuro, ¿qué podríamos hacer? Firmar inmediatamente un acuerdo de intención que nos reintegre los gastos en que hemos incurrido, cerca de $11.000, que nos acepten el plazo no más tardar, el 31 de mayo, para tomar una decisión y durante esos meses que nos integren un costo de mantenimiento. Si no la vemos esta semana, ellos deben venir a traer sus equipos

Le pregunto a propósito del debate nacional sobre el precio de la electricidad.  ¿En Costa Rica son caras las tarifas eléctricas?

– Sí, son caras, porque tenemos una electricidad bastante limpia, pero el problema no está en la electricidad sino en el transporte. Ahí es donde tenemos que ganar y desligarnos del uso del petróleo, introducir nuestro propio combustible en nuestro propio país con tecnologías basadas en el hidrógeno.


Hidrógeno hecho en Guanacaste para mover a Costa Rica

 

En octubre del 2011, la empresa Ad Astra y Recope emprendieron una quijotada: crear un pequeño “ecosistema” de transporte mediante hidrógeno, donde vehículos y estaciones de servicio utilizaran el hidrógeno como combustible.

 

Ahora, luego de una inversión de $2,1 millones y tres etapas superadas, el proyecto está en pausa. Ha estado así desde mediados del 2014, cuando Ad Astra informó a la actual Junta Directiva de Recope que habían terminado los pasos preliminares y estaban listos para implementar la parte más ambiciosa del programa: acondicionar vehículos y estaciones de servicio para que pudieran funcionar con hidrógeno.

 

Esta última fase, que tendría un plazo de 22 meses, habilitaría un dispensador que podría llenar el tanque de vehículos que funcionan con hidrógeno en un lapso entre 5 y 10 minutos. Este combustible podría servir para desplazarse cerca de 400 kilómetros.

 

La implementación de este sistema permitiría al país tener un mecanismo para alimentar vehículos con energías limpias. En diciembre de 2013 se inauguró la planta capaz de generar el hidrógeno necesario.

 

En la nota de hecho relevante enviada a la Superintendencia General de Valores, Ad Astra asegura que de terminar definitivamente su relación con Recope, ellos esperan poder continuar con su investigación, sea en Costa Rica o en otros países.

 

Además, el exastronauta señaló que, al ser Recope el dueño de las instalaciones, las autoridades de esa institución deberían trasladarla fuera de los terrenos de Ad Astra.


Astronauta y emprendedor

 

Aunque Franklin Chang se retiró de la NASA en 2005, su mente quedó en el espacio. Desde esa fecha fundó su empresa –Ad Astra Rockets– que trabaja en un motor de plasma que haga mucho más eficientes y rápidos los viajes espaciales. El sistema diseñado por Chang incluso tiene la capacidad teórica de llegar en 39 días a Marte, aunque aún falta capacidad técnica que permita probar esto.

 

En Costa Rica, el exastronauta instaló una planta en Liberia para darle continuidad al trabajo que su equipo hace en Estados Unidos. En estas instalaciones Ad Astra también investiga soluciones para hacer más eficiente el uso de energía, implementando el hidrógeno como una posible solución.

 

Chang tiene el récord de mayor cantidad de viajes al espacio (en total 7, empatado con el norteamericano Jerry Ross) y durante 12 años funcionó como director del Laboratorio de Propulsión Espacial Avanzada del Centro Espacial Johnson, puesto que ocupó hasta su retiro de la NASA.


 

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