Exdefensora pública que ahora es jueza de Apelación:

Francini Quesada: ‘El defensor debe ser proactivo’

Funcionaria cree en llevar a juicio solo casos que realmente se pueden ganar

Usted está entre las funcionarias que, durante una década, obtuvo uno de los mejores rendimientos en la Defensa Pública de Goicoechea. ¿Qué marcó su trabajo?

-Puede haber muchos factores. Siempre se ha dicho, cuando se trabaja en una institución, que si no le gusta su trabajo, no defiende bien las causas. Eso no es tan cierto. No necesariamente porque usted le vaya a pagar a un defensor, se puede garantizar el conocimiento y la capacidad o que esa persona le ponga el cariño al caso (…) En la Defensa Pública tenemos de todo (en cuanto a tipo de casos), por lo que la única forma en que usted pueda manejar eso es mediante un procedimiento que se le pueda aplicar a todo.

¿A qué se refiere con “procedimiento”?
-Yo soy de la idea de que los casos no se tienen que llevar a juicio. Para mí la defensa no debe ser como la enseñaron en la universidad, basada en que la carga de la prueba está en el Ministerio Público. Eso es un principio, pero yo creo que cuando ese principio se convierte en una limitante para la defensa, hay una mala utilización de ese principio. Lamentablemente, tanto los defensores públicos como los privados, y quizá más los públicos, la visión que se tiene es que quien debe gestionar la investigación es el Ministerio Público y la defensa es solo reactiva, reacciona a la contraparte.
Cuando usted aplica un procedimiento, sí puede marcar una diferencia y creo que depende del tipo de formación que le dé al personal. No creo en las defensas adversas ni creo en el defensor a ultranza. Jamás fui una defensora a ultranza donde hay que asumir que el imputado no hizo nada y hay que defenderlo del estado acusador y represivo. El defensor debe ir más allá de pensar en que es el guerrero a favor de la pobre víctima.

¿Por qué dice que el caso no se gana en juicio?
-Porque si usted tiene un parámetro de objetividad y puede ver como terceras personas pueden ver la prueba, puede proyectar un resultado efectivo para su expediente y para su tiempo. Vea lo importante de no pensar en defensa a ultranza. Mi exjefa, doña Marta Iris (Muñoz, directora de la Defensa Pública), sí cree en la defensa a ultranza. Eso es lo peor que le puede pasar a un defensor: perder la objetividad completa. Hay que ver la realidad, lo que pasó, y de lo que pasó, cuáles son las posibilidades reales que tenemos para reproducirlo.
A un imputado hay que decirle: ‘Vea, por más que yo le crea, tenemos que ver qué podemos probar, registrar, de lo que usted cuenta, que pueda incidir en la psiquis de terceros, y eso se basa en la prueba.

Para esas investigaciones el Ministerio Público tiene a la Policía Judicial, pero la Defensa Pública ¿cómo puede hacerlo?
-En otros países cada defensor tiene investigadores y especialistas forenses de apoyo. Ese es el paraíso que uno podría tener. Acá trabajamos con las uñas. Pero no voy tampoco con el “pobrecito yo” de que como solo hay tres investigadores forenses en todo el país y están en manos de la Policía, no se puede hacer nada. Ahí es donde el sistema se equivoca.
El procedimiento que yo propuse es que, si tengo un término de la investigación, y en ese término no puedo conseguir la prueba y los testigos que confirman lo que dice el imputado para llevar esa información al expediente, en ese término debo hablar con el imputado y decirle que las posibilidades del resultado que podríamos obtener, con esa nueva información ha disminuido. Y a partir de ahí que mejor busquemos las medidas alternas.
A veces yo salía con defensores de apoyo o con familiares a quienes les pedían que me acompañaran a buscar prueba y testigos que el privado de libertad decía que existían. Conozco otros defensores públicos que lo hicieron. La defensa proactiva implica también hablar con el fiscal hasta que hable con su jefe y acepte abreviar.

¿Qué tan complicado es ser “proactivo” si se tienen 400 expedientes abiertos?
-Si se hace un procedimiento institucional, ya no depende de la personalidad y el talento, sino de que se aplique eso a todas las causas.

¿Aunque sean 500 causas?
-Aunque sean 500 causas. Si son 500 causas, usted las recibe y clasifica. Hay causas que valen oro, que tienen prueba, que son casos lindísimos y es una injusticia si no se es proactivo. Lo que sí está mal, y lo he visto como jueza, es que lleguen a hacer las investigaciones en el juicio. Y es al juez de juicio al que le piden la prueba que ya no se puede obtener; eso había que hacerlo en la etapa de investigación.
El defensor debe evitar llegar a juicio, pues al seleccionar qué llega a juicio, puede dedicarse más a las que sí llegan ahí. A las demás le aplica medidas alternas o abreviados.
Si tengo muchas audiencias preliminares en agenda y juicios, yo no puedo. Entonces trabajaba mucho en la etapa de investigación para buscar maneras de no llevar todo a juicio y enfocarme solamente en juicio para los casos que ameritan profundizar. Yo prefería audiencias tempranas y buscaba conciliaciones y suspensiones de procesos a prueba. Otros defensores esperan a la etapa intermedia para buscar el proceso a prueba para apenas ir a buscar dónde puede ofrecer un servicio social.

El peor rendimiento de los defensores públicos frente a los privados se da en los delitos contra la fe pública. ¿Qué caracteriza a estos casos?
-Esos son un poco complejos, como las estafas. El defensor público está más limitado que el particular, no por el particular en sí, sino porque son delitos en los que se requiere alguna capacidad económica para defenderlos mejor. Y aunque la Defensa Pública haya hecho sus grandes desgastes para manejar fondos para contratar peritos y asesores técnicos, esos son instrumentos que la Defensa Pública tiene en casos muy especiales, pero en caso de defensor privado, si hay dinero para pagar el defensor, es posible que lo haya para pagar para reproducir prueba y es más factible que puedan pagar peritos privados y asesores técnicos.

¿Cómo abordaba usted los expedientes con esa complejidad?
-Si necesitaba peritaje, a veces debí decir al imputado que no tengo otra opción, no tenemos dinero. En delitos sexuales pedía a asesores técnicos que asistieran al juicio de forma gratuita. En otros perseguí a los administradores para que me dieran fondos y muchas veces no me los daban. Es una limitante con la que se vive, pero no explica todo. Esa limitante implica que hay que ir a leer sobre temas uno no conoce, estudiar, entrar en áreas que desconocemos. Eso implicaba trabajar fines de semana y después de las cuatro, claro.
Se dieron cuenta de yo hacía investigación paralela y Marta Iris Muñoz (directora de la Defensa Pública) me pidió que hiciera una revisión a nivel nacional, una supervisión, y me di cuenta de que la Defensa Pública trabajaba bajo el principio de la carga de la pruebe del Ministerio Público.

¿Ese trabajo se hizo y en qué terminó?
-Se hizo un manual, con un presupuesto limitado. Salieron y se distribuyeron. Pero en estas instituciones es difícil darle seguimiento a eso. Si me pregunta, el ideal es que ese manual se usara en la formación de los nuevos defensores. Si se cambiara esa formación entre el defensor que reacciona, pasivo, y el que propone, quizás habría diferencia entre el defensor público y el privado, pero sería mínima.
Ese manual se intentó implementar, había un plan piloto y hasta ahí llegó todo. (Posteriormente) hice el trabajo como tesis doctoral.

¿Qué falla en la Defensa Pública para controlar el esfuerzo que se hace en la investigación?
-Falla en la minuta, debe haber una bitácora estrictamente controlada. Fallan controles de la etapa preparatoria, de investigación. El juicio se graba y se ve si hay dominio de la causa y conclusiones. Ahí se ve con todo detalle el trabajo del defensor, pero eso no existe en etapa de investigación. No hay forma de controlar.
La Defensa Pública mide asistencia, indagatoria, visita a cárceles, pero no controla si localizo testigos e investigo, si voy más allá, si es posible defender mejor una tesis trayendo más información que la que pone el Ministerio Público. Además hay mucha sustitución (de defensores) y a veces hay retraso porque no hay bitácoras en el expediente. El interino no sabe nada (del caso), no sabe si hay testigos, no tiene cómo ponerse al día del caso.

¿Pesa en los defensores públicos no tener incentivos económicos como en el caso de los privados que cobran por todas las gestiones?
-Con todo el dolor, yo pienso que sí. Hay unos que nos tragábamos un fin de semana preparándonos sin que nos pagaran más, pero eso no lo hacen todos los defensores públicos. A veces separan a los defensores públicos para casos grandes para preparar el juicio, pero no para la investigación. Eso pasa por pasión, si me separan yo investigo más, pero en el tiempo libre no. Eso pasa en fiscales, defensores y jueces.


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