Familias costarricenses reconocen diversidad y discriminación, revela Informe del PNUD

Pese a que la estructura de la familia ha cambiado y hay un mayor reconocimiento de la diversidad, esto no ha afectado la confianza

Pese a que la estructura de la familia ha cambiado y hay un mayor reconocimiento de la diversidad, esto no ha afectado la confianza de los costarricenses en su núcleo familiar. (Ilustración: PNUD)

Cada vez hay más niños de madres no casadas, más matrimonios civiles que religiosos y un tercio de los costarricenses dice tener algún familiar que es homosexual. Sin embargo, la sociedad parece no haber asimilado bien estos cambios y casi la mitad de la población reconoce que existe discriminación de algún tipo.

Esa es la transformación que muestran las familias en Costa Rica, según el Informe Nacional sobre Desarrollo Humano 2013 presentado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), que se centra en el tema de la convivencia.

El informe del PNUD hace notar que la familia costarricense tiene cada vez más una estructura diferente a la que tenía hace 20 o 30 años, empezando por el hecho de que los núcleos son cada vez más reducidos.

Mientras en 1960 las mujeres tenían un promedio de 7,3 hijos, en 1980 se redujo a 3,6 y en la actualidad la cifra ha caído por debajo de los dos hijos, que es menos de la llamada “tasa de reemplazo” que necesita la población para mantenerse estable.

Además de tener menos hijos en promedio, las costarricenses también tienen cada vez menos niños dentro del matrimonio, pues en la actualidad el 68% de los nacimientos corresponde a madres no casadas.

En la década de 1990 el aumento de nacimientos sin matrimonio de por medio también registró una tasa creciente de infantes sin padre declarado, que pasó de 21,1% en 1990 a 31,1% en el año 2000, hasta que la entrada en vigencia de la Ley de Paternidad Responsable del 2001 bajó el porcentaje hasta dejarlo entre 7% y 8%.

Los matrimonios realizados por la Iglesia Católica también son cada vez menos, dado que  hoy las uniones civiles representan un 71%, mientras que hace 15 años la relación era de 60% casamientos religiosos y 40% civiles.

Uno de los cambios más destacados es que una de cada tres personas encuestadas dijo tener algún familiar cercano que es gay o lesbiana, evidenciando el tema de la diversidad sexual en el país.

Gabriela Mata, investigadora principal de este estudio, comentó que los datos muestran una realidad de familias muy diversas en Costa Rica, donde son cada vez más frecuentes los “hogares unipersonales” de jóvenes que salen de sus casas sin casarse, o el aumento de hogares que son liderados por mujeres que hoy llega al 35%.

Mata recalcó que a pesar de que el modelo de familia tradicional es cada vez menos frecuente, las personas mantienen altos niveles de confianza en su familia y dan mucha importancia a las actividades que se realizan con este núcleo.

El 92% de las personas encuestadas dice que el compartir en familia es la actividad más común en el país, el 86% se siente parte importante de su hogar, y el 81% parte importante de su familia; entretanto, ante alguna dificultad cuatro de cada cinco dicen que recibirían mucho más apoyo familiar que del Estado, para resolver su problema.

MUCHA DISCRIMINACIÓN

Pese a reconocer tal diversidad en el seno de las familias, casi la mitad de los costarricenses dice haber sido discriminado alguna vez por edad (25,9%), religión (16,3%), color de la piel (5,6%), sexo 13,5%), preferencia sexual (3,3%), discapacidad (7,3%) o etnia (5,1%).

Existe un amplio reconocimiento de que Costa Rica es un país difícil para vivir cuando se es una persona con discapacidad, si es de nacionalidad nicaragüense, de etnia indígena, homosexual, persona afrodescendiente o mujer.

Para la representante residente del PNUD en Costa Rica, Yoriko Yakusawa, no es inusual que exista un desfase entre la realidad objetiva y el imaginario de familia y sociedad que se tiene construido, y ese desfase se refleja también en el rezago de leyes y normas que ayuden al reconocimiento de los derechos de todas las personas.

“Esto es una responsabilidad de todos, pero es muy importante el papel del liderazgo político. Los líderes deberían llamar a la inclusión y colocarla como una meta para todos, llamar a la sociedad para que se esfuerce colectivamente en el cumplimiento de esos derechos”, afirmó.

Yakusawa consideró paradójico que  Costa Rica sea un país que sabe y reconoce su diversidad, pero al mismo tiempo una porción muy grande de la población dice haber sufrido discriminación de algún tipo.

La representante del PNUD llamó la atención sobre la situación de los adultos mayores, quienes cada vez se sienten más discriminados y tienen mayores problemas para llevar una vida digna ante la falta de atención y recursos, en una sociedad que cada día tiene más adultos mayores.

Gabriela Mata señaló que si bien por edades no se encuentran grandes diferencias en la intolerancia de la gente hacia ciertas poblaciones, sí es evidente el impacto que tiene en esto el nivel educativo, pues a más educación, mayor es la tolerancia y la inclusión.

A pesar de que se reconoce la discriminación a las personas por su nacionalidad, género, etnia o preferencia sexual en el país, ninguno de estos grupos es el más rechazado, ya que un 24,2% dice que evitaría relacionarse con una persona que no cree en Dios.

MÁS IMPUESTOS, PERO BIEN DIRIGIDOS

Otro de los aspectos relevantes de este estudio es que muestra cómo a pesar de que los costarricenses no confían plenamente en el Estado para la atención de sus necesidades, sí consideran necesario tener un Estado fuerte y eficiente para ayudar a las poblaciones más vulnerables.

A pesar de todas las críticas, los servicios que brinda el Estado en educación pública, protección a las mujeres, adultos mayores y a la niñez, reciben altos grados de calificación positiva que están por encima del 50%.

Por otro lado, el 62% de la población apoyaría la idea de pagar menos impuestos para tener más dinero disponible, y en menor grado –aunque sin ser un porcentaje despreciable− un 37% apoyaría el dejar de pagarle a la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), cuando no hace uso de sus servicios.

Para Gabriela Mata, los costarricenses tienen un alto grado de solidaridad y es por eso que una menor cantidad de personas están dispuestas a dejar de pagarle a la Caja, e incluso la gente estaría muy dispuesta a pagar más impuestos, si sabe que se destinarán a ayuda social.

“El 56% dice que pagaría más impuestos si es para ayudar a los más pobres, lo que contrasta con la tendencia actual del Ministerio de Hacienda, de más bien reducir los destinos específicos para el dinero que se recauda”, apuntó Mata.

En general, la gente en Costa Rica parece bastante dispuesta a ayudar a los demás: un 58% dice que ha hecho voluntariado de algún tipo y el 60% está muy dispuesto a ayudar a otros a hacer trámites, 44% a cuidar los niños de vecinos, 45% a resguardar la casa del vecino y 49% a cuidar enfermos.

Sin embargo, esta solidaridad tiene sus límites y estos están donde la gente pueda sentirse más comprometida a largo plazo o en su patrimonio, en vista de que son pocos los dispuestos a ser testigos en un juicio, prestar dinero o ser fiador para un préstamo.

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