Estudiante: “Así fue como la Iglesia objetó mi denuncia contra un sacerdote por abuso sexual”

Joven denunció al cura Jorge Arturo Morales y señala que el actual obispo auxiliar le cuestionó la veracidad de su relato. Su caso en el Vaticano está por finiquitarse.

“Cuando mis papás fueron a poner la denuncia, Daniel Blanco (hoy obispo auxiliar) fue el que los atendió. Él tomó las anotaciones y dijo que iba a hacer todo lo posible por investigar el caso. Cuando me tomó las declaraciones a mí, me dijo que si yo ponía la denuncia en el Poder Judicial iba a salir en la Extra y en todos los periódicos, que yo iba a salir perjudicado. Me dijo que hacía lo correcto yendo a la corte eclesiástica. Cuando terminé de dar el relato, me dijo que no era muy creíble y que no había muchas pruebas del caso, que iban a durar mucho y que no había una prueba en concreto que certificara que el abuso fuera real. En resumen, él no me creyó, tomó el relato y ya. Me dijeron que como ya era mayor de edad, no se podía hacer mucho”.

Así describe el estudiante de Artes Escénicas de la Universidad Nacional, Fabián Arguedas, los obstáculos que le puso la Iglesia católica para denunciar al cura Jorge Arturo Morales.

Fabián decidió contar su historia a UNIVERSIDAD luego de leer los testimonios públicos de personas abusadas por sacerdotes y los reclamos por el supuesto encubrimiento desde las altas capas de la Iglesia.

La Iglesia enfrenta una crisis de imagen luego de que la Fiscalía allanó el pasado jueves la Conferencia Episcopal y la Curia Metropolitana, en busca de información sobre abusos sexuales perpetrados por curas contra menores.

El jefe de la Iglesia católica, José Rafael Quirós, también está denunciado ante el Vaticano por supuesto encubrimiento de delitos sexuales.

Arguedas, sin embargo, topó en la Iglesia con un muro de cuestionamientos a su denuncia desde el día en que la presentó y tuvo que escuchar objeciones. De entrada no le creían, recuerda. “Él (Blanco) me veía como si yo estuviera inventando todo”, dice.

El caso

Presentó su denuncia hace unos ocho años contra el sacerdote que hoy oficia misas en la parroquia de Nuestra Señora del Carmen, pero antes necesitó pasar por el escrutinio de una familia profundamente católica y cercana a este cura.

Fabián lo acusa de agredir y abusar sexualmente de él, un ciclo que, según narra, inició a sus 17 años y culminó a los 19, cuando decidió interponer la denuncia canónica.

Según Arguedas, las agresiones se llevaron a cabo entre 2009 y 2011 en la casa cural de la parroquia del Perpetuo Socorro, en Sabana, y luego siguieron en la Clínica Católica, cuando Morales era capellán de ese centro médico.

Morales era amigo cercano de la familia del joven moraviano. En ocasiones el sacerdote asistía a cenas en su hogar. “Él empezó a acercarse mucho al núcleo de la familia. Le conté de mis exparejas y novias, cosas normales de un adolescente, cosas así. Él era mi guía espiritual”, dijo Fabián.

“Todo cambió cuando me invitó a la parroquia de Sabana Norte. Un día me dijo que quería hablarme de algo y que iba a aprovechar para confesarme. Me llevó al cuarto donde él dormía en la casa cural. Entramos al escritorio y sacó una cámara. Me dijo ‘vieras que ocupo tomar unas fotos para unos boletines de adolescentes’. Me pidió que me quitara la camisa. Yo decía, ‘todo sea para ayudar al cura’. Cuando me iba a poner la camisa me detuvo y me dijo ‘¡qué buen cuerpo Fabián!’. Luego me llevó a la cama a confesarme”, relató.

El joven de 27 años aseguró que todavía no entiende cómo accedió, pero buena parte de ese convencimiento era por el respeto a la autoridad casi celestial que recibe un sacerdote de parte de un muchacho que viene de un hogar conservador.

“Le confesé que estaba teniendo más acercamientos con mi novia de ese momento. Cuando yo tenía sexo con ella me sentía culpable. Me decía que tenía que hacer 50 lagartijas por ese pecado. Las hacía y me decía que hiciera 50 más y sin camisa. Me volvía a preguntar por mis pecados, y me pegaba manazos en el pecho y la espalda. Eran manazos durísimos y yo pensaba que estaba siendo perdonado. Cada manazo para mí era equivalente al perdón de Dios”.

Fabián dice que los abusos comenzaron a escalar al punto en que Morales le tocaba las piernas y los genitales. Los agresiones iniciaron cuando era adolescente y concluyeron de adulto. No se atrevió a decir nada por el miedo a las burlas y porque ya era un muchacho de 17 años.

“El uso de la religión y la culpa como arma para abusar de él era constante, le decía que como pecador, quizás por una cosa que él confesaba, cosas de adolescentes, que vio pornografía o sintió tal cosa, tenía que pagar ese pecado. El ejercicio físico como castigo era la forma que hacía que Fabián entrara a su habitación, un chico que había sido criado para creer fiel y ciegamente”, explicó una exnovia de Fabián, quien prefirió reservar su identidad.

Esta mujer revela que el proceso de denuncia canónica tuvo la intención de convencer a Fabián que se estaban tomando acciones para evitar que denunciara penalmente. “Inclusive, la Iglesia le brindó un tratamiento psicológico inconcluso que buscaba que él reprimiera sentir el abuso que pasó, brindado y pagado por la Iglesia”, agregó la exnovia.

Este medio también conversó con la exdirectora de la escuela de Psicología de la Universidad Católica, Susana Dormond, quien supo de estas acusaciones pero optó por separarse de dar asesoría psicológica, debido a que en ese momento era jefa de la madre de Arguedas. “Estaba involucrada sentimentalmente y lo que hice fue dar una referencia de otra colega”, dijo.

“El ejercicio físico como castigo era la forma que hacía que Fabián entrara a la habitación del cura, un chico que había sido criado para creer fiel y ciegamente”, dijo una exnovia de Fabián, quien prefirió reservar su identidad. Foto: Katya Alvarado.

La denuncia, los supuestos abusos y la respuesta de la Iglesia eran temas recurrentes que Fabián abordó con sus allegados en los siguientes años.

“Él me contó que le había dicho a los papás, y que los papás fueron a la Iglesia a hablar. Que en la Iglesia prácticamente no hicieron nada y el párroco fue trasladado y no está en la cárcel”, cuenta Alejandra Jiménez, una de las mejores amigas de Fabián.

Tanto Jiménez como sus exnovias coinciden en que los episodios de supuesto abuso le afectaron psicológicamente hasta el punto de llevarlo a largas depresiones, con intentos de suicidio de por medio.

Jessica Varela fue novia de Fabián entre agosto de 2015 y julio de 2017 y afirma que Fabián le contaba de flashbacks en donde volvía a recordar los abusos.

“Es un tema demasiado personal y delicado. Me contó que había sido abusado por este sacerdote, que puso la denuncia y la Iglesia le brindó tratamiento psicológico. Él siempre ha tenido como un desfase. Él estaba a veces feliz y tenía días en los que estaba muy decaído”, dijo Varela.

“La familia de él es demasiado religiosa. En el tiempo que él estuvo pasando por esta situación, Fabián no hablaba por la confianza y el respeto que ellos le tienen a la autoridad de los sacerdotes. Por eso duró tanto tiempo, a mi criterio”, agregó.

La Iglesia responde

La Iglesia católica confirmó que recibió la denuncia contra Morales y defendió que “el proceso en la Arquidiócesis se realizó tal como debía hacerse” y que la documentación del caso se envió a Roma.

“El sacerdote no es cura párroco ni tiene ningún oficio parroquial. Tiene como  medidas cautelares canónicas que solo pueda celebrar misa en una comunidad de hermanas religiosas contemplativas, no tiene contacto con menores ni con los fieles en general”, dijo la Iglesia en un comunicado, donde admitió que el obispo auxiliar Daniel Blanco fue el que recibió la denuncia, cuando fungía como canciller.

El vocero de la Arquidiócesis de San José, Jeison Granados, alegó que la denuncia se interpuso el 8 de mayo de 2013; sin embargo, Fabián Arguedas contradijo al representante de la Iglesia y asegura que asistió junto a sus padres a interponer la denuncia en 2011.

La Iglesia también alegó que los hechos que se denuncian se dieron cuando Arguedas era mayor de edad, sin embargo, el denunciante insistió en que el abuso se dio a sus 17 años.

“Hasta este momento que entré a la Universidad empecé a sanar. Lo vengo planeando desde que salió la primera denuncia contra un sacerdote. La gente tiene que escuchar mi relato y experiencia, para que en un futuro las personas puedan salir adelante y tomar este impulso”, dijo Arguedas.


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