Erosión marina sobre playa Moín es veloz e implacable

Residentes temen daños o pérdida de sus propiedades. Mientras, coordinador ambiental de APM Terminals asegura que se tomarán las medidas paliativas y permanentes.

Al problema de erosión marina que afecta las costas del país y, a prácticamente todo el planeta, se le sumó la construcción de la nueva mega terminal de contenedores en Moín, en Limón, cuya isla artificial interrumpe la alimentación de la arena necesaria para que la playa se sostenga.

Así lo explicó el geólogo Allan Astorga, quien calcula que entre diciembre del 2015 y enero del 2018 ese litoral del Atlántico ha perdido unas cinco hectáreas en el área ubicada al sur de la construcción y justo adelante de la terminal de Moín.

Estas imágenes muestran el avance del mar en un periodo de dos años.

Detalló que en Limón las corrientes marinas se mueven de norte a sur y en paralelo a la costa de la playa, desde la desembocadura del río San Juan hasta llegar a la zona de Moín. En esta zona la costa forma una curva topográfica natural donde se deposita el sedimento.

“El problema es que se creó un obstáculo en el camino de las corrientes costeras: las obras de APM Terminals. Cuando las corrientes llegan al obstáculo, van a descargar el sedimento.  Pero el patrón de corrientes costeras del otro lado (sur) se va a mantener, con la característica de que no tienen sedimento”, indicó el geólogo.

Al respecto, detalló que lo normal es que el mar deposite arena de grano grueso en las playas y se lleve la de grano fino, con lo cual se mantiene un equilibrio en su morfología.

Además, Astorga apuntó que las corrientes que llegan a la zona afectada de playa Moín “tienen energía pero no tienen carga de sedimento, están en desequilibrio, entonces lo que hacen es erosionar, llevarse el sedimento hacia afuera. Desde diciembre del 2015 se ha erosionado una sección bastante importante de la playa”.

VARIABLES EN JUEGO

Por otra parte, Jaime Echeverría, coordinador del plan ambiental de la empresa, apuntó, en primer lugar, que el problema de erosión de las playas es “un fenómeno mundial” y que aunque “a veces se simplifica el tema, es complejo porque hay muchas variables que entran en juego”. Tal es el caso del propio río Moín que desemboca en esa playa y que “trae su carga de sedimentos; si por ejemplo en su cuenca cambia la agricultura o hay deforestación, va a cambiar la dinámica natural de la playa”.

En efecto, en enero del 2016 UNIVERSIDAD dio a conocer que el cambio climático incide en la erosión de las playas limonenses. Además, un mes después se publicó un entrevista con Omar Lizano, científico del Centro de Investigación en Ciencias del Mar y Limnología (Cimar) de la UCR, quien aseveró que, “en el mundo entero, todas las playas se están erosionando”.

“Es decir, todos los efectos del ser humano que haya en la zona, incluyendo la terminal, introducen cambios en la dinámica natural”, manifestó Echeverría.

Ese especialista, quien es funcionario del Centro Científico Tropical (CCT), instancia que asumió la regencia ambiental de la nueva terminal de contenedores, enfatizó la noción de que “la playa hay que verla como un ser vivo, no es una cosa muerta, trata por sí misma de buscar un nuevo equilibrio y, entonces, así como en ciertas áreas aumenta la erosión, en otras más bien crece la playa”.

Al respecto señaló que “justo al lado de la entrada de la nueva terminal, en el lado de la bahía, la playa ha crecido más de 100 metros, la arena sale del otro lado hacia el sur, donde más bien hay un faltante”.

Lo que UNIVERSIDAD constató en una visita a la zona es que en el sector inmediatamente aledaño al sur de la terminal no hay problema de erosión. Pero esta sí es más que evidente varios cientos de metros en esa dirección. Además, en efecto puede constatarse un aumento en el tamaño de la playa justo al norte de la construcción.

Echeverría, además, añadió que se ha intentado tomar medidas, “algunas son suaves y algunas ya son de infraestructura, lo que pasa es que como es un tema tan complejo, usted no puede salir corriendo y hacer un muro aquí o un dique allá, porque además cada una de esas obras cuestan millones de dólares, hay que estar muy seguros de lo que se va a hacer”.

IGNORADOS

Un sector de ocho kilómetros de playa Moín cuenta con declaratoria de Bandera Azul Ecológica. El coordinador local de esa iniciativa es el empresario Orlando Orozco, dueño de un local comercial con vista a la playa.

La propiedad en la que Orozco ha trabajado durante 14 años se encuentra en el sector inmediato al sur de la construcción, donde, de momento, no se dan problemas de erosión. Sin embargo, el inconveniente se ha dado cientos de metros hacia el sur, casi hasta la desembocadura del río, donde “se está erosionando bastante”.

Si bien dijo que en la zona inmediata hacia el norte de la nueva terminal no se ha erosionado la playa, apuntó que más o menos a un kilómetro en esa dirección “está bien erosionado, ellos (la empresa) rellenaron y ahora el mar se metió nuevamente”.

Orozco puntualizó que se trata de las localidades 9 Millas y 8 Millas, donde “ya desapareció el camino y ya casi el mar llega a la línea del tren”.

Su observación es que la construcción “cortó unas corrientes que traían la tortuga baula, la verde, la lora; entonces esa corriente está golpeando a 400 metros al sur y a un kilómetro al norte”.

También, lamentó que la empresa APM Terminals no ha tenido contacto con el comité de Bandera Azul, “no nos han tomado en cuenta para nada”, añadió.

Dijo, además, que si no hay solución, a las personas y negocios afectados se les debe pagar por los terrenos. Aunque recordó que a la hora de iniciar las obras de la nueva terminal, APM Terminals pagó por los terrenos, nadie recibió ayuda para su reubicación, sino que “todo el mundo tuvo que buscar donde vivir”.

Alexander Sinclair, vecino de la localidad 8 Millas, coincidió con el testimonio de Orozco al señalar que “la playa está destruida, el agua casi llega a la línea del tren”. Añadió que “no hay camino, se perdió más o menos desde que comenzaron las obras. Estamos a la mano de Dios”.

Sin embargo, aseguró que en esa localidad aún no hay gente que teme perder su casa, como sí sucede hacia el sur. Tal es el caso de Dunia Solano, quien ha visto el mar avanzar más de cien metros y acercarse peligrosamente a su propiedad. (Ver recuadro “Tan linda que era mi playa”).

INCERTIDUMBRE

“La pregunta -aseveró el geólogo Astorga- es qué va a pasar a futuro, ahí es donde entran en juego dos estudios técnicos”.

Se refiere en primer lugar a un análisis hecho por un especialista de apellido Baird en el 2013 e incluido en el estudio de impacto ambiental (EsIA) por APM Terminals, titulado “Transporte de sedimentos y cambios en la línea costera”.

Ese análisis, según citó Astorga, predijo una erosión de unas 14 hectáreas de la playa. Sin embargo, el otro estudio referenciado por el geólogo data del 2014 y fue hecho por un especialista costarricense de apellido Wesson, quien lo tituló “Análisis de viabilidad ambiental del proyecto en aspectos de hidráulica portuaria e ingeniería civil”.

Astorga señaló que, “en el segundo semestre del 2014, el Consejo Nacional de Concesiones tenía dudas sobre la localización del proyecto, contrata a Wesson, quien hace el análisis de la localización del puerto, las corrientes costeras y los procesos erosivos, y su conclusión es que Baird se quedó corto”.

Él concluye que el proyecto no es viable, “dice algo que es muy grave, que para sostener la erosión de playa Moín se requieren unos 300 mil metros cúbicos (m³) anualmente”.

Ese estudio también apunta la acumulación de sedimento del lado norte de la nueva terminal, con el agravante de que se trata de una arena muy fina. Por eso, “si se toma ese material para playa Moín se erosionaría también”, dijo Astorga.

“El pronóstico del estudio de Baird dice que se van 14 hectáreas en playa Moín, llevamos solo cinco. Wesson dice que ese escenario es muy conservador, que la erosión será más intensa. El escenario es que la comunidad de Moín entra en riesgo, incluyendo la línea férrea”, apuntó.

Por su parte, Echeverría enfatizó que se ha aplicado una serie de “medidas suaves”, que incluyen la recomendación de Wesson: “hemos movido arena de un sector a otro como tratando de ayudarle a la playa para que alcance ese equilibrio”. Esto a pesar de lo sostenido por Astorga y el propio estudio de Wesson. Además, detalló que el año pasado se movieron más de cuatro millones de toneladas de arena al sector al norte de la terminal, “para precisamente contrarrestar esa pérdida”.

El especialista del CCT también mencionó la colocación de geotubos, unas estructuras que disminuyen la energía de las olas cuando llegan a la playa. “Lo que pasa es que este año el clima ha sido un poco inusual, en el sentido de que incluso en toda Costa Rica casi no ha habido verano; ha habido varios frentes fríos, mucha energía golpeando la playa”.

Añadió que al mejorar el clima se espera que “parte de la playa se va a ir recuperando sola. La arena no se va para ningún lado, siempre queda en la playa, lo que pasa es que se mueve de un lado y se va para otro lado”.

Dijo, además, que mientras se trabaja en el diseño de medidas permanentes para “evitar que el problema continúe. Lo que pasa es que son inversiones muy grandes, hay mucha incertidumbre y hay que diseñarlas muy bien”.

Echeverría además informó que el movimiento detectado de la arena es “del lado de la desembocadura del río Moín hacia la terminal”; es decir, en dirección de sur a norte.

Sobre las preocupaciones de los vecinos, tras insistir en que el problema de erosión es generalizado, dijo que, si bien entiende sus preocupaciones, “hay que considerar también que toda esa zona es declarada portuaria y, en buena teoría, si seguimos un esquema de planificación del territorio, ahí no debería vivir gente. Pero como ya están ahí, vemos las medidas suaves, se gastó casi $1 millón en los geotubos y en echar arena, y continuamos haciendo eso”.

“Desde el CCT, como garantes del proyecto desde el punto de vista ambiental, supervisamos que se tomen las medidas necesarias, pero no podemos salir corriendo, solo porque ahora hubo una serie de eventos de clima muy violentos a final de año, a hacer algo a la carrera sin que esté bien pensado y planeado”, acotó.



“Tan linda que era mi playa”

Dunia Solano se dedicó a varios oficios hasta que una incapacidad la obligó a retirarse.

“Vivo aquí hace 56 años. Aquí me crié, murieron mi papá, mi mamá; todo el mundo se fue y yo me quedé. Esta ha sido mi casa toda mi vida, aquí se crió mi hija”, manifestó mientras atravesaba su propiedad en medio de gallinas, gallos, gansos y chompipes. “Yo a los animales los amo”.

Tras liberar del alambre de púas el portón de la cerca que separa su propiedad de la playa, recordó: “llegué de un año aquí, no me puedo ir, me muero, como se murió mi mamá”.

“Tan linda que era mi playa de Moín, nos dábamos gusto pescando. Ahora no hay nada de eso. El mar se está metiendo, está rompiendo ahí”, dijo señalando una cantidad de troncos, pipas y ramas acumulados a escasos metros de la cerca. “Todos esos son palos que ha metido el mar”.

De pie, sobre la arena húmeda y gris, recordó que el mar llegaba a unos 150 metros afuera, aún en marea alta. “Aquí había zona verde, palos de pipa y todo eso, ahora es pura playa. Cada día nos vamos más para adentro”.

Con abrumadora franqueza, doña Dunia sentenció que “no hay solución”, solo le queda “esperar en Dios a ver si resuelven algo o qué van a hacernos. A ver si nos van a ayudar con algo aquí, que por lo menos nos protejan, para a que no se meta el mar, pero sé que no va a haber solución. Ya lo intentaron y no pudieron”, concluyó.



El reto de las tortugas

Playa Moín fue sitio de anidación de tortugas baula, verde y carey, todas ellas en peligro de extinción, según recordó Erick Saldaña, ambientalista que formó parte de la iniciativa Operación Moín. Este proyecto llevó a cabo monitoreos de anidación de tortugas en la zona, luego del asesinato de Jairo Mora.

“La playa está totalmente perdida”, lamentó al tiempo que recordó que en la temporada 2014 se detectó la llegada de 180 tortugas.

“Se volaron 20 kilómetros de la playa de desove de tortuga baula más importante del Caribe centroamericano”, sentenció.

Saldaña informó que ya desde el año pasado no fue posible recoger información, no solo porque “ya no hay playa”, sino porque además la localidad es muy peligrosa por el tema de inseguridad.

Tras afirmar que esta playa era “un paraíso natural”, subrayó que tras el inicio de las obras fue cerrado un centro de rescate animal que funcionaba en el sitio.

El activista recordó el compromiso de que, “a cambio de la destrucción de cinco kilómetros de playa, protegerían los otros 15” con proyectos de conservación, y con criticidad llamó la atención de que el monitoreo de la playa se le asignó al Centro Científico Tropical (CCT), desde donde se produjeron “estudios que posibilitaron la viabilidad ambiental”.

Además, subrayó que durante los monitoreos de Operación Moín se encontraron “rastros de tortugas que llegaban a la playa y se regresaban al mar sin hacer nido ni desovar”, así como “aletas de tortugas”, pues “ante la acción de los barcos de draga es posible que despedazaran” los animales.

Se está por ver el alcance que en términos de protección de estas especies logre el vivero que funciona en el sector norte de la playa, no muy lejos de las zonas erosionadas en los sectores 8 Millas y 9 Millas.



 

 

 

 

(Créditos: Foto: Katya Alvarado, Cortesía de Allan Astorga)


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