En ceremonia austera y carbono neutral, asume el presidente más joven

El mandatario llegó a su investidura en autobús y recibió la cinta en un acto austero, a pocos metros de la Asamblea Legislativa.

Poco más de 3.500 personas vieron este martes por la mañana a Carlos Alvarado Quesada convertirse en el presidente más joven de la segunda República costarricense, en medio de un acto sencillo pero lleno de simbolismo en la Plaza de la Democracia, recientemente también bautizada de la Abolición del Ejército.

La ceremonia estuvo marcada por hechos como el arribo de Carlos Alvarado en el autobús de hidrógeno del científico y astronauta Franklin Chang. También, por una participación activa de la juventud, que estuvo representada en el propio presidente de 38 años y en su homóloga legislativa de 35 años, la oficialista Carolina Hidalgo, quien le colocó el cintillo presidencial.

Precisamente, esos fueron parte de los detalles que quedaron marcados en su primer discurso, un texto lleno de referencias al recambio generacional y a la necesidad de atender retos estructurales en campos como la seguridad ciudadana, la educación con enfoque territorial, la descarbonización de la economía y, por supuesto, el desequilibrio financiero.

“Debemos tener el valor que tuvo la generación de nuestros abuelos”, resaltó apenas iniciado su mandato.

“Hoy somos la reunión de su descendencia, sus nietos y los tataranietos de aquellos 65.000 primeros costarricenses que recibieron la independencia y, en otro contexto, pero con igual emoción y valentía, nos corresponderá a nosotros recibir el bicentenario”, expresó el nuevo presidente.

El evento fue breve y se realizó bajo una soleada en la plaza que se ubica diagonal al Congreso, ese lugar que será clave para las intenciones del nuevo presidente, como él mismo reconoció apelando a los diputados.

Dirigiéndoles la mirada, Alvarado les recordó que serán los legisladores del bicentenario, palabra que repitió 14 veces y que usó ante los 57 congresistas con el afán de motivarlos.

A ellos les pidió aprobar con prontitud soluciones fiscales para no poner “en riesgo a la nación de cara a sus 200 años”, un primer paso que le permitiría iniciar positivamente con su promesa de cerrar el déficit fiscal al 3% del PIB cuando finalice sus gestiones.

Para ello, aseguró que su gobierno luchará “decididamente” contra la evasión y que será austero y riguroso con el gasto; aunque subrayó que eso no será suficiente y que el avance en la aprobación de reformas continúa siendo una necesidad indispensable.

Alvarado pidió a los legisladores “analizar ese proyecto y avanzar con el mismo de manera oportuna, ojalá pronta”, pues, desde su punto de vista, de ello depende el futuro de este país y el bienestar y la tranquilidad de todos los hogares costarricenses”.

Asimismo, habló de descarbonizar la economía, un reto que antes había calificado como la nueva “abolición del ejército” y que este martes volvió a nombrar como “la gran tarea de nuestra generación”. Esto lo dijo mientras estaba justo frente al antiguo Cuartel Bellavista, donde Figueres Ferrer gestó el hito de 1948.

También habló sobre su compromiso de modernizar el Servicio Civil y alimentar los canales de diálogo con los sectores públicos, con los que plantearía reformas importantes.

La despedida

El mismo evento que significó la investidura de Alvarado también representó la despedida de Luis Guillermo Solís, quien ingresó junto a su familia y sus vicepresidentes, en medio de un ambiente acogedor que lo recibió y lo despidió entre aplausos, como hace cuatro años, pero en un contexto muy diferente.

En gran medida, ese ambiente favorable se debió al entorno festivo y organizado en que se desarrolló la actividad, a la que asistieron más de 2.000 espectadores que consiguieron su boleto en línea, principalmente simpatizantes de Alvarado. El resto de los presentes pertenecían a delegaciones o eran invitados especiales.

Solís no habló en el evento. Sin embargo, no faltó su característica expresividad, cuando se conmovió al finalizar la entonación del himno nacional –aún como presidente– y cuando besó la banda presidencial, justo segundos después de quitársela él mismo.

Además, a Solís lo acompañó su gabinete, también intensamente aplaudidos. Especialmente, recibió una ovación su vicepresidenta Ana Helena Chacón, a quien el público –en una enorme mayoría afín al partido de Gobierno– reconoció por sus luchas en temas de derechos humanos y desarrollo social.

Asimismo, el ahora expresidente estuvo acompañado por sus dos hijos, sus cuatro hijas y su esposa, Mercedes Peñas, quienes también estuvieron con él en la tarima del Estadio Nacional, cuando inició sus labores.

Desde las 10 a.m. del 8 de mayo, Solís dejó de ser el presidente de la República, un mandato que será recordado por sus inmensas expectativas, muchas de ellas incumplidas. De cualquier manera, Solís quedará en los libros como el antes y el después del bipartidismo, un dato para nada despreciable como legado para el historiador de profesión.

En su lugar, quedará el mismo hombre que él colocó como jerarca en el Instituto Mixto de Ayuda Social (IMAS) y como ministro de Trabajo. Desde esos puestos, Alvarado había liderado parte de los principales logros que Solís mencionó en su último informe de labores: la puesta en marcha de Puente al Desarrollo para combatir la pobreza y la aplicación de la Reforma Procesal Laboral.

Nuevas caras

Ya juramentado como presidente, Carlos Alvarado hizo lo propio con su gabinete, un cuadro multipartidista que también se ha caracterizado por la experiencia de sus integrantes y su composición paritaria de género.

Alvarado habló nuevamente sobre su discurso de unidad para la gobernanza, algo que vio plasmado en su equipo con miembros de cuatro partidos políticos nacionales y de uno cantonal.

Entre ellos, el nuevo presidente destacó especialmente la presencia de Dyalá Jiménez Figueres y de Patricia Mora, ambas familiares de figuras emblemáticas de la historia: Jiménez es nieta del expresidente y fundador de Liberación Nacional, José Figueres Ferrer, mientras que Mora es sobrina del antiguo líder comunista, Manuel Mora; dos de las figuras que en 1948 pactaron sostener las garantías sociales.

Para Alvarado, eso “le llena de orgullo”, pues su visión estuvo centrada en conformar un equipo “multipartidista y de visiones y orígenes plurales, como reflejo de la convicción que tenemos de que esta Patria nos pertenece a todos”.

“Esta representatividad del Gabinete se complementa con la integración de las fuerzas en el Congreso y es un reflejo de los nuevos tiempos, los cuales nos indican que todos debemos conjuntar esmero para hacer avanzar al país”, reiteró en esa línea.

Además, destacó la presencia de “la primera vicepresidenta afroamericana de Latinoamérica” en la figura de su canciller, Epsy Campbell, así como la consecución del “primer gabinete paritario”, situaciones que mencionó  justo antes de juramentar a sus colaboradores en la fachada del Museo Nacional.

Junto a Alvarado también estuvo presente todo el día la nueva primera dama, Claudia Dobles Camargo, cuya función como arquitecta y mano derecha del presidente en ordenamiento territorial y movilidad urbana sigue siendo una de las principales interrogantes de cara al nuevo cuatrienio.


Carlos Alvarado fue ministro de Desarrollo Humano y de Trabajo en la administración Solís Rivera.

Las delegaciones

Como parte del evento, se hicieron presentes 108 delegaciones, entre representaciones de naciones y de organismos internacionales.

De ellas, solo siete contaron con sus jefes de Estado, específicamente Juan Carlos Varela, de Panamá; Jimmy Morales, de Guatemala; Salvador Sánchez, de El Salvador; Lenin Moreno, de Ecuador; Danilo Medina, de República Dominicana; Evo Morales, de Bolivia y Evalyna Wever, primer ministra de Aruba.

Aunque fueron pocos mandatarios, superaron la cantidad que visitó el país en el traspaso de poderes del 2014, cuando solo estuvieron presentes los presidentes de Ecuador, Bolivia, Guatemala, Honduras y República Dominicana, ante una cancelación de última hora por parte del expresidente canalero Ricardo Martinelli.

En esta ocasión, también se hicieron presentes 22 delegaciones a través de vicepresidentes, cancilleres o ministros, mientras que 56 lo hicieron desde sus embajadas y 23 correspondieron a organismos internacionales.

Entre las delegaciones representadas por figuras de Gobierno estuvieron las de Venezuela y Nicaragua, encabezadas por el canciller y vicecanciller Jorge Arreaza y Alexander Yánez, y el ministro asesor Moisés Omar Halleslevens, respectivamente.

Algo similar hicieron Estados Unidos, México, Cuba y Colombia, representados por el secretario de Trabajo, Alexander Acosta; el ministro de Educación, Otto Granados; la vicepresidenta, Inés María Chapman y el vicepresidente Óscar Naranjo, en ese mismo orden. Por España, llegó la presidenta del Congreso, Ana María Pastor.

Concluida la sesión solemne, a eso de la 1 p.m., el presidente Alvarado se reunió con varios de ellos en el Teatro Nacional, un espacio recientemente declarado símbolo patrio en el que también inició sus funciones diplomáticas la nueva vicepresidenta y canciller, Epsy Campbell.

Desde el Legislativo

Apenas finalizó con su discurso el nuevo presidente, la directora del Congreso, Carolina Hidalgo, aprovechó para enviar un mensaje esperanzador al nuevo mandatario y quizás para hacer indirectamente una petición a sus compañeros legisladores: “Basta ya de postergar”.

“Nuestro sistema democrático urge de resolver retos apremiantes como la pobreza, la inseguridad, el transporte público, la gestión ambiental, el déficit fiscal y el fortalecimiento de las relaciones sociales, entre otros temas que no pueden esperar más”, declaró.

“Basta ya de postergar; por amor a Costa Rica, dejemos de lado nuestros propios intereses y pongamos al servicio de los demás nuestros privilegios, enfrentemos con valentía las decisiones que nos exige la coyuntura actual, con realismo, pero con visión de futuro”, aseveró.

El mensaje fue claro y, si se quiere, muy oportuno también, pues se trata de una Asamblea fraccionada en siete y con un diputado independiente, por lo cual los nuevos legisladores deberán buscar consensos para atender temas claves, tanto económicos como sociales, y hacerlo en mancuerna con el Ejecutivo.

Hidalgo fue la primera en llegar a la Plaza de la Democracia, como lo estipula la ley, al ser presidenta del Poder encargado de la sesión de la investidura como representante del pueblo costarricense.

Al ingresar al espacio preparado, la acompañó su directorio y junto a ella caminaron el primer secretario y la segunda secretaria, Luis Fernando Chacón de Liberación Nacional (PLN) e Ivonne Acuña de Restauración Nacional (PRN). Esta fue otra muestra de multipartidismo que Alvarado resaltó con sus palabras.

También llegaron con Hidalgo la vicepresidenta legislativa, María Inés Solís, del Partido Unidad Social Cristiana (PUSC), así como la primera y la segunda prosecretaria, Shirley Díaz del PUSC y Yorleny León del PLN.

Tras ellas, entraron los demás 51 diputados de la República, cuyos jefes de fracción recibieron con un saludo a todas las delegaciones y demás autoridades nacionales invitadas, como el magistrado Carlos Chinchilla por la Corte Suprema de Justicia y Luis Antonio Sobrado del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE).

Las diferentes bancadas legislativas entraron por separado y los aplausos, en su mayoría, fueron para el grupo oficialista y el diputado del Frente Amplio, José María Villalta. En esta ocasión no se hicieron presentes los abucheos –muy diferente a lo ocurrido en 2014 con algunos silbidos a la expresidenta Laura Chinchilla–.

Tampoco se registraron grandes incidentes o manifestaciones en los alrededores del traspaso, con excepción de una manifestación que realizó un pequeño grupo de simpatizantes del Partido de los Trabajadores (PT), quienes protestaron, especialmente, contra las posturas económicas de Alvarado en temas fiscales.

Siempre atípico

En términos generales, el traspaso transcurrió como de costumbre: en un ambiente distendido, con la presencia de público y entre aplausos para nacionales y extranjeros.

La situación –casi inexplicable en contextos internacionales– requirió de una seguridad apenas restrictiva, que incluso permitió que ciclistas escoltaran el autobús en el que se desplazó el nuevo presidente desde el Paseo Colón a la Plaza de la Democracia.

También llegó en bicicleta la presidenta legislativa, quien realizó un trayecto un poco más corto, pero que igualmente no requirió de mayores cuidados y que fue representativo de su interés en el transporte intermodal.

Además, en las aceras de la Avenida Segunda, se acumularon cientos de personas, a quienes Alvarado pudo saludar desde la ventana del bus en el que se movilizó por el corazón de la capital.

A ellos les prometió en su discurso “mucho trabajo” para intentar no fallarles, aunque su compromiso de no hacerlo fue un poco más tímido que el de su sucesor en 2014. “Muchas personas que me topo en la calle me piden lo mismo: ‘no nos falle’. Y trabajaré muy duro, dando lo mejor de mí, para no fallarles”, fue lo que dijo.

También les prometió trabajar con austeridad, algo que intentó plasmar en el cambio de mando, cuyo costo, según la organización, estuvo situado cerca de los ₡80 millones, dos terceras partes que en 2014 y casi la mitad que en 2010.

Otro detalle que destacó la organización fue la carbono neutralidad del evento, un proyecto que se gestionará mediante el pago de servicios ambientales por parte de una ONG, para compensar las emisiones registradas en vuelos, hospedaje y movilizaciones con la siembra de árboles en un territorio indígena.

Llegada la tarde, y con una amenaza de lluvia que no terminó de concretarse, el evento cerró con la presentación de los músicos Claroscuro, Master Key, María Pretiz, Bernardo Quesada, Max Goldenberg, Gandhi y Malpaís sobre la misma tarima en que Alvarado recibió su mandato.


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