ENTREVISTA: Jennifer Crowe, investigadora de la UNA

“En algún momento vamos a llegar a entender las causas de esta enfermedad“


Maria Fernanda Cruz
mariafernanda@vozdeguanacaste.com

La investigadora Jennifer Crowe, del programa IRET de la Universidad Nacional, ha explorado la relación entre el calor que sufren los cortadores de caña en Guanacaste con su posibilidad de sufrir enfermedad renal crónica. En esta entrevista habla sobre las posibilidades de que Costa Rica reconozca a la ERC como una enfermedad laboral. Este es un extracto de la conversación.

¿Existe un interés en evidenciar la causalidad entre Enfermedad Renal Crónica y el trabajo de los agricultores en el círculo científico?

–Desde que yo estoy involucrada, el entendimiento es que tenemos un problema real y serio. No lo tuvimos en el principio ese entendimiento. Hace seis años todavía la enfermedad en sí no estaba reconocida ni en Costa Rica ni en otros países de Centroamérica. Ahora sí hay mucho interés en dar una respuesta. Ahora, la respuesta no ha sido suficiente. Yo veo el movimiento positivo.

Sin embargo, la vida que tienen estas personas que tienen la enfermedad no ha cambiado…

–En Costa Rica por lo menos hay ahora un decreto nacional para el lugar de trabajo y una serie de acciones por parte de la Caja que no existían hace tres o cuatro años. Pero correcto, los pacientes y sus familias siguen sufriendo de una forma que no es justa ni justificable. Es decir, hay que reconocer los avances y seguir trabajando porque el problema está muy por encima de otros problemas de salud del país.

Me dice el Ministerio de Salud que hacen falta estudios más contundentes. Eso lo menciona el resumen del encuentro de nefrólogos del que usted fue parte en el 2015. También menciona que estos estudios son costosos. ¿Quién debería financiarlos?

–Esa es una muy buena pregunta. Es importante decir que hay estudios con financiamiento grande internacional en diferentes partes de Centroamérica y aún así no tenemos certeza de la totalidad de la causalidad o causalidades de la enfermedad. No es que podemos decir: ok, planeamos de aquí a los próximos cinco años un estudio y esperar a que vamos a tener una respuesta. Yo en lo personal no creo que vamos a tener un resultado así, pero sí sé que en algún momento vamos a llegar a entender las causas de esta enfermedad. Como país tenemos responsabilidad con otros países. En cuanto al financiamiento, es una gran pregunta. Los estudios de cohorte, y si toma en cuenta solo algunos de los factores de riesgo, pensar en quién podría tener esos fondos es una gran pregunta. Ahí yo apostaría a investigaciones internacionales. Hasta entonces lo que se puede hacer en los países es hacer los estudios con la metodología más parecida posible para poder comparar resultados entre países.

Con esta masa de estudios que ya existen, ¿las decisiones que ha tomado el Estado de Costa Rica son las que recomendaban o las que esperaban los investigadores?

–Yo creo que Costa Rica sí ha sido pionero en tomar acciones. Y es difícil, no quiero decir suficientes, pero con lo que han tenido y lo que está dentro de las posibilidades y lo que implica la coordinación interinstitucional… sí, yo creo que el esfuerzo de Costa Rica es admirable. Pero no se puede parar dónde estamos.

Una de las críticas más recurrentes de las personas con ERC es que el INS (Instituto Nacional de Seguros) no los indemniza porque no se reconoce como un riesgo laboral, como en Nicaragua sí lo hacen. ¿Son suficientes estas evidencias para que las aseguradoras lo reconozcan como un riesgo laboral?

–El proceso para que un país declare que una enfermedad tiene un origen laboral es bastante complicado. Aunque la evidencia estuviera clarísima, Costa Rica tiene que dar una declaratoria antes de que una institución pueda resolverlo. Sí, Nicaragua lo tiene declarado como enfermedad laboral, pero ahorita Costa Rica y los pacientes que están en Costa Rica tienen una situación complicada; quedan como en un… no hay claridad de quién es la responsabilidad desde el punto de vista institucional según los procesos que existen.

Usted me dice que el Estado ha sido líder, pero ¿desde hace cuánto?

–Desde que comenzaron las personas de las comunidades a decir: tenemos un problema, el entendimiento de que había una epidemia en el país fue lento. La verdad es que fue lento. Una vez que eso pasa, hubo un momento en que la comunidad científica se declara sobre el tema, también Comisca y la OMS a través de la OPS insta a los países miembros a tomar acciones. Hay que tomar en cuenta que cualquier Gobierno de cualquier país está con un montón de temas: dengue, malaria, agua, sida; y tiene que poner prioridades.

Una cosa es lo que los científicos pueden demostrar sobre la ERC y el trabajo, y otra es el trabajo en sí, las condiciones laborales. ¿Puede contarme un poco sobre esas condiciones?

–En mis primeros estudios lo que noté es que ellos claramente están expuestos durante la mayor parte de su jornada laboral al estrés térmico. Eso en sí es un riesgo de muerte por la posibilidad de un golpe de calor. Es una emergencia médica. Es grave si no reciben atención médica. Entonces la exposición al calor y la falta de agua, de descanso, de acceso a sombra se suma al riesgo de sufrir ERC, que sí creemos que tiene una relación con las condiciones de trabajo. Sin lugar a dudas ellos merecen mayor protección durante sus jornadas laborales. Pero esto que yo vi fue previo al reglamento de estrés térmico y no he vuelto a donde hicimos el primer estudio, aunque sí he visto ejemplos en diferentes sectores. En algunos no veo mucha mejora pero sí he visto ejemplos donde se nota el interés de la gerencia por mejorar las condiciones.

El problema es que no necesariamente trabajan para una empresa sino para un contratista y por cantidad cortada, cantidad pagada. Para personas que viven en pobreza, no es difícil prever que ellos prefieren seguir trabajando que descansar.

–Ese es un punto muy importante. En círculos científicos se argumenta que el cuerpo humano no sobrepasa sus límites fisiológicos de la carga metabólica, pero se ha demostrado que personas en situaciones extremas (en situaciones de guerra o atletas élites por ejemplo) sí lo logran. La situación de que una persona necesita llevar comida a su casa y la pobreza extrema podría ser algo que los hace sobrepasar las señales del cuerpo para descansar. Tienen un estímulo o necesidad por encima de las señales que manda el cuerpo para parar.