El silencioso pedaleo de Carolina Hidalgo

Su técnica fue la negociación y dejar el protagonismo a otros. La expresidenta legislativa deja el puesto con satisfacción.

No hubo gran conmoción la mañana de ese martes 8 de mayo del 2018, cuando Carolina Hidalgo Herrera apareció en escena pedaleando una bici eléctrica por el centro de San José. Extrañó a algunos su vestimenta blanca impoluta y sus zapatos de tacón, bastante inusuales en las faenas del “cleteo”. Extrañó también por la caravana de ciclistas y camarógrafos que la acompañaban en el recorrido, pero no causó mayor alboroto.

El trayecto fue corto, apenas unas cuadras entre el Teatro Nacional y la Plaza de la Democracia, sitio en que la diputada -de entonces 35 años- y prácticamente desconocida en el país, juramentó a su compañero del Partido Acción Ciudadana (PAC), Carlos Alvarado, como nuevo presidente de la República.

Hidalgo había tenido hasta entonces una mínima exposición pública y mediática, pues solo una semana antes la coyuntura política la convirtió en la tercera mujer -y la más joven- en presidir la Asamblea Legislativa en la historia del país.

Ese día, antes de colocarle la banda presidencial al nuevo mandatario, quiso hacer un gesto simbólico para impulsar ese medio de transporte como una alternativa de movilidad urbana. Aunque otros políticos de su partido ya se habían subido a bicicletas antes (basta con recordar a Luis Guillermo Solís en campaña), quienes la conocen describieron la acción como “genuina” porque era una práctica que ella tenía incorporada en su vida.

Un año después de aquella escena, personas de distintos sectores coinciden en que la gestión de Hidalgo ha sido precisamente eso: “auténtica” y “atípica”. Y que, en parte, esa es la razón de los resultados positivos de una Asamblea que se posiciona como la más productiva de la historia (al menos con base en los registros de las últimas dos décadas).

Aunque la mujer que este miércoles dejó el cargo de presidenta legislativa todavía es una cara desconocida para la mayor parte de la ciudadanía -según la más reciente encuesta del Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP) de la Universidad de Costa Rica (UCR)-, quienes sí la conocen tienen una opinión favorable de ella, señala esa misma encuesta. Tanto que,  en corrillos políticos, algunos ya se atreven a mencionar un adjetivo muy propio de la jerga informal electoral (solo que esta vez no se refieren al ámbito legislativo): “presidenciable”.

Estilo, ¿y algo de suerte?

Conversar con Carolina Hidalgo es más parecido a recibir un taller de técnicas de negociación que entrevistar a una política.

Acuerdos, consensos, mediación, diálogo, comunicación no violenta, liderazgo colaborativo y otros términos similares son recurrentes en su vocabulario.

La aplicación de esas herramientas en su labor no es casual, sino fruto de su formación profesional. De hecho, antes de ser legisladora, su trabajo consistía en dirigir el área de Resolución Alterna de Conflictos en el Ministerio de Justicia.

“Fue intencional siempre hacerlo de esa manera, nunca perder la calma, entender que uno no es superior a nadie en el plenario. Yo tengo exactamente las mismas potestades legales que todos mis compañeros. Lo único es que tengo un rol de moderación del debate, pero no por eso soy más ni soy la jefa”, afirma sobre su modo de gestión.

Para personas relacionadas con el quehacer político, esas características de Hidalgo fueron fundamentales en la tramitación de proyectos polémicos o complejos, como la aprobación de la reforma fiscal y el cambio al reglamento legislativo, que abarcaron gran parte de la labor durante el año.

“Ha actuado con prudencia, permitiendo que las fracciones y jefaturas de fracción pudieran resolver muchos de los conflictos más importantes sin generar ruido o un conflicto adicional”, resalta el liberacionista Carlos Ricardo Benavides, quien al cierre de esta edición era uno de los interesados en ocupar esa silla.

Hidalgo reconoce que, además, existía como base el acuerdo nacional entre distintos partidos que permitió a Carlos Alvarado llegar a la presidencia de la República y que facilitó el diálogo.

“Me parece que lo que privó fue lo que nos une, porque además recordemos que era el primer año después de unas elecciones donde estábamos prácticamente polarizados. Entonces, entrar en la agenda partidaria muchas veces significaba profundizar esas diferencias. Y la que nos une es de una lectura bastante más nacional que partidaria, o al menos más enfocada en materias que estaban siendo posicionadas por la ciudadanía y por algunos sectores, más que por las fracciones, como era el caso del plan fiscal”.

“Mi estilo era trabajar desde los planteamientos donde existía mayor facilidad de acuerdo para generar una confianza básica para tener discusiones difíciles, eso es una técnica de mediación”, explica la diputada del PAC.

Como logros de este primer periodo, ella y otros actores mencionan el trámite de reforma fiscal, que generó la incomodidad de una buena parte del país, especialmente de sindicatos del sector público.

En medio de ese ambiente hostil, Hidalgo mostró calma, apertura al diálogo, pero también seguridad, principalmente cuando se lanzaban críticas que afirmaban que la Sala Constitucional se traería abajo el trámite por problemas en el procedimiento. De hecho, la Corte Plena -con excepción de los magistrados constitucionales- había emitido un informe que decía que el plan fiscal afectaba el funcionamiento del Poder Judicial y existía mucha expectativa sobre la posición que tomaría la Sala.

“Mi seguridad en ese momento tenía que ver más con el ejercicio académico que había hecho anteriormente. Esta no era la primera reforma que se tramitaba y sí había hecho el ejercicio previo de estudiar toda la jurisprudencia relacionada con el trámite de las vías rápidas. Específicamente relacionadas con reformas fiscales y otros. Entonces cuando mostraba seguridad era porque en lo técnico lo tenía, no dudaba de eso. Ahora bien, la Sala Constitucional bien podía variar de criterio y eso yo lo entendía y respetaba, pero de nuestra parte sí hicimos todo el trabajo que se necesitaba al menos técnico. Entonces venía de ahí (la seguridad), no de ser cabezona, ni testaruda, ni de imponer una cosa”, sostiene Hidalgo.

Precisamente, en ese aspecto el politólogo Felipe Alpízar señala que hay que hacer algunos “matices” en cuanto a este primer año legislativo.

“Uno puede decir que efectivamente (Carolina Hidalgo) logró acuerdos y en caso de la reforma fiscal logró blindarlos procedimentalmente. Ahora, hay matices, obviamente tenía una Sala Cuarta que de alguna manera entendía el desafío (con respecto al plan fiscal). La Corte Suprema tuvo una interpretación y la Sala Constitucional tuvo otra. Si hubiera imperado la interpretación de la Corte Suprema, no hubiera sido tan buena presidenta Carolina Hidalgo, claro, no hubiese estado en el control de ella”, explica Alpízar.

Para Alpízar, Hidalgo logró crear “acuerdos”, más que “consensos”, porque en algunos temas siempre quedaron sectores incómodos con el resultado, como fue la posición del Frente Amplio con respecto a la aprobación de la reforma al reglamento legislativo.

Ese proyecto de ley tuvo especial relevancia para Hidalgo, quien incluso trabajó ese tema como su tesis de maestría.

“Sin duda alguna es un logro personal y político, pero no única y exclusivamente mío, es más, desde los 90 se vienen planteando cambios (…) Lo que pasa es que llegamos al convencimiento de que después de 54 años definitivamente había que apostarle a un cambio en cómo tramitamos los proyectos”, comenta la ahora expresidenta.

Otros legisladores, como  el socialcristiano Erwen Masís, consideraron que esa mecánica de responder solo a la coyuntura nacional más bien generó que limitara el espacio para la agenda de cada partido, práctica que él considera debe retomarse.

“Hay que consensuar de previo la ruta de la Asamblea Legislativa para el próximo año, hemos estado trabajando en la construcción de una agenda temática en función de que los diputados aporten sus ideas y que los costarricenses sepan cuál es la visión. Esa priorización de temas no se hace actualmente porque la agenda, casi en la mayoría de sesiones, se determina el mismo día a través de lograr acuerdos, pero los temas de consenso poco a poco se han ido agotando”, afirma Masís.

En la gestión de Hidalgo también destacaron otros hechos que tuvieron una buena cuota de simbolismo, como recortes de gastos en el mismo Congreso (desde movilidad laboral hasta el cierre del cafetín para transparentar el proceso de contratación), que le son reconocidos por el director ejecutivo de esa institución, Antoni Ayales. “Es una persona muy consciente de que son fondos públicos y es muy racional con el gasto público”.

Un bajo perfil que la visibiliza

La mesura, discreción y muchas veces silencio que caracterizaron a Hidalgo, lejos de hacerla pasar desapercibida, parecen haber catapultado su imagen en medio de un ambiente más acostumbrado al ruido y la conflictivad.  Ella afirma alejarse del protagonismo fue parte de su estilo de gestión.

“Sí, sí fue intencional. Y tiene que ver con mi formación. Yo entiendo muy bien que quien facilita un proceso de diálogo o quien es la mediadora de un acuerdo nunca puede ser la protagonista porque las protagonistas son las partes, en el momento en que la mediadora sea la protagonista pierde la legitimidad. Eso yo sí lo tengo muy incorporado en mi forma de trabajar y de ser y sí tenía muy asimilada de la presidencia a ese rol como de mediador y facilitador”.

Incluso, como presidenta tuvo que “sufrir y celebrar en silencio”.

“Lo de celebrar y sufrir en silencio viene de que aún la cultura política creo que no ha madurado lo suficiente, porque a veces no te pueden ver teniendo la presidencia y encima contenta. Es como que genera algunos elementos adicionales, entonces algunas celebraciones me parecía que no iba a ser productivo resaltarlas o ponerles volumen porque podían generar sentimientos en otras fracciones o agrupaciones inclusive en diputados cercanos que no necesariamente sumarían”.

“Y lo mismo con el sufrimiento o con el dolor, no necesariamente transparentar eso a veces suma. Yo lo decía desde lo personal y creo que es una de las cosas que aprendí, canalizar en otros espacios a veces la alegría o el dolor, y en mi caso particularmente en la piscina que es mi  espacio de meditación y donde acomodo las ideas”.

La politóloga Gina Sibaja considera que esa postura le significó una ventaja porque “logró no desgastarse mucho en la gestión de su visibilidad como presidenta del Congreso, tuvo asertivo manejo de redes sociales, no enganchó en polémicas y en discusiones que le podían dar al traste con algunas negociaciones internas. Porque obviamente tratar de mantener algún contacto con la opinión pública  desgasta y desvía la atención”.

Su liderazgo resalta por ser “no tradicional”, reflexiona el analista Alpízar.

“Sí tiene protagonismo, pero no impostado, es como muy genuino, son liderazgos más creíbles. La gente tiene problemas en creerle a los políticos y por eso destaca cuando ves a una persona que parece genuina en lo que está haciendo”, señala.

Planes futuros

Para el futuro inmediato, Carolina Hidalgo, la diputada, la abogada, dice que se la pasará “muy bien” trabajando como una legisladora más en temas de seguridad, movilidad urbana, jurídicos. También, nadando y pedaleando.

Para el futuro, a mediano o largo plazo, no se atreve a realizar aseveraciones apresuradas, pero menciona una reflexión personal:

“Estoy muy clara en que quiero seguir construyendo desde lo que ha sido mi agenda, mi partido y puede ser desde la trinchera más humilde, desde una asociación de desarrollo en La Trinidad de Alajuela o en otros espacios dentro del partido donde se considere oportuno”.

“Estoy clara que voy a seguirlo haciendo porque esto es parte de lo que he construido y lo que me gusta hacer pero no necesariamente ambiciono. Esa es una reflexión, por cierto, que tengo pendiente, porque en la presidencia sí pude ver cómo hay diputadas que tienen capacidad técnica y política para ambicionar más, pero las mujeres no lo hacemos y yo misma no lo hago. No ambicionamos grandes puestos de poder, grandes espacios o grandes liderazgos figurando en ellos, no lo hacemos probablemente por la forma en que hemos construido o que nos han construido como mujeres en nuestra sociedad y eso es algo que creo que no he terminado de interiorizar, digerir”, dice Carolina Hidalgo, la expresidenta.

*Colaboró con esta publicación el periodista Josué Alfaro

 


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