Alirio González, comunicador comunitario

“El poder está en lo local”

Especialista colombiano se refirió al papel que deben cumplir los medios comunitarios.

Su experiencia en la radio comunitaria lo llevó a dejar el “cómodo” lugar de las cabinas de transmisión y mandar las grabadoras a la calle, algo nada fácil en los años más álgidos del conflicto colombiano.

Sin embargo, Alirio González sacó adelante ese proyecto en su comunidad de Belén de los Andaquíes, en el departamento de Caquetá, y evolucionó hacia la constitución de la escuela Audiovisual Infantil.

Esa población se encuentra a unos 1.200 kilómetros al sur de Bogotá y, según dijo, es “el puntico donde empieza a abrirse la Amazonía para Latinoamérica”.

González vino a Costa Rica a participar en el II Encuentro Nacional de Televisoras Locales y Regionales –organizado por el Programa de Libertad de Expresión, Derecho a la Información y Opinión Pública (Proledi) de la UCR–, gracias a la Fundación Friedrich Ebert (FES).

¿De qué manera fue que tomó el camino de la producción audiovisual?

–Primero que todo, soy músico de formación y de vida, corazón. He hecho milagros. Como cualquier personaje chiquito –me fascina ser chiquito, no grande–, a los chiquitos nos gustan los dibujos animados. Entonces, iniciamos el proceso de montar una radio en Belén, se llamó Radio Andaquí. Aprendimos a hacer laboratorio de sonido, la radio renunció a estar en el cómodo lugar de la cabina para estar en el incómodo lugar de la calle, donde el sonido es muy complicado.

La radio salió al aire en 1996 e hicimos diez años de laboratorio, de poner a la gente a que llevara grabadoras a buscar sonidos de su pueblo.

¿Cuáles fueron las principales enseñanzas de ese laboratorio?

–Nada, que la vida está en la gente, la comunicación está en la gente. Hay que poner a la gente a que cuente cosas. En esa historia nos tocó vivir la guerra, un periodo muy fuerte de 1997 hasta el 2005.

Vivimos con la radio todo ese tema, hasta que dijimos “qué mamera” hacer siempre comunicación con guerra. Saltamos entonces a lo que decía, hacer dibujitos, como un niño, tocaba volver a los dibujitos e intentar aprender de eso. Por eso vamos al mundo de la imagen y del sonido.

En el 2005 se forma el proyecto de escuela audiovisual. Personalmente quería hacer películas de dibujos animados, pero no sabía y creo que todavía no sé cómo hacerlos. Llegó un niño, llegó un poco de gente a la misma casa, pensaban que como yo cambiaba de la radio, íbamos a hacer cosas en la misma casa. Varios niños que llegan a hacer dibujos, piensan que ponerse en pantalla es bueno y se forma el proyecto de escuela audiovisual.

Lo interesante de la escuela audiovisual es que sigue siendo el mismo laboratorio.

¿Qué halló en el II Encuentro Nacional de Televisoras Locales?

–El mismo cuento de toda Latinoamérica. Es un hermoso país, pequeño. De Costa Rica tenemos la imagen de “pura vida”, del país más progresista de América Latina, con modelos de gobierno, de sostenibilidad, a seguir por toda América Latina. Pero uno viene a Costa Rica y sorprendentemente la gente no se estaba encontrando, pero se ve que la gente quiere encontrarse. Hay canales de sur a norte dispersos, que se están buscando, y eso es una maravilla.

La gente que se busca es la que puede ganar; la gente que no se busca es la que se queda en su muro de Facebook, en sus seguidores de Twitter.

Costa Rica tiene problemas serios respecto del uso del espectro radioeléctrico, las leyes son viejas y ha crecido la concentración en la propiedad de los medios de comunicación. El proceso de apagón analógico de la televisión se ha atrasado y los actuales concesionarios quieren dejarse el dividendo digital.

–Menciona dos cosas: la ley es vieja y el apagón analógico. Pero la sociedad no es vieja, la sociedad es joven y la sociedad se busca. Lo que encuentro es que hay muchas personas que hacen apuestas a la web, que permite abrir libremente, tienen muchas audiencias y se pueden manifestar con libertad.

La ley debe construirla la sociedad. Me pareció interesante en el Encuentro que hay un grupo de ciudadanos, realmente metidos en esto de hacer comunicación, que quieren conversar sobre la ley. Si se da esa conversación de medios y autoridades en Costa Rica, me parece maravilloso.

Hablamos de las enseñanzas que dejó el proceso de la radio comunitaria. Del mismo modo, ¿cuáles son las enseñanzas después de trece años de la Escuela Audiovisual?

–Que la comunicación es movimiento continuo, es ese ejercicio de la savia de los árboles, circula. La comunicación es como el aire a la sociedad, tiene que llevar a que la sociedad se construya. No es la verdad ni la mentira, ni la derecha o la izquierda, fluye entre las sociedades.

Es lo que uno aprende y ve todos los días en las cosas que hacen ustedes en Costa Rica. La enseñanza de la Escuela Audiovisual es eso.

Tenemos que revisar que una cosa es el sueño del querer ser, y otra el hacer. Queremos un país libre, una sociedad demócrata, pero lo que hacen las sociedades todo el tiempo es inventarse cuentos para narrárselos, para ponerlo bonito. Costa Rica se ha puesto bonito a través del “pura vida”, un relato bonito, eso mismo es lo que tienen que hacer los medios, ponernos bonitos, contar cuenticos, como el cuento de los “ticos”, que un señor en la calle me explicó que es a partir de diminutivos. Así como entiende la gente, tenemos que entender los medios.

Ha dicho que “para cambiar las cosas, hay que hacer desorden”. ¿Por qué?

–Si usted tiene un hermoso paisaje, cuando pasa el viento, una abeja, o un pájaro y mueve las semillas, nace la vida. ¿Quién hace el desorden? La abeja, el viento, el pajarito, estas conversaciones. Esos desórdenes son los que nos hacen reflexionar y cambiar. El mundo bonito, ideal, sería muy aburrido.

Nuestros países viven el acaparamiento en la propiedad de los medios tradicionales; también Internet ofrece libertad, pero la competencia por atención es enorme, además de que no hay control de los discursos de odio. ¿Cómo deben enfrentar los medios comunitarios esa realidad compleja?

–El poder en este momento no es de los medios, de los dueños de las antenas, el poder es de las audiencias, que deciden a dónde se van, publican en sus redes si odian a algún canal o a x cantidad de cosas. En este momento ninguna radio, televisión o periódico, hace las noticias sin que haya una interacción con el público.

Todos luchan por las audiencias, nosotros los chiquitos y las grandes cadenas, que no la tienen ganada. Yo, que soy comunitario, no tengo ganada la audiencia.

Eso nos lleva a que el poder está en la persona, en lo local. En este momento se trata de quién cuenta mejor, quién cuenta bonito. Ni siquiera se trata de quién cuenta la verdad, sino de quién cuenta bien. Ese es el reto para los medios comunitarios, contarnos bien desde nuestros principios: equidad, sostenibilidad, respeto al otro. El gran problema es que en este momento el otro es lo que hay que construir. En Colombia estamos en una gran lucha por construir al otro, porque se perdió en medio de la guerra, de los miedos, de los discursos de seguridad. La persona queda sola, con una puerta con cuatro chapas con candado.

El reto de los medios de ciudadanía es empezar a romper esas puertas y no las van a romper con discursos, las van a romper con cuentos bonitos, bien contaditos, sabrositos, arrulladitos.

¿Cómo se vive desde su comunidad el proceso de paz?

–Lo que los colombianos entendemos es que el proceso de paz no era solo negociar con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) para que se desmovilizaran, hay muchos actores más: el Ejército de Liberación Nacional (ELN) aún está activo; después de la desmovilización del paramilitarismo, surgieron bandas criminales que a cada rato les cambian de nombre.

El proceso de paz va en camino, Colombia sigue buscando la paz. Lo bueno de todo este proceso es que nos tocó entender, así sea a puño y patada, que existe el otro. Cualquier discurso que sea negar al otro no funciona en Colombia en este momento.

¿Como el discurso de Álvaro Uribe?

–El discurso de Uribe funciona para algunos, obvio, pero cada día se pierde más. Cuando se abre el proceso de paz, el discurso de Uribe se va perdiendo, porque la gente busca otro diferente. Los colombianos queremos la paz, queremos querernos entre colombianos.

¿Eso es difícil bajo el gobierno de Iván Duque?

–Es un problema, porque se debe ser abierto a muchas historias y Duque está cerrado en una historia. Se va a tropezar con que hay muchas historias, ahí es donde está el papel de los medios: contarlas.


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