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El peso de cada votante se eleva en elecciones municipales

En la mitad de los cantones del país, el triunfo por la alcaldía se definió con menos de cinco puntos porcentuales sobre el segundo lugar. Eso se suma al alto abstencionismo, por lo que un voto puede hacer la diferencia.

En el cantón guanacasteco Nandayure, el político Giovanni Jiménez Gómez logró en 2016 el voto de 1316 ciudadanos para tomar el puesto de alcalde, pero el triunfo solo le fue otorgado por haber nacido antes que su rival liberacionista Luis Diego Campos, pues este obtuvo exactamente la misma cantidad de votos.

El caso nandayureño parece el más extremo de los resultados estrechos en la elección de alcaldes en Costa Rica, pero está lejos de ser una rareza. Es más bien la muestra de cuán corta suele ser la diferencia entre el primer y el segundo lugares en la competencia por el cargo de gobernador cantonal, a pesar de la relevancia creciente de ese cargo.

Una revisión de los datos de participación del caudal electoral del 2016 permitió conocer que la mitad de los cantones eligieron a su alcalde con una ventaja inferior a cinco puntos porcentuales del total del padrón de cada municipio. 

Además del empate en Nandayure, destaca el caso de Aguirre, donde solo 10 votos permitieron que ganara el candidato del Partido Unidad Social Cristiana (PUSC) sobre el del Partido Liberación Nacional (PLN). La diferencia fue de solo cinco centésimas del total del padrón en ese momento.

En Poás, fue solo de 58 votos (0,3%) la diferencia a favor del candidato del PLN, y en Palmares, 85 sufragios (también 0,3% de los ciudadanos empadronados). En Turrubares, 23 votos, y en Santa Cruz (con casi 40.000 ciudadanos), la diferencia fue de 157 votos para Rosa María López, quien en ese cargo ganaría un salario mayor al del Presidente de la República.

Estos fueron los triunfos más estrechos, pero 72% de los cantones (59 de 81) registró una diferencia inferior a 10 puntos entre el primer lugar y el segundo. Solo 12 superaron esa cifra y únicamente en cuatro territorios se presentó una diferencia superior a los 20 puntos: León Cortés, Dota, San Mateo y Hojancha.

Estos números permiten concluir, en general, que es alta la capacidad de cada ciudadano de influir en el resultado de la elección de la alcaldía. Un solo nandayuereño que se hubiera decidido a votar por Jiménez o Campos habría hecho la diferencia, como lo habrían hecho también los pasajeros de una microbús en Aguirre.

Se cumple en la práctica la frase que suele usarse para estimular la participación electoral y el trabajo proselitista de los partidos: “cada voto cuenta”.

“Parece claro que basta mover poca gente para lograr ciertos objetivos, considerando que hay una alta repartición de los votos por la abundancia de partidos y la importancia decreciente que estos tienen en la población”, explicó el investigador de la Universidad de Costa Rica (UCR), Ronald Alfaro.

“Son pocas las fuerzas que pueden resultar arrasadoras y eso hace que un solo voto pueda ser determinante”, agregó Alfaro, quien también había analizado los datos de la elección de alcaldes en 2006 y observó que en el 91% de los cantones hubo una diferencia de menos de 10 puntos entre los dos primeros lugares.

 

Decisivos y escasos

Uno de los factores junto al alto peso relativo de cada votante es la baja participación popular que caracteriza a las elecciones municipales, que promedió el 35% en la escala nacional. En otras palabras, casi dos de cada tres ciudadanos se abstuvieron, aunque la participación ha venido aumentando poco a poco desde el 2002, cuando por primera vez se realizaron comicios separados de los nacionales.

No obstante ese promedio de 35,4% en los comicios municipales del 2016, los rangos de participación cantón por cantón varían de manera notable entre el bajísimo 24,1% de Goicoechea al 65% de Montes de Oro, que casi igualó al promedio nacional de  participación de las últimas elecciones presidenciales.

Mientras el promedio nacional fue 35%,4, este sube a 40% si se consideran solo los cantones donde la ventaja del ganador resultó inferior a cinco puntos del total empadronado.

Aún más: si se incluyen solo los once cantones donde la diferencia entre el ganador y el segundo fue igual o inferior a 0,5 puntos, el promedio de participación llega a 42,7%. Esto no permite establecer relación alguna entre una mayor abstención y una mayor estrechez de los resultados, aunque dada la baja participación generalizada sí es posible afirmar que hay un alto valor relativo de cada votante en la elección del alcalde.

En San José, cantón donde siempre ha gobernado Johnny Araya, el resultado del 2016 se dirimió con una diferencia de 6,2 puntos sobre el total del padrón: 231.682 ciudadanos, de los cuales votó solo el 26,4%. Araya, entonces candidato del partido Alianza por San José, ganó al conseguir  23.933 votos (10,33% del padrón), menos de 15.000 unidades por encima de su inmediato seguidor. 

Esta ventaja de Araya sobre su seguidor en el 2016 se alcanzaría con solo que votaran por él los funcionarios del ayuntamiento y cuatro personas por cada uno de estos.

Araya es el alcalde mejor pagado del país, con ¢8,5 millones; ahora se postuló por su partido de siempre, el PLN. 

De los 11 alcaldes que tienen un salario mayor al presidente de la República (¢5.043.000), nueve resultaron electos con un margen pequeño sobre su inmediato seguidor. De ellos, siete sacaron apenas una diferencia de 4 puntos sobre el segundo lugar. 

Con esa certeza de que cada elector puede ser definitorio, los grupos políticos se movilizan durante todo este mes, en las cuatro semanas finales de la campaña electoral que desembocará el domingo 2 de febrero en los 82 cantones del país de manera independiente entre ellos. Se eligen 82 alcaldes como parte de los 6138 cargos municipales sometidos a los comicios.

Vallas, piquetes, debates y difusión de proselitismo en Internet son parte de las actividades que se desarrollan en medio de la aparente apatía popular, el escepticismo y la desinformación que acusan muchos de los electores entrevistados aleatoriamente por UNIVERSIDAD.

“No me han llevado la información de quiénes son los candidatos o qué proponen. Solo he visto algunos en las fotos en las calles, con partidos conocidos y otros muy nuevos, pero uno anda así como perdido”, decía Yorleny Solano, vecina de Alajuelita, cantón donde en 2016 solo participó el 30,5% del electorado y donde el alcalde actual triunfó con una ventaja únicamente de 1,5% del padrón.

Sin parar de trabajar en la panadería donde la contrataron a finales del 2019, Yorleny no sabe que el alcalde de su cantón se llama Modesto Alpízar, que representa al Partido Nueva Generación y que quiere reelegirse para el período 2020-2024.

 

El PLN se juega su hegemonía en los cantones donde siempre ha ganado

El partido político que más poder ha manejado en los últimos 70 años en Costa Rica se juega en estas elecciones municipales el monopolio que aún goza en las alcaldías de los once cantones del país.

La bandera del Partido Liberación Nacional (PLN) es la única que se ha impuesto en los gobiernos de once territorios desde que se somete a voto popular el cargo de alcalde o alcaldesa, en 2002. Ese es su feudo: el 13% de los cantones del país.

Pese a la irrupción de nuevas fuerzas, a la erosión de la militancia partidaria y a la preponderancia de los candidatos sobre la bandera, los verdiblancos han ganado todas las elecciones de alcaldes en Desamparados, Dota, Alajuela, Poás, San Carlos, Upala, Alvarado, Santo Domingo, Sarapiquí, Nicoya y Guácimo.

A ellos habría que sumar el caso de San José, donde Johnny Araya ha ganado todas las elecciones, aunque en la del 2016 lo hizo con la bandera de Alianza por San José, pues cumplía un castigo en el PLN, agrupación a la que volvió para intentar quedarse como alcalde este domingo 2 de febrero.

Araya se sumaría a los alcaldes de San Carlos (Alfredo Córdoba), Sarapiquí (Pedro Rojas) y Guácimo (Gerardo Fuentes) para formar el grupo de los liberacionistas que siempre ha gobernado en sus respectivos cantones, tal como Wilberth Aguilar en Atenas, con el Partido Unidad Social Cristiana (PUSC).

La mayoría de los alcaldes actuales liberacionistas quedaron elegidos gracias a una ventaja considerable sobre sus inmediatos seguidores, a excepción de Poás. Destaca el caso de Dota, donde Leonardo Chacón alcanzó la alcaldía con una cantidad de votos equivalente al 40% del padrón, mientras su rival del PUSC solo obtuvo el 5,38% y los otros menos.

Aunque los liberacionistas apelan aún al peso de su bandera, cada candidato enfrenta particularidades de su cantón y del momento político, factores que hicieron a Alfredo Córdoba formar una alianza de facto con Restauración Nacional, cuya seguidora Karol Salas va en la misma papeleta como candidata a vicealcaldesa.

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