El país pone sus ojos en los científicos para enfrentar la pandemia

Desde que comenzó la pandemia el mundo se volcó hacia las y los científicos, en busca de respuestas y depositando una gran esperanza en ellos y en el peso en la ciencia. En Costa Rica también ha sido evidente el papel central de científicos de distintas áreas durante este período; sin embargo, prácticamente no existiría investigación en ciencia y tecnología en el país si no fuera por las universidades públicas.

Un 76,6% de la inversión en investigación y desarrollo del país proviene de las universidades estatales. De acuerdo con la información más actualizada provista por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Investigaciones (Micitt), durante el 2018, las universidades estatales invirtieron ¢58.053 millones en investigación -un 76,6% del total-, mientras que el sector público aportó ¢17.723 millones, un 23,3%.

Además de que el principal aporte es de las universidades públicas, el presupuesto del Gobierno para investigación sigue encogiéndose. En el 2017 la inversión total fue de ¢92.160 millones y bajó a ¢75.776 millones en el 2018. Mientras el aporte del Gobierno bajó de 24,3% en 2017 a 23,3% en 2018; el de las universidades subió de 75,7% a 76,6%.

En el 2018 la inversión en Costa Rica en investigación y desarrollo fue de un 0,39 % del PIB. Mientras, Chile invierte un 0,36%, Argentina un 0,53% entre el sector público y el privado, España un 1,24% y Alemania tiene previsto invertir anualmente el 3,5 por ciento del PIB hasta el 2025.

Se consultó si ha habido un aumento en la inversión en investigación para proyectos relacionados con la lucha contra el COVID-19 desde el Gobierno. La oficina de prensa de dicho ministerio comunicó que el Micitt lanzó la convocatoria del Programa de Innovación y Capital Humano para la Competitividad por $1.250.000 y el Fondo de Incentivos lanzó otra por ¢90 millones. Actualmente, el Micitt está recolectando la información de 2019, datos que estarán listos en el primer semestre de 2021.

Sin embargo, se aclaró que “no es posible responder a esa pregunta desde los Indicadores Nacionales de Ciencia, Tecnología e Innovación, debido a que la metodología de recolección de información no permite conocer esos valores en este momento”.

UNIVERSIDAD entrevistó a ocho científicos y científicas costarricenses sobre sus proyectos. Entre otras cosas, estas personas destacaron la necesidad de un apoyo real en financiamiento e implementación de las tecnologías que se van desarrollando, criticaron la burocracia y el uso de los científicos con fines mediáticos en la pandemia. Si bien mostraron satisfacción de que se reconozca su trabajo, coinciden en que hay un porcentaje de la población que sigue invalidando sus explicaciones argumentando creencias religiosas o pseudociencias y manteniéndose en espirales de desinformación.

Eugenia Corrales Aguilar. (Foto: Katya Alvarado).

“Los que hacemos investigación aquí realmente somos tenaces”

Eugenia Corrales Aguilar, catedrática en virología e investigadora del Centro de Investigación en Enfermedades Tropicales (CIET) de la Facultad de Microbiología de la Universidad de Costa Rica (UCR), tiene tres proyectos relacionados con el nuevo coronavirus.

El primero es el desarrollo de hisopos para las tomas de muestras del COVID-19, junto con la Facultad de Ingeniería de la UCR. Después de una selección y análisis de numerosos y diferentes prototipos de hisopos, escogieron dos y están esperando la aprobación para usarlos en pacientes y ver si el hisopo no afecta el resultado de la prueba diagnóstica, antes del traslado del conocimiento hacia la empresa privada productora de dispositivos médicos, comentó Corrales.

El segundo es el desarrollo de técnicas para medir en el laboratorio la capacidad neutralizante de los anticuerpos contra el coronavirus. Esto se hace regularmente en su laboratorio con virus como el dengue y zika, pero el Sars-CoV-2 necesita un nivel de bioseguridad nivel tres en el laboratorio y en la UCR solo se tiene el nivel dos. “Entonces estamos tratando de usar diferentes técnicas para medir la capacidad neutralizante de los anticuerpos; pero usando metodologías acorde con el nivel de bioseguridad que tenemos”, continuó.

El tercero es la implementación de un método para medir anticuerpos del coronavirus mediante la técnica de Ensayo por Inmunoabsorción Ligado a Enzimas (Elisa), y la técnica Dot Blot (técnica inmunológica), junto con el Inifar. Pero este proyecto aún no se ha podido inscribir.

Consultada sobre la valoración que se le está dando al trabajo de las y los científicos actualmente, dijo: “Desde el punto de vista de la sociedad, sí he tenido la satisfacción de ver que un porcentaje de la gente agradece que uno trate de explicar y aclarar las cosas desde el punto de vista científico; pero en un lenguaje sencillo. Pero eso no ha quitado que un porcentaje siga invalidando lo que uno dice por creencias religiosas, por ignorancia, o por pseudociencias. Eso sí se ha notado bastante; también el nivel de desinformación que hay, y el nivel de credulidad”.

Corrales declaró que lastimosamente no se ve un cambio en el apoyo, ya sea económico o práctico, para realizar investigaciones en el país “pero uno también entiende que la realidad económica está complicada y que más bien van a haber recortes”. “Una de las cosas que me entristece es que colegas míos, virólogos de otros países, han avanzado super rápido en sus investigaciones con el coronavirus y aquí atrasa mucho la burocracia. Aquí los que hacemos investigación es porque realmente somos tenaces”, expresó.

Eugenia Corrales Aguilar es docente de la UCR, Doctora en Ciencias Naturales con énfasis en Virus por la Universidad Humboldt de Berlín, y tiene estudios de postdoctorado en el Parque de Investigación Biomédica de Barcelona.

En entrevista con UNIVERSIDAD relató que de niña en realidad quería ser astronauta y siempre veía todos los despegues, hasta que se le quitaron las ganas cuando vio la explosión del Challenger en el 86. “En ese momento varias cosas me gustaban, tenía un juego de química en el que hacía cristales y experimentos y tenía un microscopio de esos de juguete; así que desde chiquitilla me incliné por eso. Los virus siempre me han parecido fascinantes; la discusión filosófica sobre si son organismos vivos o no, siguen vigente aun y eso me apasiona”, contó Corrales.

Germán Madrigal Redondo. (Foto: Laura Rodríguez).

“Lo que nosotros necesitamos es apoyo real”

Germán Leonardo Madrigal Redondo es director del Instituto de Investigaciones Farmacéuticas (Inifar) de la Universidad de Costa Rica (UCR). En este momento trabaja en tres proyectos. Uno con el investigador Jorge Pacheco, para formular productos farmacéuticos antivirales contra el Sars-CoV-2. Otro para evaluar los protocolos de monitorización serológicas de anticuerpos contra el Sars-CoV-2, de las muestras obtenidas del plasma de los pacientes de COVID-19, el cual dirige Eugenia Corrales. Este busca estandarizar pruebas serológicas para determinar la existencia de anticuerpos en pacientes o muestras de poblaciones expuestas al Sars-CoV-2 y sería una herramienta complementaria en la evaluación epidemiológica de la población costarricense, que permitiría establecer el grado de inmunización posible de población.

Además, en conjunto con Andrés Gatica, realiza otro de diseño de pruebas moleculares para el diagnóstico de COVID-19, con el fin de brindar opciones de bajo costo, sensibles, específicas y fáciles para poder diagnosticar masivamente la enfermedad.

Consultado sobre la valoración que se le está dando al trabajo de las y los científicos actualmente, resaltó que aún no se ha articulado una comisión de alto nivel que integre todas las iniciativas de investigación que se están haciendo contra el COVID-19 para poderlas implementar y que los científicos conozcan los requisitos que solicitan las autoridades para llevarlos a la práctica.

“Creo que el protagonismo del científico tiene que ir más allá de salir en televisión. Lo que nosotros necesitamos es apoyo real: infraestructura y fondos para desarrollar la tecnología y, lo más importante, implementar las tecnologías.

Uno de los principales problemas, subrayó, es la burocracia para poder acceder a fondos de cualquier tipo de institución pública y también el elitismo que hace que haya catedráticos o investigadores de primera y de segunda. “El mérito académico no se evalúa igual. Los catedráticos de primera son los que tienen doctorado y posgrados en Estados Unidos y en Europa. Si usted sacó el doctorado en otro lado o tiene maestría, incluyendo Costa Rica, por más publicaciones que tenga, no vale nada. No es lo mismo ser investigador en ciencias de la salud que en otras áreas, porque no existen las mismas oportunidades de forma equitativa; además, las ciencias sociales, las artes y las letras son desvalorizadas injustamente”, opinó.

Este doctor en farmacia, tiene una maestría en propiedad intelectual y otra en análisis, control y aseguramiento de calidad de medicamentos.

Tiene muchas anécdotas sobre su primer acercamiento a lo que hoy hace. “Cuando era niño uno de mis abuelos era agricultor y tenía un rifle de copas y mataba algunas veces animales que se le comían las gallinas; entonces yo los agarraba cuando los encontraba muertos para tratar de disecarlos y le pedía a mi tío, que es microbiólogo, formalina para disecarlos”, contó a UNIVERSIDAD.

“Siempre fui muy curioso, muy preguntón. Una de las cosas que más me impactó fue mi querida institución, el Liceo de Costa Rica, porque además de que se combinaban las cosas de ciencias, históricas y las letras, ahí pude compartir con científicos que eran egresados del Liceo, como Rodrigo Zeledón o con escritores como Beto Cañas y Rodrigo Gutiérrez Mangel. Además, había un laboratorio de ciencias que me interesó mucho, donde había animales disecados, productos químicos, instrumentación antigua. Lo otro es que mi otro abuelo era boticario y tenía una farmacia en Barrio México y ahí aprende uno mucho de esas cosas secretas que tiene la farmacia”, relató.

Cuando comenzó la crisis estaba trabajando en tres líneas. Una es la formulacion de productos naturales como cosméticos, suplementos de dieta y productos naturales medicinales. Mediante giras recolectan plantas que tienen usos tradicionales, plantas nativas de Costa Rica y plantas con mucha complejidad química para analizarlas. Se hacen extracciones y un perfil fitoquímicos de las diferentes partes (flores, semillas, hojas, tallo, raíz). Posteriormente realizan pruebas de toxicidad o de actividad farmacológica para ver qué posibles usos tienen y se toman esos extractos o plantas para hacer productos terminados. La otra línea de trabajo que tiene es el estado sólido de productos farmacéuticos y la otra es la investigación histórica. En ese sentido comentó que está trabajando en la recopilación de manuscritos de un libro inédito de Carlos Gagini y en la historia del periodismo estudiantil.

Marta Vílchez Monge. (Foto: Cortesía).

“Creo que esta pandemia ha puesto al mundo al revés”

Marta Vílchez Monge es física, docente e investigadora del área académica de ingeniería mecatrónica del Instituto Tecnológico de Costa Rica (TEC).

Como resultado de su trabajo y el de su equipo multidisciplinario han salido las caretas diseñadas por el TEC y producidas por el Instituto Nacional de Aprendizaje (INA), las cuales que está usando el personal de la Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS); además de una cámara para desinfectar mascarillas N95 aplicando la luz ultravioleta C con aire activado por plasma en un proceso que dura 20 minutos.

“Logré reunir a un grupo multidisciplinario, ingenieros industriales, diseñadores, especialistas en seguridad, y nosotros en mecatrónica, con un fuerte respaldo del laboratorio de corte láser del TEC, e hicimos varios prototipos de caretas. Luego llegó nuestra diseñadora industrial y su equipo, se les quedaron viendo y dijeron: ‘Esto es totalmente ineficiente: aprieta la cabeza, después de una sesión de cuatro horas te duele el cuello por el peso, no te permite hacer todos los movimientos ergonómicamente naturales’. Y sacaron una careta minimalista, con una geometría muy interesante. Le llaman la careta Iron Man porque trae dos doblados a los lados y los médicos están encantados. Pueden usarlas por periodos de 8 y 10 horas, sin quitársela, no presiona tanto la cabeza, se acomoda mejor, no es tan caliente como las otras caretas pero lo más importante, no pesa tanto y les permite hacer los movimientos que ellos necesitan cuando están atendiendo a un paciente”, narró Vílchez a UNIVERSIDAD. El TEC puso los planos de esas caretas en la página web y cualquier persona del mundo las puede producir.

El segundo gran logro es la cámara para desinfectar mascarillas N95. Vílchez indicó que la mayoría de métodos de desinfección de mascarillas aprobados por el Centro de Control de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) y por el Centro de Control de Enfermedades Europeo (ECDC) son métodos húmedos y calientes. Algunos deforman la mascarilla haciéndole perder efectividad o son procesos que duran 12 horas. Ellos decidieron aplicar la la luz ultravioleta C con aire activado por plasma (ozono), que es un gran desinfectante. Construyeron un prototipo con su compañero Jaime Mora y lo presentaron a la empresa nacional Plasma Innova, que implementó un prototipo mas robusto. Luego hicieron las pruebas de irradiación en el Hospital de Niños y comprobaron que no se deforma ni pierde efectividad. Necesitaban comprobar que se podían desinfectar del Sars-CoV-2 pero como aún no hay un laboratorio nacional donde se puedan manipular cepas de virus, usaron bacterias más resistentes que el nuevo conavirus y para esto se aliaron con el laboratorio de la Facultad de Microbiología de la UCR. Ahora están refinando el prototipo, buscando un laboratorio para hacer las pruebas con el nuevo coronavirus y el financiamiento para costearlo.

“Lo que hace práctico esto es que nadie había combinado ambos métodos y el proceso de desinfección dura 20 minutos”, recalcó.

Consultada sobre la valoración que se le está dando al trabajo de las y los científicos actualmente, expresó: “Creo que esta pandemia ha puesto al mundo al revés. Si usted se acuerda, el año pasado los médicos y las enfermeras ganaban ‘demasiado’ por ‘no hacer nada’; recuerde los titulares de los periódicos. Los profesores universitarios éramos unos ‘vagos’ que estamos sobre pagados. Esta gran crisis y que solo está empezando, está poniendo las cosas en su lugar”, dijo Vílchez.

Reconoció que es problemático conseguir financiamiento porque los recursos de las universidades no se pueden mover de cuenta o de rubro de un día para otro, y porque las universidades están bajo una gran presión de recorte presupuestario.

“Nos consideran ‘no esenciales’ pero la movilidad de este país se da por la educación. Aquí hay una clase media fuerte por la educación universitaria; pero la gente no lo ha visualizado así”, señaló.

“Lo que siento es que hay gente que piensa que esto surge de la noche a la mañana. En el desarrollo de un producto a nivel de salud hay que ser muy cuidadoso, son vidas humanas, hay que hacer los cálculos una y mil veces, hay que hacer las simulaciones con mucho cuidado, no es algo que se puede hacer tomando un café; y la gente no ve ese proceso. La gente dice ‘¿por qué no hacen una bomba?, ¿por qué no han hecho un respirador?’. Bueno porque una bomba la hace cualquiera; pero pasar las pruebas médicas que requieren tres fases distintas, esas no las pasa cualquiera”, explicó.

“Y en el caso nuestro el objetivo es preservar las mascarillas N95, eso significa proteger a médicos, enfermeras, misceláneos, que están trabajando con la gente más enferma; no es posible que sea medio hecho”, puntualizó.

Vílchez tiene una maestría Cum Lauden en Administración de Empresas y otra en Ingeniería Electrónica, con énfasis en Sistemas Micro electro mecánicos.

Cuando era pequeña recuerda ver a toda su familia, su papá, tíos, su abuelo, todos en la sala leyendo. “Un domingo después de ir a misa, se sentaban en la sala a leer; y yo quería ser grande, entonces me desesperó aprender a leer y el primer libro que leí fue de ciencia ficción. Y yo dije ‘se puede hacer todo eso’. Pero creo que el punto de inflexión fue el día que le desarmé un reloj a mi papá y no lo pude armar al principio. Además de que me castigaron, dejó una profunda emoción en mí cuando yo estaba poniéndolo y empezaron a encajar las piezas. Yo creo que si mi papá hubiera sabido que desarmar ese reloj me iba a traer aquí, me lo hubiera dado antes”.

José Roberto Vega Baudrit. (Foto: Cortesía Vanessa Solano/Conare).

El reto es mantener el interés en las ciencias

José Vega Baudrit es doctor en nanotecnología y director del Laboratorio Nacional de Nanotecnología (Lanotec) del Centro Nacional de Alta Tecnología (Cenat). Tiene una especialidad en polímeros biodegradables, una maestría en ingeniería química y es investigador en el Laboratorio de Polímeros de la Universidad Nacional (UNA).

Enalteció que los proyectos del Lanotec de los últimos cinco años estaban orientados al desarrollo de materiales, productos, estudios y plataformas relacionadas con el sector de farmacia y de dispositivos médicos, de tal forma que cuando pasó esto ya tenían cierta experiencia.

En este momento el Lanotec está trabajando en 14 proyectos en varias líneas de investigación. Vega indicó que, por ejemplo, al principio de la pandemia comenzaron a fabricar unas caretas de protección en impresoras 3D y las donaron a hospitales. También buscaron ayuda y colaboraciones en el extranjero. Adelantó que han conseguido el apoyo de la empresa Intel para empezar a producir unas mascarillas con un diseño aprobado por los brasileños. “Estamos solo esperando la luz verde de la Caja Costarricense del Seguro Social para que nos diga que sí les interesa y poder comenzarlas a producir en masa”, señaló.

Vega indicó que al principio de la pandemia, comenzaron a fabricar unas caretas de protección en impresoras 3D y las donaron a hospitales. También buscaron ayuda y colaboraciones en el extranjero. Adelantó que han conseguido el apoyo de la empresa Intel para empezar a producir unas mascarillas con un diseño aprobado por los brasileños. “Estamos solo esperando la luz verde de la Caja Costarricense del Seguro Social para que nos diga que sí les interesa y poder comenzarlas a producir en masa”, señaló.

Consultado sobre la valoración que se le está dando al trabajo de las y los científicos actualmente, subrayó que obviamente no todos calzan en las áreas que se necesitan en este momento prioritarias por la pandemia, pero sí siente que al científico se le escucha más.

“Tal vez la sociedad se ha dado cuenta de la importancia que han tenido los científicos a lo largo de los años y que todas estas cosas que se dan son producto de toda una metodología científica de estudios serios que han llevado a tener un producto en el mercado, por ejemplo un teléfono. A la gente le llama mucho la atención la nanotecnología; pero tal vez lo ven como muy lejano y piensan ‘uy, ¿para qué vamos a invertir en cosas tan de ciencia ficción?’. Pero creo que con la pandemia se le ha dado un lugar importante”, recalcó.

Para Vega, lo más importante en este momento es que los científicos logren mantener ese interés. “Queda de parte de nosotros no defraudar, sino dar una respuesta clara y concisa de lo que tenemos que hacer nosotros como científicos para mantener ese interés en las ciencias. Que los chicos estudien ciencias, ingenierías, matemáticas. Es todo un reto a nivel nacional; no solo de científicos, sino de todo un conjunto de profesionales”.

Luz Chacón Jiménez. (Foto: Cortesía).

“La pandemia ha revelado lo importantes que somos las universidades”

Luz Chacón Jiménez es microbióloga y docente e investigadora del Instituto de Investigaciones en Salud (Inisa) de la UCR.

Cuando se vino la pandemia estaba trabajando con proyectos de detección de patógenos en aguas residuales y cómo los desinfectantes cambian los microorganismos que están viviendo en aguas residuales. Por eso, afirmó, se les facilitó hacer el salto para adpatar los métodos que ya tenían para otros virus y poder iniciar la detección del SarsCoV-2.

Chacón es una de las dos científicas que lideran el estudio para cuantificar la carga viral del Sars-CoV-2 en las aguas residuales de todo el territorio nacional. Explicó que las muestras están tomadas. pero todavía no han empezado a analizar la presencia del virus. “Lo que pasa es que con todos los problemas de importación de reactivos no tenemos todos los insumos para poder hacer esa detección”, detalló.

La idea es generar información y darle al Aya y al Ministerio de Salud los resultados de carga viral de los diferentes puntos que se estaban muestreando, dijo.

Consultada sobre la valoración que se le está dando al trabajo de las y los científicos actualmente, comentó que antes no interesaba destacar las investigaciones hechas en casa, ni a nivel de medios de comunicación.

“Siento que la pandemia ha revelado lo importantes que somos las universidades y toda la información que producimos. Como la agenda país nunca ha sido fomentar la investigación y el desarrollo siempre trabajamos con recursos muy limitados”.

Chacón tiene una maestría en Bioquímica y está cursando su Doctorado en Ciencias.

Confiesa que jugar de ‘casita’ nunca fue lo suyo y recuerda el momento en que supo que su camino iba a estar ligado a las ciencias. “Mi mamá siempre me había dicho que yo era una niña rara. En el patio de la casa había un árbol de manzana y para que no falseara las bases de la casa le hicieron como una zanja para poder cortarle las raíces. Entonces yo me metía en ese hueco a ver las raíces y los bichitos. De hecho prefería estar en el hueco que jugando casita con las vecinas. Yo supongo que desde ahí me nació como una curiosidad por ver más allá e investigar”, recordó.

Melvin Lizano Araya (Foto: Cortesía)

Un mayor acceso a los datos

Melvin Lizano Araya es geógrafo y docente de la Escuela de Geografía de la UCR, tiene una maestría en Sistemas de Información Geográfica y Teledetección, y dirige el Posgrado en Geografía de la UCR.

Tiene un proyecto sobre escenarios ante el aumento del nivel del mar y otro sobre erosión costera en las playas del Pacífico costarricense.

En este momento está apoyando al Semanario UNIVERSIDAD desde la Escuela de Geografía y la Facultad de Ciencias Sociales con el desarrollo y alimentación de una plataforma informativa y espacializada sobre los casos de COVID-19 por cantones y distritos y se actualiza diariamente con los datos del Ministerio de Salud.

También coordina un Trabajo Comunal Universitario (TCU) en El Porvenir, en Desamparados, donde los estudiantes están sistematizando datos para generar infografias explicativas con el fin de, a futuro, lanzar una plataforma para la comunidad con información sobre comercios, que incluya horario, teléfono y si tienen servicio express. “Es un bien común y algo que todos requerimos en este momento”, dijo Lizano.

“Lo medular es hacer lo mejor de cada uno de nosotros para sacar adelante el país. Uno lo que esperaría sería un mayor acceso a los datos; por ejemplo, para mostrar riesgos en los trayectos de movilidad de las personas y apoyar en la prevencion del contagio. Pero para poder yo llegar a ese nivel ocupo datos ymuchas veces no nos los dan. La idea es dotar al país de buenas herramientas para la toma de decisiones en beneficio de todos”, reiteró.

Científicos y científicas del Centro de Investigación en Biotecnología (CIB) del Instituto Tecnológico de Costa Rica (TEC). (Foto: Cortesía Laura Calvo)

Área biomédica y de reactivación económica

La Dra. Laura Calvo Castro es biotecnóloga, máster en Microbiología y doctora en Ciencias Naturales. Se ha especializado en Investigación Biomédica con énfasis en farmacodinámica y farmacocinética, fitoquímicos bioactivos, e ingeniería de tejidos humanos (epiteliales).

Actualmente coordina el Centro de Investigación en Biotecnología (CIB) del Instituto Tecnológico de Costa Rica (TEC), que tiene una trayectoria de más de 25 años en temas relacionados con biotecnología vegetal, ambiental y con aplicaciones biomédicas. Cuenta con 40 investigadores y el 57% son mujeres.

En el CIB se están trabajando en dos proyectos principales relacionados con la atención de la emergencia de la pandemia del COVID-19, uno en el área biomédica y otro en la reactivación económica del sector agrícola.

Calvo comunicó que el primer proyecto, coordinado por el Dr. Erick Hernández Carvajal busca producir una enzima que se requiere para los análisis PCR para la detección del virus Sars-CoV-2 a nivel de laboratorio.

Las pruebas para la detección del coronavirus se llaman PCR (reacción en cadena de la polimerasa) y para hacerlas se usa una muestra del paciente, de donde se extrae el ARN viral. Este se tiene que convertir en ADN para poder hacer la prueba.

“Hay virus que tienen ADN y otros que tienen ARN y para poder convertir ese ARN en ADN se agrega una enzima, que es una retrotranscriptasa. En este momento hay escasez de esta enzima a nivel internacional y a nivel nacional debemos apuntar a eventualmente producir algunos de los insumos que se requieren para las pruebas de laboratorio. Lo que se quiere es producir esta enzima en un modelo bacteriano. Lo que se hace es insertar el gen de la enzima en una bacteria y producir este enzima a gran escala dentro de la bacteria. El proyecto está en una fase bastante preliminar”, aclaró Calvo.

El segundo proyecto es coordinado por el M.Sc. Giovanni Garro Monge y en él participan más de 10 investigadores. Este equipo está trabajando en producir semilla in vitro de papa para donar un paquete tecnológico a los agricultores de la zona norte de Cartago, donde se produce aproximadamente un 70% de la papa que se consume en el país, afirmó Calvo.

Se planea en el próximo semestre donarles esta papa que está siendo cultivada en el TEC a nivel in vitro, libre de plagas y de variedades de alto rendimiento. La semilla de papa formará parte de un paquete tecnológico que también incluirá biocontroladores (un sistema que permite usar microorganismos antagonistas de plagas y microorganismos beneficiosos para el suelo) y se les ofrecerá una capacitación, todo con el fin de ayudar a reactivar la producción de papa para las próximas temporadas, añadió Calvo.

Jorge Pacheco Molina (Foto: Cortesía)

“Considero que se necesita más apoyo todavía”

Jorge Pacheco Molina es docente e investigador del Inifar-UCR. Se especializó en farmacia industrial en el Institut Européen de Pharmacie Industrielle de Montpellier y es doctor en Farmacia por la Universidad de Barcelona.

Trabaja en tecnología farmacéutica y participa en un proyecto de investigación de materias primas de origen natural para uso en medicamentos y otros productos de interés sanitario. Se ha centrado en la extracción de mucílagos (sustancia orgánica que contienen algunos vegetales) y también estudia técnicas de preparación de tabletas mediante la granulación en lecho fluido, explicó.

En este momento participa en un proyecto de investigación con Germán Madrigal para formular productos farmacéuticos antivirales contra el Sars-CoV-2. “Creo que estas dos moléculas en las cuales vamos a realizar investigación, que son el Favipiravir y el Remdesivir y estamos igualmente a la espera de estudios clínicos más profundos que tengan el respaldo total de la Organización Mundial de la Salud para poder seguir adelante”, dijo Pacheco.

El Favipiravir ya tiene studios de seguridad, se sabe cuáles son sus contraindicaciones y se le puede dar mucho mayor confianza que a cualquier otra molécula que tal vez sea innovadora o prometedora; pero no tiene tanto tiempo previo de estudio, de conocimiento -no específicamente contra el COVID-19, que eso es lo que hay que demostrar, que hay efectivamente una ventaja con su uso”, agregó Pacheco.

Consultado sobre la valoración que se le está dando al trabajo de las y los científicos actualmente, consideró: “Sí hay un apoyo, como siempre ha habido; pero en una situación como la que tenemos actualmente considero que se necesita más apoyo todavía”.

“Un sentimiento que hay a nivel mundial es que en la situación actual de la pandemia, están privando los intereses económicos frente a la investigación cientifíco y es que lo que para nosotros los científicos sería lo correcto, lo éticamente indicado, sería poder enfrentar esta crisis con todas las herramientas de la ciencia moderna y con todo el apoyo de los gobiernos, de la industria, apoyo económico de toda clase, necesario para poder llevar a buen término estas investigaciones”, destacó.

“Algo que falta mucho es la cooperación internacional y hay una coyuntura también que es bastante complicada, que es todo el aspecto geopolítico, donde Estados Unidos, por un lado, pretende ser la potencia hegemónica y están comprando prácticamente la totalidad de las dosis de Remdesivir y la parte económica del desarrollo de una vacuna es lo que está privando en las compañías farmacéuticas estadounidenses y europeas. Nosotros no debemos prestarnos a ese juego, sino buscar las alianzas a lo interno y a lo externo con países que no tengan estos intereses económicos”, dijo Pacheco.

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