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El PAC busca sus fórmulas en procura de una ‘misión imposible’

Corrientes internas del partido oficialista intentarán buscar un tercer gobierno consecutivo, pero antes de la convención tienen asuntos de fondo que resolver, relacionados con Carlos Alvarado.

La competencia interna en el Partido Acción Ciudadana (PAC) se activó en mayo alrededor de figuras que representan caminos diferentes y hasta antagónicos en  propósito de lograr en el 2022 algo que no ha alcanzado ninguna agrupación en la Segunda República: tres gobiernos consecutivos.

La confirmación del interés presidencial del diputado Wélmer Ramos, este lunes 24 de mayo, da señales de abrir la competencia entre dos modelos económicos puestos en conflicto dentro de la agrupación. Uno que favorece a las grandes empresas privadas y otro que mantiene los privilegios del Estado, según los reproches de uno y otro lado.

Ramos, que llama a recuperar los valores con que se fundó el PAC hace 20 años, es la carta de un grupo que critica sin disimulos la política económica del gobierno de Carlos Alvarado, de quien es más cercana Carolina Hidalgo, también diputada y precandidata presidencial.

Las aspiraciones anunciadas por la exdiputada Martya Zamora y el exministro de Deportes Hernán Solano, completan el cuadro que hasta ahora se dibuja frente a la convención prevista para el mes de julio, aunque un grupo propone postergarla para agosto por la pandemia de la COVID-19.

Algunos militantes de la agrupación oficialista también están a la espera de la confirmación de una posibilidad adicional: la expresidenta del PAC y exministra de Justicia Marcia González, de acuerdo con la información que no ha sido corroborada por ella, a pesar de que se le llamó a su teléfono celular.

Con González u otro sector quedaría la posible participación del exministro de Educación Édgar Mora, quien antes hizo intentos de postularse sin ser militante del partido, como representante de un sector ciudadano no partidario. Sin embargo, las puertas no se le abrieron como él pretendía al invocar un artículo del Estatuto interno, y como defendía otro grupo que lo apoyaba.

Así, con augurios de tensiones y probables conflictos alrededor del gobierno actual, se forja en el PAC la carrera por la Presidencia de la República, por sexta vez desde la propuesta política que lideró Ottón Solís y que acabó de agotar al bipartidismo de la última mitad del siglo XX.

Ramos, economista de 60 años, se presenta cuatro años después de que se postuló como contendor de Carlos Alvarado, contra quien perdió la candidatura en una discusión intrapartidaria que resultó premonitoria sobre la discusión posterior en las elecciones nacionales; el conservadurismo religioso versus el progresismo expresado en el apoyo al matrimonio igualitario.

Después Alvarado representó la carta progresista en las elecciones nacionales y en concreto en la segunda ronda contra Fabricio Alvarado, a quien venció para comenzar un gobierno que de entrada se alió con Rodolfo Piza y, junto a él, con figuras políticas más afines a grupos empresariales.

Pasada la reforma fiscal 2018 y proyectos adicionales, incluido el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) que implica nuevos planes de tipo fiscal, figuras del PAC perdieron los motivos para disimular, y han expresado críticas al manejo de la economía aplicado por Alvarado, en quien ven un afán de recortar gasto social y no cargar el costo sobre las espaldas de los más adinerados.

La mayoría de la fracción oficialista, aunque pequeña, ha apoyado al Ejecutivo, pero no todos. En meses recientes se han conocido los criterios separados de Wélmer Ramos y Paola Vega, a pesar de que representan corrientes distintas en lo generacional y en el debate conservador/religioso que sigue latente.

Pero Carlos Alvarado los une por oposición: Ramos y Vega son ahora caras visibles de un mismo movimiento que se enfrenta a la corriente representada por Carolina Hidalgo, la abogada joven que dio el paso al frente después de intentos de convencer a figuras como Ana Helena Chacón, exvicepresidenta y embajadora en España. Es decir, el nuevo dúo Ramos-Vega se confronta a lo que algunos críticos señalan como “el progresismo cool”, al atribuirle una falta de prioridad en inclusividad económica.

El Gobierno de Alvarado ha optado por “una estrategia equivocada de alianzas que dio sobrerrepresentación a actores que no comparten nuestro ideario”, dijo Ramos el lunes 24 al anunciarse como precandidato. Habló de “poderes fácticos” que han incidido en las decisiones de Alvarado al margen de la ideología tradicional del PAC.

“Se ha tolerado por acción o indiferencia un ataque sistémico de las instituciones, y eso incluye ataque a autonomías de municipalidades, universidades y Poder Judicial, bajo el argumento falaz de que el control del gasto público conduce a una reducción de la desigualdad”, añadió Ramos después de que mostró el apoyo de varios miembros del gabinete del gobierno de Luis Guillermo Solís.

Seis semanas atrás, un grupo de figuras del PAC decía casi lo mismo sobre el proyecto de Empleo Público: “este proyecto atenta contra la clase media, las autonomías municipales y universitarias, y desconoce nuestra visión del papel estratégico de la educación superior pública”, decían.

La contienda interna parece entusiasmar a poco más que a dirigentes y partidarios comprometidos en una agrupación que aparece de tercera en probabilidades de ganar los comicios presidenciales. Así lo indica el 22%, mientras que 24% apoyo a Unidad Social Cristiana (PUSC) y 48% Liberación Nacional (PLN), según la última encuesta del Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP) de la Universidad de Costa Rica (UCR).

Sin embargo, también se señala una fuerte reprobación popular al gobierno de Carlos Alvarado, pues solo uno de cada cuatro le acredita una valoración positiva. Similares eran los rangos que recibía el gobierno de Luis Guillermo Solís para este mismo momento de ese cuatrienio.

Este último elemento indica que la baja calificación de un gobierno no impide triunfar al candidato presidencial de su mismo partido, pero está por verse cuánto pesa el desgaste de dos administraciones continuas y los cambios progresivos del entorno electoral, cada vez más fragmentado y con peor imagen de los partidos políticos habituales.

En todo caso, tres gobiernos consecutivos con una misma bandera es algo que no lograron ni el PLN ni el PUSC en los tiempos de amplio poder. Entre ellos se alternaban en el poder, y la última oportunidad la tuvo el liberacionista Johnny Araya en la campaña en la que se retiró antes de la segunda ronda contra Luis Guillermo Solís.

Sin grandes ambiciones y con el antecedente de no haber llegado nunca a 50.000 votantes en una convención, las corrientes del PAC tampoco ven agotadas las probabilidades, pero depende de quién se haga con la candidatura y alrededor de qué temas se desarrolle la campaña, dicen dirigentes de cada bando. A tres meses de la elección interna, cinco para el inicio de la campaña y nueve para las elecciones de febrero, queda también la carta de segunda ronda que bien le funcionado al partido.

 

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