Miles de personas se hicieron visibles en San José tras el susto electoral de febrero

El Orgullo después del odio

Casi doscientas mil personas marcharon por San José para manifestar su orgullo por estar vivas.

Hace escasos ocho años, cuando la primera Marcha de la Diversidad doblaba por la esquina del Hospital San Juan de Dios hacia la Avenida Segunda, desde el Parque de la Merced y sus alrededores, los peatones miraban con recelo y hasta indignación a un grupo de poco menos de cincuenta personas vestidas de arcoíris y lentejuelas.

Nueve años después, la misma marcha (esta vez con la participación de alrededor 200.000 personas, según estiman los organizadores del evento), ya no despierta la misma indignación desde las aceras. Ahora, al lado de la calle, las miradas de recelo se transformaron en manos con banderas y vendedores ambulantes con bolsas y calcomanías de unicornios.

Wendy Vanessa Sánchez, una mujer trans lesbiana que participó ayer de la marcha, cree que eso no habría sucedido si el resultado del balotaje de abril hubiese sido otro.

“Yo creo que si hubiera quedado el otro candidato [Fabricio Alvarado], tal vez ni se hubiera podido hacer la marcha”, dijo Sánchez mientras sostenía el documento con el cual solicitó su cambio de nombre ante el Registro Civil.

 

“Hay un montón de gente hoy: está muy bella la marcha. Se puede decir que por nosotros ganó Carlos [Alvarado]”, agregó Sánchez, quien dejó de laborar como bacheadora en el Ministerio de Obras Públicas y Transportes (MOPT) tras varios episodios de discriminación.

Wendy Vanessa Sánchez, una mujer trans lesbiana, dejó de laborar como bacheadora en el Ministerio de Obras Públicas y Transportes (MOPT) tras varios episodios de discriminación.

“Yo salí por bullying. No me dieron mis derechos, aunque protesté y todo, salí sin derecho a nada. En salud sí mejoré porque padecía un estrés muy grande, con deseos de matarme y todo, y ahora estoy mejor”, dijo.

La marcha que “saca gente del clóset”

Para Mario Arias, un activista gay que trató de casarse con su pareja en enero pasado, las marchas de la diversidad permiten a muchos otros jóvenes salir del clóset y sentir, por primera vez, que no están solos. Él también salió del clóset en una marcha, hace apenas tres años.

“Las marchas sacan a la gente del clóset. (…) Yo me acuerdo de la primera marcha a la que nosotros fuimos, que fue en el 2015, cuando Roberth (mi pareja) llegó acá. En el contexto de esa marcha yo salí del closet. Eso es muy curioso, y yo creo que poca gente se da cuenta de eso”, dijo Arias -al lado de su pareja-.

“Estoy seguro de que hoy salieron muchísimas personas del clóset, ¿Por qué? Porque (en sus casas preguntan) “¿Para dónde vas, hijo?” Eso arma un burumbúm en la casa y la persona sale del clóset”, agregó.

No solo las personas salen del clóset durante la marcha. También lo hace la ciudad. Por un día, al menos, las personas LGBTI+ (lesbianas, gays, bisexuales, trans, intersexuales y otras) se sienten libres de ser quienes son, dar la mano o besar a  quien quieran, de vestirse y mostrarse como desean. Sin miedos.

“Este es uno de los días en los cuales yo me siento más libre, puedo besar a Noelia, que es mi pareja hace ya dos años, y me siento totalmente libre, muy feliz y completa”, dice Stephanie Sánchez, quien participó con su novia en la marcha. “Me enorgullece ser y representar lo que soy”.

“Me siento que estoy liberada”, dijo Vanessa Sánchez. “Antes no se podía, antes daba miedo. Una persona trans era golpeada aún por las mismas autoridades, y ahora no. Ahora hay más libertad, tenemos más derechos”.

Gilbert Vega siempre ha asistido la marcha, como hombre gay. Pero este año, marchó para hacer visibles también a las personas que viven con VIH, como también es su caso. Él es parte de la organización “Igual cuidate”, que pretende eliminar estigmas sobre el VIH.

“(Vengo) para mostrarle a la gente que somos gente normal, nos vemos igual que todos, solo que vivimos con un virus y es lo único que nos diferencia. (Me enorgullece) el poder mostrarme como soy, con mis problemas, con mi situación de salud, y salir a la calle y gritarlo, y que nadie me lo reproche”, dijo.

Esta visibilidad después de la campaña electoral pasada es significativa para muchos de los participantes. No solo la marcha saca gente del clóset: la campaña lo hizo al enfrentar familias y comunidades en torno a los derechos de las personas LGBTI+. Al menos así opinan Mario Arias y Roberth Castillo.

Quizás esto se ve también en la masividad del evento este año. Según datos de la organización, la participación, al menos, duplicó la del año pasado.

¿Minoría?

Este crecimiento en la cantidad de participantes en la marcha se explica también por una mayor participación de personas aliadas, que no necesariamente son parte de la población LGBTI+, de acuerdo con Mario Arias.

Sol y Maripaz Castro, dos hermanas heterosexuales que asistieron ayer al evento son un ejemplo de esto.

“Vengo a la marcha porque tengo varios amigos muy queridos que son diversos y quiero que ellos tengan los mismos derechos que tengo yo, de desarrollarse en plenitud, y que no los discriminen por cosas que no corresponden”, dijo Sol.

“Yo soy gerente de recursos humanos de una empresa, y he tenido la experiencia de trabajar con muchas personas diversas, y la verdad es que han sido experiencias lindísimas, gente súper profesional, súper dedicada, con resultados. Y a veces me cuestiono si precisamente por la realidad que viven los hace esforzarse más para destacar en una forma mayor”, dijo Maripaz.

También es el caso de Liliana Hernández y Marcela Román, quienes acompañaron a su amigo gay, Carlos Tapia.

“Yo vengo aquí para demostrar que estoy de acuerdo con todos. Él (se refiere a su amigo, Carlos Tapia) es el amor de mi vida, y vengo con él. Y también tengo una nieta que es gay. Tengo un montón de primos que son gays”, dijo Hernández.

Cerrar la grieta, después del miedo

“‘¿No se sienten más dignos?”, preguntó la ex vicepresidenta de la República, Ana Helena Chacón, cuando tomó la palabra en la tarima en la Plaza de la Democracia, al final del recorrido.

Para Chacón, es necesario que la Sala Constitucional se pronuncie sobre el matrimonio igualitario en Costa Rica y que el Tribunal Supremo de Elecciones amplíe su interpretación sobre la opinión consultiva a la Corte Interamericana de Derechos Humanos acerca del cambio de sexo registral.

A unos cuantos metros de la tarima, Mario Arias se pregunta qué significa esa dignidad plena.

“Que el Estado garantice todos los derechos para toda la población LGTBI”, responde. “El problema de la discriminación es social. Yo pienso mucho en los jóvenes que están en el colegio en zonas rurales. ¿Cómo les está yendo a ellos? Un niño de Guanacaste que puede estarla pasando muy mal, y que se siente que no es igual a los demás”.

Por las calles de Guanacaste aún no pasan las Marchas de la Diversidad -dice- y es en esas zonas donde el Estado debe tomar más acciones afirmativas para evitar la discriminación y promover la igualdad.

Fue justamente en las zonas menos desarrolladas del país donde se observaron los mayores índices de apoyo a las propuestas conservadoras de un partido que se oponía al reconocimiento de derechos de la población diversa.

Es el mismo partido que hoy, con 14 representantes en la Asamblea Legislativa, mantiene su oposición a las iniciativas legislativas que pretenden ampliar esos derechos.

Su excandidato presidencial, Fabricio Alvarado, había mencionado que el Gobierno debía facilitar el desarrollo de espacios para “restaurar” a las personas homosexuales, mientras que su candidato a vicepresidente, Francisco Prendas, había sugerido que en su gobierno priorizaría la convocatoria de ministros y presidentes de instituciones públicas “moralmente heterosexuales”.

A pesar de los pendientes, para el exministro de Educación, Leonardo Garnier, marchar ayer significó celebrar que los temores de febrero no se concretaron.

“A mí en educación me preocupaba mucho una contra-revolución educativa. Ver a tantas personas aquí LGTBI, heteros, reconociendo que la gente es gente, y ese es el mensaje más bonito”, dijo Garnier.

La otra cara de lo que pudo haber sucedido y no pasó, fue la participación de autoridades de gobierno en el evento, entre ellas, la vicepresidenta y canciller, Epsy Campbell y el ministro de Comunicación, Juan Carlos Mendoza.

“Creo que hay muchos cambios culturales que hay que gestar”, dice Mendoza. “Hay que reconstruir principios y valores que se sustenten en el respeto a todas las personas. Entender que esos principios que tienen tiempo (de promoverse) ahora se tienen que aplicar realmente, en este siglo, a todas las personas sin ningún tipo de distinción”, señaló.

Ayer, el aguacero mojó las banderas arcoíris y empapó los carteles de las miles de personas que marcharon por San José. La gente corrió a buscar un techo, pero volvió a salir, como si no hubiera pasado nada, cuando la lluvia se detuvo.

Ya lo han hecho muchas veces. Muchos días, muchos años. Ya ha llovido muchas veces para ellos, y muchas veces han tenido que volver a salir a la calle, a gritar, a tomarse de la mano, y a declarar su orgullo por estar vivos.

Fotos: Miriet Ábrego. 

(Créditos: Miriet Ábrego)


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