‘El defensor debe ser proactivo’

En la Defensa Pública tenemos de todo por lo que la única forma en que usted pueda manejar eso es mediante un procedimiento

-Usted está entre las funcionarias que, durante  una década, obtuvo uno de los mejores rendimientos  en la Defensa Pública de Goicoechea.

¿Qué marcó su  trabajo?  

-Puede haber muchos factores. Siempre se ha dicho,  cuando se trabaja en una institución, que si no le gusta  su trabajo, no defiende bien las causas. Eso no es tan  cierto.

No necesariamente porque usted le vaya a pagar  a un defensor, se puede garantizar el conocimiento y la  capacidad o que esa persona le ponga el cariño al caso (…)  En la Defensa Pública tenemos de todo (en cuanto a tipo  de casos), por lo que la única forma en que usted pueda  manejar eso es mediante un procedimiento que se le  pueda aplicar a todo.

¿A qué se refiere con “procedimiento”?  

-Yo soy de la idea de que los casos no se tienen que  llevar a juicio. Para mí la defensa no debe ser como la  enseñaron en la universidad, basada en que la carga de la  prueba está en el Ministerio Público. Eso es un principio,  pero yo creo que cuando ese principio se convierte en una  limitante para la defensa, hay una mala utilización de ese  principio.

Lamentablemente, tanto los defensores públicos como los privados, y quizá más los públicos, la visión  que se tiene es que quien debe gestionar la investigación  es el Ministerio Público y la defensa es solo reactiva,  reacciona a la contraparte.

Cuando usted aplica un procedimiento, sí puede  marcar una diferencia y creo que depende del tipo de  formación que le dé al personal.

No creo en las defensas  adversas ni creo en el defensor a ultranza. Jamás fui una  defensora a ultranza donde hay que asumir que el imputado no hizo nada y hay que defenderlo del estado acusador y represivo.

El defensor debe ir más allá de pensar en  que es el guerrero a favor de la pobre víctima.

¿Por qué dice que el caso no se gana en juicio?  

-Porque si usted tiene un parámetro de objetividad y  puede ver como terceras personas pueden ver la prueba,  puede proyectar un resultado efectivo para su expediente y para su tiempo. Vea lo importante de no pensar en  defensa a ultranza.

Mi exjefa, doña Marta Iris (Muñoz,  directora de la Defensa Pública), sí cree en la defensa a  ultranza. Eso es lo peor que le puede pasar a un defensor:  perder la objetividad completa.

Hay que ver la realidad,  lo que pasó, y de lo que pasó, cuáles son las posibilidades  reales que tenemos para reproducirlo.  A un imputado hay que decirle: ‘Vea, por más que yo  le crea, tenemos que ver qué podemos probar, registrar,  de lo que usted cuenta, que pueda incidir en la psiquis de  terceros, y eso se basa en la prueba.  Para esas investigaciones el Ministerio Público  tiene a la Policía Judicial.

¿Pero la Defensa Pública,  cómo puede hacerlo?

-En otros países cada defensor tiene investigadores y  especialistas forenses de apoyo. Ese es el paraíso que uno  podría tener. Acá trabajamos con las uñas. Pero no voy  tampoco con el “pobrecito yo” de que como solo hay tres  investigadores forenses en todo el país y están en manos  de la Policía, no se puede hacer nada. Ahí es donde el  sistema se equivoca.

El procedimiento que yo propuse es que, si tengo un  término de la investigación, y en ese término no puedo  conseguir la prueba y los testigos que confirman lo que  dice el imputado para llevar esa información al expediente, en ese término debo hablar con el imputado y decirle  que las posibilidades del resultado que podríamos obtener, con esa nueva información ha disminuido. Y a partir  de ahí que mejor busquemos las medidas alternas.

A veces yo salía con defensores de apoyo o con familiares a quienes les pedían que me acompañaran a buscar  prueba y testigos que el privado de libertad decía que  existían. Conozco otros defensores públicos que lo hicieron. La defensa proactiva implica también hablar con el  fiscal hasta que hable con su jefe y acepte abreviar.

¿Qué tan complicado es ser “proactivo” si se tienen 400 expedientes abiertos?

-Si se hace un procedimiento  institucional, ya no depende de la  personalidad y el talento, sino de que  se aplique eso a todas las causas.

¿Aunque sean 500 causas?

-Aunque sean 500 causas. Si  son 500 causas, usted las recibe y  clasifica. Hay causas que valen oro,  que tienen prueba, que son casos  lindísimos y es una injusticia si no se  es proactivo.

Lo que sí está mal, y lo  he visto como jueza, es que lleguen a  hacer las investigaciones en el juicio.  Y es al juez de juicio al que le piden la  prueba que ya no se puede obtener;  eso había que hacerlo en la etapa de  investigación.

El defensor debe evitar llegar a  juicio, pues al seleccionar qué llega a  juicio, puede dedicarse más a las que  sí llegan ahí. A las demás le aplica  medidas alternas o abreviados.

Si tengo muchas audiencias preliminares en agenda y juicios, yo no  puedo.

Entonces trabajaba mucho en  la etapa de investigación para buscar  maneras de no llevar todo a juicio y  enfocarme solamente en juicio para  los casos que ameritan profundizar.  Yo prefería audiencias tempranas y  buscaba conciliaciones y suspensiones de procesos a prueba.

Otros defensores esperan a la etapa intermedia para buscar el proceso a prueba  para apenas ir a buscar dónde puede  ofrecer un servicio social.

El peor rendimiento de los  defensores públicos frente a los  privados se da en los delitos contra  la fe pública.¿Qué caracteriza a  estos casos?  

-Esos son un poco complejos,  como las estafas. El defensor público  está más limitado que el particular,  no por el particular en sí, sino por- que son delitos en los que se requiere  alguna capacidad económica para de- fenderlos mejor.

Y aunque la Defensa  Pública haya hecho sus grandes  desgastes para manejar fondos para  contratar peritos y asesores técnicos,  esos son instrumentos que la Defensa  Pública tiene en casos muy especia- les, pero en caso de defensor privado,  si hay dinero para pagar el defensor,  es posible que lo haya para pagar  para reproducir prueba y es más  factible que puedan pagar peritos  privados y asesores técnicos.

¿Cómo abordaba usted los expedientes con esa complejidad?

-Si necesitaba peritaje, a veces  debí decir al imputado que no tengo  otra opción, no tenemos dinero. En  delitos sexuales pedía a asesores  técnicos que asistieran al juicio de  forma gratuita. En otros perseguí  a los administradores para que me  dieran fondos y muchas veces no me  los daban. Es una limitante con la  que se vive, pero no explica todo.

Esa  limitante implica que hay que ir a  leer sobre temas que uno no conoce,  estudiar, entrar en áreas que des- conocemos.

Eso implicaba trabajar  fines de semana y después de las  cuatro, claro.  Se dieron cuenta de yo hacía investigación paralela y Marta Iris Muñoz (directora de la Defensa Pública)  me pidió que hiciera una revisión a  nivel nacional, una supervisión, y  me di cuenta de que la Defensa Pública trabajaba bajo el principio de  la carga de la prueba del Ministerio  Público.

¿Ese trabajo se hizo y en qué  terminó?

-Se hizo un manual, con un presupuesto limitado. Salieron y se distribuyeron. Pero en estas instituciones  es difícil darle seguimiento a eso.

Si me pregunta, el ideal es que ese  manual se usara en la formación de  los nuevos defensores. Si se cambiara  esa formación entre el defensor que  reacciona, pasivo, y el que propone,  quizás habría diferencia entre el  defensor público y el privado, pero  sería mínima.

Ese manual se intentó implementar, había un plan piloto y hasta ahí  llegó todo. (Posteriormente) hice el  trabajo como tesis doctoral.

¿Qué falla en la Defensa Pública para controlar el esfuerzo que  se hace en la investigación?  

-Falla en la minuta, debe haber  una bitácora estrictamente controlada. Fallan controles de la etapa  preparatoria, de investigación.

El  juicio se graba y se ve si hay dominio  de la causa y conclusiones. Ahí se  ve con todo detalle el trabajo del  defensor, pero eso no existe en etapa  de investigación. No hay forma de  controlar.

La Defensa Pública mide asistencia, indagatoria, visita a cárceles,  pero no controla si localizo testigos e  investigo, si voy más allá, si es posi- ble defender mejor una tesis trayendo  más información que la que pone  el Ministerio Público. Además hay  mucha sustitución (de defensores) y a  veces hay retraso porque no hay bitácoras en el expediente.

El interino no  sabe nada (del caso), no sabe si hay  testigos, no tiene cómo ponerse al día  del caso.

¿Pesa en los defensores públicos no tener incentivos económicos como en el caso de los privados  que cobran por todas las gestiones?  

-Con todo el dolor, yo pienso que  sí. Hay unos que nos tragábamos un  fin de semana preparándonos sin  que nos pagaran más, pero eso no lo  hacen todos los defensores públicos.

A veces separan a los defensores  públicos para casos grandes para  preparar el juicio, pero no para  la investigación.

Eso pasa por pasión,  si me separan yo investigo más, pero  en el tiempo libre no. Eso pasa en  fiscales, defensores y jueces.


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