El ausente en el discurso de Alvarado: Luis Guillermo Solís

Disertación de 3.911 palabras incluyó alabanzas a expresidentes, incluido Óscar Arias, pero evitó hablar de Gobierno saliente.

  • Presidente tampoco hizo referencia a un dios, como ha ocurrido en todos los discursos de mandatarios desde la fundación de la Segunda República.

Con una retórica mucho menos florida, un discurso carente de promesas y un pronunciado desmarque hacia la gestión de su predecesor oficialista, Carlos Alvarado se convirtió en el 48° presidente con la consigna de “trabajar, trabajar y trabajar”.

Inició su exhortativa con un recorrido histórico por los logros del país y sus promotores. Habló de la educación pública, gratuita y obligatoria. Alabó la creación de la Universidad de Costa Rica, la Caja Costarricense de Seguro Social y del Instituto Costarricense de Electricidad. Ensalzó la abolición de la pena de muerte, la suscripción del Pacto de San José y la designación constitucional de un 8% del PIB para educación.

Para destacar estos y otros hitos, Alvarado recordó a Juan Rafael Mora Porras, Juan Mora Fernández, José María Castro Madriz, Alfredo González Flores, José Figueres Ferrer, Tomás Guardia, Manuel Mora, Rafael Ángel Calderón Guardia, Víctor Manuel Sanabria e, inclusive, al expresidente Óscar Arias, por su rol en los procesos de paz en Centroamérica, a finales de los años 80.

En esa enumeración, el gran ausente fue su promotor: Luis Guillermo Solís Rivera.

Distancia con Solís

En su discurso de 3.911 palabras, que se prolongó por 34 minutos y 50 segundos, no hubo una sola referencia al Gobierno del ahora expresidente, quien durante su gestión le dio a Alvarado el cargo de ministro de Desarrollo Humano e Inclusión Social, así como el de ministro de Trabajo.

Pese a los abrazos, las sonrisas y la camaradería pública, Alvarado hizo todo lo posible para desligarse de la gestión Solís Rivera y de algunos de sus controversiales ministros.

Más bien, de las palabras de Alvarado salió a relucir mucho ese acuerdo de gobierno de unidad nacional que se firmó con el ministro de la Presidencia y excandidato del Partido Unidad Social Cristiana (PUSC), Rodolfo Piza, una mezcla de la visión progresista del Partido Acción Ciudadana (PAC) y la rigurosidad fiscal socialcristiana. De hecho, el PUSC fue una de las agrupaciones más críticas con el gobierno Solís, especialmente en las áreas de impuestos, seguridad y administración penitenciaria.

Alvarado evitó el culto a la personalidad y envolvió su discurso en un “nosotros”, con unas cuantas excepciones en la introducción, una diferencia notable con respecto a Solís.

“El Gobierno Nacional tiene y tendrá como norte trabajar sobre lo que nos une y no sobre lo que nos separa”, dijo Alvarado, al tomar como suyas las palabras que repitió Piza una y otra vez en campaña.

La distancia con Solís no solo fue en torno a su gestión. Los discursos de ambos, claramente en realidades y contextos distintos, tienen un tono muy diferente.

Lejos del “cambio profundo” y de la “primavera política” que anunció el exmandatario Solís en su discurso hace cuatro años, Alvarado aclaró que todo el peso no debe caer en su figura.

“Muchas personas que me topo en la calle, me piden lo mismo: ‘no nos falle’, me dicen. Y trabajaré muy duro dando lo mejor de mí para no fallarles. Pero yo también les digo: ‘no nos fallemos a nosotros mismos’, porque esta empresa de desarrollo es colectiva, es de toda nuestra sociedad”, dijo.

Atrás quedó la creación de altas expectativas en torno a eso que llaman “cambio”. Alvarado se limitó a prometer más trabajo y a dar la “mejor versión de sí mismo”. En materia de infraestructura tampoco quiere dar garantías más allá de “devolverle la confianza a la ciudadanía en que sí podemos, de que sí podemos construir infraestructura en tiempo, costo y de calidad”, la cual catalogó como la mayor obra que le corresponderá construir.

Urgencia fiscal

“El tiempo está a punto de agotarse para hacer esta reforma”, afirmó Alvarado sobre la carga fiscal que hereda, de un 6,2% del PIB, tras cinco gobiernos que no pudieron cambiar la estructura tributaria del país. Ya los organismos internacionales avisaron y dieron su ultimátum, por lo que el Presidente adoptó un tono de advertencia para que los diputados avalen una serie de impuestos y recortes al gasto del gobierno.

“Hay temas donde no podemos esperar más y las dilaciones nos costarían muy caras… Sabemos que afrontamos desafíos importantes y urgentes, que no admiten postergación. Costarricenses, la pregunta es: ¿qué haremos?”, dijo previamente.

Alvarado pidió a los nuevos legisladores que analicen el proyecto y avancen de manera oportuna y “ojalá pronta” para contar con su aprobación. “De ello depende el futuro”, agregó.

En este sentido, el mandatario hizo la mayoría de las promesas en torno al tema fiscal: luchar decididamente contra la evasión y el contrabando, recaudar mejor los impuestos existentes y hacer un uso eficiente de los recursos.

A sabiendas de que esa es una tarea que ahora depende del Congreso, Alvarado no promete, pero defiende su propuesta de finalizar su mandato con un déficit del 3% del PIB, una cifra que depende del alineamiento del Poder Ejecutivo y los diputados.

Sin referencias divinas

La noticia es lo que ocurre por primera vez o lo que por primera vez no ocurre y en esta segunda categoría es inevitable señalar un detalle que pasó inadvertido: el discurso de Carlos Alvarado no mencionó a ninguna deidad, o dicho en cristiano, Dios estuvo ausente en su retórica.

De las 3.911 palabras de su alocución, en ninguna hace referencia a alguna deidad, dios o mito, una constante que ya es tradición en el único país de la región cuya religión oficial es el catolicismo.

El rompimiento no es mera casualidad, luego de una elección polarizada por los temas de derechos de las poblaciones LGBTI, donde el sector ultraconservador religioso se alineó con el candidato que se oponía al matrimonio igualitario, mientras que el grupo laico, apoyado en segunda ronda por grupos católicos, le dio el respaldo a Carlos Alvarado.

Tras una revisión de los textos originales de los discursos de toma de mando, recopilados por la investigadora y profesora de la Universidad de Costa Rica, la doctora y catedrática de la Escuela de Filología, Lingüística y Literatura Carla Victoria Jara Murillo, UNIVERSIDAD encontró al menos una referencia a Dios en las disertaciones de cada mandatario, desde la fundación de la Segunda República.

Por ejemplo, en la alocución de Luis Guillermo Solís, del 8 de mayo de 2014, en el Estadio Nacional, el mandatario cerró diciendo: “Pido al Dios eterno, creador de todas las cosas y Señor de Señores, que bendiga a Costa Rica dándole la capacidad a su pueblo y a sus gobernantes, yo el primero, de cantar con alegría el himno siempre nueva de la paz y la esperanza”.

Similar situación se presentó en el discurso de Laura Chinchilla, quien pidió, al cierre, “que Dios y la Virgen de Los Ángeles nos ilumine y bendiga”.

Inclusive, las referencias a Dios no faltaron en los dos discursos del expresidente Óscar Arias (1986 y 2006), pese a las relaciones herméticas que tuvo con la Iglesia católica y sus representantes.

“Y a Dios Todopoderoso le pido que, con su infinita sabiduría, guíe nuestros pasos en esta nueva etapa en la construcción del hermoso edificio de nuestra nación”, dijo Arias, cuando tomó posesión para su segundo mandato.

Miguel Ángel Rodríguez, en 1998, utilizó la palabra “Dios” hasta cuatro veces en su discurso e, incluso, citó un libro de la Biblia.

“Hechos a imagen de Dios –mujeres y hombres– fuimos instruidos desde el propio Génesis, cuando empezamos a habitar la tierra, por el más antiguo de los mandamientos”, se lee en el tercer párrafo de su mensaje.

En el caso del exmandatario Rafael Ángel Calderón Fournier, en su cierre defendió la idea de que “Dios tiene un plan” para todos los pueblos.

Inclusive, José Figueres Ferrer, conocido históricamente por su desafiliación religiosa, pidió dos veces a Dios en su discurso para que las voluntades internacionales se alinearan y la lucha iniciada en 1948 concluyera.

Derechos humanos

Sin hacer mención a las comunidades LGBTI, de las cuales se juró defensor y en favor del matrimonio igualitario durante la campaña electoral, Alvarado, en su recorrido histórico, hizo un guiño al pacto que creó la Corte Interamericana de Derechos Humanos, el mismo tribunal que ordenó al país legalizar las uniones entre parejas del mismo sexo.

En su discurso, ahora más moderado, el presidente recordó la lucha que lo catapultó como el némesis de la amenaza fundamentalista del candidato evangélico.

“Bajo el límpido azul de nuestro cielo cabemos todas las personas y, por eso, el Gobierno del Bicentenario es plural”, afirmó.


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