País Proyecciones de CEPAL auguran duro panorama para la región

COVID-19 dejaría a 20 millones de centroamericanos en pobreza y 7 millones en pobreza extrema

Expertos señalan las imposibilidades para trabajar, las medidas de aislamiento y la baja en las remesas como factores preponderantes en el aumento de personas pobres.

Junto a la crisis sanitaria que ha provocado el COVID-19, el daño económico en Centroamérica agudizará un duro panorama que se arrastra desde hace varias décadas.

La pobreza, una característica triste y aún sin resolver en la región, aumentará considerablemente en todos los países del istmo. Según las proyecciones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), alrededor de 1.501.564 personas más caerán en la pobreza, además de 963.525 que sufrirán de pobreza extrema.

Cepal proyecta crecimientos de la pobreza y la pobreza extrema entre un 2% y un 4% para la región centroamericana. (Fuente: CEPAL)

Así, Centroamérica podría concluir el 2020 con 20.332.279 de personas pobres y 7.391.173 personas pobres en situación extrema, con un aumento de casos en todas las naciones. Panamá aumentaría sus datos en 83.540 personas, en Costa Rica serían 223.077 personas más las que sufrirían de esta condición y, en Nicaragua, el aumento sería de 633.668 habitantes.

Los hondureños que caerían bajo la línea de pobreza, según las proyecciones de CEPAL, serían 460.201; en El Salvador, se daría un aumento de 385.294; mientras que en Guatemala la cifra crecería en 679.309.

Causas

El aumento de la pobreza y la pobreza extrema en los países centroamericanos tiene varias razones, según los expertos consultados por UNIVERSIDAD.

Para el coordinador de investigación del Informe Estado de la Región, Alberto Mora Román, uno de los factores que ha incidido es la restricción para salir de los hogares, ya que en el istmo se maneje un alto grado de informalidad en los mercados de trabajo.

“Al restringir la posibilidad de que la gente salga de sus casas o se desplace libremente, afecta en buena medida a muchas personas que se dedican a actividades informales, como pueden ser las ventas callejeras, el comercio informal, etc. Así, puede que hayan perdido su principal fuente de ingreso o hayan reducido de manera muy significativa la posibilidad de contar con esos ingresos”, afirmó.

Datos de la Organización Internacional del Trabajo confirman que un 61,5% de la población ocupada no agrícola en Centroamérica trabaja en la informalidad, es decir, alrededor de 9,3 millones de personas. El mayor porcentaje lo presenta Guatemala, con un 77%, seguido por Nicaragua, con un 75%; Honduras, con un 72%; El Salvador, con 66%; Panamá, con 43%, y Costa Rica, con un 36%.

Por su parte, el presidente del Colegio de Economistas de Panamá, Samuel Moreno Peralta, considera que otro factor que podría contribuir al aumento de la pobreza durante la pandemia es el de las remesas que provienen de los centroamericanos viviendo en el extranjero.

Pese a que todos los países centroamericanos reciben dicho dinero, el impacto en el Producto Interno Bruto (PIB) para el denominado “Triángulo norte” es mayor: según la CEPAL, las remesas representan un 22% del PIB de El Salvador, un 20,3% para Honduras y un 11,8% en Guatemala.

“El tema de las remesas, que vienen principalmente de Estados Unidos, va a golpear fuertemente. El problema es que si todo está parado, si la economía no está funcionando, no se puede enviar dinero. Esto va a dañar seriamente la economía salvadoreña, hondureña y guatemalteca”, explicó Moreno.

La falta de participación gubernamental se suma a los elementos que pueden influir en el crecimiento de la pobreza, según el criterio de la economista de la Universidad de Panamá, Ana Patiño.

Para Patiño, el COVID-19 profundiza los rezagos y vulnerabilidades históricos de los países centroamericanos en esta área.

“Esto se evidencia en la forma desigual en que se han afectado económica y sanitariamente sus pobladores. Para millones de centroamericanos, la cuarentena en sus casas tiene diferentes impactos: para pocos les significa seguridad y para otros significa hambre, miseria y hasta la muerte”, argumentó.

COVID-19 se ensaña con los más pobres

Estas proyecciones se vuelven más preocupantes cuando, en medio de la pandemia que azota fuertemente a la región, las personas pobres son las que más sufren por la COVID-19.

Según la Oficina del Economista Jefe del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE), la privación en el acceso de al menos un indicador de las dimensiones de la pobreza multidimensional que ocurre en las poblaciones de menores ingresos y excluidas puede traducirse en mayor vulnerabilidad al contagio y mortalidad por la enfermedad.

“Existe evidencia de una asociación positiva entre la pobreza multidimensional de las poblaciones desposeídas y la enfermedad causada por la COVID-19 principalmente entre las poblaciones rurales, poblaciones urbanas marginales y personas sin hogar, dado que el acceso a servicios, vivienda y empleo son esenciales para reducir el riesgo de contagio y la mortalidad. La CEPAL reafirma este vínculo en la crisis del COVID-19 para los temas de salud, vivienda, y hacinamiento, especialmente para grupos vulnerables”, afirmaron.

Estos factores están, hoy en día, muy presentes en la región centroamericana. De acuerdo con datos del Estado de la Región, para el 2016 cerca del 60% de la población en Centroamérica estaba con al menos una necesidad básica insatisfecha, como el acceso a servicios básicos, nivel educativo o la condición de la vivienda. Esto representa cerca de 27 millones de los 45 millones de personas que habitan en la región.

“En Nicaragua, Guatemala, Honduras y El Salvador, más del 35% de los hogares vive en condición de hacinamiento, con tres o más personas por espacio de la vivienda dedicado a dormir. En estas condiciones, cumplir con el distanciamiento social que requiere la COVID-19 es complicado”, explicó el investigador Alberto Mora.

Para la economista Iliana Álvarez, investigadora de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas en El Salvador, estos factores hacen que la actual pandemia se ensañe con las poblaciones económicamente más vulnerables.

“La pobreza y, sobre todo, la situación de hacinamiento y precarios sistemas de salud, así como la falta de políticas públicas con enfoque de prevención y sistemas territoriales han vuelto cuesta arriba la lucha contra la COVID-19 en la región centroamericana”, afirmó.

Aumento de pobreza deriva en más desigualdad

Conforme la pobreza aumenta en la región, la brecha entre las personas que más y menos ingresos reciben también crece.

Datos del último Estado de la Región, del 2016, dan cuenta de la diferencia entre el décimo (mayores ingresos) y el primer decil (menores ingresos) en las naciones del istmo. En Honduras, la diferencia era de 36,8%, en El Salvador fue de 13,3%, mientras que Panamá registró un 34,5%.

Un dato del 2019, publicado por los economistas de la Universidad Nacional de Costa Rica (UNA), Roxana Morales Ramos y Fernando Rodríguez Garro, coinciden en que en el país los deciles 9 y 10 se quedan con el 51% del ingreso total, mientras que los del decil 1 y 2 apenas obtienen el 5,5%. De Guatemala y Nicaragua no se registran datos.

“Varios de los países centroamericanos están en los primeros lugares en desigualdad. El problema durante los últimos años es grande, al punto que, en la mayor parte de los países, el 10% de la población de mayores ingresos concentra entre el 50% y 60% del ingreso total, mientras que el 40% de la población de más bajos ingresos apenas representa entre el 10% y el 15% del ingreso total”, explicó el coordinador de investigación Informe Estado de la Región, Alberto Mora Román.

De esta forma, el paso del COVID-19 dejará grietas más profundas en esa desigualdad en la región, como evidencia la Oficina del Economista Jefe del BCIE.

“En línea con el aumento de la pobreza, habrá un deterioro en la desigualdad, aumentando la brecha de ingresos entre los pobres y aquellas personas con mayores ingresos. El aumento en la pobreza y la creciente desigualdad compromete significativamente la posibilidad de poner fin a la pobreza en todas sus formas y en todo el mundo para 2030”, aseguraron.

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