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COVID-19: Costa Rica entra en la “guerra por respirar”

País solicitó a proveedores en diversas partes del mundo 311 ventiladores mecánicos como prevención para atender pacientes con Coronavirus, cada uno con un valor que ronda los $25.000 y $40.000.

La demanda supera las capacidades industriales; las empresas han hasta cuadruplicado su producción y aún así no dan abasto. El mundo vive una “guerra” para adquirir equipos de protección y ventiladores mecánicos para atender la pandemia provocada por el COVID-19, y Costa Rica no queda exenta de participar en esta disputa.

Este país pequeño, con solo 5 millones de habitantes pero con un eficiente sistema de salud pública, debe ingeniárselas para competir con naciones como Alemania, que supera los 83 millones de personas, o Estados Unidos, que tiene más de 327 millones. Las oportunidades para abastecerse de los equipos necesarios son retadoras.

Aunque a la fecha pareciera que los números no son tan amargos en tierras ticas –con 669 personas contagiadas (al 21 de abril)–, lo cierto es que el país no se puede confiar y es necesario contar con los insumos requeridos en caso de un crecimiento exponencial de la curva de casos.

El panorama no pinta fácil, sobre todo cuando se trata de ventiladores mecánicos, dado que son equipos de alta sofisticación, que no se producen en el país y que tienen una altísima demanda; a lo que se suman restricciones de las naciones donde se ubican las compañías que los generan.

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Efectivamente, a nivel mundial hay una guerra por equipo médico para atender a los pacientes con COVID-19, todos los países están en la misma situación y, aunque la Caja ya tenía una base instalada de ventiladores previo a la emergencia, de forma diligente obtuvimos el permiso para comprar 311 adicionales”

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Una guerra mundial

Según confirmaciones de agencias de comunicación internacionales, como EFE y France Press, recientemente Turquía bloqueó un cargamento que se dirigía a España, el cual contenía respiradores mecánicos y equipos de protección, como cubrebocas, respiradores N95, trajes protectores, mascarillas y test de diagnóstico de COVID-19.

Una de las medidas tomadas por este país fue suspender las licencias de exportación de material sanitario a todas las empresas; por lo que el cargamento fue decomisado en el aeropuerto de Ankara para abastecer el sistema de salud turco.

Otro pedido de 200 mil mascarillas FFP2 y FFP3 (usados por médicos de primera línea de atención del COVID-19) compradas por Berlín fue interceptado en Tailandia para redirigirlo a Estados Unidos, pues la compra fue realizada a una empresa estadounidense.

Este decomiso es producto de la invocación que hizo el presidente estadounidense, Donald Trump, de la Ley de Producción de Defensa, la cual permite bloquear la exportación de material sanitario y destinar todas las existencias al uso local, aunque se manufacturen en otra nación.

Al mejor estilo del salvaje oeste, Francia también tomó la decisión de bloquear las exportaciones de material sanitario y requisó 4 millones de mascarillas que fueron manufacturadas en China para la empresa sueca Mölnlycke y que se dirigían a España e Italia. Este material de protección fue confiscado en el aeropuerto de Marsella y, un mes después, Francia liberó solamente 2 millones de mascarillas.

Por su parte, República Checa anunció el envío de 110 mil mascarillas a Italia; pero no fue un acto altruista, sino una compensación por la incautación de 680 mil mascarillas y una cantidad desconocida de respiradores que China había donado al país europeo.

Ventiladores: derecho al aire

La guerra por adquirir ventiladores mecánicos presenta escenas dantescas, en países donde, aunque tienen empresas que los producen, no salen a flote con todo lo que necesitan.

Estos equipos son indispensables para tratar a las personas que presentan complicaciones respiratorias por el Coronavirus; de hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que alrededor de un 5% de los pacientes contagiados requieren de respiración asistida.

En los pacientes graves por COVID-19 se da un colapso de los pulmones y se produce una neumonía generalizada; en ese momento los especialistas médicos toman la decisión de usar los ventiladores para apoyar el funcionamiento de estos órganos. La carencia de estos equipos puede llevar a los funcionarios sanitarios entre la vida de unos y la muerte de otros.

No son tantas las compañías en el mundo que producen ventiladores mecánicos y equipos respiratorios, y las que existen han tenido que poner a toda máquina sus producciones para responder a la enorme demanda global.

Entre las principales empresas que producen estos equipos están la irlandesa Medtronic, la holandesa Philips Healthcare, la alemana Draegerwerk, la sueca Getinge Group, la estadounidense ResMed y la compañía suiza Hamilton Medical AG.

No obstante, el único problema no es acelerar la producción de los equipos de ventilación, sino lograr contar con los insumos y las piezas esenciales para hacerlos, como tubos, válvulas, motores y productos electrónicos, algo que se ha visto afectado por las interrupciones en el transporte y la dificultad de traerlos de otros países, por el cierre de fronteras.

Bajo este panorama, Costa Rica ha entrado en la competencia por adquirir nuevos equipos que ayuden en una eventual crisis; así lo confirmó Jorge Granados, gerente de Infraestructura y Tecnologías de la Caja Costarricense de Seguro Social (Caja-CCSS).

“Efectivamente, a nivel mundial hay una guerra por equipo médico para atender a los pacientes con COVID-19, todos los países están en la misma situación y, aunque la Caja ya tenía una base instalada de ventiladores previo a la emergencia, de forma diligente obtuvimos el permiso para comprar 311 adicionales”, detalló Granados.

Costa Rica cuenta con unos 700 ventiladores, entre ellos los que se usan exclusivamente para pacientes recién nacidos; por lo tanto, hay una disponibilidad de 520, que están distribuidos en hospitales y algunas clínicas del país.

Los ventiladores mecánicos son equipos costosos, aseguró el jerarca, pues según sus características y origen pueden rondar los $25.000 y $40.000; por ello, la inversión en la que incurrirá la Caja para adquirir estos equipos es elevada. Aunque el gerente no especificó el monto total.

“Recibimos unos 30 ventiladores, los cuales fueron ubicados en el CENARE y nos ingresarán otros 30 en las próximas semanas, y así sucesivamente tenemos un cronograma de entrega. Lo único es que la expectativa para que nos entreguen la totalidad se proyecta hasta agosto, pues hay atrasos en las entregas, producto de la sobredemanda”, añadió.

El atraso en algunas entregas de equipos podría hacer suponer que la Institución debería cambiar de proveedores; sin embargo, en medio de una guerra mundial por adquirir equipos de apoyo respiratorio, sería un error cancelar órdenes, porque no hay muchas alternativas en el mercado.

Los ventiladores ordenados por Costa Rica son de diversas marcas y se contrataron con distintos proveedores, según el análisis técnico de ingenieros de equipos médicos de la Caja, de manera que tengan una vida útil de 8 a 10 años y que cuenten con representación en el país, para que se les pueda brindar el mantenimiento preventivo y correctivo, así como contar con repuestos y el personal capacitado para entrenar a los funcionarios que les darán uso.

Granados indicó que los encargos se hicieron a empresas europeas, sobre todo de Suecia, Austria e Irlanda; así como a una marca japonesa (producida en Estados Unidos), a otras compañías estadounidenses y uno de los pedidos fue a una empresa en China.

Un elemento a favor con el sistema de pedidos que hace Costa Rica es que los equipos se pagan contra entrega, por lo cual, en caso de ser confiscados (práctica que se ha dado para otros países), no se perderán los dineros.

“El asunto es que en el país no hay capacidad para producir este tipo de ventiladores de alta gama, como sí la hay para otros insumos. Las iniciativas que están desarrollando universidades estatales con prototipos de apoyo para respirar servirán mientras se lleva al paciente de la ambulancia al hospital, pero no en las unidades de cuidados intensivos”, aclaró el gerente de Infraestructura y Tecnologías.

Nuevas evidencias

Recientemente, el New York Times publicó un artículo en el cual especialistas en cuidados intensivos señalan que estudios preliminares evidencian que, en lugar de sedar rápidamente a las personas con niveles muy bajos de oxígeno, para luego ponerles los respiradores mecánicos, es mejor dejarlos conscientes, ponerlos de medio lado o que se reclinen en sillas y pedirles que respiren por sí mismos, con oxígeno adicional la mayor cantidad de tiempo posible.

El objetivo de esta práctica es que eviten estar acostados y hacer más espacio en los pulmones, incluso algunos médicos piden a los pacientes recostarse en colchones especiales para embarazadas, lo que deja espacio para aliviar la carga en el estómago o el pecho.

Según el artículo del medio estadounidense, en el Hospital Lincoln, en el Bronx, médicos especialistas dieron seguimiento a 50 pacientes que llegaron con niveles de oxígeno de entre 69% y 85% (el nivel normal es de 95%).

Después de cinco minutos de pronación (posición de lado), habían mejorado para alcanzar un promedio de un 94%. A lo largo de las siguientes 24 horas, casi tres cuartos de los pacientes pudieron evitar la intubación, aunque trece necesitaron respiradores; algunos médicos dijeron que extenderse boca abajo no parece funcionar tan bien con los pacientes mayores.

Por otra parte, médicos del Centro Hospitalario de Bellevue en Manhattan se mostraron asombrados de tener que pedirles a pacientes que dejaran de usar su celular para ponerle un tubo respiratorio. “¿Por qué es tan extraño? La gente que necesita tubos respiratorios, que se conectan a ventiladores mecánicos, rara vez está en forma para hablar por teléfono porque el nivel de oxígeno en su sangre ha disminuido drásticamente y, si están conscientes, con frecuencia se muestran incoherentes; lo cual hace suponer la presencia de marcadores inflamatorios en la sangre”.

El médico intensivista del Hospital Calderón Guardia, Leonardo Chacón, fue enfático en que aún es muy pronto para tener claridad sobre el efecto real del uso de ventiladores mecánicos en esta pandemia por COVID-19, y aunque la proyección es lograr la menor cantidad de gente en cuidados intensivos, esto dependerá exclusivamente de la condición que presenten las personas al llegar a los centros de salud.

“Sí pienso que no estamos obligados a entrar en una guerra comercial, porque tenemos capacidad instalada, podemos seguir aumentando paulatinamente y fortaleciendo el manejo de estos equipos. Con la información disponible, podemos esperar que muchos pacientes reaccionen con las terapias no invasivas y dispositivos de apoyo; pero no debemos bajar la guardia porque podría existir la necesidad de usar los ventiladores en un número indeterminado de personas”, analizó Chacón.

Además, el médico intensivista señaló que se requieren no sólo los ventiladores mecánicos, sino también más personal por número de pacientes y gente formada para saber dar uso a estas tecnologías; asimismo, se necesitan insumos de protección personal y estrategias para minimizar el ingreso de personal a las habitaciones de pacientes positivos. Es aumentar la capacidad instalada, sin comprometer la calidad de lo que ofrece la Caja.


La CCSS aseguró que hay suficiente abastecimiento de equipo de protección para atender las necesidades del personal de salud. (Foto: Cortesía).

La guerra por insumos: ¿puede Costa Rica sortearla?

Cuando se trata de equipos de protección, como mascarillas FFP2 y FFP3 (especial para personal de salud), respiradores N95, mascarillas, mascarillas quirúrgicas, guantes, batas, anteojos y caretas, también hay una lucha global por acaparar la mayor cantidad de insumos.

Pese a esta situación, las autoridades costarricenses aseguran que el país está abastecido, con excepción de algunos insumos como los respiradores N95, que tienen una demanda totalmente atípica.

De acuerdo con el gerente de Logística de la Caja, frente al fenómeno mundial, se ha pasado por dos fases: la primera de enero a marzo, cuando fue un período de mucha especulación y desabastecimiento, no sólo por sobredemanda de producción, sino también de la capacidad de transportar los insumos.

“Dependiendo de la ruta, traer insumos hacia América puede tardar entre 45 y 60 días, por ello hemos incurrido a un sistema multimodal, es decir, se trae una parte por mar y otra vía aérea. También recurrimos al abastecimiento local y a las compras internacionales, pero con representación en el país, algo que era muy limitado; lo que nos llevó a identificar la fuente de abastecimiento de productos de calidad”, indicó Porras.

El gerente indicó que los mayores productores de insumos son Estados Unidos, Europa y China, mercados a los que se dirigió la búsqueda, no obstante, estaban saturados; a esto se suman las estrategias de cada país de cerrar sus puertas y producir primero para el autoabastecimiento.

Hasta el momento, dijo el jerarca, han adquirido 6 millones de piezas de insumos de protección personal, entre ellos, respiradores N95, hisopos, batas impermeables, mascarillas quirúrgicas y anteojos de seguridad; en los mercados de Asia, Estados Unidos y Europa, para una inversión total de $5,5 millones, donde la prioridad no es sólo precio, sino que se valora disponibilidad y capacidad de entrega.

“Es un esfuerzo que continúa, pero nos dimos cuenta de que el abastecimiento de fuentes externas no es suficiente; somos un país de 5 millones de personas compitiendo con gigantes como Estados Unidos, México, Brasil, Colombia y Argentina, que son mercados más atractivos. Frente a esto, el país ha desarrollado capacidad instalada y hoy contamos con muchos oferentes de máscaras de protección facial y se trabaja en el desarrollo de telas impermeables y equipos descartables, desde las universidades estatales y la empresa privada se están desarrollando capacidades donde no había”, señaló.

Prueba de ello son los esfuerzos que se realizan desde la Universidad de Costa Rica (UCR), con varios laboratorios y unidades que están produciendo, mediante la impresión 3D, máscaras de protección con caretas plásticas que han sido donadas a diferentes centros de salud y a la CCSS directamente.


 

 

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