María José Chaves, investigadora del CIEM

“Costa Rica no es una burbuja”

Tanto los hombres como las mujeres de los países con menores oportunidades “se desplazan para desempeñar labores predefinidas por su origen nacional, su condición de clase y su condición de género”, afirma.

María José Chaves, con trayectoria como investigadora de las migraciones para el Centro de Investigación en Estudios de la Mujer (CIEM) y, previamente, para el Centro Centroamericano de Población, ambos de la UCR, profundizó en algunas dimensiones que caracterizan a las migraciones actuales de la región latinoamericana.

Tradicionalmente Costa Rica se caracteriza por ser un país receptor de migración fronteriza y regional, principalmente de Centroamérica. Sin embargo, han surgido fenómenos nuevos, como la migración de República Dominicana, Haití y Venezuela. ¿Cuáles son, de acuerdo con su experiencia, los principales desafíos que esto presenta para el país?

-Costa Rica es escenario de origen, tránsito, destino y retorno de personas migrantes. Sin embargo, por tratarse del principal receptor de migración en Centroamérica -sobre todo de origen nicaragüense- se ha especializado en el escenario de destino. Esto se refleja en la normativa migratoria, en la política pública y en los servicios que brinda la institucionalidad.

En este contexto, otras realidades migratorias como la emigración, la migración de tránsito o la inmigración de poblaciones no nicaragüenses se enfrentan a importantes vacíos jurídicos e institucionales que no responden a sus demandas y expectativas.

Costa Rica no es una burbuja en el contexto global, mucho menos cuando hablamos de migraciones; por lo tanto, considero que uno de los principales desafíos del país es reconocerse en el entramado migratorio regional. Solo así se podrán generar políticas migratorias realistas, versátiles (como las propias migraciones) y prospectivas.

Con una política migratoria con estas características, el país podría aprovechar de mejor manera las dinámicas migratorias que ocurren en el territorio.

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Las mujeres migrantes de Centroamérica que llegan al país están en plena edad productiva. Sabemos que muchas de ellas vienen a laborar como trabajadoras domésticas. ¿Por lo general vienen con sus hijos e hijas? ¿Qué problemas plantea este tipo de migración desde el punto de vista de los derechos humanos?

-Las migraciones laborales no son el único tipo de migración para las mujeres. Sobre esto han llamado la atención algunos estudios cualitativos que identifican la violencia como una razón de migración para las mujeres.

Ahora bien, es importante no perder de vista que la división sexual del trabajo se ha transnacionalizado. Así, hombres y mujeres del sur global se desplazan para desempeñar labores predefinidas por su origen nacional, su condición de clase y su condición de género.

En este contexto se construyen las cadenas globales de cuidados, donde las mujeres se mueven de un país a otro, de una ciudad a otra para asumir tareas de cuidados (trabajo doméstico, cuido de personas dependientes, etc.), delegando en otras mujeres, a veces en su madre, a veces en su abuela, en su hija mayor, los cuidados de su propio núcleo familiar.

Para conseguir avances en materia de igualdad de género y del ejercicio de los derechos humanos, las cadenas globales de cuidados representan importantes desafíos.

Por un lado, estas cadenas se sostienen sobre una distribución injusta de los cuidados, que se delegan de forma unilateral en las mujeres. Es decir, son arreglos entre mujeres, donde ni los hombres, ni el Estado, ni los empleadores están siendo corresponsables.

Pero también son arreglos frágiles que parten de muchos supuestos; por ejemplo, que la cuidadora en el país de origen no se va a enfermar ni a enfrentar ningún obstáculo que le impida asumir esta labor.

Estos arreglos injustos también son legitimados por la política migratoria y la legislación laboral costarricense.

En términos migratorios existen muy pocas alternativas para que las mujeres migrantes puedan acceder a un permiso de trabajo que no sea en el trabajo doméstico, y en términos laborales tampoco consigue proteger adecuadamente esta labor. Por ejemplo, no se pueden hacer inspecciones laborales en el lugar de trabajo y esta ocupación mantiene un salario establecido por debajo del salario mínimo.

¿Cómo inciden las migraciones de las distintas nacionalidades en el país?
-La OIM (Organización Internacional para las Migraciones) señala que “las migraciones son inevitables, necesarias para responder al dinamismo del mundo del trabajo y deseables si se gestionan a través de políticas responsables, sensatas y humanas”.

En este sentido, creo que la inmigración venezolana, la nicaragüense o de cualquier otro origen, tiene el potencial de enriquecer al país en términos sociales, culturales, económicos y políticos.

Sin embargo, para esto es necesario que, desde la política pública, las migraciones se gestionen a partir de la lógica de “vienen a enriquecernos y como país también debemos darles condiciones para que puedan estar bien”, en lugar de asumir un enfoque securitario, restrictivo y discriminatorio.


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