Costa Rica ignora cuántos recursos hay en sus mares

El país no cuenta con los estudios científicos para definir zonas de protección pesquera y las cuotas de pesca.

¿Cómo puede el país administrar sus recursos marinos, si ni siquiera sabe cuánto puede pescar? El hecho de que el país no cuente siquiera con un barco de investigación científica que pueda monitorear la salud de los mares, constituye una carencia que limita la posibilidad de administrar de manera efectiva los recursos marinos.

Así lo explicó el biólogo marino Ingo Wehrtmann, director del Centro de Investigación en Ciencias del Mar y Limnología (Cimar) de la UCR, quien calificó como “muy preocupante” la realidad de que en Costa Rica no haya una estimación científica clara -ni un programa para tenerla- del volumen de cada especie disponible en los mares.

“Para hacer un manejo del recurso es necesario, por no decir indispensable, una estimación de la biomasa disponible. ¿Para qué abrirse a la pesca, si no hay recurso, o muy poco?”, cuestionó el funcionario.

Ingo Wehrtmann: Es como que se hace un favor a los pescadores, pero es actuar en la oscuridad, esperando que lo estemos haciendo bien”. (Foto: Katya Alvarado)

La biomasa es definida como el total de la sustancia viviente en un hábitat particular o en un área y tiempo definidos. El Diccionario Didáctico de Ecología apunta que también se emplea el término para indicar “cualquier materia de origen biológico que se puede transformar o usar de forma provechosa”.

Aunque aumenta la flota en el mar, cada vez es mucho menor la pesca.

Wehrtmann sentenció que sin esos datos es difícil que se puedan definir cuotas de pesca, pues no se sabe de cuánto recurso se dispone. “Si Costa Rica no tiene este dato, ¿cómo se puede definir cuánto se puede sacar? Es como que se hace un favor a los pescadores, pero es actuar en la oscuridad, esperando que lo estemos haciendo bien”, dijo.

El último Informe del Estado de la Nación 2018 apunta que apenas un 2,7% de la superficie marina se encuentra bajo algún esquema de protección. El funcionario lo calificó como “muy bajo”, al tiempo que subrayó que el territorio marino de Costa Rica es diez veces más grande que el área continental, lo cual implica una responsabilidad importante para el país.

También, reconoció que existen iniciativas de Gobierno y otras instancias para aumentar la protección a un 10% o incluso 25%, pero “es un proceso lento, requiere bases científicas para justificar cuáles serían esas áreas; además sería complicado en la parte política específicamente en la situación actual, pues implicaría una reducción o exclusión de pesca en esas áreas”.

Sin embargo, aseveró que “no hay quite, hay demasiada evidencia científica de que las áreas marinas protegidas sirven para recuperar los ecosistemas y los recursos pesqueros; es el camino que tiene que seguir Costa Rica”.

El Informe del Estado de la Nación da cuenta, en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), de que al menos unas 30 especies que se pescan en el país se encuentran en peligro de extinción o bajo amenaza. Además, puntualiza que especies protegidas por tratados internacionales o legislación nacional figuran en la lista de especies de interés pesquero del Instituto Costarricense de Pesca y Acuicultura (Incopesca).

Sobreexplotación

El especialista subrayó la realidad de que, en Costa Rica y el mundo, desde los años 80 se observa una reducción de la pesca, a pesar de que el esfuerzo pesquero (por ejemplo, la cantidad de embarcaciones que salen a faenar) ha aumentado.

Wehrtmann observó que, de acuerdo con estadísticas oficiales de la FAO, desde años 80 y 90 se ha visto una reducción de la pesca a nivel mundial. “Lo más preocupante es que durante todo este tiempo aumentó el esfuerzo pesquero, el número de barcos, pero hubo reducción del 80% en la captura por unidad de esfuerzo”.

Además, detalló que ese criterio de captura por “unidad de esfuerzo” es un índice que se usa para medir la abundancia; “es diferente que un barco logre pescar una tonelada de pescado en un día o en una hora”. A eso añadió que desde los años 50 se ha dado una reducción del 80% en el índice de la biomasa: “aumenta el esfuerzo para pescar, pero al mismo tiempo, y a pesar de eso, disminuye la captura a nivel mundial”.

En el informe El Estado Mundial de la Pesca y la Acuicultura de 2018, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) apunta que la proporción de las poblaciones de peces que se encuentran dentro de niveles de captura biológicamente sostenibles ha bajado del 90% en 1974 al 66,9% en 2015. Por otra parte, el porcentaje de poblaciones explotadas a niveles biológicamente insostenibles pasó del 10% en 1974 a un alarmante 33,1% en 2015.

Wehrtmann añadió que “una señal típica” del problema es la menor talla de los pescados que ofrecen en el mercado el pescador artesanal o semiindustrial. “Los individuos que se capturan son cada vez más pequeños, lo cual tiene consecuencias para las poblaciones de peces, pues hay una presión mucho más grande cuando individuos pequeños muchas veces son capturados, sin haber tenido la oportunidad de reproducirse al menos una vez en la vida”.

Ese mismo Informe del Estado de la Nación 2018 registró un aumento en la pesca de poblaciones juveniles. También citó que entre 2006 y 2014 la proporción de corvinas picudas capturadas en esta etapa de vida pasó de 43% a 84%.

Si los individuos de cualquier especie son capturados antes de alcanzar la talla mínima de edad reproductiva,  “estamos en serios problemas y parece que en muchos stocks de especies comerciales está pasando eso. Todas las especies están en la misma situación, porque la pesca se da sin mucho control”.

William Cheung: “Estamos muy preocupados por la manera como la sociedad ve los océanos, cómo son explotados a través de minería, pesquerías y otros beneficios económicos”. (Foto: Katya Alvarado)

Cambio climático

En el marco de celebración del 40 aniversario del Cimar, dicho Centro organiza una serie de conferencias, la primera de ellas fue impartida por el Dr. William Cheung, de la Universidad de Columbia Británica, en Canadá. Su conferencia se tituló “El futuro de los peces y la pesca bajo el cambio climático”.

En entrevista concedida a UNIVERSIDAD, Cheung se refirió en primer lugar al hecho de que los arrecifes de coral son de los ecosistemas más sensibles al cambio climático, en el caso de Costa Rica y las regiones tropicales.

Los arrecifes son importantes porque además de ofrecer un hábitat a muchas especies de fauna marina, de acuerdo con la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA), una cuarta parte de toda la vida marina depende de estos ecosistemas para obtener alimentos y refugio.

“Sabemos que son sensibles al calentamiento de los océanos y a la acidificación. Actualmente hay impactos que vemos en grandes áreas de corales en el mundo, como el blanqueo, que se da con el aumento de las temperaturas, y sabemos que la frecuencia de estos eventos de calentamiento ha aumentado”, señaló el científico, quien además es miembro del Panel Internacional de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC) de la ONU.

Tras recordar que el verano de este año “ha sido uno de los más calientes que se han registrado”, alertó que se espera que en las próximas dos décadas “el impacto sea grande y extenso para los arrecifes de coral”.

Añadió que el de los arrecifes es solo un ejemplo, pero el cambio en el clima también afecta las pesquerías y otros aspectos de la biodiversidad de manera significativa. De hecho, durante su conferencia explicó cómo cambios en la temperatura de los mares pueden llevar a especies de peces a migrar, tanto en espacios geográficos como a mayores profundidades, lo cual puede implicar que del todo desaparezcan de ciertos sitios.

Así, Cheung insistió en la necesidad de reducir la emisión de gases de efecto invernadero y las emisiones de dióxido de carbono, para mantener calentamiento global por lo menos por debajo de 1,5 grados centígrados.

“Eso significa que tenemos que acelerar la transformación de nuestras sociedades hacia un mundo bajo en emisiones de carbón. Hoy en día el proceso es muy lento y a este paso no se reducirán los impactos en los arrecifes de coral”, lamentó.

El científico hizo un llamado a cuestionar cómo queremos que sean los océanos. “Estamos muy preocupados por la manera como la sociedad ve los océanos, cómo son explotados a través de minería, pesquerías y otros beneficios económicos”.

Pero el experto se cuestiona quién se beneficia con ese enfoque extractivista, porque “el aspecto social de la sostenibilidad es muy importante. No se trata de que únicamente las grandes corporaciones se beneficien de los océanos”.

“Al pensar en el desarrollo sostenible de los océanos, debemos considerar muchos factores. La ecología es definitivamente uno de ellos, así como otros impactos que la humanidad causa, como la sobrepesca”, aseveró.


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