Contralora ve el fin de su mandato: ¿ocho años son suficientes?

Marta Acosta sabe que el 7 de mayo acaba su mandato, pero asegura que no tiene claro que volverá a postularse y admite que percibe apoyo en el Congreso.

Marta Acosta sabe que el 7 de mayo acaba su mandato, pero asegura que no tiene claro que volverá a postularse y admite que percibe apoyo en el Congreso. La prioridad sigue siendo lo fiscal, dijo en una entrevista hecha antes del decreto de estado de emergencia nacional por el COVID-19.

A la contralora general de la República, Marta Acosta Zúñiga, se le acaba su mandato el 7 de mayo próximo y todavía no sabe bien si quiere volver a pasarse ocho años dictando sus líneas duras desde el piso 14 del edificio piramidal en La Sabana.

Al menos eso dice: que sus ocupaciones inacabables le impiden tener aún una decisión de postularse de nuevo o no, que debe pensar en el sacrificio familiar de un cargo como este en tiempos convulsos, y que también hay tareas inacabadas esperando continuidad.

Es administradora, contadora, auditora y experta en finanzas públicas. Se le escucha en sus respuestas y casi se le ve en la cara, pero las evidencias brotan con una rápida revisión a las noticias relacionadas con la Contraloría General de la República (CGR) en los últimos tres años.

Se le ve como una férrea voz por la austeridad y ella lo admite. Así lo justifica: “No quisiera que se nos vea como monotemáticos, pero lo fiscal afecta todo”, dijo a este semanario en una entrevista de un hora.

¿Se siente mucho tiempo estar ocho años acá?

—Bueno, ocho años son suficientes…

Ocho años son suficientes, ¿en serio?

—(Risas) Es un período suficiente para hacer un plan estratégico y desarrollar muchos de los objetivos. Es un período generoso para lograr cosas.

¿Cómo han sido sus ocho años?

—Intensos, satisfactorios, apasionados por el trabajo. He visto cambios importantes que me llenan de orgullo.

¿Cómo se describe usted como contralora?

—Exigente, demandante. He tenido momentos complejos y también aciertos.

¿Su estilo?

—Se basa en la confianza mutua con el equipo.

Se le considera una mano dura.

—Creo que sí. Tengo mis convicciones y trabajo con mucha rigurosidad técnica.

¿Cómo describe el contexto político de su ejercicio?

—Ha sido complejo porque la CGR en los últimos tiempos ha tenido que asumir un rol importante. Ante la inacción de algunas instituciones ha tenido que salir a hacer sus fiscalizaciones y exponerse más.

¿Cuáles instituciones?

—Cuando hablamos de las que no se alineado con la ley de las finanzas públicas

¿Está pensando en Poder Judicial, CCSS y universidades públicas?

—Sí, y municipales, porque esto lo hacemos pensando en el país. Si no nos alineamos todos, no tendremos los frutos esperados. Esa ley era un instrumento de transición, esperando decisiones estructurales para el país. Si esto no se da en el futuro cercano, la reforma fiscal va a perder el efecto. Creo que la Contraloría es una mejor lectora del entorno en estos últimos años, trata de anticiparse y ser proactiva; ha salido a hacer trabajos distintos y aportes estratégicos como cuando hablamos de las finanzas, del marco fiscal climático o de los costos futuros por cambio demográfico, por ejemplo.

¿Esto lo hacen por voluntad o porque la ley los obliga a hacer esto?

—Tenemos una convicción y un propósito de aportar bienestar colectivo. Tenemos interiorizado que, si el país no da buenos pasos en materia fiscal, podríamos tener consecuencias lamentables para el futuro. Hacemos todo lo que podamos para que las cosas se hagan. No quisiera que se nos vea como monotemáticos, pero lo fiscal afecta todo. Si queremos un Estado eficaz y eficiente debemos tener unas finanzas sanas. Por eso nunca hemos dudado en dar un paso más e incluso arriesgar más, porque esto tiene consecuencias que a uno le toca enfrentar. Los intereses particulares se activan, nos demandan y etcétera, pero estamos asumiendo eso con seriedad y la seguridad de la solvencia técnica.

Esta prioridad fiscal no era usual antes, incluso en parte de su período.

—Lo tenemos desde la primera memoria que presenté a la Asamblea Legislativa (2013). Los temas fiscales empezaron a surgir de 2009 y 2010 y empezamos a generar alertas. Lo que sucedió es que la situación  fiscal se vino a deteriorar aún más a partir de 2013 y 2014 y entonces hicimos alertas más vehementes.

¿Qué recomienda para este 2020?

—Hemos dicho que la reforma era solo un paso para generar un alivio, pero estamos insistiendo con el tema de inteligencia tributaria para luchar contra la evasión. En eso estamos de acuerdo con el Ministro, con la salvedad de que hay que hacer cosas ya, no esperar a que venga la tecnología, porque eso puede tardar.

También hemos dicho que hay que entrarle al tema del empleo público para ahorrar costos y tener estructuras salariales más equitativas y una mayor coherencia entre la responsabilidad que tienen las personas y las remuneraciones que reciben. Hemos sido reiterativos: estamos en transición importante, porque viene 2121 donde hay que revisar si todo el mundo aplicó la regla fiscal como debe ser, porque solo así se va a generar el rendimiento de la reforma.

¿Se han acabado alineando las instituciones con la regla fiscal?

—Sí, pero no podemos poner el check, porque hubo 29 instituciones que no cumplieron con la regla fiscal en sus primeros presupuestos, pero eso no es definitivo aún.

SACRIFICIOS

¿Puede reconocer que la aplicación a rajatabla de la regla fiscal genera un estrés para mantener las políticas sociales?

—Por supuesto. Una regla implica disciplina fiscal y eso en muchos casos implica sacrificios. Es lo mismo que en una familia, donde hay que sacrificar cosas para equilibrar las finanzas. Entonces sí es posible que se haya generado estrés en algunas instituciones, pero lo cierto es que hay que superarlo para disciplinarnos.

¿Debe incluirse el gasto total o debería hacerse una excepción para que incluso en el peor punto pueda haber margen de inversión en capital?

—Es gasto total; la proyección es que si alcanzamos en deuda el 60% del PIB, el crecimiento del gasto total podría ser solo de 3,45%, incluyendo el gasto corriente y el de capital.

¿No es ponerse una soga en el cuello?

—Bueno, es que siempre va a crecer. No es que se va a recortar, es que crece poco.

¿No debería hacerse una excepción?

—No tenemos la excepción aplicada en este 2020

…porque no hemos llegado al 60%

—Pero para eso es la regla, para que nos disciplinemos y no lleguemos al 60%, lo cual ya será muy difícil de evitar. Estoy de acuerdo en que restringir el gasto de capital no es lo mejor para un país, porque eso genera bienestar y capacidad de repago para el Estado; pero bueno ahí está la regla y no vería bien empezar a hacer cambios porque ahí se pierde la confianza en la reforma. Es que ya no había tiempo; se nos hizo tarde y por eso las consecuencias que ahora estamos viendo.

¿Llegaremos a ver privatización de activos estatales?

—Lo que conviene es que el Estado sea eficiente y genere resultados que espera la sociedad. Si no se está viendo beneficiado la colectividad, ¿qué sentido tiene ese tipo de instituciones? Si en una situación fiscal muy, muy, deteriorada el Gobierno y el Legislativo decidieran hacerlo, yo estaría de acuerdo siempre que sean instituciones que no están generando valor a la sociedad. Las instituciones tienen ser eficientes y lograr sus objetivos.

En este contexto diría usted que, por ejemplo, ¿la CCSS es eficiente?

—Buena pregunta… Este… No es eficiente en algún sentido cuando tenemos unas largas filas de espera, pero está resolviendo necesidades a la sociedad. No solo genera gastos. Está generando resultados. No vamos a encontrar una población 100% eficiente.

Es que eso puede servir de argumento para personas que quieran recortarla.

—A veces pensamos que solo cerrando instituciones o emitiendo leyes podemos ser mejores. Yo sí creo que institucionalmente podemos hacer cambios sin esperar a una nueva ley o un mandato de fuera. Las circunstancias van cambiando y lo que la sociedad espera de una institución puede ir cambiando.

¿Tiene que ver con el gobierno que esté?

—Eso es independiente del gobierno, depende mucho de la cultura de las organizaciones.

Estamos mal, entonces, porque una cultura tarda décadas en cambiar.

—Eso se puede lograr, vea que esta Contraloría ha cambiando internamente y adaptándose a las circunstancias.

Pero claro, es que este edificio piramidal recuerda que mucho depende de la cabeza de la institución.

—Somos un equipo, pero sí creo que los liderazgos son importantes. Cuando en una institución hay un liderazgo comprometido, muchas cosas buenas pueden pasar.

LA CONTRALORÍA Y HACIENDA

“Lo que conviene es que el Estado sea eficiente y genere resultados que espera la sociedad. Si no se está viendo beneficiado la colectividad, ¿qué sentido tiene ese tipo de instituciones?”

Usted ha sido contralora con tres gobiernos distintos y se agregan dos más cuando fue subcontralora: ¿ve una conciencia distinta en este gobierno?

—Yo no veo esa disposición institucional o esos liderazgos fuertes en la generalidad. Sí he conocido jerarcas muy comprometidos a pesar de circunstancias adversas. Sí creo que falta gente orientada a los resultados de las instituciones.

Un ejemplo: el Ministerio de Hacienda con Rocío Aguilar.

—Insisto, se requiere un líder fuerte y un buen equipo. Solo así puede haber resultados.

¿Había alguna relación personal entre ustedes después de que ella dejó la CGR?

—No, nunca la hubo.

¿Cómo explica usted la salida de ella? (después de una resolución que la responsabilizó por pagar sin autorización ¢600.000 millones de un desfase presupuestario heredado del gobierno anterior).

—Obviamente ella dice que sale por una resolución de la CGR, lo cual no comprendí en su momento. Habló de la equivocación de la CGR sin que ella apelara. Esa parte no la entendí y no podría explicarle a alguien por qué ella se fue.

¿El acto quedó impune?

—No hubo un cumplimiento de la sanción porque ella se retiró y así quedó.

¿Había algún margen de discreción de la CGR para no haber llegado a ese punto?

—No, jamás. La CGR hace lo que le corresponde hacer y en ese caso así fue. No había la menor duda en la División Jurídica. Yo estaba lista para una apelación que es lo que usualmente ocurre.

¿Se siente usted con apoyo político y de la población para este ejercer cargo?

—Sí siento que la CGR tiene buena imagen y es apoyada. Lo vi claramente con el tema de la diferencia en regla fiscal con el Gobierno. Sentí el apoyo de la Asamblea Legislativa y el Gobierno decidió al final aplicarlo tal cual estaba en la ley.

¿SER POPULAR?

¿Es importante para una contralora sentir este apoyo político o popular?

—Fue motivante sentirlo, pero si tenemos que tomar una decisión distinta la vamos a tomar. No estamos buscando apoyos ni calculando a quién quedarle bien.

Vuelvo: ¿hay márgenes de interpretación para actuar y priorizar?

—Por supuesto. Tenemos criterios que usamos internamente para definir a cuáles temas entrarle. Siempre pensamos en los temas de riesgo país, riesgo institucional, de presupuesto, el servicio a la colectividad…

¿Importa el contexto político en esas decisiones?

—Sí, también, porque leemos el entorno y vemos por dónde van las discusiones y monitoreamos las comisiones legislativas, cuáles proyectos son importantes. Nosotros estamos en todas. Ver qué le duele al ciudadano y la eficiencia de servicios. Hay un grupito acá que se dedica a monitorear el entorno. Lo que digan los medios es fundamental.

¿Hacen cálculos de actuar o dejar de actuar en aras de no abonar a la desconfianza en el sistema político?

—Podría ser, pero sí es difícil. Si hay que entrar a los temas, se le entra porque tenemos un mandato. Sí le digo que monitoreamos el entorno y defendemos la institucionalidad y el equilibrio de pesos y contrapesos, y cuidamos mucho esos temas.

¿Quiere reelegirse?

—Hasta el 7 de mayo tengo el mandato. No fue sino hasta estos días en que tomo conciencia de que debo decidir. Le soy 100% franca.

O sea, está pensándolo.

—Lo voy a valorar.

¿Cómo algo que le lleva ocho años de su vida lo deja para decidirlo en unos días?

—He estado muy ocupada. Este cargo es bien complejo y entonces yo tomo conciencia del plazo. Le soy honesta: siempre pensé en quedarme estos ocho años, pero quizás últimamente tomo conciencia de que debería valorarlo.

Qué tiene de positivo la posibilidad de reelegirse?

—Eso es lo que tengo que valorar. No quisiera entrar en ese tema porque entra en cuenta temas familiares, personales, planes vs. terminar algunas cosas que no podré terminar antes de mayo.

¿Depende de si ve suficiente apoyo en la Asamblea?

—Bueno, hay que acordarse de que esto es una elección nueva. Ese es un tema a valorar también.

¿Apoya que sea público el voto para elegir al próximo contralor o contralora?

—Yo diría que voto público está bien, es lo correcto. Entre más transparentes sean los procesos, mejor.

¿Cómo explica usted como ciudadana el caso UPAD ?

—Me parece que ha sido un tema que se debe aclarar. Ya hay investigaciones en curso que ojalá tengan resultados pronto. Generó toda clase de comentarios y yo desde aquí decía que ojalá se resuelva pronto para que el país no se distraiga de los grandes temas que tiene que resolver.

¿Para quiénes ha resultado usted una incomodidad?

—Puede ser ante algunos sectores a quienes la aplicación de la ley de finanzas públicas no le ha sido conveniente a sus intereses. Alguna que otra investigación involucrada con una fiscalización nuestra, como ahora el regulador General, a la que decimos que se pagó de más $24 millones a los generadores.

Además está demandada por un gremio de los jueces…

—Me di cuenta por los medios, pero no he sido notificada. Pero si es porque emitimos la orden de diciembre (ordenar al Poder Judicial cumplir la regla fiscal), asumiré con toda responsabilidad esa denuncia y le voy a hacer frente. Lo que dijimos es que todos debemos cumplir la ley. Ellos están defendiendo un interés particular y yo estoy defendiendo un interés general.

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