Presos acogieron debate presidencial: “siéntanse como en su casa”

Siete de los 13 aspirantes acudieron a debate inédito en el centro Reinaldo Villalobos, centrado en temas penitenciarios y de desigualdad.

Siete candidatos presidenciales en el debate CIEP en el complejo La Reforma

Siete de los 13 candidatos presidenciales participaron en la noche de este jueves en un debate inédito, ante unos 200 presos deseosos de respuestas que les dieran alguna esperanza de que allá afuera hay una vida mejor.

La actividad, organizada por instancias de la Universidad de Costa Rica (UCR), permitió a los candidatos exponer su discurso de aparente empatía con los derechos humanos y mencionar medidas que permitan la rehabilitación de las 14.000 personas privadas de libertad.

Con la ausencia de algunos candidatos más proclives a la mano dura, lo presentes consensuaron su discurso en torno a la idea de que la población carcelaria es, sobre todo, victima de la marginación social y que merece mejores condiciones para reingresar a la sociedad, especialmente en educación, capacitación o empleo dentro de las prisiones.

Todo se desarrolló en un ambiente de curiosidad de los presos, algarabía por momentos y risas si era el caso, como cuando un preso llamado Randall saludó en cámaras a los candidatos, les dio la bienvenida y les pidió algo complicado: “siéntanse como en su casa”.

Los aspirantes presidenciales por momentos lanzaron afirmaciones calculadas para la gradería y en algunas ocasiones, falsas, como se comprobó en un ejercicio de verificación hecho por UNIVERSIDAD. El auditorio presente en el gimnasio del centro Reinaldo Villalobos (del complejo La Reforma, en San Rafael de Alajuela) aplaudió en varias ocasiones a los candidatos que reivindicaban sus derechos humanos, al menos en el discurso.

El debate tuvo preguntas hechas por los mismos privados de libertad sobre temas carcelarios y también sobre delincuencia. Los candidatos se centraron en su mayoría en un abordaje de la violencia como síntoma de la exclusión social y la desigualdad económica.

Participaron John Vega (Partido de los Trabajadores), Óscar López (Accesibilidad sin Exclusión, PASE), Carlos Alvarado (Acción Ciudadana, PAC) y Antonio Álvarez (Liberación Nacional, PLN), además de Sergio Mena (Nueva Generación, PNG), Fabricio Alvarado (Restauracion Nacional, PRN) y Rodolfo Hernández (Republicano Socialcristiano, PRSC).

La actividad es parte del programa “Hablemos de elecciones 2018” que lidera el Centro de Investigación y Estudios Politicos (CIEP), de la UCR, que incluye también debates provinciales entre los candidatos legislativos que encabezan las listas provinciales.

Esta noche era el turno de los aspirantes presidenciales, quienes prácticamente no debatieron y se dedicaron a responder en corto tiempo las preguntas más bien generales. Fue evidente el esfuerzo de López por ganarse los aplausos (“hay gente que no debería estar aquí y otros afuera que deberían estar aquí, como los evasores de impuestos”), aunque no fue algo exclusivo suyo: “hay que dar becas a los familiares de las personas presas”, afirmó Rodolfo Hernández.

Apenas hubo espacio para temas adicionales a lo penitenciario o la inseguridad, incluidas críticas pasajeras a la política liderada por la ministra de Justicia Cecilia Sánchez, cuyo enfoque promete continuar el oficialista Carlos Alvarado.

Los internos solo reaccionaban cuando escuchaban algo concreto sobre su realidad, la del aislamiento social en la cárcel o la del choque temido cuando salgan a la calle a buscar empleo.

“Es horrible estar aquí, pero a la vez le digo una cosa, da taco (miedo) salir”, decía Jopshua, un muchacho de Los Cuadros de Goicoechea condenado, según dijo, a 25 años por tentativa de homicidio contra un policía y robo agravado en un bar en El Alto de Guadalupe. En el 2010 se desconectó del mundo y ver un debate entre políticos era recordatorio del mundo externo.

“Mire, ese compa metió aquí un Malibú (licor). ¡Qué jugado!”, dijo al ver una botella metálica color blanco en la que Alvarado llevaba agua. Como muchos otros, estaba casi emocionado, aunque sigue siendo parte de los indecisos. Es más, de los probables abstencionistas.

Tiene 30 años y le faltan 11 de cárcel, el equivalente a casi tres gobiernos.  “Mire, yo prefiero no votar para poder decir después por lo menos que no fue mi culpa nada de lo que haga el gobierno. Ya suficientes culpas tiene uno aquí”.


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