Informe Mensual de la Coyuntura Económica e Indice Mensual de Actividad Económica

BCCR detecta señales positivas: la desconfianza en la economía se detuvo

La producción, medida por el Índice Mensual de Actividad Económica registró una variación interanual positiva de 1,7% con respecto a diciembre del año pasado.
El desempleo sigue siendo el problema estructural que desafía a los gobiernos.

El mejor logro del primer año de la gestión de Carlos Alvarado –que, por lo difícil, se sintió más como un siglo– fue detener la pérdida de confianza en la economía de Costa Rica.

Simultáneamente, se detuvo la ralentización del crecimiento productivo, lo cual, en parte, era una consecuencia de esa pérdida de confianza.

El Informe Mensual de la Coyuntura Económica, de abril de 2019, del Banco Central de Costa Rica (BCCR), ya captó estos cambios.

La producción, medida por el Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE), registró una variación interanual positiva de 1,7% con respecto a diciembre del año pasado, que fue el mes de actividad económica más baja.

Es un número pequeño, pero que se convierte en relevante si se recuerda el creciente desprestigio que, como una ola, comenzó a afectar a la economía nacional desde la primera ronda de las elecciones del 2018, cuando los partidos se dijeron “de todo” unos a otros con tal de endilgar a su adversario la culpa de la crisis largamente adobada de las finanzas públicas.

“Este resultado parece indicar que el proceso de desaceleración de la producción señalado en el segundo semestre de 2018 se ha detenido”, dice el documento del BCCR.

El hecho no fue producto de ninguna buena magia del Poder Ejecutivo, sino de la aprobación, por la Asamblea Legislativa, de la Ley para el Fortalecimiento de las Finanzas Públicas, a pesar de la resistencia de los sindicatos del sector público, cuya larga huelga contribuyó a frenar la producción.

También el déficit primario del Gobierno Central (ingresos versus gastos) mejoró un poquito, pues bajó a 0,7% del PIB (contra 0,8% del PIB doce meses atrás).

En este déficit, el mayor peso del gasto del gobierno se dirigió a las inversiones de capital (245%) mediante transferencias para el Programa de Infraestructura de Transporte (Ley No.9283).

De allí la larga lista de obras viales que el presidente Alvarado detalló en su primer mensaje sobre el Estado de la Nación y que son uno de los elementos con los cuales busca, ahora, la reactivación económica.

En contraste con ese aumento en el gasto, la administración redujo la compra de bienes y servicios en un -6,6%.

También mejoraron de un modo importante los ingresos totales del Estado. Crecieron un 16,2% en comparación con el 0,6% que alcanzaron en el 2018.

Esto se debió especialmente a que aumentó la recaudación del impuesto a los ingresos y utilidades y al efecto de la amnistía tributaria, la cual logró recuperar ¢208.691 millones de la ciudadanía renuente a cumplir con la ley, para el periodo diciembre 2018-febrero 2019.

También crecieron los ingresos por el impuesto de ventas y “otros ingresos no tributarios” en 6,6% y 194%, respectivamente.

Pero la cuerda de las finanzas públicas sigue estando tensa. En febrero de 2019, la deuda del Sector Público Global ascendió a 65,4% del PIB (¢24,5 billones) y la del Gobierno Central se ubicó en 50,4% del PIB; es decir, que esta última aumentó en 3,3% con respecto al primer bimestre de 2018.

Como supimos hasta el cansancio, para pagar sus gastos y cumplir con sus acreedores, esta administración, como todas las anteriores, tuvo que recurrir a la colocación de bonos de deuda interna y a usar parte de sus depósitos en el BCCR.

Y aquí viene la primera advertencia de ese Banco: “De mantenerse esta trayectoria creciente de la relación deuda a PIB del Gobierno Central, podrían materializarse riesgos en el mediano plazo en detrimento de la estabilidad macroeconómica del país”.

Por eso es que la cuerda de las finanzas públicas sigue tensa. Y por eso, en el segundo año que recién inicia, la administración le apuesta a la colocación de los llamados “eurobonos” para conseguir dinero más barato en el exterior con el cual seguir financiando los pagos públicos.

Por otro lado, durante el primer año de la administración Alvarado, a pesar de la mayor laxitud mostrada por el BCCR en cuanto a la fluctuación del precio del dólar, salvo por una sacudida coyuntural de esa moneda, su precio se ha mantenido dentro de la nueva normalidad.

Así, el 02 de mayo del 2018 la moneda estadounidense valía ¢568,82 y un año después, el 2 de mayo del presente año, mientras el Presidente rendía cuentas al país, valía ¢598,90. Apenas 30.08 colones más.

El precio máximo alcanzado por esa moneda durante la sacudida fue de ¢631,30, lo cual ocurrió el 30 de noviembre del año pasado. Pero eso ya es agua pasada.

Con todo y lo difícil que fue para la administración y para la sociedad costarricense finalmente vencer el temporal que resultó de la combinación de fuerzas entre el debate de la reforma fiscal y la protesta sindical, todo indica que la verdadera “bestia” a enfrentar no se encuentra dentro del campo de acción de las técnicas macroeconómicas, sino en un terreno mucho más complicado.

Es preocupante. El país tiene serios problemas para generar empleos y empleos de calidad: la economía crece muy poco, existe ‘desenganche’ entre la tasa de crecimiento de la economía y la de la cantidad de personas ocupadas y el perfil educativo de la población desempleada es muy bajo: 61% no ha terminado la secundaria”

ROXANA MORALES, ECONOMISTA

La incapacidad de la economía para generar los empleos que hacen falta, y que estos sean de calidad y no meramente informales, es la gran “bestia” a la que se enfrenta ahora el Gobierno.

Y así lo reconoció Alvarado durante su mensaje presidencial: “Costa Rica es capaz de resolver cuando todos unimos esfuerzos, quiero ahora profundizar en el principal problema que como país afrontamos: el desempleo”, al que calificó como un problema “estructural”.

Veamos por qué lo llamó así. Según los resultados de la última Encuesta Continua de Empleo (ECE), dada a conocer el viernes pasado por el del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, la tasa de desempleo abierto (personas que buscan trabajo y no lo encuentran) subió del 10,3% al 11,3% entre el primer trimestre de 2018 y el primer trimestre de 2019.

Esto significa que hasta el mes pasado había 276 mil personas desempleadas (136 mil hombres y 140 mil mujeres); 47 mil más que en el mismo periodo de 2018. Este incremento equivale al 20,6%.

Otras facetas del fenómeno del desempleo son las siguientes:

  • El 68% de las nuevas personas desempleadas son mujeres (32.124) y el 32% son hombres (15.073).
  • El 40% de los nuevos desempleados son personas de 45 a 59 años y, de este grupo de edad, 9 de cada 10 son mujeres.
  • El 37% de los nuevos desempleados (17 mil de los 47 mil nuevos desempleados) apenas tienen secundaria completa.
  • El 25% de los nuevos desempleados son universitarios sin título (4 mil de los 47 mil nuevos desempleados).
  • El 61% del total de desempleados no han terminado la secundaria.

A estos datos, puestos de relieve por la economista Roxana Morales Ramos, coordinadora del Observatorio Económico y Social de la Universidad Nacional (OES-UNA), se suma el hecho de que el desempleo aumentó no tanto porque personas perdieran su empleo, sino porque más personas salieron a buscar trabajo y el mercado no crea los suficientes puestos necesarios.

Se trata de un total de 214.252 personas, de las cuales 159.172 son mujeres (el 74%) y el resto son hombres (55.080). La mayoría son de la región central del país (el 72%).

Así, la Fuerza de Trabajo (personas de 15 años en adelante que pueden trabajar) aumentó un 9,6% en el último año.

Quienes encontraron un empleo, esto es, las personas ocupadas, aumentaron en un 8,3%. Es decir, que 167 mil personas más tienen un trabajo ahora. De estas, el 76% son mujeres (127.048) y el resto son hombres (40.000).

Sin embargo, del total de personas que encontraron un empleo, el 73% no tiene seguro laboral, lo cual quiere decir que los trabajos creados fueron de muy baja calidad. Además, el 30% de las personas que encontraron ocupación lo hicieron como independientes informales.

Lo que resulta más preocupante de la situación del empleo en el país es lo siguiente:

  • La informalidad llegó al 46,1% de la población ocupada, casi 5 puntos porcentuales más. Entre los hombres es de 43,8% (creció 4 puntos en el último año) y entre las mujeres de 49,8% (creció casi 6 puntos en el último año).
  • En el 2018 hubo destrucción de empleos formales: si bien la cantidad de personas ocupadas se incrementó en cerca de 167 mil, la cantidad de personas ocupadas con empleo informal aumentó en 172 mil. Suman un millón de personas en el I trimestre de 2019. Lo anterior significa que, como saldo neto, la economía fue incapaz de crear empleos formales, más bien hubo pérdida de estos y, en su lugar, la población se ubicó en la informalidad.
  • De las 104 mil mujeres que se sumaron a la informalidad: el 80% tiene más de 35 años, el 63% es dependiente, el 40% labora en servicio doméstico, el 50% labora menos de 15 horas por semana y el 41% labora entre 15 y 39 horas por semana (en total, el 90% de las mujeres que se sumaron a la informalidad laboran menos de 40 horas por semana).
  • Del total de personas ocupadas en el país, el 23% trabaja de modo independiente (medio millón de personas), y de estas el 92,8% están en condición de informalidad (465 mil personas).
  • Los datos evidencian una precarización del empleo y afectan al sistema de seguridad social: hay menos personas trabajadoras y empresas cotizando.
  • Aunque es positivo que más mujeres participen en el mercado laboral (su tasa de participación alcanzó el 50,3%), preocupan sus altos niveles de desempleo (14,2%) y de informalidad (1 de cada 2 mujeres ocupadas).
  • La ECE muestra que se mantienen dos trimestres consecutivos con una tasa de desempleo de dos dígitos.
Economista Roxana Morales: “La reforma fiscal ayudó a recuperar un poco la confianza de los inversionistas y a contener la depreciación del colón”. (Foto de Katya Alvarado)

“Es preocupante. El país tiene serios problemas para generar empleos y empleos de calidad: la economía crece muy poco, existe ‘desenganche’ entre la tasa de crecimiento de la economía y la de la cantidad de personas ocupadas y el perfil educativo de la población desempleada es muy bajo: 61% no ha terminado la secundaria”, enfatizó Morales.

Como un resultado positivo, destacó que la tasa de desempleo en la región Caribe (Limón) es la segunda más baja de las regiones del país y en el último año se redujo, pasando del 10,7% en el primer trimestre de 2018 al 9,9% en el primer trimestre de 2019.

Y entre el último trimestre de 2018 y el primero de 2019 el desempleo en esta región se redujo en 2,2 puntos porcentuales.

“Si bien se pensaba que en la Región Huetar Caribe (Limón) aumentaría el desempleo debido al cierre de actividades de algunas empresas, más bien sucedió lo contrario”, comentó.

Las regiones con mayor desempleo son la Brunca, Pacífico Central y Chorotega, con tasas que rondan el 14%.

En el último año, el mayor incremento en la tasa de desempleo se presentó en las regiones Chorotega (creció en 2,6%) y Brunca (aumentó en 2,2%).

“Más que un resultado de la administración Alvarado, el problema del desempleo es un problema estructural, producto de varios factores; no obstante, es claro que la situación del mercado laboral ha empeorado en el último año”, dijo Morales.

La economista valoró que la aprobación de la reforma fiscal fue el mejor logro del gobierno en su primer año, porque “ayudó a recuperar un poco la confianza de los inversionistas y a contener la depreciación del colón”.

Sin embargo, recordó que todavía está pendiente el desafío de la puesta en práctica de los cambios aprobados, lo cual puede llevar nuevamente a terrenos tormentosos.

El entorno internacional no ayuda a que el comercio se desarrolle con todo su potencial. En la foto, el portaaviones “USS Abraham Lincoln”, que el gobierno de Donald Trump envió hacia Irán el pasado lunes, durante la escalada del conflicto entre ambos países. (Foto: AFP).

Finalmente, al comenzar el segundo año de esta administración, es necesario tener presente que la reactivación económica no solo depende de lo que esta pueda hacer.

El dinamismo de la economía costarricense depende en buena medida del mercado internacional y el análisis del BCCR recuerda que el Fondo Monetario Internacional (FMI) revisó a la baja la proyección de crecimiento de la economía mundial para el 2019.

Del 3,5% previsto inicialmente, la bajó a 3,3% y mantuvo la previsión de un crecimiento de 3,6% para el 2020.

Esto se debe principalmente a las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China, lo cual deteriora la confianza de las empresas y agudiza la incertidumbre en torno a la política económica.

El FMI calcula que las economías de los países más ricos crecerán apenas un 1,8% en 2019, cifra que también es inferior (en 0,2%) a lo proyectado a inicios de año. Para el 2020 la mantuvo en en 1,7%.

Sus previsiones para los Estados Unidos, el principal socio comercial de Costa Rica, indican ahora que su economía crecerá un 2,3% en 2019 y 1,9% en 2020.

En cuanto al crecimiento económico para América Latina y el Caribe, se estima en apenas 0,6% en 2019 y 0,1% en 2020, debido al deterioro de las perspectivas para Brasil, México y Venezuela.

Además, los precios de los contratos del petróleo a futuro con entrega en julio y setiembre de 2019 ascendieron en promedio a $59,2 por barril (desde $57,0 el mes previo), como resultado de las sanciones impuestas por parte de Donald Trump a las ventas de crudo de Irán y Venezuela, así como a la reducción en la oferta de los países de la Organización de Países Exportadores de Petróleo.

El presidente Alvarado comenzó el mensaje sobre su primer año de gobierno diciendo que “no han sido 12 meses fáciles”, que “la tarea por delante sigue siendo extensa y no será fácil” y que “creer que existe un progreso sencillo o soluciones mágicas es una noción ingenua”.

Si, con problemas estructurales como el creciente desempleo, Costa Rica ya tiene bastante con qué lidiar; el entorno internacional no promete darle una mano.


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