Entrevista con Marcela Chacón, representante de la empresa

Bayer: “No hay alternativa para el glifosato a nivel mundial”

Portavoz de la multinacional alemana defendió uso del cuestionado herbicida y la promoción de cultivos transgénicos desarrollados por Monsanto.

El llamado a “no tener temor” a los organismos genéticamente modificados fue uno de los puntos que la directora de asuntos públicos y de gobierno para Centroamérica y Caribe de la corporación mutinacional Bayer, Marcela Chacón, enfatizó en entrevista con UNIVERSIDAD.

Chacón insistió en que los parámetros éticos a partir de los cuales funciona Bayer son diferentes a los de la cuestionada firma estadounidense Monsanto, adquirida por $63.000 millones por la multinacional de origen alemán el año pasado, señalada por cantidad de prácticas antiéticas y creadora de cultivos transgénicos, entre ellos el más que polémico herbicida glifosato.

Por iniciativa de la empresa Bayer S.A., se concertó un encuentro con su representante, del cual surgió esta entrevista.

El glifosato es calificado como seguro por la Agencia de Protección Ambiental (EPA) de Estados Unidos, y como probablemente cancerígeno por el Centro Internacional de Investigaciones sobre Cáncer (IARC). Ya acumula más de 1.800 demandas en Estados Unidos y tres sentencias. A partir del principio precautorio, ¿cómo se sostiene el argumento de que el producto es seguro?

—El glifosato es el herbicida de más uso en el mundo con más de 40 años en el mercado, en más de 160 países, cuenta con más de 800 estudios que demuestran que, si se usa de la forma en que se dice en la etiqueta, es un producto seguro, de nivel de toxicidad muy bajo.

No existe ninguna evidencia científica que sustente una correlación entre glifosato y cáncer, ni con la enfermedad renal crónica de origen desconocido.

Posterior a la opinión del IARC, la Organización Mundial de la Salud, en conferencia conjunta con la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en 2016 emitió criterio de que no es el glifosato un producto que cause cáncer.

Señala usted que existen más de 1.800 demandas en Estados Unidos, como todos sabemos, este tipo de cosas se vuelve una especie de negocio. Son tres resoluciones en primera instancia, donde quienes emiten el criterio es un jurado constituido por personas de la sociedad civil que no tienen necesariamente conocimiento técnico y científico sobre el producto, sino que donde hay demandantes que tienen una enfermedad, se genera una empatía y de ahí que tengamos un resultado inicial que en este momento está en apelación.

La Federación Internacional de Ginecología y Obstetricia emitió un pronunciamiento en el que pide el glifosato sea paulatinamente retirado del mercado en todo el mundo. Basada en el más reciente metaanálisis de estudios científicos, la Federación habla de un “ineludible vínculo entre el linfoma no Hodgkin y el glifosato”.

—No existe ninguna evidencia científica que sustente que haya una correlación directa con el linfoma no Hodgkin. En la última aprobación que se da por parte de la autoridad de los Estados Unidos, se lleva a cabo un estudio en más de 53.000 personas, todas usuarias de glifosato, y no logra encontrar ningún tipo de evidencia con estas enfermedades.

En este momento no hay alternativa para el glifosato a nivel mundial; es un recurso que constituye una herramienta fundamental para el agricultor en el país.

¿Una herramienta fundamental para un modelo de agricultura intensiva?

—Para un modelo de agricultura sostenible que permita alimentar a una población creciente, donde la frontera agrícola se nos acorta cada vez más.

¿Qué es agricultura sostenible? El Panel Internacional de Expertos en Cambio Climático (IPCC) acaba de decir que “es imposible mantener las temperaturas a niveles seguros, a menos que haya una transformación en la producción de alimentos y manejo de terrenos”. Habla de que la agricultura intensiva aumentó la erosión de los suelos y redujo el material orgánico.

—Se desarrolló el producto hace más de 40 años y se ha demostrado que es seguro, que permite al agricultor trabajar la tierra de una manera donde no se causa erosión, en la que expone su cuerpo durante muchas menos horas a una labranza en la que tendría que utilizar un machete, se ahorra más de seis horas por hectárea por hombre con el uso de glifosato. Hay que ver la incidencia que podría tener en una persona que trabaja en el campo de sol a sol, el no uso de un producto agroquímico que le ayude en sus cosechas y demás, el aumento en la incidencia probablemente en accidentes. Al estar utilizando machete, el aumento en incidencia de enfermedades del sistema músculo esquelético al tener que estar siempre en una posición inclinada. La vida y el progreso es ir encontrando herramientas que permitan a las personas hacer las cosas de una forma mucho más sostenibles, modernas y seguras y eso es el producto que nosotros tenemos. Por eso lo defendemos, estamos seguros de que es un buen producto.

Si soy agricultor y mi maíz se contamina con una variedad transgénica patentada por Monsanto – Bayer, ¿qué pasa si los abogados de la empresa llegan a comprobar que vendo la variedad patentada?

—En el país tenemos solo algodón, entonces no debería preocuparle la contaminación de maíz. Además, la producción es de semilla de algodón contra estacional en Estados Unidos, todo se produce y se reexporta.

La preocupación no es pensando en el contexto inmediato mío en Costa Rica, sino en la producción global de alimentos. Sí han habido casos, tan cerca, como en México: un pequeño agricultor cuyo producto se contamina con una variedad transgénica…

—(Interviene la asesora en comunicación Marianela Ledezma y responde esta pregunta). Nosotros no podemos defender de ninguna forma la manera en la que Monsanto haya desarrollado sus negocios previos a la compra de Bayer. No conocemos a profundidad la forma en la que ellos desarrollaron su negocio y no creemos que la compañía tenga la posibilidad de estar contratando a alguien para que vaya a cada cultivo a verificar si proviene de una semilla genéticamente modificada o no. Ese no es nuestro foco de negocio. Nuestro negocio es venderle al agricultor soluciones agrícolas, protectores de cultivos, semillas.

Si la contaminación se da en una región particular, al cabo de unos años se puede dar que la única variedad sea la transgénica y se puedan perder las variedades criollas.

—(Retoma la conversación Marcela Chacón) Las variedades criollas, así como las que han sido generadas por modificación, también están expuestas a irse modificando por métodos naturales. La variedad criolla que tenemos hoy no es necesariamente la que había hace 200 años. Siempre las formas naturales con los pájaros, el viento, la polinización, lleva y genera que haya modificaciones naturales.

Si bien es cierto hay semilla que es adquirida y modificada genéticamente, puede haber alguna contaminación, difícilmente va a prevalecer la modificada sobre un terreno donde hay más sembradío criollo.

Pero no sabemos a corto, mediano o largo plazo qué variedades van a introducir y qué tan resilientes van a ser. Sobre las variedades criollas no pesan patentes, sobre las de Bayer sí.

—Tenemos total confianza en todos nuestros productos, absoluta certeza de que la empresa siempre ha tenido una conducta ética y moral, apegada a los más altos estándares y principios. Definitivamente no podemos responder ni juzgar lo que haya hecho Monsanto en su momento. A partir de la compra sí lo asumimos como propio y se va a regir de acuerdo a las normas que han prevalecido siempre en la empresa, apegándonos a toda legislación, regulaciones y estándares de valoración.

Monsanto llevó a cabo toda su investigación, desarrollo de sus productos y la comercialización de transgénicos, a partir de un modelo económico de producción que el IPCC dice que no es sostenible…

—Un modelo de producción donde tenemos cosechas que son resistentes a la sequía, productos resistentes a insectos, variedades que pueden contar con vitaminas adicionales que pueda requerir la población, son todas esas mejoras las que hay que ver. También no tener temor, cómo no tiene temor la gente que utiliza la insulina, si también es una modificación genética, por qué tener temor de consumir un maíz que sea modificado genéticamente.

A lo que iba es que Monsanto impulsó un modelo de producción particular bastante restrictivo: mis productos, mis patentes, las tienen que pagar. Ustedes dicen que tienen estándares diferentes, pero el hecho es que con toda esa actividad que desarrolló Monsanto, Bayer decidió comprarla y hereda todos estos productos. La modificación genética puede buscar fines muy loables, pero ¿quién pone los límites?

—A nosotros nos interesa muchísimo toda la propuesta de investigación y desarrollo, más que un producto específico. Nos interesa toda esa capacidad de seguir mejorando productos y teniendo soluciones tanto en el sector agrícola como en el sector salud, y a eso es a lo que estamos apostando.


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