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Arsénico y Glifosato: La emergencia de la enfermedad renal crónica

Desde hace más de una década, el cantón guanacasteco de Bagaces se enfrenta al embate de la enfermedad renal crónica, entre cuyas causas figura el uso de glifosato. 

En Bagaces se podría decir que se junta el hambre con las ganas de comer, es decir, el arsénico en el agua y el glifosato en los campos de cultivo, lo cual lleva a una alta incidencia de la enfermedad renal crónica (ERC) no tradicional en ese cantón.

Diferentes especialistas, como Teresa Rodríguez, experta en toxicología de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, han señalado que el glifosato es uno de los seis plaguicidas más fuertemente asociado con la incidencia de la enfermedad renal crónica mesoamericana ligada al trabajo agrícola.

Como ya ha denunciado UNIVERSIDAD en reiteradas ocasiones, en el caso de Bagaces, los esfuerzos del Instituto Costarricense de Acueductos y Alcantarillados (AyA) no han sido suficientes para contener el problema de la cantidad de arsénico en el agua, lo que se suma a inadecuadas condiciones laborales de los trabajadores agrícolas y a la exposición cotidiana a agroquímicos, concretamente el glifosato.

Porfirio Quirós de 58 años, vecino de Agua Caliente de Bagaces. (Foto: Cortesía)

Minor Picado, de la Asociación Voz del Pueblo de ese cantón, relató que ya llevan más de una década desde que la comunidad alertó a autoridades, tanto del Ministerio de Salud como del AyA, respecto al problema.

“La situación de la ERC prácticamente no ha sido atendida en cuanto a sus causas, ni en cuanto a todo lo que pueda arrojar a la luz sobre el impacto que genera esta enfermedad en la población”, denunció.

Añadió que ni siquiera se cuenta con datos de cuántos enfermos hay o en qué etapas de la enfermedad están.

Tras subrayar que internacionalmente se ha comprobado la relación del arsénico en el agua con problemas renales, destacó que “tenemos que involucrar la variable de agroquímicos, tema definitivamente presente en Guanacaste, específicamente el glifosato”.

Dijo que la situación acarrea un “costo social enorme, un costo económico gigantesco y una tragedia intrafamiliar terrible aquí en la provincia”, pues según dijo, la ERC ya no afecta solamente a personas adultas mayores, “estamos hablando de niños, estamos hablando de jóvenes que ya están en etapas 4 y 5”, es decir, avanzadas.

Lamentó que “aquí, ver jóvenes de 15 o 18 años realizándose (la diálisis) ya es casi normal.  Nos estamos acostumbrando a que estos chiquillos se nos mueran, porque están haciendo fila para un trasplante renal”.

En la cola de un venado”

Porfirio Quirós trabajó cada temporada de zafra. “Antes de enfermarme trabajé casi la mayor parte de mi vida con maquinaria agrícola, en el Ingenio Taboga”.

Actualmente debe realizarse la diálisis cuatro veces al día en su casa, después de recibir una “capacitación” de un mes sobre cómo realizar ese procedimiento, el cual busca eliminar toxinas y exceso de agua en el cuerpo. También recibió ayuda del Instituto Mixto de Ayuda Social (IMAS) para acondicionar un espacio para hacer el procedimiento.

“A uno le ponen un catéter y cada vez que uno se hace la diálisis tiene que lavarse las manos durante cinco minutos, limpiar la mesa con alcohol, la bolsa de suero, limpiar los tapones, hay que hacerlo cada vez, cuatro veces al día”, detalló.

“Es como ponerse un suero, uno tiene que andar la manguerilla toda la vida y se conecta a una maquinilla”.

Según relató el vecino de Agua Caliente de Bagaces, dedicó prácticamente toda su vida a labores agrícolas, hasta que en 2007 los médicos de esa empresa le realizaron un examen en que por primera vez mostró niveles altos de creatinina, una sustancia que el cuerpo desecha y cuya concentración indica una falla en los riñones.

“Entonces ya no me dieron trabajo, ya supuestamente estaba tocado de los riñones, pero aparentemente me empezó ahí en el Ingenio, porque todos los años trabajaba ahí”.

En efecto, esa empresa no lo volvió a contratar directamente, pero durante varios años siguió laborando en el sitio a través de un contratista.

Luego de ese primer diagnóstico, Quirós, hoy de 58 años, fue enviado a hacerse exámenes y seguir el tratamiento en el Hospital México. Permaneció estable durante muchos años hasta que en  2019 el nivel de creatinina apareció irremediablemente alto. “Llegué a una cita y me dijeron que estaba para diálisis”.

Ante la pregunta de cómo es vivir con la constante necesidad de realizarse la diálisis, replicó que “nada más no podes salir a hacer nada tranquilo, porque hay que hacerse la diálisis cada seis horas, uno siente tiene que vivir todo el tiempo dependiendo de eso”.

La enfermedad ha significado un golpe para su familia, “tenía a la güila estudiando, ahora recibo una pensión por invalidez, que con costos alcanza como para medio mantenerse, pues no alcanza para nada”.

Sobre la posibilidad de encontrar una persona donante de riñón, con mucha calma dijo que “es muy difícil”, pues “¿quién va a querer donarle a uno? Eso cuesta y solo hay dos opciones: un familiar o  esperar un cadáver, así que estamos en la cola de un venado, porque hay tantos casos de personas esperando”.

 

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