Informe del Banco Mundial

América Latina mejora el acceso a educación, pero mantiene grandes retos

Movilidad social intergeneracional muestra tendencias de progreso en América.

Pueblos indígenas y sectores más pobres enfrentan barreras adicionales, lo que implica menor acceso a la formación.

En América Latina, la movilidad económica intergeneracional mejoró, debido a que las personas ahora son más educadas que sus padres y tienen mayor acceso al sistema educativo; esto muestra que hay una mejora de una generación a otra, así lo reveló un análisis regional del Banco Mundial.

Dicha investigación hace énfasis en que el nivel educativo es un buen indicador de la movilidad económica y social, pues aquellas personas con un mayor nivel y calidad de formación académica, por lo general tienen mayores ingresos.

Latinoamérica presenta uno de los mejores resultados en términos de movilidad intergeneracional, es decir la proporción de personas con más educación que sus padres; esto es una muestra de la ampliación del acceso a la educación en las últimas décadas.

La movilidad educativa contribuye al crecimiento y estabilidad social, fomentando la innovación y las inversiones de capital humano; muestra no solo si hay mejora de una generación a la siguiente, sino cómo se difunden las oportunidades.

No obstante, el análisis reconoce que hay un rezago, para aquellos jóvenes cuyos padres son menos educados, continuando desigualdades para los sectores más pobres y poblaciones indígenas.

“América Latina ha tenido un progreso notable en acceso a la educación, pero se necesita más para mejorar la calidad y aumentar el acceso a niños que provienen de hogares rurales e indígenas más pobres. Sin estos elementos, el círculo intergeneracional continuará”, explicó Jorge Familiar, vicepresidente del Banco Mundial para América Latina y el Caribe.

Además, hay una mayor incidencia de desigualdades cuando se trata de la formación de la primera infancia (menos de 3 años), en la etapa de pre-primaria y en la secundaria (después de los 12 años).

Vacíos por resolver

De acuerdo con dijo Óscar Calvo, director del Banco Mundial para la Unidad de Pobreza y Equidad en América Latina, si bien la escuela primaria se ha convertido en prácticamente universal en toda la región, persisten diferencias significativas en la educación temprana, así como en la escolarización secundaria y terciaria.

Durante la primera infancia, el acceso a la educación es notablemente superior para los segmentos de población de mayores recursos económicos, en comparación con los más pobres.

Los datos evidencian que 5 de cada 10 niños, ubicados en el 20% de la población más pobre, asisten al preescolar, eso se revierte en el segmento del 20% más ricos, donde 9 de cada 10 menores van al sistema educativo.

Una segunda brecha se presenta luego de la escuela primaria, que en los primeros años de secundaria (III ciclo) es más generalizada, pero al pasar a la terciaria (educación diversificada) se amplían las diferencias en el acceso al sistema educativo.

Ambas brechas podrían tener un fuerte impacto en la movilidad intergeneracional, pues está demostrado que la educación en la primera infancia tiene efectos positivos en el desarrollo del niño, sobre todo de hogares pobres, de acuerdo con el análisis del Banco Mundial.

La secundaria y terciaria, por su parte, es esencial, pues abre camino a una mayor formación de capital humano y acceso a mejores empleos.

“Los grupos marginados, como los pueblos indígenas, enfrentan barreras adicionales. Por ejemplo, los pueblos indígenas tienen casi tres veces más posibilidades de ser extremadamente pobres que los grupos no indígenas. Estas tasas de pobreza más altas derivan en un menor acceso a la escolarización entre los niños indígenas”, indicó Calvo.

El 43% de la población indígena vive en pobreza moderada y el 24% en pobreza extrema, según el informe Latinoamérica Indígena en el Siglo XXI, lo que es 2,7 veces más que la proporción de no indígenas que viven en pobreza extrema.

La conclusión del estudio considera que las tasas de pobreza más altas se traducen en un menor acceso a la escolarización de los niños indígenas.

El nivel de ingreso y origen étnico también son factores determinantes para el desempeño de los estudiantes en evaluaciones internacionales, donde la posición socioeconómica continúa teniendo un mayor impacto en los resultados, con respecto a otras regiones del mundo.

Una noticia positiva es que en los resultados de los exámenes del Programa de Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA), en los cuales América Latina viene rezagada históricamente, de los siete países que participaron, cinco mejoraron su desempeño entre 2009 y 2015.

Panorama coincidente en Costa Rica
El informe generado por el Banco Mundial es coincidente con los hallazgos del reciente Informe Estado de la Educación en Costa Rica, que presenta estadísticas en materia de preescolar y evidencia que la cobertura en el ciclo de Transición (5 a 6 años) tiene una tendencia decreciente, con un 84,5% de la población, y que el 63% de los niños de 4 a 5 años van al sistema educativo formal.

Asimismo, las diferencias se acrecientan en la asistencia a preescolar según el ingreso de las familias, ya que los niños de hogares con bajos ingresos que asisten a preparatoria pasaron del 41% en 2010 al 34% en 2015.

Para Isabel Román, directora del Informe Estado de la Educación hay un gran reto para atender a la población menor de 4 años, pues la cobertura educativa en este segmento es casi inexistente.

Una gran parte de la población menor de 4 años es atendida por los servicios ofrecidos por la Red Nacional de Cuido y Desarrollo Infantil (Redcudi) y los CEN-Cinai en distintas zonas del territorio nacional.

Y cuando se trata de la educación secundaria, las brechas son más evidentes, y de esta forma, la incidencia en las oportunidades de la población joven del país. Aunque hay una mejoría en la cobertura de secundaria, al pasar al nivel de Educación Diversificada (décimo y undécimo año) hay una enorme exclusión escolar.

Isabel Román detalló que los estudiantes matriculados en undécimo año para el 2016 representaban el 45,4% de los que iniciaron en sétimo año en el 2012, además solo el 50,4% de los jóvenes entre 18 y 22 años había finalizado la secundaria.

Aunado a esto, el Informe Estado de la Educación señala que de los estudiantes que ingresaron a sétimo, solo un 45% llega a undécimo y solo el 55% termina el noveno año.

“El dato de noveno es importante, porque los esfuerzos institucionales se concentran en lograr que los jóvenes alcancen el bachillerato, pero hay una gran porción que ni siquiera está llegando a este nivel educativo”, manifestó la experta.

 

 

 


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