Y vuelve la burra al trigo

Otra vez ha resucitado la discusión respecto al cacareado terremoto de Nicoya. Es un tema ya empalagoso, porque ese es el matiz que ciertos

Otra vez ha resucitado la discusión respecto al cacareado terremoto de Nicoya. Es un tema ya empalagoso, porque ese es el matiz que ciertos grupos y la prensa amarillista pretende darle simple y llanamente por venderse y vender la noticia. Como dice el refrán popular y vuelve la burra al trigo.

¿Va a temblar en Nicoya? ¡Claro que sí va a temblar! Los escasos registros históricos lo confirman: 1826, 1854, 1863, 1900. Todavía viven personas que sintieron el gran terremoto de Nicoya del 5 de octubre de 1950. Este y el de 1900 son de los más grandes que han ocurrido en la zona sísmica de Nicoya. El sismo de 1950 fue sentido hasta en la lejana Managua, en el antiguo mercado de San Miguel la gente salió súbitamente a la calle, porque aún recordaba el terremoto de 1931 que afectó Managua. En la isla de Ometepe, ubicada en el lago de Cocibolca que la gente suele llamarle de Nicaragua y que yo le llamo el lago Infinito, la gente no podía mantenerse en pie, y el agua del lago Infinito golpeaba las playas de la isla al momento del sismo, pues ocurrió oleaje intenso producto del terremoto.

No es el principio que mueve al proceso de prevención ignorar esas verdades. No entiendo tanta obsesión con Nicoya, si no solo esa zona sísmica tenemos en el país. Igual que Nicoya, tiene que ocurrir otro terremoto en Cartago, similar al ocurrido el fatídico 4 de mayo de 1910. Y también tiene que ocurrir otro terremoto en Pérez Zeledón, o en Coronado, o en Tilarán, o en Tres Ríos, o en Limón o en cualquier otra parte del país. Sin embargo, no veo a nadie hablando en la prensa sobre los terremotos que igualmente se esperan en todos esos lugares que enumeré. ¡Parece mentira que la gente que aún tiene vivo el recuerdo de Cinchona, se extrañe que en Costa Rica tiemble y que coma cuento!

El saber cuándo ocurrirán sismos similares a los que anteriormente he recordado no es posible, por lo menos no dentro del estado actual del conocimiento científico. Ni en Estados Unidos, que siempre es puesto como ejemplo científico en el mundo, saben el día en que ocurrirá el grande que esperan para San Francisco. Siempre comento con mis estudiantes cuando toca ver estos temas, que si yo fuera el alcalde de Nicoya, y me visita un grupo de científicos a decirme que por cálculos, que de por sí yo no entendería, determinaron que el terremoto ocurrirá dentro de cinco años, entonces les obsequiaría unos aperitivos y les diría al mejor estilo de un recordado expresidente “muchas gracias”. Otra cosa sería la que invadiría mi perturbada mente si esos mismos científicos me informan que no saben en qué fecha ocurrirá el sismo, pero que a raíz del terremoto se activarán deslizamientos en el cerro X que amenazarán la urbanización construida recientemente al pie del cerro; que el puente tal tendrá problemas en su vieja estructura porque, incluso, el suelo en ese punto mostrará altas aceleraciones. Además, el puente de marras es vital porque la carretera que lo contiene es la única que me permitirá evacuar rápidamente una comunidad costera que puede ser seriamente afectada por un probable tsunami que ocurrirá a raíz del sismo. Que varios edificios en la ciudad no resistirán el sismo por problemas de amplificación de ondas, licuefacción y decenas de etcéteras que debo tomar en cuenta para un adaptado desarrollo socioeconómico del cantón. En otras palabras, me están describiendo el escenario de riesgo que como Alcalde debo conocer y que quiera o no como autoridad me convierte en responsable de bajar los niveles de vulnerabilidad, sin importar cuando va a ocurrir o si va a ser más grande que otro.

Considero que seguir preocupados y en discusiones en la prensa por discutir si va a ocurrir o no es una terrible pérdida de tiempo, cuando ese mismo espacio de comunicación debe educar a la población mediante datos concretos sobre los escenarios de riesgo y qué cosas deben hacerse para reducirlo desde los hogares, la comunidad, los municipios y el Estado.

Los que de una u otra manera hemos estudiado la sismicidad del país somos responsables de que la población siga creyendo en sus científicos y que se prepare responsablemente para cuando en algún momento el sismo de Nicoya, de Cartago, de Pérez Zeledón, de Cinchona, de Coronado, de Tilarán, entre otros muchos, ocurran.

Escojamos: seguir en la necedad de conocer cuando van a ocurrir el sismo de Nicoya, o dedicarnos a establecer los escenarios de riesgo para los diferentes lugares expuestos a amenazas símicas en el país, con el fin de adaptarnos y reducir cada vez más el riesgo ante estos eventos naturales TAN COMUNES EN NUESTRO TERRITORIO.

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